Israel

Estos son los soldados que cuidan la frontera de Israel con Gaza

Yoav, Shaní, Taliá, Eyál, Salah, Ibrahim… son algunos de los soldados —hombres y mujeres— de las Fuerzas de Defensa de Israel que, junto a sus compañeros, defienden la frontera de Israel con la Franja de Gaza desde una base ubicada muy cerca del límite que, el 7 de octubre de 2023, fue símbolo de horror por la masacre terrorista.

Judíos religiosos y laicos llegados de distintas partes del país, beduinos musulmanes del norte y el sur; cada uno con su responsabilidad y con el mismo objetivo: garantizar la seguridad en la frontera e impedir que pueda repetirse el horror de la masacre de hace casi tres años… o inclusive algo menor que aquello.

No publicamos fotos de los soldados sino solamente una, con los rostros borrados. Optamos solamente por citarlos.

Yoav llegó de Petaj Tikva, un joven religioso que combinó estudios de Torá con el servicio militar. El 7 de octubre estaba aún en la etapa de la capacitación básica como recluta en el servicio militar obligatorio y, como aún no tenía la preparación necesaria, no fue enviado a combatir. Pero a él y a muchos otros en su misma situación se les encomendó inspeccionar los lugares atacados, ya que se sabía que podía haber terroristas escondidos. No le tocó toparse con ninguno vivo, pero confirma que, también varios días después, tropas israelíes aún hallaron terroristas en los lugares atacados.

“Lo que sí vi, muchos, fueron cadáveres, tanto de terroristas como de israelíes, en diferentes localidades”, recuerda. “Estaba oscuro y no podíamos ver detalles, pero sí distinguir claramente quiénes eran nuestros hermanos y quiénes los terroristas”. Cuenta que las órdenes eran no mover los cuerpos, ya que se sabía que los terroristas habían colocado granadas y cargas explosivas debajo de los cuerpos sin vida de sus víctimas para que estallaran cuando se los levantara.

“No es fácil recordar las escenas, un día tras otro inspeccionando los distintos poblados atacados, llegando al final a las decenas de escenarios del horror, sabiendo lo que había ocurrido y viendo allí a los muertos”, confiesa Yoav. Preguntamos si fue a asesorarse, a recibir apoyo para lidiar con todo eso: “Yo había tenido antes que recurrir a un tratamiento emocional por un tema personal y pude usar algunas de las herramientas psicológicas que aprendí allí para lidiar con eso. No pedí algo aparte, pero el ejército da todas las facilidades si uno precisa, para poder seguir adelante sin que queden secuelas”.

Secuelas quedan, eso es indudable, y lo dejan en claro los números cada vez mayores de soldados que, inclusive mucho tiempo después de haber estado en el terreno en la guerra, piden ayuda. Hubo también casos duros de soldados que se suicidaron, sea por lo que vivieron personalmente en el campo de batalla como por todos los compañeros que perdieron.

En el caso de Yoav y sus amigos, un elemento nada sencillo es que, cuando terminaron hace no mucho su servicio militar obligatorio, ya sabían que deberían presentarse a la reserva muy poco después. “No es fácil cuando uno precisa respirar un poco de aire puro de la vida civil y tiene que volver. Pero tenemos una responsabilidad y aquí estamos cumpliéndola, seguros de que hacemos lo correcto. Hace meses que estamos en la reserva y esta vuelta nos quedamos aquí hasta después de Rosh Hashaná”, explica en referencia al nuevo año judío que se celebra el 11 de septiembre. “No es fácil no estar en casa en las fiestas, pero alguien tiene que hacer todo esto y ahora nos ha tocado a nosotros”, resume.

A su lado está Eyal, hijo de padres llegados de Perú antes de su nacimiento. “Mis padres querían tener un hijo nacido en la tierra de Israel y aquí estoy yo, el menor de tres hermanos”, dice sonriente. Habla con voz pausada y suave, y parece no querer entrar en demasiado detalle sobre lo que hay que hacer. “Es una gran responsabilidad y estamos todos juntos, cuidamos a Israel”, sostiene.

Juntos es literal. También Salah e Ibrahim, dos israelíes miembros de la minoría árabe beduina, musulmanes por cierto. Salah, que parece el mayor de todos, está ahora en la reserva tras haber servido años en el servicio permanente profesional, o sea, después del básico obligatorio. Es rastreador, una especialidad de su comunidad, conocedores de las señales que enseña el terreno, clave en la lucha antiterrorista. “El 7 de octubre oímos lo que estaba pasando aquí y con varios amigos corrimos a la frontera. Era terrible”. Preguntamos si se enfrentó a terroristas. Con una sonrisa amarga responde que sí, aunque prefiere no dar detalles y dice: “Mejor no contar lo que tuvimos que vivir”. Recalca que la dinámica entre todos los soldados en la base es muy buena y todos sienten que están luchando por lo mismo. Ibrahim se acerca cuando conversamos y asiente. Alcanza a contar que él viene del sur y que está en la reserva, parte del esfuerzo general de las Fuerzas de Defensa de Israel.

Son varias las jovencitas que se desempeñan en la base en el importante cargo de tatzpitaniot, que significa “observadoras”. Se trata de quienes están atentas continuamente a las pantallas en las que pueden observar si hay amenazas desde la frontera hacia territorio israelí. Trabajan por turnos y siempre hay alguna con los ojos clavados en la computadora, que transmite cada movimiento sospechoso.

“Sabemos que tenemos una enorme responsabilidad y sentimos que se la respeta y que nuestros superiores nos escuchan”, cuentan Shaní y Taliá, que dentro de tan solo un mes terminan su servicio militar obligatorio. De fondo, lo tienen claro, está la dura problemática que se reveló a raíz de la masacre del 7 de octubre sobre todas las advertencias que varias observadoras habían hecho diciendo que veían claramente que Hamás estaba preparando algo, sin recibir suficiente atención de sus comandantes, que subestimaron lo que señalaban.

Shaní y Taliá

 

El 7 de octubre, los terroristas que atacaron el puesto de observación de Najal Oz, aledaño al kibutz homónimo, asesinaron a 15 de las observadoras y a otros soldados en el lugar, y secuestraron a 7 de las observadoras, de las cuales 6 volvieron con vida y 1 fue asesinada en Gaza.

“No es fácil saber lo que pasó con las compañeras que nos antecedieron, que entendían lo que estaba pasando pero no las escucharon debidamente”, nos dice Shaní. “Pero ahora es diferente”. Les comentamos que esperamos que eso no sea puesto a prueba y saltan enseguida diciendo: “Amén, que así sea, pero lo seguro es que aquí estamos haciendo todo para impedir que algo así pueda pasar”.

Taliá señala las altas torres de metal con cámaras y todo tipo de dispositivos tecnológicos, y explica que, con ayuda de todo eso, pueden saber lo que está ocurriendo. Explican que hay también tecnologías de avanzada colocadas en otros puntos que permiten observar amenazas hacia las tropas israelíes que están estacionadas en la así llamada “línea amarilla” dentro de la Franja de Gaza.

Las escuchamos, las miramos, vemos su aspecto jovial, entendemos que no tienen más de 20 años… y pensamos en cuánta responsabilidad llevan sobre sus hombros los jóvenes de Israel.

Uno de los comandantes, de apellido Domb, cuenta al grupo de periodistas que visitamos la base sobre el orgullo que significa estar alertas para cuidar al país. “Aquí nadie tiene dudas de que seguimos adelante, tenemos una misión clave que cumplir aunque sea difícil estar lejos de la familia. En definitiva, es por todos ellos”, recalca.

Recuerda lo ocurrido el 7 de octubre, cómo nadie esperó ser llamado y los reservistas corrieron al sur al entender lo que estaba sucediendo. “Se dijo que íbamos a reconquistar los kibutzim y todos los sitios que habían sido tomados y a ayudar a la gente desesperada, y fuimos, y contraatacamos… y aquí estamos”.

La lucha, recuerda, no llevó solo unas horas. “Nuestros kibutzim en esta zona, entre el 7 y el 8 de octubre, estuvieron rodeados de terroristas durante horas, tanto Kerem Shalom como Holit, Sufá… y llevó como dos semanas terminar de limpiar la zona. No fue solo un día como en las historias felices de Hollywood”.

Domb cuenta que en su vida civil es cineasta y que está filmando esta historia. “Quiero contarlo al mundo porque, con el tiempo, podemos olvidar, pero nuestra misión es que no se olviden aquellas horas de desesperación. Y lo central es saber que se convertirán en un siglo de esperanza”. Sonríe, respira hondo y dice a viva voz: “¡Am Israel Jai!”, o sea, “el pueblo de Israel vive”, el mensaje central de la población israelí en los últimos años, recalcando que los terroristas no lograron vencerlo a pesar del sufrimiento que causaron.

Y vuelve a hablar del servicio militar que están cumpliendo los reservistas: “Esta es la sexta vez que estamos en el servicio de reserva. Ya van más de 400 días y esta vuelta estamos desde hace tres meses en esta frontera en el sur”. Cuenta que les toca estar en el lugar hasta tres días después de las elecciones nacionales del 27 de octubre. “Así que votaremos en el ejército y unos pocos días después volveremos a casa… hasta que nos vuelvan a llamar”.

Ana Jerozolimski
(22 Agosto 2026 , 17:00)

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