Comencemos por la situación que se conoce en estos momentos, miércoles de noche en Israel, faltando aún el escrutinio de unos 600.000 votos observados, que comienza recién en unas horas: el bloque encabezado por Netanyahu tiene 53 de los 120 escaños del Parlamento (Kneset), el bloque de cambio liderado por Gadi Eisenkot del partido Yashár tiene 48 y el bloque árabe, compuesto por dos partidos, tiene 19.
Vayamos por un momento hacia atrás, para entender el cambio en el estado de ánimo en el bloque de cambio, donde Eisenkot declaró prematuramente que «Netanyahu ha perdido la mayoría judía y la mayoría sionista» y Naftali Bennett dijo, con mayor falta aún de ubicación, que «Netanyahu ha sido derrotado». Tendrían que haber esperado los resultados verdaderos y no hablar según los de boca de urna. Horas después, comenzaron a entender su error.
El martes de noche, en base a los resultados de boca de urna tras el cierre de los colegios electorales en todo Israel, escribimos que el jefe del bloque de cambio, Gadi Eisenkot del partido Yashár, sería el político al que el presidente del Estado encomendaría la misión de formar coalición. Aunque el partido Likud de Netanyahu tenía más escaños que Yashár, dado que en el sistema israelí lo que cuenta es el bloque, esa afirmación era ineludible.
Es que, según boca de urna, el bloque pro-Netanyahu tenía 50 escaños de los 120 de la Kneset, mientras que el bloque de cambio tenía 52. Además, estaban los partidos árabes opuestos al gobierno actual. Netanyahu no tenía mayoría en ninguna combinación.
Pero al fluir los resultados del escrutinio definitivo, ya no de sondeos de boca de urna, la situación fue cambiando perjudicialmente para Eisenkot y sus socios.
Al escribir estas líneas, miércoles de noche en Israel, ya fueron escrutados todos los votos de las urnas y restan por computarse los votos observados, también llamados de «doble sobre», que ascienden a cerca de 600.000 y en principio podrían cambiar el cuadro actual. Se trata de los votos de soldados y reservistas en las Fuerzas de Defensa de Israel, de los presos en las cárceles, los internados en los hospitales y los diplomáticos en el exterior. Numéricamente, esa cantidad de votos se traduce en varios escaños que pueden ser claves, pero difícilmente logren revertirlo todo.
Como decíamos, el bloque Netanyahu tiene 53 escaños y el bloque de cambio 48, mientras los partidos árabes israelíes alcanzaron 19. Hagamos pues una lectura de los puntos principales que muestra este cuadro:
· La mayoría del Parlamento israelí se opone a Netanyahu: 48 del bloque Eisenkot y 19 de los partidos árabes, o sea 67, varios escaños más de la mitad más uno. Eso no significa, sin embargo, que haya fácilmente gobierno, por la problemática de una coalición con partidos árabes. Pero los números en sí son claros.
· Netanyahu no puede formar gobierno: no tiene mayoría, está lejos de la mitad más uno, y no tiene apoyo desde afuera para un gobierno de minoría.
· Reducción de escaños: De una coalición con 68 escaños, Netanyahu pasó a 53 (15 menos que antes), o sea que ha sufrido un serio golpe. La reducción de escaños se da en su propio partido y también en sus socios, especialmente los ultraortodoxos. El partido haredí sefaradí SHAS perdió la mitad de su presencia parlamentaria.
· Efecto del bloque árabe: El enorme éxito de los partidos árabes incide también en los escaños del bloque de cambio, que recibió mucho menos de lo esperado.
· Legitimidad y «mayoría judía»: En Israel no tiene formalmente importancia la identidad de los votos, en el sentido de que todos valen igual. Pero psicológicamente sí se habla de «mayoría judía», por ejemplo, como un elemento que supuestamente da más legitimidad al gobierno que la tiene. Mientras Israel sigue enfrascado en conflictos y lidia con amenazas y desafíos a su seguridad y derecho de defenderse, ineludiblemente ese concepto de «mayoría judía» cobra más peso. Pues por ahora, Netanyahu tiene mayoría judía.
· Falta de mayoría sionista: Sin embargo, Netanyahu no tiene mayoría sionista. De sus 53 escaños, hay 14 de los dos partidos ultraortodoxos que siguen oponiéndose al reclutamiento a las Fuerzas de Defensa de Israel a pesar de la necesidad nacional, por lo cual se puede decir que tiene solamente 39 escaños sionistas. Aferrándose a este dato, Eisenkot promete formar «una coalición de meshartím», o sea «los que sirven» en el sentido de servir en el ejército y aportar a la defensa nacional.
· Tercer bloque: El tercer bloque, compuesto por dos partidos árabes, es un enorme logro de la ciudadanía árabe israelí. Lo hemos analizado por separado.
· Participación ciudadana: Lo más destacado es quizás el altísimo índice de participación ciudadana en las elecciones, con el 77,7 % de los votantes que llegaron a las urnas. El índice entre los ciudadanos árabes fue mayor aún, superando el 80 %.
¿Y ahora?
Ahora hay que esperar el escrutinio final y definitivo que al parecer concluirá entre este jueves de noche y el viernes. Luego hay una semana para presentar apelaciones. Mientras tanto, el presidente del Estado comenzará ya los contactos informales con los partidos. Este miércoles ya dijo que espera que todos vayan a reunirse con él «con la cabeza abierta» a fin de poder promover fórmulas que eviten que se vaya nuevamente a elecciones. Eso, además de lo nocivo en general para Israel, sería cómodo para Netanyahu porque, mientras no entra en funciones un nuevo gobierno, el suyo actual pasa a ser gobierno de transición y él sigue al frente.
Cuando el presidente lleve a cabo los encuentros oficiales con los partidos, decidirá a quién encomendar la formación de la coalición, según la cantidad de diputados que recomiendan a uno o a otro.
En la Lista Árabe Conjunta ya dieron a entender que, a diferencia de otras elecciones en las que no recomendaron a nadie, considerarían seriamente «hacer todo para sacar a Netanyahu del poder», o sea recomendar explícitamente a Eisenkot. Si es así, el presidente tendría que encomendarle a él la misión.
El candidato preferido recibe 21 días para formar el gobierno; si no lo logra, tiene otros 14 y luego, si no, se encomienda la misión a otro.
Si no hay un cambio serio en la distribución de los escaños, la única opción para formar gobierno sería romper promesas electorales, sea en cuanto a no aliarse con los árabes o con Netanyahu.
Los próximos días lo dirán.




