En comunidad

Los primeros 8 años de CTEEN Uruguay, una iniciativa de JABAD dirigida a los jóvenes

Por ALAN CHARNOVICH

·"SIEMPRE CONTENTOS, NUNCA SATISFECHOS"

Delegación de 64 teens uruguayos en paseo a la nieve en shabaton mundial en Nueva York 2024

 

Hay fotos que uno mira y no puede creer todo lo que pasó desde entonces. A mí me pasa con las primeras imágenes de CTeen Uruguay. Éramos pocos, había más intuición que estructura y muchas ganas. Hoy, ocho años después, miro una sala llena, una delegación viajando o a un exparticipante coordinando a otros, y siento muchísimo orgullo. Pero también algo muy de la enseñanza del Rebe: estar contentos con lo logrado, nunca conformes.

 

A fines de 2018, junto al Rabino Mendy Shemtov, empezamos a pensar CTeen en Uruguay. La pregunta no era cómo hacer una organización grande. Era simple y difícil: ¿cómo hacemos para que un adolescente judío quiera estar?

 

No porque los padres lo manden. No porque “hay que”. Sino porque sienta que ese espacio le pertenece.

Inauguración de Marincho 2022

 

Empezamos con dos grupos pequeños. Había que escuchar, probar, equivocarse y volver a intentar. Desde el comienzo algo fue fundamental: CTeen no debía competir con la educación judía tradicional, los colegios ni las tnuot. Uruguay tiene instituciones que hacen una tarea enorme y muchas veces recibimos jóvenes gracias a esa base.

 

Pero también entendimos algo que a veces cuesta decir: no todos los jóvenes entran por la misma puerta.

 

Hay chicos a los que un salón de clase los inspira y otros que necesitan otra puerta: una mesa, un amigo, un viaje, una conversación sin reloj o alguien que se interese genuinamente. Si para encender en un joven esa chispa judía repetimos formatos que ya no le hablan, no estamos defendiendo la tradición: estamos defendiendo una herramienta.

 

La verdad judía no necesita diluirse para ser relevante. Necesita transmitirse con verdad. Los jóvenes perciben cuándo uno habla desde un libreto y cuándo realmente cree lo que dice. Necesitan honestidad, escucha y respeto, incluso cuando no tenemos una respuesta.

 

En estos ocho años CTeen impactó a más de mil jóvenes. Centenares viajaron con nosotros dentro y fuera del país. Semana tras semana, la casa se llena. Hubo grupos, Shabatot, encuentros, Casa de verano en Punta del Este, actividades de jésed, estudio, fiestas y muchas horas que jamás aparecen en una foto.

 

Si tuviera que explicar qué hicimos, no diría que organizamos actividades. Diría que acompañamos jóvenes.

Actividad de chicas en Marincho (la casa de Cteen) 2026

 

Eso significa conocerlos: quién viene, quién dejó de venir, quién necesita un desafío, una invitación más, contención o aprender más. No hay dos neshamot (almas) iguales y no tendría sentido ofrecer lo mismo a todos.

 

Hace años escuché al Rabino Eliezer Shemtov comparar Jabad con una gran piscina de judaísmo: hay lugar para quien apenas quiere mojarse los pies, para quien entra a la parte llana y para quien quiere nadar hacia lo más profundo. Nadie debería ser empujado a una profundidad que no eligió, ni tener un techo si quiere avanzar.

Visita al grupo de uruguayos en el plan Shnat en Israel, en el marco de un Shabaton. Aquí, visita al Kotel, con el Rabino Mendy Shemtov. Se pasó el
Shabat en la Ciudad Vieja de Jerusalem, 2023

 

Esa imagen describe mucho de CTeen. No buscamos que todos hagan lo mismo, sino que cada uno crezca desde donde está. Con el tiempo entendí que antes de pedir pertenencia hay que generarla. Antes de pedir compromiso hay que construir confianza. Y antes de hablar de números hay que aprender nombres.

 

El Rebe enseñó el valor infinito de cada alma judía. Una vela puede encender otra sin perder su propia luz. Si uno sabe alef, puede enseñarle alef a quien todavía no lo sabe. Un joven que aprendió algo puede compartirlo; quien vivió un Shabat especial puede invitar a un amigo; quien recibió contención puede después contener.

 

Hay una frase que el Rabino Mendy me repite desde hace años: qué bendecidos somos de pasar nuestros días pensando cómo hacerle bien a otro judío. Quizás esa sea la esencia del proyecto. Esa sensibilidad no termina con una actividad ni con un horario.

 

Acompañar tampoco es solamente hablar de judaísmo. Compartimos alegrías y también situaciones que no corresponde contar aquí: dificultades familiares, crisis personales, soledad y momentos en los que lo judío se expresó de una forma todavía más básica: ayudar, cuidar o hacer una llamada cuando hacía falta. Esas historias casi no se ven. Y quizás sean las que mejor explican CTeen.

 

Un joven llega porque lo invitó un amigo. Al principio mira desde afuera. Vuelve, empieza a sentirse cómodo, se suma a un viaje o a un Shabat y un día es él quien trae a otro. Años después puede estar coordinando o pendiente de que el nuevo no se quede solo. A veces el resultado aparece mucho después: alguien vuelve para ayudar, escribe porque necesita hablar, se pone tefilín o hace una cena de Shabat.

 

No hay un momento cinematográfico en el que todo cambia. Quizás por eso es real. El éxito de un proyecto juvenil no puede medirse solamente por cuántos vienen. También hay que mirar cuántos empiezan a sentir responsabilidad por otro.

 

Después del 7 de octubre esa responsabilidad se volvió todavía más evidente. Muchos jóvenes empezaron a hacerse preguntas sobre Israel, antisemitismo, miedo, orgullo e identidad. Ahí vi la importancia de haber construido vínculos antes de la crisis. Cuando el mundo se vuelve confuso, la confianza no se improvisa. Había un lugar para preguntar, enojarse, llorar, discutir o simplemente no atravesar esas preguntas solos.

Primer grupo que representó a Uruguay en el Cteen shabaton mundial en NY 2019. Aquí, en el Brooklyn bridge

 

Estos ocho años también me cambiaron.

 

Tenía veinticuatro años cuando empezamos, menos experiencia y seguramente más certezas de las que debía. CTeen creció mientras yo crecía. Aprendí a dirigir, pero también a escuchar; a entender que una actividad espectacular puede fracasar si no miramos a quién quedó afuera y que trabajar con adolescentes obliga a recomenzar: lo que funcionó el año pasado puede no servir este año.

 

Nada de esto empezó con nosotros. Y nada de esto lo hicimos solos.

 

Hace cuarenta años, el Rabino Eliezer Shemtov y su esposa Roji llegaron a Uruguay como emisarios del Rebe y abrieron un camino cuyo impacto no dejó de multiplicarse. Años después, el Rabino Mendy y Musya se sumaron a esa misión. Para mí es un privilegio que CTeen sea parte de esa historia: una rama de un árbol plantado mucho antes, que sigue creciendo generación tras generación.

 

En estos años tuve y tengo el privilegio de trabajar junto al Rabino Mendy y Musya, coordinadores y un equipo que pone muchísimo de sí. Padres, donantes e instituciones confiaron y abrieron puertas; sobre todo, los jóvenes nos enseñaron cómo debía evolucionar CTeen.

 

Baruj Hashem, el crecimiento también nos trajo un problema lindo: muchas veces no damos abasto para acompañar con la cercanía que queremos. Por eso incorporamos recientemente una nueva pareja de shlujim, Iosi Abudarham y su esposa Jaia, que llegan para sumar manos, cabeza y corazón.

 

Si algo aprendimos de Jabad y del Rebe es que el éxito nunca puede ser una excusa para dejar de mirar hacia afuera.

 

Después de una actividad llena, la pregunta sigue siendo: ¿quién falta?

 

Después de tantos jóvenes, viajes y experiencias: ¿quién falta?

 

Después de ocho años: ¿quién falta?

 

Porque todavía hay jóvenes que no encontraron su lugar. Adolescentes para quienes la comunidad parece hablar un idioma que no es el suyo y que quizás esperan una invitación, una conversación o simplemente que alguien los vea.

 

Por eso estoy orgulloso, pero no conforme.

 

No sé cómo será CTeen dentro de otros ocho años. Sí sé que quiero que lleguemos a más, acompañemos mejor, formemos líderes y construyamos vínculos que trasciendan una etapa de la vida. Quiero que cada joven que pase por CTeen entienda dos cosas: que su neshamá tiene un valor infinito y que ese valor también le da una responsabilidad.

 

Rosh Hashaná invita a mirar hacia atrás, pero sobre todo a preguntarnos qué hacemos con lo que recibimos.

 

Miro estos ocho años con enorme gratitud: por quienes abrieron el camino, por el Rabino Mendy y Musya, por cada coordinador, familia y joven que nos permitió entrar un poco en su vida. Y siento responsabilidad.

 

Porque después de conocer a tantas generaciones y ver qué sucede cuando un joven encuentra un lugar donde puede ser él mismo sin esconder que es judío, ya no puedo pensar esto como una sucesión de actividades.

 

Es conocer. Es escuchar. Es decir la verdad sin diluirla. Es creer que cada neshamá vale todo el esfuerzo. Es entender que si sabemos una letra, ya tenemos una letra para enseñar. Es mirar una sala llena, agradecer profundamente y, al mismo tiempo, preguntarnos quién todavía no está ahí.

 

Hace ocho años empezamos intentando responder una pregunta: ¿cómo hacemos para que un joven judío quiera estar?

 

Hoy creo que la respuesta es simple de formular y exigente de llevar a la práctica: construyamos un lugar en el que realmente valga la pena estar.

 

Un lugar donde cada joven sepa que importa y donde pueda encontrar su propia profundidad sin dejar de sentirse nunca parte.

 

Si logramos eso, no estaremos solamente fortaleciendo CTeen.

 

Estaremos fortaleciendo el futuro de nuestra comunidad.

 

Contento por todo lo que hicimos.

 

Y, Baruj Hashem, todavía muy lejos de estar conforme.

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