Nota de opinión
Sugerimos, antes de leer este comentario, que se lea la nota en la que informamos, de boca de dos destacados periodistas israelíes del Canal 12, Barak Ravid y Keren Marciano, sobre las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresando absoluto apoyo a la candidatura de Biniamin Netanyahu para seguir siendo el primer ministro de Israel.
Lo puedes leer haciendo clic aquí:
Lo primero e ineludible que cabe comentar es lo obvio, más allá de si uno está a favor o en contra de Netanyahu. No corresponde —es lo más delicado que se pueda decir— intervenir en un tema interno de otro país, inclusive un país amigo, especialmente en un momento tan delicado como el actual. Va claramente con el estilo atropellador de Trump, que aplicó también cuando se postuló por segunda vez Bolsonaro (padre) en Brasil y hace no mucho Viktor Orban en Hungría, pero no le ayudó.
Esto no quita, evidentemente, el derecho de Trump a tener sus preferencias y a considerar quién es el mejor, en este caso Netanyahu, según su opinión. En primer término, es el único primer ministro israelí con quien trabajó en sus dos períodos presidenciales: el primero entre 2017 y 2021, y el segundo que comenzó en enero de 2025.
En medio de tantos elogios superlativos de Trump a Netanyahu, no está de más recordar sus exabruptos a lo largo de los años, con un estilo que nos resultó inaceptable por su forma de referirse al jefe de gobierno israelí. Afirmaciones como “Netanyahu hará lo que yo le diga” eran condenables, aun si numerosos israelíes —y nos incluimos— consideraban que no se enfrentaba lo suficiente a determinadas posturas de Trump. No se le habla así a un aliado.
Pero esto no es lo central, porque en toda relación, también en estrechas alianzas, puede haber discrepancias y altibajos.
Resulta un tanto extraño, por decirlo delicadamente, que Trump diga que si Netanyahu no está al frente, Estados Unidos tendrá que “terminar el trabajo” en Irán solo. El propio Trump socavó la posibilidad de una victoria mucho más tajante frente a Irán —quizás no total, pero más clara— al decidir abruptamente detener los ataques y hasta frenar a Israel, cuando había motivos para seguir golpeando a Irán. Especialmente chocante fue lo que hizo en la guerra contra Irán de junio del año pasado, cuando, después de proclamarse el alto el fuego, Irán lanzó misiles hacia Israel; y cuando ya había aviones de la Fuerza Aérea israelí en camino a responder contra Irán, Trump prácticamente “ordenó” que dieran marcha atrás.
Otro punto se refiere a sus apreciaciones sobre quién puede velar por la seguridad de Israel. Bajo Netanyahu, después del 7 de octubre, se tomaron decisiones importantes que se tradujeron en duros golpes en varios frentes contra los enemigos de Israel. Y aunque no se llegó a la prometida “victoria absoluta” de la que tanto habla Netanyahu —y por cierto aún no se ha destruido siquiera a Hamás, además de existir informaciones sobre la reanudación de la actividad iraní buscando poderío nuclear—, todos los enemigos sufrieron un claro retroceso.
Pero esta no fue siempre la línea de Netanyahu. Son múltiples las informaciones de jefes de seguridad y de personas que se desempeñaron en importantes cargos a su lado, que tras retirarse contaron las numerosas veces en las que sugirieron eliminar a jefes terroristas y Netanyahu se opuso para tratar de mantener la calma, lo cual resultó sumamente contraproducente. Esto, por dar sólo un ejemplo. Y no puede haber una prueba más contundente de la problemática en temas de seguridad que la masacre del 7 de octubre, ocurrida cuando Netanyahu estaba al frente.
Netanyahu ha logrado, por cierto, convencer a parte de la población de que solo él vela debidamente por los intereses de seguridad de Israel, a pesar de todos los errores cometidos. Sin embargo, sin olvidar por un momento los errores que cometieron también otros gobiernos y otros jefes de Ejecutivo, el hecho es que desde su creación Israel tuvo que lidiar con numerosos desafíos y amenazas, y fueron muchos los momentos en que otros jefes de gobierno tomaron decisiones osadas y difíciles para defender al país.
Nadie puede discutir lo brillante y talentoso que es Netanyahu; lo confirman sus más duros críticos. Eso no significa que necesariamente sea el mejor para la seguridad de Israel. Muchos piensan que sí y muchos consideran que fue catastrófico y debe ser cambiado.
Lo seguro es que la decisión al respecto la debe tomar únicamente la ciudadanía de Israel este 27 de octubre.





