En comunidad

Para Débora Elenter, Presidenta de la Integral, la EIHU no es sólo escuela sino comunidad

La Escuela Integral Hebreo Uruguaya, símbolo de la educación judía en Uruguay, empuja continuamente hacia adelante, lidiando con los desafíos que el mundo de hoy coloca frente a toda comunidad y muy especialmente en el ámbito educativo. Al acercarse el nuevo año judío, conversamos con Déborah Elenter, presidenta de la comisión directiva. Teniendo siempre en nuestro corazón el recuerdo de la Integral como nuestro segundo hogar, fue bueno escuchar a Déborah hablar sobre la responsabilidad comunitaria que constituye su función, especialmente siendo madre de alumnos en la escuela, combinado con sus propios recuerdos como ex alumna.

P: Déborah, comencemos por tu carta de presentación. ¿Qué contar?

R: Primero, lo más “formal”. Tengo 48 años, estoy casada con Edgard —mi compañero de clase, de tnuá y, desde hace más de 20 años, de vida— y tenemos tres hijos: Roni, de 18, Alan, de 15, y Benja, de 12.

La parte de mi profesión es entretenida. De formación soy ingeniera química, egresada de la UDELAR, y luego hice una maestría en Ingeniería Ambiental en Estados Unidos, donde trabajé algunos años. Después de nacer nuestro primer hijo volvimos a Uruguay, porque el paisito y los vínculos tiraron fuerte.

Tras el nacimiento de mi tercer hijo decidí repensar mi camino profesional y volcarme hacia un lado más sensible y artístico, que ya venía explorando a través de la fotografía. Hoy soy artista visual y fotógrafa, también doula, y desde hace varios años desarrollo Puérpera, una investigación artística en torno al parto.

Lo social y el trabajo voluntario siempre ocuparon un lugar importante en mi vida. En 2019 decidí dedicar buena parte de mi tiempo a la Escuela Integral —mi Escuela, la de mis hijos y la de nuestra comunidad—. Ese camino me llevó a integrar su Comisión Directiva y hoy a presidirla.

 

P: Apasionante mosaico, realmente variado. Y en lo relacionado a la escuela, hay aquí entonces tres dimensiones diferentes y por supuesto complementarias.

R: Así es. Tengo tres gorros que conviven en mí: soy egresada, madre de tres alumnos y hoy también presidenta de la Comisión Directiva.

Como egresada, siento que la Integral me dio muchísimo de lo que soy: herramientas para pensar, para vincularme y para recorrer los diferentes caminos que fui eligiendo. Lo vivo con mucha gratitud y orgullo.

Como madre, tengo la enorme alegría de ver a mis hijos crecer felices, encontrar su lugar y desarrollarse allí. De alguna manera, ellos recorren hoy su propia versión de una historia que yo también viví y en la que fui muy feliz.

Y como presidenta, vivo este rol como un enorme privilegio y con una profunda responsabilidad. No solamente hacia las familias, los estudiantes y todo el equipo de la Escuela, sino también hacia la comunidad judía uruguaya en su conjunto. Porque cuidar y proyectar la Integral para las próximas décadas es, para mí, trabajar directamente por la continuidad de nuestra comunidad.

P: Sin duda, exacto lo que describís. ¿⁠Cuándo egresaste?

R: Egresé en 1995 y al año siguiente me fui de shnat, o sea un año de programa de liderazgo juvenil en Israel, como la mayoría de nuestros estudiantes hoy en día.

En un grupo de rikudim compuesto por madres y egresadas de la escuela

 

P: ¿Tus tres hijos estudian en la Integral?

R: Así es, los tres en secundaria. Roni, de 18 años, está cursando su último año y hace Bachillerato Internacional opción Ingeniería. Alan, de 15, está en primero de Bachillerato y a fin de año viajará a Israel con su generación. Y Benja, de 12, ingresó este año a 7.º de Ciclo Básico, lo que para nosotros solía llamarse primero de liceo.

P.⁠ ⁠A través de tus hijos ¿ves muchos cambios al comparar con lo que tu recibiste como alumna?

R: ¿Por dónde empiezo? (risas) La verdad, muchísimos. La Escuela que yo viví tenía una propuesta educativa muy sólida y fue fundamental en mi formación. Hoy veo una institución que tomó esa base y la fue enriqueciendo, con una propuesta académica más amplia, nuevas metodologías y una mirada mucho más integral sobre cada alumno.

También cambió junto con la propia comunidad. La incorporación de otras instituciones y familias hizo de la Integral una Escuela mucho más diversa, donde conviven distintas maneras de vivir, pensar y expresar el judaísmo. Esa pluralidad nos enriquece y muestra una Integral muy distinta de la que algunas personas todavía recuerdan.

En lo académico, el cambio es enorme. Siempre bromeo con mis hijos con que yo rendí el First Certificate en tercero… ¡pero de facultad! Hoy ellos lo dan en tercero de liceo, dentro de una propuesta bilingüe de altísimo nivel. Y hoy somos además una institución Full IB. O sea con Bachillerato internacional que propugna excelencia académica,  con una manera de enseñar y aprender que atraviesa toda la trayectoria educativa y promueve la indagación, el pensamiento crítico, la autonomía y la conexión con la vida real.

Pero quizás lo que más valoro es que la Integral es una Escuela viva. Hoy existe una mirada mucho más atenta a las distintas formas de aprender, a las neurodivergencias, al bienestar y a los vínculos. Hay un equipo que permanentemente revisa lo que hacemos y piensa cómo responder mejor a un mundo que cambia. Por eso, incluso la Escuela que vivió mi hijo mayor no es exactamente la misma que está viviendo hoy el menor.

 

La responsabilidad del cargo

P:  ⁠¿Cómo explicar el desafío de presidir la directiva de la escuela? En qué consiste? Te pregunto porque estimo que  no podes incidir en los materiales educativos mismos.

R: Presidir la Comisión Directiva de la Escuela Integral es un enorme privilegio y una responsabilidad muy profunda. Es ocupar un lugar desde el cual una piensa, junto a la Directiva, el futuro de una institución central para nuestra comunidad y define, con el equipo profesional, las prioridades y lineamientos que orientan su desarrollo.

Siempre con una pregunta por delante: qué es lo mejor para nuestros estudiantes, pero también qué Escuela necesita nuestra comunidad para las próximas décadas. Porque pensar el futuro de la Integral es también pensar en el futuro de la comunidad judía uruguaya.

Tenemos un equipo profesional excelente, al que exigimos mucho, pero al que también respaldamos, formamos y damos herramientas para que pueda trabajar al mejor nivel.

La Directiva es también un espacio de formación de liderazgo comunitario, un semillero de personas dispuestas a aportar tiempo, ideas y energía por la Escuela y la comunidad. Y muchas veces, cuando sus hijos egresan, ese compromiso continúa en otras instituciones comunitarias.

Para mí, presidir la Escuela es, en gran medida, ser un faro: marcar el rumbo, cuidar los valores que nos definen y sostener una mirada de largo plazo.

Algunos miembros de la Comisión Directiva

 

P: ⁠¿Cómo es la relación entre la directiva y el equipo docente?

R: Nuestro mayor trabajo es con la Dirección General, Administración y Comunicación. Trabajamos desde un vínculo de mucha confianza y con enorme respeto por el conocimiento y la experiencia de quienes llevan adelante la gestión cotidiana de la Escuela. La Directiva aporta visión, prioridades y lineamientos, y confiamos plenamente en el equipo profesional para llevarlos a la práctica.

Con el equipo docente, mi vínculo es también el de cualquier madre o padre: de respeto, colaboración y mucha gratitud. Y esa gratitud y orgullo se extienden a todo el equipo humano que sostiene la Escuela: a quienes están frente a una clase y a quienes trabajan detrás de escena, a quienes sirven la comida con cariño, abren la puerta cada mañana, acompañan, cuidan y contienen.

Porque estoy convencida de que la educación también sucede en esos gestos cotidianos: en cómo nos tratamos, en cómo recibimos al otro y en el ejemplo que damos todos los días. No educa solamente quien está frente a un salón; educa toda la institución.

 

Nuevo año, esperanzas y resúmenes

 

P: ⁠Está empezando un nuevo año y con él llegan siempre planes y esperanzas. ¿Cuáles son tus expectativas?

R: Estamos viviendo un momento muy importante en la historia de la Escuela Integral. A lo largo de sus 63 años hubo hitos fundamentales, impulsados por personas que se animaron a soñar y por familias que, con enorme generosidad, hicieron posible cada nueva etapa.

Siento que hoy estamos atravesando uno de esos hitos históricos. El Proyecto Integral XXI acompaña, desde la arquitectura, una transformación pedagógica que la Escuela viene desarrollando desde hace años y una propuesta Full IB que atraviesa toda la trayectoria educativa. Siento una enorme gratitud hacia quienes pensaron en la Integral como parte de su legado para las próximas generaciones.

Después de casi dos años de obra, ya tenemos un nuevo Bachillerato que, sinceramente, cuando entrás cuesta creer que estás en Uruguay, un Gan completamente renovado y estamos transformando profundamente el edificio central. Pensar que pronto podremos inaugurar un campus integrado es realmente emocionante.

Mi expectativa es seguir acompañando esta transformación para que la comunidad judía uruguaya tenga la mejor Escuela posible: la Escuela que nos merecemos.

 

 

En tono personal

Recuerdos imborrables. La generación de Débora en su Bat Mitzvá

 

P: ¿⁠Qué te dejó a ti tu vida en la Integral? Te pregunto así no sólo por mi propia experiencia sino porque creo que ineludiblemente la escuela es el segundo hogar.

R: La Integral me dejó muchísimo. Me dejó a mi pareja, con quien construí mi familia; a un hermoso grupo de amigas que siguen siendo íntimas hasta hoy; una formación académica sólida, que me dio herramientas y me abrió puertas; y recuerdos y vínculos que siguen formando parte de quién soy.

Y cuando pienso en todo lo que la Integral me dio, hay muchísimo de eso que quiero que mis hijos puedan llevarse. Hay una frase de Pipe Stein que me quedó muy grabada: muchas veces estamos tan concentrados en darles a nuestros hijos aquello que nosotros no tuvimos, que corremos el riesgo de olvidarnos de darles todo lo valioso que sí tuvimos. Y ahí es donde, para mí, la escuela judía cumple un papel fundamental.

P: Excelente Pipe como siempre. Qué buen razonamiento.

R: Sin duda. Te diré que  por sobre todo, la Integral dejó en mí una marca muy profunda de identidad judía. Ese Lev Iehudi, ese corazón judío que se va formando a lo largo de los años, en lo cotidiano, en los vínculos, en las experiencias compartidas y en una educación judía que termina transformándose en un profundo sentimiento de pertenencia al pueblo judío y a Israel.

Y eso es también para lo que trabajamos hoy: que nuestros estudiantes egresen con una formación académica de primer nivel, con recuerdos y vínculos para toda la vida, llevando su identidad judía profundamente dentro de ellos y viviéndola con orgullo.

 

P: ¿⁠Algún recuerdo que atesores desde siempre?

R: Tengo tantos recuerdos que atesoro que necesitaría una edición entera del Semanario Hebreo para mí solita.

Recuerdo muchísimo el Gan: festejar Pésaj, hacer vino en damajuana, preparar matzá, aprender el Ma Nishtaná y las canciones de los jaguim, las fiestas. Eran experiencias simples, pero fueron construyendo de manera muy natural ese sentimiento de pertenencia que todavía hoy llevo conmigo.

También tengo hermosos recuerdos del comedor de Primaria. Además de delicioso, era un tiempo de encuentro y disfrute, y me emociona ver que hoy sigue siendo el corazón de la Escuela: un lugar donde no solo se come, también se conversa, se convive, se festeja y se acompaña.

Recuerdo con enorme cariño a tantos docentes y adscriptos que dejaron huella. Todavía puedo escuchar el piano de Rosemary, recuerdo las clases de Matemática del Bachillerato con Santos y Julito —¡que hoy le da clase a mi hijo mayor!— y a Susana, nuestra Shoshana, que al graduarnos nos invitó a los 80 alumnos a su casa a compartir un Shabat de despedida.

Y, por supuesto, los grandes momentos con amigos: la Bat Mitzvá colectiva —todavía hoy podría bailar algún rikud— y el viaje a Bariloche, con todas esas anécdotas que espero que mis hijos nunca se enteren. (risas)

Cuando pienso en mi paso por la Integral, no recuerdo solamente clases o contenidos. Recuerdo personas, lugares, canciones, rituales, viajes, amistades y momentos compartidos. Y creo que eso explica por qué la Escuela ocupa un lugar tan importante en mi vida.

 

P: Hermoso Déborah. Además de lo conceptuoso de tus respuestas, me hiciste también a mí recordar cosas de mi vida en la Integral, aunque en realidad nunca las olvidé. ¿Quisieras agregar algo?

R: Gracias por la entrevista y por hacerme viajar en el tiempo a mi propia infancia. Me permitió volver a saborear mi historia en la Escuela y valorar todavía más la institución que tenemos hoy.

Siento una enorme gratitud hacia todas las personas que hicieron y hacen posible la Integral. A nosotros nos toca ser parte de esa cadena: recibir un legado, cuidarlo y entregarlo a quienes vengan después.

Y parte de ese legado es haber construido algo que se parece mucho a una gran familia. A veces le decimos “la burbuja”, casi como si fuera algo negativo, y yo decido mirar lo valioso que hay detrás: conocernos, acompañarnos, sentir que pertenecemos y saber que hay una red que nos sostiene.

Eso también es la Integral: no solamente una escuela, sino una comunidad a la que pertenecemos.

P: Mil gracias y Shaná Tová Umetuká, a vos, a tu familia y por supuesto a mi queridísima Escuela Integral.

R: Muchas gracias Ana. ¡Shaná Tová! Y Gmar Jatimá Tová.

 

Ana Jerozolimski
(17 Septiembre 2026 , 09:22)

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