Israel

La cantidad de muertos no es la forma más fiel de comprender una guerra

Tengo claro que este título suena extraño. ¿Qué peor en una guerra que el hecho de que la gente pierda la vida?

¿Acaso hay algo más irreversible que morir? No, por supuesto que no. Pero mi título apunta a la

relación entre la cantidad de muertos y el juicio de valor que se puede abrir

sobre una guerra.

No es que haya “guerras buenas”. Todas son terribles.

Pero sí hay guerras justificadas e inclusive justas, aunque cobren víctimas

mortales entre la población civil no involucrada, un término complejo de por sí

que explicaré más adelante. Y abrir juicio sobre una guerra de acuerdo a la

cantidad de muertos de cada lado, especialmente cuando hay diferencia en los

números entre las dos partes, distorsiona la verdad al ocultar gran parte de la

misma.

Tanto en la guerra contra Hamas en Gaza como en la guerra

contra Hezbolá en Líbano, hubo más muertos del lado árabe que del lado israelí.

Pero computar cada día, como bien recuerdo que hacían algunos noticieros,

cuántos murieron en Gaza en la última

jornada, o repetir ahora los números de civiles muertos en Líbano, muestra sólo

una parte de la guerra, en forma

tendenciosa.

Ni siquiera entro en todos los casos en los que los números están inflados. Supongamos, para este

análisis, que todas las cifras publicadas son correctas. El tema de los números

no es menor, pero aquí voy a otra cosa.

Ante todo, cabe suponer que si Israel no hubiera dedicado enormes recursos a proteger a su población, tanto con 

los sistemas de interceptación de misiles como con las alarmas y refugios, podría haber centenares de muertos todos los días cuando

caen misiles y cohetes. La capacidad destructiva de cada pieza de ataque es enorme y el hecho que la mayoría es interceptada, cambia todo.

Del otro lado, sin embargo, se dedica esfuerzo a ver cómo mejor atacar a Israel, no cómo proteger a su gente. Sea como sea, si no atacaran a Israel 

tampoco necesitarían proteger a nadie.

Cuando se reportaba sobre Gaza y se informa ahora sobre Líbano,

suele no hacerse referencia ninguna a los terroristas muertos. Parecería que todos

son civiles y la verdad está muy lejos de ello. Es más: aunque mueran civiles

ahora por bombardeos de Israel, ellos nunca son el blanco buscado. Israel

quiere atacar a Hezbolá, y salvo casos puntuales aislados, siempre avisa antes

de atacar, publicando comunicados en los que señala claramente de qué zonas

exhorta a la población a alejarse, porque allí hay un blanco de Hezbolá.

Lo mismo pasaba en Gaza.

Pero el tema central para evaluar debidamente la guerra

que se cubre, es entender por qué estalló la guerra, quién la empezó, qué se

hizo para evitarla. Claro que eso de “el otro empezó” no justifica que el atacado

haga cualquier cosa. No funciona así. Hay leyes también para las guerras. Pero

sí es importante entender de dónde vino la guerra.

Desde que la organización terrorista Hamas tomó el poder

en Gaza en junio del 2007, hubo tres grandes operativos, antes de la guerra

desatada por la masacre del 7 de octubre. Todas fueron causadas por la

necesidad de Israel de frenar la lluvia de misiles que Hamas estaba lanzando

contra la población de Israel. Y de la masacre, en la que fueron asesinadas

1200 personas en un día, ni qué hablar. Israel respondió a la masacre y al

secuestro de 251 personas, proclamando la comprensible intención de destruir a

Hamas y quitarle todas las capacidades

de repetir el horror.

Sin los misiles en otras ocasiones, sin la masacre del 7

de octubre, ni un soldado israelí habría entrado a Gaza desde la retirada en

julio y agosto del 2005. Contrariamente a lo que le endilgan sus críticos en el

exterior, el Primer Ministro Netanyahu fue siempre muy cuidadoso de no incurrir

en aventuras militares innecesarias. Más de una vez, expertos en seguridad me

comentaron que dudaba demasiado y era extremadamente cauteloso, y que debería

haber sido más osado en iniciativas bélicas necesarias a veces justamente para

aportar mayor seguridad.

En la guerra actual, sin minimizar en absoluto la tragedia

que constituye cada civil libanés muerto —y claro que los hay, también niños— no

podemos dejar de recordar que de no ser por los ataques de Hezbolá contra la población

civil israelí, no habría guerra. Hezbolá no respeta el alto el fuego, planeaba

conquistar la Galilea y sigue respondiendo a la agenda de su creador y patrón,

Irán. Pero además, tal como hizo Hamas en Gaza, está absolutamente insertado en

la población civil. Debajo de todas las casas en las aldeas chiitas del sur del

Líbano había túneles, cohetes, armas. Por eso Israel está destruyendo todas

esas casas, para que Hezbolá no pueda volver a instalarse y desde allí disparar

a los poblados civiles del norte de Israel.

Comentamos antes que nos referiríamos luego a lo de “civiles

no involucrados”. Sería injusto decir

que no hay diferencia entre civiles y terroristas, por supuesto. Pero sería faltar

a la verdad decir que ningún civil carga con responsabilidad. En Gaza, no sólo

festejaron la masacre sino que hubo civiles entre los atacantes y también civiles

que mantuvieron a secuestrados en sus casas. No hubo ni un caso de un civil

palestino que haya tratado de ayudarlos, tampoco a niños israelíes secuestrados.

Y en Líbano, Hezbolá no se impuso necesariamente por las armas en las aldeas desde

las que operó. En muchos casos —imaginamos que no todos— contó con la cooperación

de sus habitantes. Difícilmente habría podido llegar a la envergadura de su

infraestructura militar de no ser esa la situación.

Y no menos importante, creemos, al evaluar una guerra, es

analizar las intenciones de las partes. Israel siempre se defendió, reaccionó

cuando fue atacado, y claro que si se propone tratar de eliminar a su enemigo,

y el enemigo se instala entre los civiles, habrá también civiles muertos.

El otro lado, tanto Hamas como Hezbolá, abusaba de su

propio pueblo para atacar a Israel, sin previa provocación ninguna de parte de

Israel.

Y en todos los casos, las guerras contra las que clamaban

Hamas o Hezbolá, podrían haber sido terminadas de inmediato si el lado que

originalmente fue el agresor cambiaba de rumbo. Si Hamas liberaba a los

secuestrados y entregaba las armas, Israel terminaba la guerra. Si Hezbolá deja

ahora de lanzar cohetes y drones todos los días hacia Israel, si su jefe deja

de amenazar al gobierno de Beirut por negociar con Israel, todo cambia.

Cuando Israel responde, como pasa en todas las guerras,

hay también muertos civiles del otro lado. Pero eso no lo convierte en el

culpable de una guerra que habría querido nunca tener que librar.

 

Ana Jerozolimski
(04 Junio 2026 , 18:04)

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