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Jidón Bergstein 2026: Emoción pura, final imprevisto

POE IONATAN WAS, FOTOS ANDRES AKSLER

El Cónsul de Israel Igal Ekdesman dirgiéndose al públicoPodrán pasar los años, los concursos, que siempre el ingeniero Cyjon nos va deleitar con alguna sorpresa nueva. Esta vez sucedió cuando tras un par de instancias de desempate, en la última ronda, aún continuaba igualado el trío de finalistas; un desempate por la positiva, vale decir, considerando que mientras estuvieron esos mismos tres en liza, contestaron ocho preguntas bien de un total de nueve. Finalmente, cuando todo hacía prever que se pasaría a un nuevo desempate, vino la mencionada sorpresa: el concurso iba a decidirse según los puntajes de la prueba múltiple opción, de una semana atrás. La misma que decidió a los diez participantes de lo que en definitiva fue el duodécimo Jidón Bergstein, llevado a cabo en la tarde del pasado martes 25, fecha patria, como es costumbre, en el auditorio de la universidad ORT Pocitos.

            Y así, con tal sorpresa, quedó completado el podio, tras cuyo anuncio varios en sala esbozaron algún comentario casi en secreto, por aquello del título, y también por las veinticuatro preguntas que aún se podía formular. Sin embargo, ya las cuatro horas de concurso hacían pensar en levantar campamento.

            Lo había anunciado el propio Roberto: Álvaro Casanova es el ganador del Jidón 2026. El muchacho desgarbado del Pre Universitario (Parque Batlle) esperaba el veredicto de lo más tranquilo en su asiento, lejos del tumulto, sin que nadie le comiera la oreja. Había llegado solo y sin hacer mucho ruido, y solo se fue, ahora eso sí con el cheque. La segunda, Yiseleidy Chiappa, de los pagos de Young, debió conformarse con la mitad, o sea mil dólares. En tanto que Brandon Faggiani, tercero con los últimos 500, le hizo buen honor a su Liceo Impulso, casi una institución dentro de esa otra institución que ya podemos decir es el Jidón Bergstein. Por supuesto que Brandon no solo estaba con la ropa de la institución (hasta le agregaron a la estampa el Concurso Bergstein) sino con su propia hinchada, empezando por otros finalistas también del Impulso, siguiendo por el último ganador, y por supuesto las autoridades principales.

De izquierda a derecha: Brandon Faggiani de Centros Educativos Impulso, ganador del tercer puesto, Yiseleidy Chiappa  de la UTU de Young , Río Negro, segundo puesto, Álvaro Casanova de PRE/U en Montevideo, ganador del certamen,  y los jueces: Dra. Silvia Facal, Ramiro Rodríguez Villamil y el Ing. Roberto Cyjon . Atrás, Gabriel Goldman, el maestro de ceremonias, la tradicional voz del Jidón Bergtein

 

 

También se llevaron, como los otros siete finalistas, el diploma tradicional, más un libro de la Universidad que además de calendario relata las peripecias de Albert Einstein en Uruguay, en su visita de 1925, cuando se alojara en una casa muy judía de nuestra principal avenida.

            El concurso, como se dijo, había tenido su prueba eliminatoria una semana antes, para así decidir a los diez finalistas. Ellos y ellas, de Montevideo, de Maldonado, de la localidad de 18 de Mayo pegada a Las Piedras, además de Yiseleidy y nadie mayor de los dieciocho. A su frente el jurado, el mismo de los últimos años; se había anunciado a Ana Ribeiro, pero temas de agenda impidieron estar a la doctora. Roberto Cyjon como siempre fungió de presidente, secundado por la otra doctora, Silvia Facal, más Ramiro Rodríguez Villamil, periodista y abogado entre tantas cosas. Jonás Bergstein estuvo en representación de la familia organizadora, y a su izquierda, de pie sobre el estrado, Gabriel Goldman, ya se podría decir la voz del Jidón.

Los jueces en acción

 

            La primera ronda consistía en tres preguntas (de una bolsa de 73, al azar) de dificultad similar, con toda la subjetividad que esto supone. Una pantalla mostraba la planilla Excel con los nombres y los puntajes, y la otra más grande, el largo contexto, y a continuación la pregunta concreta. Mucha palabra, no solo para los que pasaban al frente; también para los del jurado, que debió rebuscárselas para quitar las espinas a un camino que aun para los más ilustrados tenía su complicación. Hasta se llegó al extremo de anular alguna pregunta tras constatar lo impronunciable de la respuesta. Cada miembro del jurado iba con lo suyo: Roberto jugando al frío caliente en el intento de orientar, Silvia poniendo cada cosa en su momento de la Historia, Ramiro haciendo malabares para hacer de la respuesta no otra pregunta, que eso parecía por el tono, sino la respuesta misma. Las preguntas, algunas de memoria pura, otras más conceptuales, en general se resumían en algo muy concreto, dos o tres palabras, y en todo caso distaban por mucho de la larga y ceremoniosa respuesta completa, muchas de las cuales Gabriel leyó muy pacientemente.

            El fin de la primera ronda dio paso al recreo tradicional, mientras el jurado deliberaba, o eso decía, cuando en realidad no era mucho más que la planilla. Algún sándwich, algún refresco, algún comentario off the record, pero sobre todo era el eco de tres nombres que quedaron resonando en sala. Esos mismos tres finalistas, a juzgar por la claridad con que ya entonces habían respondido, la seguridad imperturbable, hasta la sonrisa cómplice del jurado. También estaba aquel otro eco, el de los temas tratados: desde los judíos en la previa de la Guerra, pasando por la situación en las costas de acá, con el Graff Spee y los alemanes de incógnito; siguiendo por cuestiones de la hermenéutica del horror; y hasta las intimidades no sabidas de Ana Benkel de Vinocur.

       Ana Vinocur: así fue este año el nombre completo del Jidón, considerando el centenario de su nacimiento. Su hija Rita, pluma habitual en Semanario Hebreo,  cómo no presente en el certamen, dijo sus palabras. Y muy emocionada agradeció a la familia Bergstein, y por supuesto también habló de la mamá, que hasta fallecer veinte años atrás dedicó su vida entera a contar la Shoah, y en cuya memoria hoy existe tanta cosa, terminó Rita: una calle, un sello, un premio Morosoli… hasta un bosque.

Jonás Bergstein y Gabriel Goldman con Rita Vinocur, en este singula homenaje a su mamá Ana, de bendita memoria, a cuyo centenario se dedicó este año el certamen

 

     

            Ya para entonces había pasado el concurso con sus tres rondas y su desempate. Ya se había decidido al ganador. Ya se habían ido algunos, habían venido otros tantos, siempre anunciados por Gabriel. Habían venido para la foto final, para entregar los premios y/o decir alguna palabra: el cónsul de Israel, el embajador de Rumania, la consejera de Alemania. Y de la comunidad: la sobreviviente Jeannine Brunstein, Rajel Borojovich, viuda del también sobreviviente Isaac, Mendy Shemtov, Rufo, entre muchos otros. Iban con una sonrisa dibujada, para el lente escrutador de Andrés.

El Cónsul de Israel Igal Ekdesman dirgiéndose al público

 

UN MENSAJE REVELADOR

Como siempre ocurre, los ganadores y participantes anteriores tuvieron su palabra. La tuvo Francisco Panasco, que el año pasado se llevó el certamen, un premio no solo personal sino al Impulso adonde pertenece. Y también la tuvo Agustina Coya. Agustina Milagros Coya Araja, el nombre completo. Judía sefaradí por Araja, católica por Coya, y también por Milagros. Pero Agustina, nacida con este siglo, se crio en un ambiente no judío. A los dieciséis años participó del Jidón, una década atrás. Y no tanto el resultado final, sino el estudio mismo para el certamen, de alguna forma le cambió la vida, reveló; pues desde entonces, “soy parte”. Agustina colaboró en su momento con proyecto Shoá, viajó a Israel donde estudió, y hoy trabaja en su comunidad. “Y todo empezó en el Concurso Bergstein”.

        

 

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