Cultura

Leí cinco libros en mayo. Ninguno me dejó igual. Talleres de Junio

No todos los libros que me gustan se parecen entre sí. Algunos me obsesionan, otros me incomodan, otros me acompañan unos días y después reaparecen meses más tarde mientras lavo los platos o espero un semáforo. Hay libros que admiro muchísimo, aunque no los haya amado del todo y otros que no me terminan de cerrar. Estos son algunos de esos libros que leí en mayo y que, por alguna razón, se quedaron conmigo

La separación de Martín Kohan

La separación de Martín Kohan es una novela donde aparentemente no pasa nada: un viaje en ómnibus, una separación, dos hermanos hablando de sus vínculos rotos. Y sin embargo, de alguna manera extraña, pasa todo. O no pasa nada. Todavía no estoy segura.

Kohan tiene una habilidad especial para describir situaciones cotidianas poco llamativas y volverlas todavía menos llamativas. Hasta los paisajes parecen cansados. Todo el tiempo estuve esperando que sucediera algo importante y ese algo nunca llegaba. Y sin embargo seguía leyendo. Hay algo hipnótico en esa escritura tan medida, tan precisa, tan obsesionada con los detalles mínimos. Es un libro lento. Pero lento de verdad. No “lento” dicho por gente acostumbrada a TikTok. Lento como esperar un ómnibus bajo lluvia en Tres Cruces cuando falta media hora para su partida. Si uno entra en ese ritmo, el libro funciona. Si no, probablemente quiera tirarlo por la ventana de la COT (que no se abre) antes de la página cincuenta.

Salvatierra de Pedro Mairal

La novela nos sumerge en la vida de Juan Salvatierra, un hombre que tras quedar mudo a los nueve años, dedicó sesenta años a registrar su existencia en secreto. Lo que sus hijos Miguel y Luis descubren tras su muerte es una obra monumental compuesta por rollos de tela que suman casi cuatro kilómetros de imágenes. Esta pintura nos muestra una vida llena de acción y asombrosamente elaborada; no es solo un diario íntimo, sino un registro vibrante que incluye desde accidentes de caballo y escenas de contrabando hasta batallas en el monte y la majestuosidad de la naturaleza litoraleña.

Lo más fascinante de esta propuesta es que nos presenta una pintura que no termina. El cuadro está diseñado para ser infinito, con una técnica de continuidad donde cada rollo se ensambla perfectamente con el siguiente. Es, en definitiva, un relato sobre cómo el arte puede vencer al silencio y atrapar lo que a veces se nos escapa de las manos.

Este es mi libro favorito de Pedro Mairal. El nudo narrativo funciona: un hombre que queda mudo de niño y decide registrar toda su vida pintándola en rollos de tela infinitos. Hay algo muy conmovedor en esa obsesión por dejar registro, por no desaparecer del todo. Mientras lo leía sentía olor a río, a pintura, a madera húmeda. Es un libro sobre el arte, pero también sobre la necesidad humana de dejar huella. Lo vimos ayer en taller y nos preguntamos cómo conclusión si queremos saberlo todo de la vida de nuestros padres, o preferimos quedarnos con preguntas y no con respuestas incómodas.

Amiga mía de Raquel Congosto

Amiga mía de Raquel Congosto toca un tema del que todavía hablamos poco: el duelo por una amistad rota. Y sí, a veces perder una amiga duele más que perder una pareja. Pero vivimos en una cultura tan parejo centrista que pareciera que sin divorcio, convivencia o reparto de muebles, el dolor no cuenta.

Este libro fue un mimo y una cachetada al mismo tiempo. Habla de esos espacios vacíos que dejan las amistades que se terminan, de cómo una amiga puede ser familia, sostén, identidad y rutina emocional. Y de cómo cuando eso se rompe una queda medio desorientada, como quien sigue mandándole memes mentalmente a alguien que ya no está.

Mi marido de Maud Ventura

Mi marido de Maud Ventura arranca como la historia de una esposa intensamente enamorada y enseguida empieza a ponerse rarísima. La protagonista analiza cada gesto de su marido como si estuviera resolviendo un crimen internacional. La posición de una ventana, el tono de un saludo, la frecuencia de un llamado: todo es prueba de algo.

Y ahí una empieza a sospechar que tal vez eso no sea amor sino una tesis doctoral en obsesión aplicada.

La repetición constante de “mi marido” genera algo inquietante, posesivo, casi cómico. El libro tiene muchísimo humor negro y una mirada bastante cínica sobre el matrimonio, la perfección y las mujeres que parecen tener todo bajo control mientras se les incendia la cabeza por dentro. A medida que avanzaba me produjo esa incomodidad de los libros donde una siente que algo horrible puede pasar en cualquier momento. Y terminé con una sensación extraña en la panza y el deseo sincero de que nadie sea realmente así en la vida real. Aunque lamentablemente sospecho que sí.

Punto de araña de Nerea Pallares

Y finalmente Punto de araña de Nerea Pallares, una novela llena de mar, viento, mitología gallega y mujeres agotadas de sostener el mundo mientras los hombres hacen negocios turbios. Muchas palabras en gallego que no entendí y muchos mitos que me son muy ajenos. Cómo están de moda los libros con mitología ancestral. No solo en habla hispana como Irene Solá y francesa como Violane Bérot.

Hay encaje de bolillos, fábricas de conservas, redes de pesca y un pueblo entero atravesado por silencios, supersticiones y olor a tormenta. Es un libro muy atmosférico. Uno casi puede sentir el salitre mientras lee. Pero lo más interesante es cómo pone en el centro a todas esas mujeres que históricamente sostienen comunidades enteras desde lugares invisibles: las que reparan redes, trabajan, cocinan, esperan y sobreviven. Hasta que un día se cansan. Leerlo fue una experiencia que me hizo pensar lo lejos que estoy de esa tierra de la cual vinieron los antepasados de tantos uruguayos y uruguayas y de muchas amigas mías.

No encontré un hilo conductor claro entre todos estos libros salvo algo bastante simple: todos me hicieron sentir cosas. Y a esta altura, sinceramente, eso ya me parece muchísimo.

Llegué al final y me pasa siempre lo mismo: no sé cómo terminar sin sonar a vendedora de enciclopedias.

Así que voy a ser directa.

Si esto te resonó, reenviáselo a alguien. No a cualquiera. A la persona específica que te vino a la cabeza mientras leías. Esa.

Y si tenés ganas de hacer esto en grupo —leer, discutir, que alguien te cambie la lectura de un libro que creías que ya habías entendido— eso existe. Se llama taller. Yo hago varios.

Mis talleres de junio

Si tenés dos minutos, podés completar este formulario

https://forms.gle/JAA8u8bgSGdddPyS9

 

 

Janet Rudman
(29 Mayo 2026 , 06:31)

Ultimas Noticias Ver más

Mi Sinaí
Mundo Judío

Mi Sinaí

04 Junio 2026


Eleva la Llama - Rectificando Rebeliones - El MIsterioso Hombre en el Carruaje - Bendiciones Antes de Comer 2

Esta página fue generada en 0.0717320 segundos (5584)
2026-06-06T15:11:45-03:00