Conversando sobre comunidad, cambio y permanencia…y mucho más
Ya antes de realizar esta entrevista, podíamos casi imaginar las corridas en la NCI, los preparativos de cara a las fiestas. Hemos tenido el gusto de compartir en años anteriores estas fechas con los que eligieron celebrarlas en la NCI, y la emoción no se olvida.
Ariel Opoczynski (52), presidente de la NCI, está casado con Patty, con quien tiene dos hijos, varón y mujer, Martín y Sharon. Es contador público de formación pero trabajar como empresario. Fue alumno de la Escuela Integral, en el IUDEP y la UdelaR y activó en el movimiento juvenil Hanoar Hatzioni.

P: Ariel, es un gusto al fin realizar esta entrevista, de cara a la finalización de tu período como presidente de la NCI. Terminás, así entiendo, en diciembre, y me pregunto cómo resumirías tu gestión, qué te ha dejado.
R: Sí, en diciembre termina este período, y te confieso que la palabra "gestión" me suena de alguna forma incómoda, porque la NCI, si bien es cierto que administrativamente se gestiona, comunitariamente se sostiene. Uno recibe algo que construyeron otros y su obligación real es entregarlo mejor, o por lo menos igual.
Elegiría tres cosas. La primera: estar cuando importa. Lo que sostiene una comunidad no es lo espectacular, es lo cotidiano. Estar en las shivot,o sea acompañar en las semanas de duelo, en las celebraciones, en los guiurim, o sea las conversiones. Estar donde importa significa también saber no estar donde no somos relevantes. Una comunidad que quiere estar en todo, no está en nada; eso sí es gestión.
La segunda: la continuidad. Somos el motor de continuidad de este ishuv. Tenemos tnuá (movimiento juvenil) desde hace setenta y cinco años, invertimos en BBYO- movimiento mundial de adolescentes judíos-, en la Casa Joven, en un rabino y un staff dedicados a eso. Hace ya varios años que la segunda noche de Rosh Hashaná, frente a la comunidad entera, la dirigen jóvenes y hablan jóvenes. Eso no es un gesto simpático. Es una decisión sobre quién tiene la palabra.
Y la tercera, la más importante, gente, mucha, muy querida, entre los que están el staff y una directiva de personas muy distintas entre sí, que opinan, que discuten, que hacen.
P: ¿Cuál fue tu trayectoria comunitaria antes de este cargo que desempeñás ahora?
R: No muy amplia. Fui a la tnuá, como fuimos todos, pasé por varias y me quedé en Hanoar Hatzioní, donde fui mazkir. Ahí conocí a los liberalim hatzmaim, de quienes tengo el mejor de los recuerdos: entre ellos tu papá, Samuel Birnfeld, Elías Saps, Samy Srulevich y un joven Max Sapolinski. Fue una gran escuela aunque en ese momento uno no lo sabía.
P: Tantos recuerdos de aquella época…
R: Así es. Después pasó lo que le pasa a casi todo el mundo: estudiar, trabajar, los hijos. Y uno se va. Y también vuelve como vuelve casi todo el mundo: cuando los hijos crecen. En un momento decidimos con Patty mi esposa, que era tiempo de volver a hacer algo comunitario, que lo teníamos pendiente. Elegimos la NCI, donde siempre nos recibieron con mucho cariño.
P: Hay varias comunidades y por supuesto numerosas instituciones en la colectividad judía uruguaya. ¿Qué destacarías tú de la NCI? ¿Cuál es en tu opinión su singularidad?
R: La NCI tiene valores centrales muy fuertes y al mismo tiempo es profundamente pragmática. Esa combinación es rara y es lo que la hace estar siempre veinte o treinta años adelantada. Lo lleva en el nombre y en el ADN: fue, es y seguirá siendo Nueva.
Así fue su pasaje al movimiento conservador cuando eso no se discutía en ningún lado de esta parte del mundo. Así fue la mudanza a Pocitos, cuando muchos pensaban que era una locura. Así es haber ajustado sus propias normas para el matrimonio igualitario.
Y al mismo tiempo hay una estabilidad enorme detrás de todo eso: seis rabinos en noventa años. Una institución que cambia todo el tiempo y que, sin embargo, nunca pierde el eje.
P: Recién lo mencionaste. NCI es parte del movimiento Masortí mundial, el Judaísmo conservador. Y es notorio el carácter especial de esta corriente en lo que se refiere por cierto a los servicios religiosos, los rezos conjuntos. ¿Dirías que eso es una parte central de la actividad de la NCI?
R: Me causa un poco de gracia tu pregunta cuando decís "rezos conjuntos" décadas después que lo hacemos así o cuando todo en nuestra vida cotidiana lo compartimos.
P: Claro que no es nuevo, lo destaco porque no es el común denominador sino caracaterística vuestra.
R: Es cierto. Después de tanto tiempo ¿por qué dejaríamos afuera uno de los espacios más importantes donde vivimos nuestros momentos más relevantes?
Claro que por supuesto que esto una marca del movimiento y es un valor: hombres y mujeres juntos, con los mismos derechos. Pero si me preguntás si ahí está el centro de gravedad de la NCI, te voy a decir que no exactamente.
La mayoría de los judíos uruguayos somos seculares. Tenemos un judaísmo de pertenencia, de tradiciones, de costumbres. Un judaísmo de pueblo, más que de templo.
Entonces lo central es otra cosa. Es estar. No solo en el ritual: en la alegría y en la necesidad. Hay cosas que resolvemos nosotros, y las resolvemos de acuerdo con nuestros valores. Que un guiur, una conversión, sea un proceso serio, exigente y honesto, y a la vez humano y razonable, y que le cambie la vida a alguien de verdad. Que una familia integrada por una pareja del mismo sexo se case o esté integrada en todo el ciclo de vida sin que nadie tenga que pedir permiso. Para buena parte de la comunidad eso puede pasar casi inadvertido; para esas familias no hay nada más importante.
Eso es ser masortim: creemos en la tradición y creemos en el cambio. Las dos cosas, sin elegir y sin contradicción ninguna.
La colectividad judía desde el 7 de octubre
P: Como sabés, yo te estoy realizando esta entrevista desde Israel. Más allá del carácter sionista, de apoyo a Israel, que siempre tuvo la colectividad judía uruguaya, en los últimos años, a raíz del 7 de octubre, el mundo judío todo vivió un terremoto. ¿Cómo viste todo esto en Uruguay en general y en tu comunidad en particular?
R: Hay hechos históricos de los que todos recuerdan dónde estaban. Con el 7 de octubre, acá, por el huso horario, no hay tal cosa: casi todos nos enteramos al despertarnos. Nos levantamos con el mundo cambiado. Y se nos cayeron de golpe casi todas las certezas con las que veníamos viviendo; todavía hoy no terminamos de encontrar el modelo que las reemplace.
En Uruguay, lo primero fue humanidad. Hubo llamados, hubo abrazos, hubo gente que apareció sin que nadie se lo pidiera, y hubo respuestas institucionales y políticas a la altura. Eso pasó y hay que decirlo. Lo que también pasó es que ese primer movimiento tuvo fecha de vencimiento más corta de lo que esperábamos, y el clima se fue enrareciendo hasta un punto que nos hubiera parecido impensable.
En la comunidad, la primera reacción fue instintiva: la gente volvió. Volvió gente que hacía años que no aparecía. Y pasó algo que a mí me sigue conmoviendo: contra todo lo que se podía esperar dado el clima, tuvimos muchísimos más procesos de conversiones que en años anteriores. Gente que en el peor momento eligió entrar.
P: Imponente mensaje.
R: Sin duda. También apareció lo difícil. Cada uno respondió como pudo: algunos con la acción, otros con la ira, otros con la desesperanza, otros alejándose. Y se sumó algo agotador: a la violencia de afuera se le agregó la de adentro, gente de los nuestros explicándote cómo tenías que estar viviendo lo que estabas viviendo. Eso hizo mucho daño. Un pueblo en el que todos hablan, todos gritan y todos tienen razón, pero en el que prácticamente nadie escucha.
Hay una pregunta que a mí me da vueltas y que creo que es la pregunta de esta época; te la hago a vos, que estás allá. ¿Cuál va a ser el nuevo pacto entre Israel y la galut, la diáspora? Nos gusta quejarnos del que no hace el ejército, pero ¿qué hacemos nosotros? ¿Cuál es el servicio que nos toca hacer de este lado? Yo no tengo la respuesta, pero el que no se esté haciendo esa pregunta está mirando para otro lado.
P: Es importante hallar la respuesta a esa pregunta pero no creo que esté al alcance de la mano.
R: Te cuento que hace unos meses recibimos una delegación de Bélgica. Gente que no aguanta más en Europa y que tampoco quiere irse a vivir a Israel. Estaban explorando opciones, y una de esas opciones era Uruguay. Eso es nuevo. Yo crecí con un solo relato: acá nos achicamos, allá se agranda. Que alguien de Europa venga a mirar Montevideo cambia la conversación entera.
P: Interesantísimo sin duda.
R: La pregunta del siglo XX era si éramos sala de espera o destino. Yo hoy creo que somos destino, pero sabiendo la velocidad con lo que cambian las cosas. Y te lo digo amando Israel y sabiendo que nunca sería feliz viviendo en la sociedad israelí: soy demasiado uruguayo.
P: No hay “demasiado” creo yo…pero es legítimo no ver en Israel el hogar práctico de la vida diaria. Nunca pensé que es para todos.
R: Exacto.
Antisemitismo en Uruguay
P: Ariel, está también el aumento del antisemitismo. ¿Lo has sentido directamente?
R: Este año hicimos el acto por la convivencia a diez años del asesinato de David Fremd Z"L. Y lo más duro de esa década es admitir que nos convencimos, con una ingenuidad que hoy me cuesta explicar, de que después de un crimen así algo iba a cambiar para siempre. No cambió obviamente y el antisemitismo no solo no desapareció, sino que creció.
Sí, lo sentimos directamente. En pintadas, en agresiones, en monumentos vandalizados, en gente que dejó de saludar, en chicos que la pasan mal en un liceo o en una facultad. Y en un clima internacional que uno creía archivado en los libros de historia del siglo pasado.
Ahora, una cosa es cómo lo vivimos y otra es qué está pasando realmente. Por eso hicimos un estudio de opinión pública con Opción Consultores. Los números tienen la virtud de no dejarte ni dramatizar ni minimizar.
Un 21% de los uruguayos elige a los judíos como la minoría que le genera mayor antipatía. Uno de cada cinco. No es la mayoría, pero tampoco es un número chico. Un 30% percibe que hay mucha o bastante discriminación hacia los judíos en el país; es decir, la sociedad lo ve.
Pero el dato que a mí me cambió la cabeza es que el 38% de los uruguayos no conoce personalmente a ningún judío. Cuatro de cada diez se hacen una idea sobre nosotros sin haber conocido a ninguno. Sin haber compartido un aula, un trabajo, una mesa, un asado.
Y el estudio muestra algo profundamente humano: la imagen mejora en la medida en que la gente nos conoce de verdad. Donde hay trato, el prejuicio afloja; donde no lo hay, el estereotipo ocupa todo el espacio disponible. Dicho de otro modo: el odio no nace del roce. Nace de que no hay roce.
P: Importantísimo y revelador creo yo.
R: Así es.
Y sobre el nuevo año
P: Ariel, esta entrevista se publica cerca de Rosh Hashaná. ¿Cómo se preparó la NCI de cara a los jaguim?
R: Con muchísima preparación y con una idea, que es como trabajamos siempre. Todos los años elegimos un eje que atraviesa los Iamim Noraim, para que las tefilot y las palabras no sean una repetición sino una conversación. El año pasado hablamos de pactos: de los que siguen en pie, de los que se dañaron, de los que se rompieron y de los que todavía tenemos que construir.
Este año el eje es una sola letra de diferencia. Meiujad quiere decir único, especial, singular. Meujad quiere decir unido. Se escriben casi igual y todo el tiempo las confundimos, en el idioma y en la vida.
Porque cuando nos piden unidad, muchas veces lo que en realidad nos están pidiendo es uniformidad: que pensemos parecido, que hablemos con una sola voz, que las diferencias se guarden. Y las comunidades que intentaron eso no se unieron: se rompieron. La unidad de verdad es la otra, la que no exige que nadie deje de ser lo que es. Ser meiujadim y meujadim al mismo tiempo. Especiales y unidos, es la traducción del hebreo. No es un juego de palabras: es probablemente el desafío más grande que tenemos como pueblo en este momento, acá y en Israel.
Sobre eso vamos a trabajar en estas fiestas, en las derashot- los discursos de los rabinos-, en las tefilot (plegarias) y en los espacios de encuentro que armamos alrededor.
En lo concreto se prepara todo: los rabinos, la tefilá, la música, el famoso “debate” de NCI, los espacios para los chicos, la logística, pasamos unas tres mil personas por NCI y la certeza de que hay lugar para todos, para el que viene cada Shabat y para el que viene una vez al año. Ese que viene una vez al año es nuestro, y viene por algo.
P: ¿Cuáles son tus deseos a la colectividad judía uruguaya, al mundo judío en general y a Israel al comienzo del nuevo año?
R: A la colectividad uruguaya le deseo exactamente lo que te contaba recién: que aprendamos a ser meiujadim y meujadim. Que ninguno sobre y que ninguno se arrogue la legitimidad sobre el otro.
Y te agrego algo, porque creo que en Uruguay nos equivocamos de diagnóstico: yo no creo que seamos tribales. La gente no lo es. El tribalismo está en la estructura, en las instituciones, no en las personas. Y el costo lo pagamos en duplicaciones que a esta altura no deberíamos permitirnos. Ojalá el año que viene alguien pueda decir que empezamos a resolver eso.
Al mundo judío le deseo que recuperemos el arte de discrepar. Discutir es de lo más judío que hay; el Talmud es, básicamente, un registro de gente discutiendo. Pero los sabios hicieron una distinción que nos vendría bien recordar: la discusión que es leshem shamáim, por el bien del cielo, perdura; la que no lo es, no deja nada. Rav Kook lo dijo mejor que nadie: lo contrario de una opinión judía no es una herejía, es otra opinión judía.
Y hay algo más, que no es solo nuestro: el problema somos los del medio. Fijate quién termina definiendo la agenda, acá o allá. Los extremos deciden porque los del medio no logramos ponernos de acuerdo. Si los del medio no acordamos, o directamente no participamos, somos tan responsables como los extremos.
A Israel le deseo lo obvio y lo urgente: que termine el sacrificio de los jaialim-los soldados- y de sus familias y que este sea el año en que la convivencia y la paz dejen de ser algo que pedimos en los discursos para pasar a ser, simplemente, el clima normal en el que vivimos. Que ninguna generación después de la nuestra tenga que cargar con el peso de estos años.
P: ¿Algo más que quieras agregar?
R: Gracias por la entrevista, y un abrazo grande a los lectores de allá, a los que lean esto en Israel, que son parte de nosotros y a vos agradecerte mucho por el trabajo de siempre y especialmente del último tiempo.
P: Muchas gracias por tus palabras Ariel. Y por esos deseos tan importantes. Shaná Tová a vos, tu familia y tu comunidad.
R: Shaná Tová u'Metuká. Am Israel Jai.






