Israel

Las dos caras de una coalición con los partidos árabes

De acuerdo al escrutinio del 100% de los votos comunes —sin los observados, llamados en Israel «en doble sobre», que terminarán de contarse al parecer este jueves de noche—, los dos partidos árabes que participaron en las elecciones obtuvieron 19 de los 120 escaños de la Kneset (Parlamento). Se trata del mayor logro electoral alcanzado por los partidos árabes desde la fundación del Estado, lo que los convierte en la tercera fuerza política de Israel.

Esto habla muy bien de la democracia israelí y también de la verdadera percepción que tiene la ciudadanía árabe del país y del sistema en el que viven, a pesar de las críticas provocativas que suelen lanzar sus diputados por doquier.

 

Escaños de oposición y el por qué del boicot

Los 19 escaños de la ciudadanía árabe, sumados a los 48 del bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot del partido Yashár, dejan en claro que la oposición a Netanyahu asciende a 67, una clara mayoría frente a los 53 escaños del bloque pro «Bibi».

Podríamos preguntarnos entonces dónde está el problema. Si se trataba ante todo de lograr que Netanyahu deje su cargo, en principio allí están los votos de todos los partidos opuestos a él. Pero no es tan sencillo, porque tres de los partidos del bloque del cambio, incluyendo al propio Eisenkot, se comprometieron a no hacer coalición con los árabes.

En la práctica, en el caso de Eisenkot, esto se planteó de otra forma, no como un boicot a los árabes. Explicó que los cuatro requisitos para sumarse a un gobierno que él forme serían:

1.   Reconocimiento del Estado de Israel como Estado judío y democrático.

2.   Reconocimiento de los valores de la Declaración de Independencia de Israel como base fundamental del Estado.

3.   Aceptación de la obligación del servicio militar en las Fuerzas de Defensa de Israel o del servicio nacional (civil, comunitario) para todos los ciudadanos del Estado.

4.   Reconocimiento de Hamás como una organización terrorista.

Eisenkot dijo claramente que los partidos árabes no han definido a Hamás como organización terrorista. Es un hecho. Tampoco Mansour Abbas, del partido Ra'am —que en el 2021 fue socio de Naftali Bennett y Yair Lapid en el gobierno del cambio—, cumplió de hecho con ese cuarto requisito. Y el martes por la noche, al preguntársele repetidamente en entrevistas después de la publicación de los primeros resultados de boca de urna, no lo confirmó; lo esquivó diciendo que «primero veamos si es probable formar gobierno y después veremos qué hacer para concretarlo».

Este tipo de actitudes no ayudan a dar legitimidad a una coalición con los partidos árabes. Tampoco ayudan declaraciones como la de un ex diputado de la Lista Árabe Unificada, Osama Saadi,  que dijo «dedicamos la victoria a nuestros hermanos en Gaza, en Cisjordania y la Jerusalem ocupada", y el hecho que en la central del partido cantaran en la noche de celebración el Biladi, considerado el himno palestino, cuya letra habla de la tierra de lo que es hoy el Estado de Israel como tierra palestina.

Osama Saadi de la Lista Árabe Unificada

 

Todo esto es, por decirlo delicadamente, problemático.

Otro ejemplo. Hillel Fuld, columnista y blogger sobre temas de tecnología israelí, destacado conferencista, perdió en el 2018 a su hermano mayor Ari, acuchillado por un terrorista palestino en el cruce de Gush Etzion. La familia Fuld presentó una demanda contra la Autoridad Palestina por el hecho que le paga mensualmente a la familia del terrorista, en el marco del escandaloso sistema de subvenciones a familias de asesinos de judíos. Pues según reveló Hillel Fuld a través de sus redes sociales , el abogado que representa a la Autoridad Palestina en esta demanda, es nada menos que el recién citado ex diputado árabe israelí  Osama Saadi. De más está decir que aunque ya no es diputado, es parte del partido que muchos ven como socio problemático.

Netanyahu demoniza al electorado árabe

Años atrás, Netanyahu trató denodadamente de convencer a los votantes árabes a apoyarle, asegurándoles que "merecen" ser parte de una coalición de gobierno. Ahora, le conviene transmitir otro mensaje.

El primer ministro ya lanzó una fuerte campaña para fijar en la opinión pública la percepción de que una coalición del bloque del cambio con los partidos árabes es ilegítima. Evidentemente, él no da ejemplos puntuales como el arriba mencionado sino que se refiere en general a los partidos árabes. Este miércoles inclusive “denunció que “los partidos árabes robaron las elecciones” . O sea, habló de fraude masivo para quitarles legitimidad, pero no se refirió a ningún caso concreto, a una urna o activista problemático, sino que habló de “los partidos árabes” en general.

Netanyahu votando el miércoles en Jerusalem (Foto: GPO)

 

Socios legítimos

Por otro lado, la realidad israelí es tal que el voto árabe siempre valió —y sigue valiendo— lo mismo que el voto judío. Y aunque el propio primer ministro Netanyahu trató de quitar legitimidad a la participación masiva de los árabes en las elecciones asustando a sus votantes con aquello de que «multitudes de árabes están en camino a votar» para que los votantes de derecha salieran a las urnas, en la práctica nunca trató de tomar medidas para que no pudieran votar.

Los ciudadanos árabes constituyen casi el 22% de la población y representan más de la cuarta parte de los equipos médicos en los hospitales a lo largo y ancho del país. Si pueden atender a la población —así como los judíos atienden por cierto también a los árabes—cabe preguntarse si no pueden entonces, en principio, ser socios legítimos de un gobierno democráticamente electo.

El martes de noche, en la central del partido Ra´am de Mansour Abbas, él habló explícitamente de la "cooperación judeo-árabe", en términos de mutuo apoyo en beneficio de toda la sociedad. El suyo fue un mensaje claro de convivencia y sociedad.

¿Sociedad con “no sionistas”?

Supongamos que en el bloque del cambio llegan a la conclusión de que eso es necesario para poder terminar con los largos años de Netanyahu en el poder y que también es absolutamente legítimo. Es difícil concebirlo de parte, especialmente, de Israel Beiteinu, de Avigdor Liberman, que podría adoptar una postura independiente, pero quizás los demás lo acepten. Sin embargo, Netanyahu, aunque años atrás trató de pactar con Mansour Abbas, está abocado a presentarlo casi como una traición porque no son sionistas.

En el bloque del cambio ya le recuerdan que él está desde hace cuatro años en coalición con los partidos ultraortodoxos, que no solo no son sionistas, sino que han dado la espalda a la necesidad nacional de intensificar el reclutamiento a las Fuerzas de Defensa de Israel. Entre los ciudadanos mismos hay cada vez más disposición a enlistarse —aunque el aumento es muy lento—, pero el liderazgo político y rabínico se ha opuesto insistentemente a pesar de todo lo explicado por el jefe del ejército con tono de urgencia.

Evidentemente, no es  lo mismo. Con todo lo que hay para criticar en la actitud de los partidos del sector haredí, es inconcebible pensar que alguno de sus seguidores espere que, en la guerra, gane el otro lado, mientras que en los partidos árabes ha habido numerosos pronunciamientos defendiendo a Hamas . Pero cuando Netanyahu recalca que consiguió una clara mayoría judía, se le puede recordar que, de sus 53 escaños, 14 son de dos partidos ultraortodoxos no sionistas; es decir, que tiene menos escaños sionistas (39) que el bloque de Eisenkot (48).

 

Incertidumbre y la culpa de Ben Gvir

Desconocemos, en el momento de escribir estas líneas, qué decidirán en el bloque del cambio. 

No estaría de más que Netanyahu entendiera que en su propia coalición está gran parte de la «culpa» por el resultado tan exitoso para los partidos árabes: fue una votación, en gran medida, contra la retórica tan hostil hacia los árabes por parte del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, a quien ven como un declarado enemigo. Al hablar ante los votantes que se dieron cita en la central del partido para celebrar, el jefe de la Lista Árabe Unificada Yousef Jabarren hizo referencia precisamente a que "este pueblo con su votación es el que sacará del poder a Netanyahu y Ben Gvir"-

A ello se suma la convicción en el seno de la ciudadanía árabe, de que la Policía con un ministro como Ben Gvir al frente, no hace lo suficiente para combatir el letal fenómeno de la delincuencia asesina  dentro del sector árabe protagonizada por bandas del crimen organizado. En el año en curso, ya han sido 175 las víctimas mortales, el año pasado fueron 252, el anterior 230  y en el 2023, 244 muertos, tras un 2022 con 116. 

Se trata de árabes asesinados por árabes, fenómeno que la Policía sostiene trata de combatir, aunque la ciudadanía árabe dice que su intervención es insuficiente. Y este es sin duda el tema que más preocupa hoy a la ciudadanía árabe israelí.

En este sentido, hubo un elemento singular en esta campaña, cuando un ex alto oficial de la Policía, judío, Yoav Segalovitz-muy apreciado por lo que hizo en ese tema- se sumó al partido árabe Ra´am como segundo de Mansour Abbas.

Yoav Segalovitz (izquierda) junto a Mansour Abbas (Foto: Raam)

 

No está claro qué incidencia electoral tuvo el osado paso de Segalovitz . El tiempo dirá si dentro de poco se convertirá en socio del bloque de cambio, este ex oficial judío, como representante del partido árabe Ra´am de Mansour Abbas.

 

Ana Jerozolimski
(28 Octubre 2026 , 13:34)

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