El Camino al Cielo - El Peligro de los Falsos Dilemas - Cómo el Rebe Transformó una Pequeña Ciudad Israelí - El Lavado de Manos Antes de Comer

No. 361
Parashá Coraj
Horario de velas: viernes 19 de mayo en Montevideo 17:22

EL CAMINO AL CIELO
Por Yanki Tauber
El Talmud no cree en el "tiempo equitativo". De acuerdo con este antiguo repositorio de sabiduría judía, si una buena persona y una mala persona se postulan para un cargo, deberías darle toda la publicidad al bueno e ignorar al malo. Ni siquiera menciones su nombre.
El Talmud tiene una fuente para su parcialidad: el aún más antiguo Libro de los Proverbios del Rey Salomón, que establece: "La memoria del justo será para bendición, pero el nombre del malvado se pudrirá" (Proverbios 10:7). Citando este versículo, el Talmud dictamina que "está prohibido nombrar a un hijo como una persona malvada".
Lo que nos lleva a la pregunta: ¿Por qué, entonces, la lectura de la Torá de esta semana (Números 16-18) se llama "Koraj", en honor al hombre que lideró un motín contra Moisés y Aarón? Si la Torá no quiere que llamemos a nuestros hijos Faraón, Iósif Visariónovich o Capitán Garfio, ¿por qué nombra a una de sus propias secciones con el nombre de un pecador impenitente, una persona cuyas acciones pusieron en tanto peligro la existencia misma del pueblo de Israel que D-os hizo que la tierra se lo tragara para que "descendiera vivo al abismo"?
"El camino al infierno", dice el refrán, "está pavimentado con buenas intenciones". Koraj, el único hombre del que se informa que llegó vivo a ese lugar desagradable, también fue impulsado allí por deseos y motivos positivos. Como lo relata la Torá, Koraj estaba motivado por un elevado anhelo espiritual: el deseo de convertirse en un Kohén Gadol ("Sumo Sacerdote"), que es el nivel más alto en el servicio a D-os que una persona puede alcanzar.
¿Cómo sabemos que este era un deseo positivo? En primer lugar, porque nuestros Sabios nos dicen que en el futuro perfecto del Mashíaj todos y cada uno de nosotros alcanzaremos el nivel de intimidad con D-os que Koraj deseaba. En segundo lugar, porque conocemos a otra persona que, al igual que Koraj, tenía prohibido por decreto Divino actuar como Kohén Gadol y que, sin embargo, estaba impulsada por un deseo insaciable de hacerlo. ¿Esa otra persona? El propio Moisés.
Aquí está Moisés hablando con Koraj: "No tenemos sino un solo D-os, una sola Torá, una sola ley, un solo Kohén Gadol y un solo Santuario. Sin embargo, tú... deseas el Sumo Sacerdocio. ¡Yo también lo deseo!" (Midrash Tanjuma; citado por Rashi en Números 16:10).
"¡Yo también lo deseo!". ¿Está siendo Moisés sarcástico? ¿Está jugando al abogado del diablo? ¿O se nos está permitiendo vislumbrar el alma de Moisés, un alma impulsada por un deseo devorador de algo tan exaltado y Divino que está más allá del alcance incluso de un Moisés, un alma que encuentra sus anhelos más profundos frustrados por un mandato divino que bloquea su camino, ordenando: "Detente. No. Todavía no"?
Tanto Koraj como Moisés desearon lo prohibido. En Koraj, el deseo trajo la destrucción sobre sí mismo y sus seguidores. En Moisés, el mismo deseo alimentó una vida de grandeza.
El camino al infierno está pavimentado con deseos santos. También lo está el camino al cielo. La diferencia es sutil, pero crucial: la diferencia entre actuar según un deseo santo en contra del mandato de D-os, y el de alimentar el deseo, luchar con él, vivir una vida apasionadamente consagrada a alcanzarlo y, sin embargo, abstenerse de cualquier acción que el objeto del deseo haya prohibido.
Por esto, explica el Rebe, hay una sección en la Torá llamada Koraj. La Torá nos está diciendo que hay dos Korajs: Koraj el ser humano, y Koraj la porción de la Torá. O, si se quiere, el cuerpo de Koraj y el espíritu de Koraj. Koraj el ser humano, que cruzó la línea que separa el bien del mal, la línea demarcada por los mandatos de D-os, debe ser rechazado. Kóraj la porción de la Torá —el santo anhelo que asalta las barricadas que D-os levanta para frustrar el avance de nuestra alma hacia el cielo, que se esfuerza y se tensa pero no se atreve a cruzar en violación de la voluntad divina— debe ser adoptado.

EL PELIGRO DE LOS FALSOS DILEMAS
"[Kóraj y sus partidarios] enfrentaron a Moisés." (Bamidbar 16:2)
Como consecuencia del incidente de los espías Kóraj concluyó erróneamente que el estudio de la Torá no es intrínsecamente superior al cumplimiento de los mandamientos. Por lo tanto, razonó, una persona que trabaja para ganarse la vida no tiene necesidad de aspirar a momentos de “reconexión” con la espiritualidad. Concluyó, además, que no hay necesidad de una clase de individuos de élite - la tribu de Leví, los sacerdotes y particularmente el sumo sacerdote - que se dedique exclusivamente a la vida espiritual para inspirarnos al resto de nosotros.
Moisés respondió a las demandas de Kóraj diciéndole que un clero dedicado exclusivamente al servicio de D-os es realmente necesario para inspirar a aquellos ocupados por las tareas mundanas, e instruirlos en cuanto a qué es permitido y qué es prohibido. Sin dicha inspiración y guía es muy fácil perder de vista nuestros ideales y terminar como esclavos del materialismo en vez de ser sus amos.
Likutei Sijot, vol. 8, págs. 108 ff
.
Números (Bamidbar) 16:1 – 18:32
La quinta sección del libro de Números relata la rebelión de Koraj desafiando el liderazgo de Moshé y la entrega de la Kehuna (sacerdocio) a Aharón. Se suman al motín Datán y Aviram, y 250 miembros distinguidos de la comunidad, que ofrecen el santo ketoret para probar si son meritorios del sacerdocio. La tierra se abre y traga a los rebeldes. Una plaga subsiguiente es frenada por la ofrenda de ketoret de Aharón. Su vara milagrosamente florece con almendras para probar que su designación como Kohen Gadol es de origen Divino.

CÓMO EL REBE TRANSFORMÓ UNA PEQUEÑA CIUDAD ISRAELÍ
Por Mel Alexenberg
Conocí al Rebe por primera vez en 1962. Aunque no tenía antecedentes jasídicos, mi cuñada —cuyo esposo estudiaba en ese entonces en la ieshivá de Jabad en Brooklyn— me convenció de que lo conociera. Tuvimos una conversación fascinante sobre la relación entre el arte, la ciencia, la tecnología y el judaísmo, tema que se convirtió en la obra de toda mi vida. Él estaba muy interesado en estas cuestiones, siendo él mismo científico e ingeniero.
Luego hubo una ocasión en la que el consejo del Rebe cambió literalmente mi vida. Yo estaba enseñando en la Universidad de Columbia y decidí que había llegado el momento de regresar a Israel. Pero no quería aceptar un puesto en una universidad israelí y vivir en Tel Aviv. Si iba a volver a Israel, no quería que fuera un paso atrás respecto a Nueva York; quería que fuera una experiencia completamente nueva.
Entonces pregunté cuál era el lugar más opuesto a Nueva York, y la respuesta fue: Yerujam. Yerujam era una localidad aislada en medio del desierto del Néguev, donde habían sido instalados inmigrantes provenientes del norte de África, principalmente de Marruecos. En aquella época era el lugar con mayores problemas económicos, educativos y sociales de Israel. Si existía un sitio opuesto a Nueva York, era éste.
Antes de embarcarme en esta loca idea de mudarme a Yerujam, decidí preguntarle al Rebe qué pensaba al respecto.
Él me respondió: - “Es una hermosa idea ser pionero. Con tu experiencia, puedes contribuir al desarrollo de Yerujam. Puedes establecer allí una institución de educación superior y ayudar a convertirla en una «ciudad universitaria». Si haces eso, la gente dejará de intentar desesperadamente huir del lugar; por el contrario, otros vendrán desde afuera para estudiar allí. La llegada de estudiantes cambiará completamente la actitud de todos hacia la ciudad.”
Me explicó el concepto estadounidense de una pequeña «ciudad universitaria». Recuerdo que mencionó específicamente a Gainesville, Florida, como ejemplo.
Y lo hice. Llegué con mi esposa a Yerujam un jueves y nos instalamos en un apartamento que ni siquiera tenía electricidad. En Shabat salí a caminar para explorar el pueblo y vi un edificio nuevo y grande, aparentemente una escuela, completamente vacío, en el extremo sur de la ciudad.
Al día siguiente me reuní con el alcalde y le pregunté por él. Me contó que era una muestra del absurdo burocrático israelí. El Ministerio de Educación había construido allí una escuela para niños con necesidades especiales, pero en todo Yerujam había solamente cinco niños de ese tipo, y esos cinco eran trasladados diariamente a una escuela especial en Dimona. Así que el edificio no servía para nada.
Le dije: - “Deme ese edificio. El Rebe me dijo que estableciera aquí una universidad, y éste es el edificio perfecto.” Su respuesta fue: - “Lléveselo. ¡Por favor, lléveselo!”
Dos días después llegó al pueblo un grupo de judíos de Montreal, y el alcalde me pidió que actuara como traductor. Acepté con gusto y, por supuesto, les conté lo que el Rebe me había aconsejado hacer. Les pareció una idea extraordinaria: ¿qué mejor manera de desarrollar la ciudad? Y prometieron conseguir los fondos necesarios para comenzar.
Ahora sólo necesitaba acreditación académica y profesores. Para ello llamé a mi amigo Tuvia Bar Ilan, de la Universidad Bar Ilan, quien estuvo encantado de abrir una sede de su institución en el Néguev, proporcionando así toda la acreditación universitaria necesaria.
Normalmente se necesitan años para fundar una universidad: construir los edificios, conseguir financiación, obtener acreditaciones. Pero todo ocurrió en seis días. ¡Y pocos meses después la universidad abrió sus puertas con cuatrocientos estudiantes!
Qué historia milagrosa. Todo gracias a la creatividad del Rebe. Era un hombre con una imaginación extraordinaria. Podía dar enormes saltos de una idea a otra y establecer conexiones entre cosas que parecían no tener relación. Aquí conectó la educación con los problemas sociales, los desafíos económicos y el desarrollo de Israel.
Su pensamiento siempre iba más allá de lo convencional. Tuvo esa idea tan original: establecer una universidad en la ciudad más desfavorecida de Israel, un lugar donde nadie más habría pensado instalar una institución de educación superior. Pero él consideró todos los aspectos: la psicología de las personas y cómo aquello transformaría el lugar.
Hoy Yerujam es una ciudad maravillosa y hermosa. Mi hijo y su familia viven allí. Y aman vivir allí, porque hoy es un lugar realmente hermoso y extraordinario. Todo gracias a la visión de futuro del Rebe.

EL LAVADO DE MANOS ANTES DE COMER
Tu mesa es un altar. Tú eres el sumo sacerdote. Ese plato de exquisita comida que tienes enfrente es el sacrificio. Haces el ritual del lavado de las manos, pronuncias una bendición por la comida y luego, ¡al ataque! ¡Eleva todos esos carbohidratos y proteínas a una experiencia divina!
Lo básico del ritual del lavado de manos (llamado netilat iadaim) es lo siguiente:
Hazlo solamente antes de comer una comida que incluya pan o matzá (la halajá también exige que uno se lave las manos antes de comer torta si uno la consume como toda una comida). El pan se considera el alimento básico. Las papas se perdieron la oportunidad...
Tal vez esto te suene raro, pero antes de lavarte las manos, asegúrate de que tengas las manos limpias y que no tengan nada que pueda obstruir el agua e impedir que esta llegue a toda la superficie de las manos. Te dije que esto es una experiencia espiritual, ¿no? Más que Pasteur.
Quítate los anillos, a menos que nunca, en ninguna circunstancia, te los quites, en cuyo caso ellos se consideran “parte de la mano”.
Llena una copa con agua y viértela dos veces en tu mano derecha. Repite lo mismo en la mano izquierda (atención, los zurdos: invertir el orden). La costumbre de Jabad es verter el agua tres veces en cada mano. Separa un poco los dedos para que el agua entre en medio de ellos. Dice Rabi Jisda: “No escatimes. Llénate las manos de agua y D-os las llenará de Su bondad”.
Después de lavarte, alza las manos hasta la altura del pecho y di lo siguiente:
Barúj Atá Adonai Elohéinu Mélej Haolam, Ashér Kidshánu Bemitzvotáv, Vetzivánu Al Netilát Iadáim.
Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del universo, quien nos santificó con Sus preceptos y nos ordenó respecto del lavado de las manos.
(Di esta bendición solamente si tienes la intención de comer más de 60 gramos de pan).
Frótate las manos la una con la otra y luego sécalas. Ten cuidado de no hablar ni de hacer ninguna otra cosa hasta que hayas recitado la bendición del pan y también hayas tragado un poco del pan.
Si en el medio de la comida vas al baño o te ensucias las manos de cualquier otra forma, tienes que volver a lavártelas, pero esta vez, sin bendición.
MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Guayaquí 3193
2709 0405 , CP1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
Para recibir MiSinaí por email o por whatsapp, contactar por teléfono al 2628 6770 o por mail: [email protected].





