Encuéntrate a Ti Mismo - El Desafío de la Riqueza - La Confesión de un Rebe - Iom Kipur

No. 375
Paerashá Aazinu
Horario de velas: 18 de setiembre en Montevideo 18:20
Iom Kipur
Horario de velas:: 20 de setiembre 18:22

ENCUÉNTRATE A TI MISMO
Por Menachem Feldman
El cántico de Haazinu, la canción que Moisés recitó al pueblo judío en el último día de su vida, la cual resume toda la historia judía desde los tiempos antiguos hasta la redención futura, se inicia describiendo la inmensa bondad que D-os tuvo con el pueblo de Israel. D-os los resguardó en el desierto y les entregó Su tesoro más valioso: la Torá. Tal como Moisés le transmite al pueblo usando el lenguaje poético y hermoso de Haazinu:
"Él [D-os] los halló en una tierra desierta, en un páramo desolado y aullante. Los rodeó y les concedió entendimiento; los cuidó como a la niña de Sus ojos." (Devarim 32:10)
Gran parte de este versículo resulta evidente: "Los rodeó" alude a que D-os envolvió a los hijos de Israel en el desierto, protegiéndolos con las "nubes de gloria". "Les concedió entendimiento" significa que les entregó la Torá. Pero, ¿qué quiere decir realmente "Los halló en una tierra desierta"? El término "hallar" sugiere que quien busca se topa con algo inesperado. ¿Acaso D-os encontró a los judíos de casualidad vagando por el desierto? ¿No fue Él mismo quien los liberó de Egipto y los guió hasta allí?
Rashi, el principal comentarista bíblico, aclara que D-os efectivamente se encontró con algo inesperado en ese entorno desértico: la manifestación de una fe profunda por parte del pueblo judío al seguir a Moisés hacia un territorio inhóspito y aceptar la Torá. Como señala Rashi:
Los halló en una tierra desierta: D-os los encontró [a los hijos de Israel] siendo fieles a Él en una tierra yerma, ya que aceptaron Su Torá, Su soberanía y tomaron Su yugo sobre sí mismos, algo que Ismael y Esaú se negaron a hacer.
En un páramo desolado y aullante: Un territorio árido y vacío, hogar del aullido de chacales y avestruces. Sin embargo, incluso en ese lugar, los hijos de Israel se mantuvieron fieles. En ningún momento le reclamaron a Moisés: "¿Cómo vamos a adentrarnos en un desierto, un lugar lleno de sequía y desolación?".
En medio del desierto, D-os encontró algo que superaba las expectativas; halló una nación comprometida con Él, que creía en Él de una forma que trascendía toda lógica.
Muchas relaciones humanas se basan en la racionalidad. Las personas se enamoran debido al beneficio mutuo que obtienen. Existe un intercambio que vuelve la relación ventajosa para ambas partes. No obstante, llega un punto en el que, para que el vínculo perdure, ya no basta con un afecto calculado, sino que se requiere un amor y un compromiso que vayan más allá de la razón.
Todo vínculo amoroso arranca con dos personas felices que sienten que ganan algo al estar juntas. Pero lo que distingue a una relación permanente de una fugaz es que, en algún momento del trayecto, se "halla" un compromiso inesperado y mucho más profundo. Llega un instante en que ambos se miran y se sorprenden por la magnitud del sentimiento y la conexión que comparten, un lazo que supera el simple intercambio de dar y recibir. Cuando una pareja atraviesa el "desamor" y desaparece el motivo de la atracción original, la relación sólo sobrevivirá si a lo largo del camino lograron "encontrar" esa conexión profunda.
Cuando las personas tienen hijos, suelen verse inundadas de amor y devoción por sus bebés. Pero, sin importar qué tan grande sea ese amor inicial, más adelante en la vida del niño casi siempre surge una sorpresa. Los padres descubren asombrados que han desarrollado una devoción y un compromiso hacia su hijo infinitamente mayores de lo que alguna vez imaginaron.
Esta misma dinámica aplica a nuestra relación con D-os. Al principio, el nexo entre D-os y el pueblo judío tenía un carácter contractual, donde cada parte debía aportar algo a cambio de un beneficio. D-os redimiría a la nación de Egipto para llevarla a su tierra ancestral, la Tierra de Israel, y, en reciprocidad, el pueblo cumpliría su parte acatando la Torá. Era un acuerdo sensato para ambos.
Pero entonces surgió lo inesperado. En el desierto, D-os encontró una faceta mucho más profunda en este vínculo. Allí, D-os descubrió la lealtad incondicional del pueblo judío al ver cómo seguían a Moisés hacia un terreno aterrador, ignorando los mandatos de la lógica. Esto ya no era un pacto calculado. El pueblo indagó en lo más hondo de sus corazones y halló en su interior un compromiso hacia D-os más profundo de lo que ellos mismos hubieran previsto.

EL DESAFÍO DE LA RIQUEZA
[Dijo Moshé:] “El [otrora] pueblo recto engordó y se rebeló.” (Devarim 32:15)
Nada tiene de malo la riqueza en sí en la medida en que tomemos las precauciones necesarias para asegurarnos mantener la perspectiva apropiada. Debemos responder al desafío de la riqueza esforzándonos aún más por depurar nuestra naturaleza animal/humana, y cuidar de no dejarnos tentar en exceso por las gratificaciones mundanas, tanto sean materiales como culturales. Con esta actitud podremos luego dedicarnos a depurar también el mundo y hacer que la luz de la Torá brille hacia afuera, porque habremos de emplear la bendición de la riqueza para el propósito previsto: apoyar y promover el estudio de la Torá y la diseminación del judaísmo.
Si encontramos a alguien que se ha vuelto “gordo y se rebeló”, no debemos perder las esperanzas, dado que aún el judío menos desinteresado sigue siendo un judío en el fondo de su corazón, y la luz de la verdad logra atravesar las más sólidas de las barreras.
Séfer HaMaamarim 5700, pág. 158. Séfer HaSijot 5702, pág. 149. Séfer HaSijot 5701, pág. 83.

Deuteronomio (Devarim) 32:1 – 32:52
La décima sección del Deuteronomio se compone casi en su totalidad del Poema Testimonial que D-os enseñara a Moshé y ordenara transmitir al pueblo judío. En él, D-os pide al pueblo que escuche (haazinu, en hebreo) Sus palabras mientras repasa su historia, y les informa acerca de las consecuencias de su conducta futura, ya sea positiva o bien negativa.

LA CONFESIÓN DE UN REBE
Por Tuvia Bolton
Caía la tarde. En unos pocos minutos sería Yom Kipur, el día más sagrado del año, y el gran salón estaba lleno a su máxima capacidad.
Pero un silencio sepulcral llenaba la sinagoga. Nadie parecía moverse. Los congregantes miraban al suelo o hacia el frente, como si estuvieran más muertos que vivos, como una especie de extraña imagen en negro y gris.
El año era 1945, justo después de la guerra. El lugar: un campo de refugiados en algún lugar de Alemania. Judíos recién salidos de los campos de concentración se habían reunido a rezar en una barraca convertida en sinagoga.
El "rabino" elegido por unanimidad de esta congregación improvisada no era otro que el famoso Rebe de Klausenburg, el rabino Yekutiel Yehudah Halberstam. Su santidad y erudición eran incuestionables, pero aún más sorprendente era que había conservado la cordura después de perder a su esposa y 11 hijos a manos de los nazis.
La "congregación" estaba compuesta por todo tipo de judíos. Desde ortodoxos tradicionales, hasta aquellos que nunca antes habían estado en una sinagoga. Pero todos tenían una cosa en común. Nadie más que ellos podían entender por lo que habían pasado.
Lentamente el cantor comenzó a entonar, y la congregación lo siguió. Hubo mucho llanto genuino esa noche, hasta que llegaron al rezo de confesión llamado "Al Jet", donde pedimos perdón por los pecados que cometimos con nuestros ojos, nuestras manos, por descaro, por insensibilidad, y así sucesivamente.
De repente, uno de los congregantes se puso de pie y pisó fuerte el suelo. - "¡No!", gritó. "¡No!".
Todos se volvieron y lo miraron. Uno o dos intentaron calmarlo suavemente. - "¡No!", los miró y gritó.
- "¿Qué? ¿Debería pedirle perdón a D-os por los pecados que cometí con mis ojos o mis manos?
¡Estos ojos vieron cómo mataban a mis propios hijos! ¡Estas manos no tuvieron tiempo para pecar, tuvieron que trabajar para esos demonios alemanes día y noche!
¿Qué? ¿Fui un descarado? ¡No me atreví a levantar la cabeza durante tres años! ¿Fui insensible? ¡Le di mi último pedazo de pan a personas que no conocía!
¡No! ¡No! Si alguien tiene que pedir perdón, es D-os. ¡D-os debería pedirnos perdón a nosotros! Él les dio a los nazis ojos para ver y manos para torturar, y descaro e insensibilidad para violar y matar. ¡Así que dejemos que Él nos pida perdón a nosotros!".
El salón volvió a quedar en silencio, y todos los ojos se llenaron de lágrimas y se dirigieron hacia el Rebe de Klausenburg. ¿Qué diría?
Después de varios segundos de terrible silencio, el Rebe se aclaró la garganta y dijo:
- "Tú... tienes... razón...".
Y todos estallaron en un llanto incontrolable. Los hombres cayeron de rodillas, y otros simplemente se taparon la cara con las manos y lloraron y lloraron y lloraron.
Después de que el llanto disminuyó y la habitación volvió a quedar en silencio, el Rebe continuó donde lo había dejado.
- "Pero quiero decirles por qué le pedí perdón a D-os hoy.
En nuestro campo, los guardias solían divertirse cada mañana jugando a un juego sádico. Nos alineaban y elegían a cinco reclusos. Estas almas desafortunadas eran obligadas a cargar un montón de ladrillos por un tramo de escaleras empinado frente a todos. Si caía un ladrillo, agregaban otros dos en su lugar, y si el prisionero se caía, lo torturaban lentamente hasta la muerte ante nuestros ojos.
Así era cada mañana. Es cierto que el resto del día no era mucho mejor. Hacía un frío insoportable, nuestra ropa estaba infestada de piojos y casi no nos daban de comer. Todos estaban enfermos y los prisioneros morían como moscas. Pero la peor y más humillante era esa tortura de la mañana.
Llegó al punto en que la oración que cada uno de nosotros decía antes de irse a dormir era: 'D-os, D-os misericordioso, por favor déjame morir mientras duermo. Por favor, no me dejes despertar mañana por la mañana'. Y yo también solía decirlo.
Por eso acabo de pedir perdón. Ese es el pecado que confesé en este Yom Kipur.
¡Nunca se me pasó por la cabeza que si voy a rezar, si voy a pedirle algo a D-os, debería pedirle que me libere! Olvidé que podía existir algo así como ser libre...".
Después de varios minutos, los rezos se reanudaron.

IOM KIPUR
Cuarenta días después de haber recibido la Torá en el Monte Sinaí y de haberse comprometido a ser el pueblo elegido de D-os, los Hijos de Israel adoraron un Becerro de Oro. Moisés le suplicó a D-os que no aniquilara a su nación descarriada, y el diez de Tishrei, D-os dijo: “He perdonado”. A partir de ese momento, observamos esta fecha como el “Día del Perdón”, una celebración de nuestra inquebrantable relación con D-os. Se trata del día más sagrado de todo el año, en el que nos reconectamos con nuestra esencia misma, que sigue siéndole fiel a D-os más allá de la forma en que nos comportemos.
Una Conducta Angelical
Iom Kipur es un día de ayuno: desde la puesta del sol de la víspera de Iom Kipur hasta el anochecer del día siguiente, no comemos ni bebemos. (Si estás enfermo, consulta a un rabino).
También, nos abstenemos de ciertos placeres físicos: usar calzado de cuero, bañarse o lavarse, aplicar lociones o cremas y mantener relaciones conyugales. Además, es un “día de descanso” en el que está prohibido realizar trabajos (tal como en Shabat).
Cinco Rezos
En Iom Kipur, nos vestimos con ropa blanca para emular a los ángeles espirituales y pasamos la mayor parte del día en la sinagoga sumidos en el arrepentimiento y la plegaria.
En este día, hay cinco servicios de rezos: 1) Las plegarias vespertinas, que comienzan con el solemne Kol Nidrei, 2) La plegaria matutina, 3) Musaf, que incluye una descripción del servicio del Templo Sagrado en Iom Kipur, 4) La plegaria de la tarde, durante la cual se lee el Libro de Ioná, 5) Neilá, que se recita cuando el día está por concluir y se sella el veredicto para el nuevo año. Las primeras cuatro plegarias incluyen una confesión (privada) de pecados ante D-os.
Hay muchas leyes y costumbres asociadas a estos servicios de rezos, el rabino de tu sinagoga te va a ayudar en lo que necesites.
La Conclusión del Ayuno
El servicio de Neilá finaliza cuando la congregación proclama al unísono Shemá Israel, entonces, un toque de shofar marca la conclusión del día.
A continuación, se lleva a cabo una comida festiva. Celebramos confiados en que D-os ha perdonado nuestros pecados.
MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Guayaquí 3193
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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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