En comunidad

La primera entrevista del nuevo Rabino de la Kehilá Simantob Nigri

Hace pocos días llegó a Uruguay el rabino Simantob Nigri con su esposa Janah, para desempeñarse como rabino de la Comunidad Israelita del Uruguay, la Kehilá. Trajo consigo un cúmulo de emociones, tanto por lo que sabía de la colectividad judía uruguaya como por su concepción de lo que significa ser rabino comunitario y por el hecho que él y su esposa están esperando su primer bebé. El simbolismo habla por sí solo.

Conversamos con él sobre lo hecho y los planes futuros. Sólo resta  augurarle el mayor de los éxitos.

El Rabino Simatob y su esposa Janah

 

P: Rav Simantob, aunque estas preguntas llegan desde Israel, dado que siempre seré parte de la colectividad judía uruguaya y que Semanario Hebreo es el único medio periodístico de la misma, me permito comenzar esta entrevista dándole la bienvenida a Uruguay. ¿Cómo se van sintiendo, tan poco después de llegar? 

 

R: Muchas gracias por la bienvenida. Estamos muy contentos y, sobre todo, muy agradecidos por la recepción que hemos tenido. Toda llegada implica un período de adaptación, de conocer personas, historias y realidades nuevas, pero desde el primer momento hemos sentido una enorme calidez. Para nosotros no se trata solamente de llegar a un nuevo lugar, sino de comenzar a formar parte de una comunidad con una historia, una identidad y una tradición muy profundas. Estamos con mucha ilusión, con los pies en la tierra y, sobre todo, con muchas ganas de escuchar y conocer. Además, estamos viviendo este comienzo con una alegría muy especial porque estamos esperando un bebé. Así que, en muchos sentidos, estamos comenzando una nueva etapa tanto en nuestra vida familiar como en nuestra vida comunitaria.

P: ¡Eso sí que es simbólico! Que pase todo a la perfección, con salud y alegría y con muchas satisfacciones. También es muy simbólico que justo llegaron poco antes del nuevo año, realmente un nuevo comienzo. ¿Qué quisiera que los judíos uruguayos sepan del nuevo Rav de la Kehilá? 

R: Quizás lo más importante que quisiera transmitir es que llego con una enorme disposición a escuchar. Un rabino no viene solamente a enseñar; también viene a aprender de la comunidad que tiene delante. Quiero que sepan que pueden acercarse. Que el rabino no debe ser una figura distante, sino alguien que pueda acompañar en los momentos importantes de la vida, en lo espiritual, en lo familiar, en las alegrías y también en las dificultades. Mi deseo es construir vínculos de confianza y, desde allí, fortalecer la conexión de cada judío con su identidad, con la Torá y con la vida comunitaria.

 

Planes de trabajo en comunidad

Conociéndose. De izquierda a derecha, el nuevo rabino de Yavne Osher   Bitan, el Cónsul de Israel Igal Ekdesman, el Rabino Simantob, el Rabino 
Yehuda Ribco de la Comunidad Sefaradí, Verónica Junio representante de la Sojnut, Mijal Hayet, esposa del Embajador de Israel Eldad Hayet que está 
a su lado, el Rabino de la NCI Daniel Dolinsky y su esposa Paula

 

P: ¿Con qué planes llegaron?

 R: Llegamos con muchos proyectos, pero también con la conciencia de que primero hay que conocer la realidad de la comunidad. No creo en traer un modelo prefabricado y simplemente aplicarlo. Tenemos el deseo de fortalecer la vida judía, generar más espacios de estudio, acercar la Torá a personas de distintas edades y niveles de observancia y, especialmente, crear espacios donde las personas puedan sentirse parte. También me interesa mucho que la vida comunitaria no se limite únicamente a los momentos del calendario judío. La comunidad debe ser un lugar al que uno pueda acudir durante todo el año, un espacio de pertenencia, crecimiento y encuentro.

P: ¿Cuál es la autonomía de acción de un rabino comunitario? Imagino que hay que maniobrar entre su propia línea de acción y el marco que determina la comunidad, ¿verdad? 

 

R: Absolutamente. Un rabino comunitario tiene una responsabilidad muy grande, pero esa responsabilidad no significa actuar de manera aislada. Creo que el rabino debe tener una visión clara de la Torá y de lo que quiere aportar, pero al mismo tiempo debe saber trabajar en equipo, escuchar a las autoridades comunitarias y comprender la realidad particular de la comunidad. La autonomía rabínica y el trabajo comunitario no deberían ser conceptos enfrentados. Cuando existe diálogo, confianza y objetivos compartidos, se puede construir muchísimo. Mi intención no es imponer una visión personal, sino aportar desde la Torá y desde mi experiencia para que juntos podamos fortalecer la comunidad.

P: ¿Qué papel jugará su esposa? ¿En qué considera que podrá aportar?

 R: Janah viene con toda la disposición de sumarse a este proyecto y de contribuir activamente a la vida de la comunidad. Para nosotros esta nueva etapa es también una oportunidad para construir juntos espacios de encuentro, cercanía y crecimiento. Tiene mucho entusiasmo por trabajar especialmente con chicos, jóvenes y mujeres, y por desarrollar propuestas que puedan acercar a nuevas personas a la vida comunitaria. Le interesa aportar una mirada creativa e innovadora, generar actividades diferentes y, sobre todo, crear espacios donde las personas puedan sentirse cómodas, escuchadas y parte de la comunidad. Creo que su presencia puede aportar mucho desde ese lugar, combinando sensibilidad, creatividad y cercanía humana. A medida que vaya conociendo a las familias y las distintas realidades de la comunidad, seguramente surgirán muchas iniciativas que podremos desarrollar juntos.

P: Seguramente sabe que si bien hay no pocos judíos religiosos en Uruguay, en general la colectividad es más tradicionalista que otra cosa. ¿Cómo se maniobra entre no querer imponer nada y al mismo tiempo aportar judaísmo?

 

 R: Para mí, esa no debería ser una contradicción. La Torá tiene profundidad suficiente para hablarle a cada persona, independientemente del punto en el que se encuentre. El desafío del rabino es encontrar el lenguaje y el camino para acercar esa profundidad a cada individuo. No creo que la misión de un rabino sea juzgar cuánto sabe o cuánto practica una persona. Primero hay que generar un vínculo. Después viene el aprendizaje, las preguntas y el crecimiento. Uno puede invitar, enseñar, inspirar y mostrar la belleza de la vida judía. Pero la conexión verdadera no puede construirse desde la imposición. Quiero que alguien que quizás hoy no es religioso pueda entrar a una sinagoga y sentirse bienvenido. Y también quiero que una persona profundamente observante encuentre un espacio para seguir creciendo. La comunidad debe poder contener ambas realidades.

 

Conexión variada con el mundo judío

P: ¿Es la primera vez que oficiará de rabino en el exterior?

 R: No. He tenido la oportunidad de desarrollar mi trabajo rabínico y comunitario en distintos lugares y de conocer realidades judías muy diferentes, entre ellas México, tanto en Cancún como en Ciudad de México, además de Perú. Cada lugar me ha permitido aprender algo diferente. Una de las cosas que más valoro de esas experiencias es haber podido conocer comunidades con distintas características, necesidades y formas de vivir el judaísmo. Ahora Uruguay representa una nueva etapa y un desafío muy especial. Llego con la experiencia adquirida en esos años, pero también con la humildad de saber que cada comunidad tiene su propia identidad y que primero hay que conocerla, escucharla y comprenderla. Eso es parte de lo que hace tan enriquecedora la tarea rabínica.

P: ¿Qué sabía de la colectividad judía uruguaya? 

 

R: Sabía que se trata de una colectividad con una historia judía muy rica, con instituciones fuertes y con una identidad que se ha construido a lo largo de generaciones. Pero una cosa es conocer una comunidad desde afuera y otra muy diferente es vivirla desde adentro. Ahora estamos teniendo la oportunidad de conocer sus historias, sus familias, sus diferentes sensibilidades y también sus desafíos. Y justamente eso es lo que más me interesa en esta primera etapa, escuchar y conocer antes de pretender tener todas las respuestas.

De cara a futuro

P: ¿Qué impronta quisiera dejar?

 R: Me gustaría que mi impronta no fuera simplemente que hubo un rabino que dio buenos shiurim-clases- o que organizó determinadas actividades. Me gustaría que, con el tiempo, las personas pudieran sentir que su vínculo con el judaísmo se fortaleció. Si una persona que estaba alejada vuelve a acercarse, si un joven encuentra un espacio donde puede hacer preguntas, si una familia siente que tiene una comunidad que la acompaña, si alguien descubre en la Torá una respuesta para su vida, entonces siento que estamos haciendo algo significativo. Quisiera dejar una comunidad más conectada, más unida y con una relación más profunda con la Torá y con su identidad judía. Una comunidad que también pueda pensar en sus próximas generaciones y transmitirles con orgullo y alegría aquello que hemos recibido.

Con miembros de Jalomí, el área de inclusión de la Kehilá
Visitando Meilí, el ropero comunitario de la Kehila

 

La importancia de las fiestas, que dan una nueva oportunidad

P: El primer desafío, claro, es el de los jaguim, las fiestas, ante todo Rosh Hashaná ¿Cómo se prepararon? 

R: Los Jaguim tienen una particularidad muy hermosa: nos obligan a detenernos y preguntarnos dónde estamos parados en nuestra vida. La preparación no es solamente técnica, aunque obviamente hay una enorme responsabilidad en todo lo relacionado con los servicios, las tefilot y las actividades comunitarias. La verdadera preparación también consiste en preguntarnos qué queremos transmitir. Cada Jag , cada fiesta, tiene un mensaje profundo. Rosh Hashaná nos invita a revisar quiénes somos y hacia dónde queremos ir; Iom Kipur nos enfrenta con nosotros mismos; Sucot nos enseña sobre la alegría, la confianza y la fragilidad. Mi deseo es que las personas no solamente "pasen" por los Jaguim, sino que los Jaguim pasen por ellas.

P: Hermosa distinciónn. ¿Y cuál es su mensaje central para estas fechas sagradas? 

R: Que no tengamos miedo de comenzar de nuevo. El calendario judío nos da algo extraordinario: la posibilidad de detenernos, hacer una pausa y revisar nuestra vida. No se trata únicamente de pedirle cosas a D'os, sino de preguntarnos qué podemos transformar nosotros. Rosh Hashaná no es solamente el comienzo de un nuevo año en el calendario. Es una oportunidad para recuperar nuestra dirección. Y quizás ese sea también un mensaje muy apropiado para nosotros, porque nosotros mismos estamos comenzando una nueva etapa aquí en Uruguay.

 

P: ¿Algo que desee agregar? 

R: Sí. Quizás simplemente expresar nuevamente mi agradecimiento. Estamos llegando a una comunidad que tiene una historia muy importante y que ha sido construida por muchas generaciones. Venimos con mucho respeto por todo lo que ya existe y con el deseo de sumar. Me gustaría que esta nueva etapa la construyamos juntos. Que podamos conversar, estudiar, rezar, compartir y también hacernos preguntas. El judaísmo siempre ha sido una tradición de preguntas, de diálogo y de búsqueda. Y creo que una comunidad viva es precisamente aquella que nunca deja de buscar cómo acercarse más a la Torá, a D'os y, fundamentalmente, unos a otros.

 

P: Hermosísimo mensaje. Rav Simantob, a usted y a Janah, el mayor de los éxitos en lo personal y comunitario. ¡Shaná Tová umetuká!

R: Muchas gracias. Shaná tová para todos.

 

Ana Jerozolimski
(17 Septiembre 2026 , 08:57)

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