Cultura

Crisis de identidad en el cine israelí: choque de colectividades y del entorno

Por MIGUEL KORYTNICKI

En el estado de Israel, el cine transita de las narrativas fundacionales a profundas crisis de identidad nacional y social. 

Identidad religiosa y sexual: Películas contemporáneas muestran a protagonistas que viven en entornos ortodoxos cerrados y que deben elegir entre reprimir sus deseos individuales (como su orientación sexual) o romper con mandatos familiares y religiosos indispensables para su comunidad, así como el choque con el laicismo.


Choque cultural interno: Se cuestiona la integración de las diferentes olas de inmigrantes, reflejando las brechas de una identidad en constante construcción.


Conflictos de vecindad: El cine contemporáneo explora cómo la guerra, la ocupación y el conflicto palestino-israelí fragmentan la psique colectiva de los ciudadanos, obligando a los cineastas a debatir si la identidad nacional debe enfocarse en la confrontación o en la coexistencia regional.


Tránsito de una narrativa colectiva y heroica hacia una profunda fragmentación individual, moral y social. A lo largo de las décadas, los realizadores locales han utilizado la pantalla para cuestionar los mitos fundacionales del Estado, la militarización de la sociedad y las fracturas internas entre laicos, religiosos, judíos de origen ashkenazí y sefaradí o mizrají.

La diáspora frente al sionismo clásico: El cine indaga en la desmitificación de Israel como un paraíso homogéneo, contraponiendo las expectativas de los inmigrantes con la dura realidad social y económica del territorio.
 

La evolución de la crisis de identidad en el cine israelí es incuestionablemente un espejo histórico de lo que ha sucedido en el país. Pasó de construir un mito heroico colectivo a fragmentarse en identidades individuales, críticas y - hasta incluso - alienadas. Si uno observara la historia de Israel únicamente a través de su cine, se sorprendería que el país es tan joven.

Antes y durante los primeros años de la creación del Estado, los cineastas se enfocaron en conectar a los judíos con la tierra: la relación con el trabajo de la tierra y la construcción de una nación comprometida con los ideales del sionismo.

Pero ese abordaje fue sólo el comienzo. Veamos la evolución de la cinematografía desde ese momento hasta nuestros tiempos.

 

Década de 1950: El mito del sabra y la identidad heroica

El enfoque: Construcción nacional y propaganda cultural. El cine de esta época buscaba consolidar la identidad del nuevo Estado.


La identidad en pantalla: Se glorificaba al sabra (el judío nacido en Israel): un pionero fuerte, agrícola, europeo (ashkenazi) y militarizado que contrastaba con el estereotipo del judío pasivo del exilio.


Tratamiento de la crisis: La narrativa oficial era casi inexistente. La asimilación de los inmigrantes se mostraba como un deber feliz y monolítico. Las minorías árabes o los judíos orientales eran invisibilizados o retratados de forma condescendiente.
 

Década de 1960: Las primeras grietas y el cine Bureka

El enfoque: Tensión étnica interna y realismo satírico. Surge el género comercial Bureka - comedias melodramáticas sobre choques culturales y étnicos que retratan los choques y diferencias entre los mizrajíes o sefaradíes y los ashkenazíes - y el surgimiento del movimiento cinematográfico vanguardista HaRagishut Hajadashá (Nueva Sensibilidad), cuyos directores rompieron con las narrativas épicas y colectivistas del cine sionista tradicional para enfocarse en historias personales, existenciales y de la vida urbana.


La identidad en pantalla: Películas emblemáticas como Sallah Shabati (1964) expusieron por primera vez la discriminación institucional hacia los judíos mizrajíes por parte de la élite dominante ashkenazí.


Tratamiento de la crisis: La identidad colectiva comenzó a fracturarse. La crisis no se planteaba aún como un trauma existencial, sino como una brecha social y de clase solucionable mediante el humor y el matrimonio intercultural.
 

Década de 1970: El trauma militar y el desencanto

El enfoque: Pérdida de la inocencia política: La Guerra de Iom Kippur (1973) alteró radicalmente la psique nacional.


La identidad en pantalla: Los directores abandonaron los retratos heroicos. Los soldados empezaron a aparecer cansados, confundidos y moralmente ambiguos. El cine de empezó a enfocarse en la alienación urbana de Tel Aviv.


Tratamiento de la crisis: La crisis de identidad se volvió institucional y psicológica. Se empezó a cuestionar si el proyecto sionista tradicional era compatible con el individualismo moderno y con el costo humano de las constantes guerras.
 

Década de 1980: El espejo del "otro" y la ocupación

El enfoque: Politización radical y reconocimiento del conflicto. La invasión a Líbano de 1982 y la Primera Intifada (1987) marcaron esta etapa.


La identidad en pantalla: El cine israelí de izquierda comenzó a humanizar formalmente a los palestinos y a examinar directamente el rol de Israel como fuerza de ocupación militar. Películas como Detrás de los muros (1984) exploraron la convivencia forzada.


Tratamiento de la crisis: La crisis de identidad mutó en una crisis moral colectiva. Ser israelí ya no equivalía automáticamente a ser la víctima histórica; el cine obligó al espectador a confrontar la culpa política y el trauma del opresor.
 

Década de 1990: Escape a lo privado y el trauma del Holocausto

El enfoque: Introspección familiar y microidentidades. Tras el colapso de los Acuerdos de Oslo y el asesinato de Yitzhak Rabin (1995), el cine abandonó los debates geopolíticos directos.
La identidad en pantalla: Los directores se refugiaron en historias domésticas, la contracultura juvenil y las identidades marginadas (la comunidad LGBT+, comunidades religiosas ortodoxas y las segundas generaciones de supervivientes de la Shoah).


Tratamiento de la crisis: Se descentralizó el concepto de "identidad nacional". La crisis se volvió existencial y atomizada: el individuo ya no se definía por su relación con el Estado, sino por sus traumas familiares, su sexualidad o su herencia herida.
 

Década de 2000: El “boom” internacional y la memoria disociada

El enfoque: Estética del trauma y realismo psicológico. La Segunda Intifada reavivó la crudeza del entorno socio-político.


La identidad en pantalla: Obras maestras globales como Vals with Bashir / Vals con Bashir (2008) o Beaufort (2007) redefinieron el cine bélico mediante la culpa y la disociación psicológica. En el plano social, películas como Knafayim Shvurot / Alas Rotas (2002) desmitificaron por completo la utopía israelí, mostrando familias rotas por la cotidianeidad económica y los dolores y sufrimientos.

Tratamiento de la crisis: La identidad se abordó como un mecanismo de supervivencia roto. El ciudadano israelí es retratado como alguien que padece amnesia selectiva o estrés postraumático para poder convivir con la violencia que lo rodea.
 

Década de 2010 a la actualidad: El rechazo radical y la autofagia cultural

El enfoque: Polarización, exilio y deconstrucción rabiosa. Coincide con un entorno político interno cada vez más polarizado.


La identidad en pantalla: Cineastas contemporáneos como Nadav Lapid (Synonyms / 2019) o la familia Elkabetz muestran personajes que buscan activamente escapar de la identidad israelí, ya sea huyendo físicamente a Europa o rebelándose contra las leyes religiosas del matrimonio (Gett – el juicio de Viviane Amsalem / 2014).

Tratamiento de la crisis: Se presenta como una ruptura terminal. La crisis ya no busca reconciliación ni reforma dentro del colectivo; los protagonistas actuales viven la identidad nacional como una camisa de fuerza de la que necesitan desprenderse para poder salvar su individualidad.
 

 

Estos fenómenos se manifiestan a través de varias etapas clave y temáticas críticas que desglosan la complejidad identitaria del país, que lejos de la imagen de una sociedad homogénea, son abordadas por el cine alimentando las crisis de identidad dentro de sus propias fronteras. Las películas más representativas de este fenómeno se dividen en tres grandes ejes temáticos.

 

1. El choque entre la ortodoxia, el laicismo y el misticismo

Kadosh (1999) de Amos Gitai retrata de forma cruda el aislamiento del barrio ultraortodoxo de Mea Shearim en Jerusalén. Ushpizin /Los invitados (2004) de Gidi Dar muestra la crisis desde dentro de la comunidad jasídica. 

 

Fill the Void /Llenar el Vacío (2012) de Rama Burshtein aborda el dilema de una joven jasídica presionada a casarse con el viudo de su hermana fallecida.

 

2. El trauma militar y el dilema moral (La crisis del Soldado)

Vals con Bashir (2008) de Ari Folman es un documental animado clave para entender la psique colectiva israelí. La película plantea una profunda crisis de identidad: el judío - históricamente víctima de persecuciones - confronta la culpa y el horror de verse indirectamente posicionado como victimario en la masacre de Sabra y Chatila. Foxtrot (2017) de Samuel Maoz plantea una crítica feroz al servicio militar obligatorio y al trauma intergeneracional en Israel.

Synonyms / Sinónimos (2019) narra la historia de un joven exsoldado israelí que intenta por todos los medios borrar su identidad judía e israelí para convertirse en francés. Es el retrato definitivo del rechazo absoluto a la identidad nacionalista militante de su país de origen.

 

3. Tensiones étnicas internas y asimilación de refugiados

El Malabarista (1953) de Edward Dmytryk es una de las primeras producciones rodadas en el naciente Estado que se atrevió a mostrar la crisis de adaptación. Kirk Douglas interpreta a un superviviente del Holocausto psicológicamente destrozado que es incapaz de asimilarse a la dura y exigente identidad colectiva que exigía el nuevo Israel. Hatuna Meujeret / Matrimonio Tardío (2001) de Dover Koshashvili explora las complejas dinámicas de los judíos georgianos inmigrantes en Israel, la asfixiante presión de las tradiciones familiares y el choque cultural que viven las segundas generaciones atrapadas entre el conservadurismo de sus padres y la sociedad israelí moderna y secular. Va, Vis et Deviens / Vive y Conviértete (2005) de Radu Mihăileanu narra la historia de un niño cristiano etíope que es obligado por su madre a hacerse pasar por judío para ser evacuado a Israel en la Operación Moisés. La película expone tanto el racismo interno de la sociedad israelí hacia los judíos negros como la profunda crisis existencial de un individuo obligado a fingir una identidad religiosa y cultural ajena para sobrevivir.

Es muy difícil eludir la profunda crisis cultural, histórica y existencial de la identidad judía e israelí en el cine israelí. La producción cinematográfica en la región está estructuralmente ligada a la financiación estatal, el trauma social y el conflicto político, lo que convierte la autorreflexión o la crisis en un elemento central e ineludible de la narrativa local.

Qué la hace prácticamente inevitable?

La financiación estatal y política: Una gran parte de las películas israelíes dependen de subvenciones públicas. La supervisión gubernamental y las presiones políticas obligan constantemente a la producción artística a dialogar con las narrativas nacionales o a oponerse a ellas.

Trauma histórico: La sombra del Holocausto, las guerras recurrentes y el conflicto israelí-palestino en curso conforman la base psicológica de los personajes y muchas de las tramas representadas en la pantalla.

 

Identidad cultural: La sociedad israelí es un mosaico de grupos profundamente contrastantes (ashkenazis, sefaradíes, mizrajíes, laicos, ultraortodoxos, población árabe), lo que naturalmente genera fricciones internas y tensiones identitarias en los discursos internos.

 

No obstante ello, se podría profundizar en las siguientes alternativas, que ya están siendo utilizadas a fin de mejorar la crisis de identidad, trascendiendo de lo local al fomento de una polifonía cultural.

 

Géneros escapistas y universales: Algunos cineastas comerciales intentan eludir la profunda angustia sociopolítica centrándose en obras de género puro, comedias románticas o dramas familiares centrados en experiencias humanas universales en lugar de titulares nacionales.

 

Coproducciones internacionales: Trabajar con estudios extranjeros permite a algunos creadores priorizar el atractivo para el mercado global, reduciendo el peso político local en sus tramas.

 

La realidad subyacente: Incluso cuando una película parece ajena a la política, los críticos señalan que temas como el militarismo, el deber familiar o el desplazamiento subyacen como motivos estructurales.

 

Sin dudas, vale la pena intentarlo.

 

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