Por Enrique Rotemberg
El siguiente texto es genérico y se dirige especialmente a los odiadores de Uruguay y del mundo. Los odiadores son individuos que atacan sin los conocimientos suficientes o la información veraz para emitir opiniones o contemplando solo una parte del conflicto, influenciados por las tendencias dominantes. Con frecuencia usan identidades ficticias en redes sociales para no ser asociados a los comentarios despectivos e incalificables que realizan; o se amparan por tener un cargo político, una representación gremial, un prestigio académico, por ser una referencia popular o una fachada de defensores de los derechos humanos. En otros casos emprenden acciones individuales o grupales que ponen en riesgo la vida, la economía o el hábitat donde coexistimos los seres vivos del planeta.
Los conflictos son situaciones que se pueden resolver o perpetuar. Se intentan buscar las raíces del conflicto, aunque probablemente difieran para cada parte. También se pueden solucionar las diferencias por vía diplomática. Lamentablemente hay muchos intereses que superan nuestro conocimiento que determinan que pese a que se hagan las mutuas concesiones y se contemplen las partes litigantes, no se alcance el acuerdo deseado. A esto se suma la falta de credibilidad entre los contendientes.
En “un mundo ideal” como se titula el tema central de Aladdín, el protagonista le quiere enseñar a la Princesa un fantástico mundo con cosas maravillosas, donde no importa ni el poder ni la riqueza, sino la bondad que nace de un corazón libre de la opresión del poder. Entiendo que el mundo podría ser así si todos hacemos actos bondadosos. Pero el ser humano tiene conflictos primero consigo mismo, después con lo más cercano que es su familia y ampliando su entorno los tiene con sus vecinos.
Si esto lo trasladamos a los países hay conflictos internos y externos. Por ejemplo en nuestro continente hubo conflictos bélicos entre Chile contra Bolivia y Perú (Guerra del Pacifico), con Paraguay enfrentado a Argentina, Brasil y Uruguay (Guerra de la Triple Alianza), entre México y Estados Unidos, o la Guerra de las Malvinas entre Argentina y Reino Unido. Los países involucrados sufrieron pérdidas territoriales, económicas y especialmente humanas, pero siguieron adelante orientados a un mejor porvenir.
Por eso considero que hay dos tiempos que no podemos modificar, el pasado que ya aconteció y el futuro que es una incógnita. Solo podemos cambiar el presente actuando con responsabilidad. Con actos provocadores, agresiones verbales, físicas o sexuales, daños materiales, discursos que incitan al odio y la discriminación de grupos de diferente etnia, raza, cultura, identidad sexual o creencia religiosa, seremos parte del problema y no de la solución. De todas maneras debería haber consenso universal en fomentar el crecimiento y desarrollo de niños/niñas por igual, respetar la integridad de las mujeres y la calidad de vida de los adultos mayores. Deseo que como en el pasado se superaron tantas diferencias, ocurra lo mismo con las actuales, actuando los humanos como seres pensantes.





