O cómo terminé el mes leyendo sobre porotos dulces, adolescentes en coma, mujeres sin escrúpulos y un esqueleto con demasiadas opiniones.
Junio fue un mes raro para leer. Días cortos, frío que empieza y esa sensación de que el año ya pasó la mitad sin pedir permiso. Tal vez por eso los cuatro libros que elegí este mes tienen algo en común, aunque vengan de culturas completamente distintas: todos hablan de personas que en algún momento decidieron —o se vieron obligadas— a parar. A preguntarse si la vida que están viviendo es la que eligieron. Si eso que llaman bienestar tiene algo que ver con estar bien. Son novelas que no gritan. Que no necesitan golpes de efecto. Y que, justamente por eso, se quedan dando vueltas mucho después de cerrar la última página. Esto es parte de lo que leí en junio.
Dorayaki – Durian Sukegawa

Hay libros que no necesitan tramas rebuscadas para dejarte pensando durante días. Dorayaki es uno de esos.
Sentaro atiende una pequeña tienda de dorayakis (dulces japoneses). No disfruta de su trabajo, ni siquiera le gustan los dulces. Está ahí porque una deuda del pasado lo dejó atrapado en una vida que no eligió. Hasta que aparece Tokue, una mujer mayor con secuelas de lepra que le pide trabajo. Él no quiere contratarla. Ella tampoco parece aceptar un no como respuesta.
Y, por supuesto, ahí empieza todo.
Podría decir que este es un libro sobre hacer los mejores dorayakis de Japón, pero sería una excusa. En realidad habla del propósito, de la dignidad y de esas personas que llegan cuando uno ya había decidido resignarse.
La literatura japonesa tiene algo que siempre me desarma. No necesita levantar la voz para decir cosas enormes. Mientras en otras novelas pasan mil cosas, acá alcanza con escuchar cómo hierven unos porotos dulces para preguntarte si estás viviendo la vida que querés vivir.
Es un libro que habla de la enfermedad, de la discriminación y de las segundas oportunidades sin caer en golpes bajos. Y eso no es tan fácil como parece.
Lo terminé con esa sensación extraña de querer bajar un cambio. Como si alguien te recordara que la vida no consiste solamente en producir, correr o tachar pendientes de una lista.
Un libro delicado, luminoso y mucho más profundo de lo que su portada deja imaginar.
Todos aman a Clara – David Foenkinos

Foenkinos tiene un talento particular: consigue que empieces leyendo una historia bastante cotidiana y, cuando querés acordarte, estás pensando en el azar, la muerte, el amor y esas casualidades que parecen demasiado precisas para ser casualidades.
Acá todo comienza cuando Clara, una adolescente, sufre un accidente y queda en coma. A partir de ese momento la novela se abre en varias direcciones: un padre que intenta sobrevivir al dolor, un escritor bastante frustrado que da talleres literarios, una hija que despierta con un don inesperado y un montón de personajes secundarios que, lejos de rellenar páginas, terminan siendo fundamentales.
Foenkinos arma un rompecabezas donde cada pieza parece ir por su cuenta hasta que, de golpe, todo encuentra sentido.
Hay humor, tristeza, culpa, vidas pasadas, relaciones que se rompen y otras que encuentran una segunda oportunidad. Sí, dicho así parece demasiado. Y, sin embargo, funciona.
Lo que más me gusta de Foenkinos es que nunca escribe desde el drama. Siempre encuentra una forma elegante de hablar de lo peor que puede pasarnos sin que el libro se vuelva pesado.
Es de esas novelas que te recuerdan que nadie está preparado para lo que le toca vivir y que, aun así, la vida sigue encontrando maneras bastante creativas de sorprendernos.
La invitada – Emma Cline

Hay protagonistas que una quiere abrazar. Alex no es una de ellas. Es odiosa.
Tiene veintidós años, vive de seducir hombres ricos, improvisa identidades según le convenga y toma una mala decisión detrás de otra. El problema es que nunca aprende.
Después de que Simon la echa de su casa, ella decide que, dentro de cinco días, va a volver a conquistarlo en una fiesta. Cinco días sin dinero, sin techo y con alguien del pasado buscándola. Un plan impecable... si uno ignora completamente la realidad.
Emma Cline consigue algo bastante difícil: hacer que no puedas dejar de leer a un personaje que, en muchos momentos, resulta profundamente incómodo.
La novela genera esa sensación de estar viendo a alguien caminar directo hacia un precipicio. Sabés que nada bueno puede salir de ahí, pero seguís pasando páginas igual.
También es una crítica velada a los privilegios, al dinero, a las relaciones de poder y a la manera en que algunas personas sobreviven ocupando el lugar que otros esperan de ellas.
No es un libro cómodo. Tampoco pretende serlo.
Y justamente por eso vale la pena.
Estado de malestar – Nina Lykke

Hay gente que cree que vivir en uno de los países con mejor calidad de vida del mundo garantiza la felicidad. Nina Lykke viene a decir: “sentate que tenemos que hablar”.
Elin es médica, está cansada de absolutamente todo, toma demasiado vino, escucha pacientes que llegan con diagnósticos sacados de Google y un día, casi por accidente, en su vida monótona aparece una lucecita.
Lo mejor de esta novela no es la trama. Es la forma en que Lykke se burla —con muchísimo humor— de una sociedad donde casi nadie tiene problemas económicos, pero igual todos parecen estar al borde del colapso.
Mientras leía pensaba: qué gracioso. En un lugar donde casi no falta nada, lo que sobra es el vacío.
Además aparece Tore, un esqueleto de plástico del consultorio que hace de conciencia sarcástica y dice en voz alta todo lo que Elin no quiere admitir. Solo por ese personaje ya vale la pena leer el libro.
Es una novela inteligente, divertida y bastante incómoda, porque deja flotando una pregunta difícil: ¿cuántas veces confundimos bienestar con felicidad?
Si llegaste hasta acá, probablemente no eres de las que lee para contarlo en redes. Eres de las que termina un libro y necesita contárselo a alguien. Para eso existen los talleres. En julio arrancamos cuatro nuevos ciclos —presenciales en Montevideo y online para quien esté en cualquier otra parte del mundo— y todavía hay lugar. Los detalles, abajo. Y si conocés a alguien que lee sola y no tiene a quién contárselo, mandále este newsletter. A veces una persona necesita solo eso: saber que hay un lugar donde esas ganas de hablar de libros no molestan a nadie.








