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Las acusaciones del Likud y el freno del bloque de cambio

Las sospechas de injerencia catarí en las elecciones de Israel —según las cuales se habrían pagado grandes sumas de dinero a ciudadanos árabes para incentivar el voto— están siendo investigadas actualmente. Sin embargo, la gravedad y el trasfondo de estas acusaciones se interpretan de forma diametralmente opuesta por el primer ministro Benjamín Netanyahu y por los líderes del bloque de cambio opositor.

 

Pulsando AQUÍ puedes leer la nota sobre el escándalo de turno.

La postura de Netanyahu y el Likud


A través de su cuenta oficial en X, Netanyahu calificó los hechos de escandalosos:

«El asunto Ra'amgate es un terremoto. ¡Nos han robado las elecciones en Israel!», afirmó, haciendo referencia al partido árabe Ra'am como principal sospechoso.

«Esto es un ataque a la democracia cuya finalidad es provocar una toma de control extranjera de la Kneset, la islamización de Israel y el derrocamiento del gobierno de derecha para llevar al repliegue y a la derrota de las Fuerzas de Defensa de Israel en todos los frentes, principalmente frente a Irán», agregó. «Exigimos actuar de inmediato y con todos los medios a disposición del Shin Bet y de la Policía para investigar estos delitos».

Por su parte, su partido, el Likud, emitió un comunicado en la misma línea:

«Las elecciones en el Estado de Israel fueron robadas por partidos árabes que apoyan el terrorismo y la eliminación del Estado judío a través de graves delitos penales de soborno, amenazas, violencia, falsificaciones y el uso de software prohibido para movilizar votantes.

El partido Likud está entregando a la Policía, al Shin Bet y al Comité Central de Elecciones cientos de testimonios y pruebas sobre el robo electoral en muchas mesas de votación árabes: miles de sobres con dinero en efectivo y papeletas del partido Ra'am, amenazas y violencia contra miembros de las mesas electorales, votaciones múltiples detrás de la cortina, votos con identidades dobles, discrepancias entre el número de sobres y el número de votantes, el uso de software de movilización prohibido y más (...). Este es un duro golpe para la democracia israelí y el derecho al voto de los ciudadanos israelíes. Las fuerzas del orden deben actuar con mano de hierro y de manera inmediata».

La respuesta del bloque de cambio


Desde la oposición, aunque respaldaron la apertura inmediata de investigaciones para esclarecer cualquier irregularidad electoral, criticaron duramente las intenciones del primer ministro.

El líder del bloque opositor y del partido Yashár, Gadi Eisenkot, señaló que «es demasiado pronto para comprender qué sucedió y si efectivamente ocurrió algo».

«La injerencia extranjera en el Estado de Israel es un hecho grave e inaceptable, más aún cuando proviene de un país que financia el terrorismo y apoya a la organización terrorista Hamás, y que en los últimos años logró penetrar en la mismísima Oficina del Primer Ministro. Es grave cuando ocurre en las elecciones y es grave cuando ocurre en la Oficina del Primer Ministro», aseveró Eisenkot.

Las declaraciones de Eisenkot aluden al hecho de que uno de los principales asesores de Netanyahu, Yonatan Urich, prestó servicios de consultoría e imagen para Catar a cambio de sumas millonarias (incluso con posterioridad al 7 de octubre), pese a ser un país reconocido por financiar a Hamás. Aunque Netanyahu siempre alegó desconocimiento, la relación profesional quedó demostrada. Durante la campaña, el candidato opositor Naftali Bennett insistió en que Catar debía ser declarado oficialmente como «país enemigo».

Eisenkot pasó al ataque contra la estrategia del Likud: «Lo que ya queda claro es que el Likud y Netanyahu iniciaron una campaña orquestada y organizada para deslegitimar los resultados electorales». Asimismo, recalcó que no se permitirá alterar el calendario institucional ni postergar la juramentación de la 26.ª Kneset, programada para el 10 de noviembre:

«Netanyahu, acostumbrado a lidiar con la realidad mediante mentiras, manipulación de la opinión pública y siembra de caos, lidera junto a sus socios una operación de influencia ilegítima sobre el público israelí. Su objetivo es retrasar la publicación a tiempo de los resultados electorales y generar una delegitimación ficticia de la 26.ª Kneset. Intentar explotar información no investigada —cuyos detalles y alcance aún no han sido aclarados— para socavar los resultados oficiales en los que la ciudadanía votó contra el gobierno del fracaso, es inaceptable y debe ser rechazado rotundamente».

Ana Jerozolimski
(29 Octubre 2026 , 17:59)

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