Por que Ishmael Fue Rechazado - Pruebas - Salvado por Shabat - Las Comidas de Shabat

No. 381
Vaierá
Horario de velas: 30 de octubre en Montevideo 18:54

POR QUE ISHMAEL FUE RECHAZADO
Por Menachem Feldman
La parashá de esta semana describe una amarga tensión en el hogar de Abraham. Detrás de esa tensión yacía la cuestión de la sucesión: cuál de los dos hijos de Abraham sería el elegido para continuar con su legado.
Cada uno de los patriarcas del pueblo judío, según explican los cabalistas, personifica una de tres emociones básicas. Abraham personificó la emoción de la bondad; Isaac personificó el temor reverente; y Jacob personificó la compasión. Siendo nuestros antepasados, cada uno de nosotros lleva una parte de ellos en nuestra propia estructura espiritual.
Al leer los relatos sobre Abraham, el tema de la bondad aparece una y otra vez. Abraham hizo de su misión de vida invitar a viajeros a su tienda. Amaba a todas las personas. Rezó a D-os para que salvara a la gente malvada de Sodoma.
El primogénito de Abraham, Ishmael (el hijo de Agar, la sirvienta con quien se casó a pedido de su esposa, Sara), también encarnaba la bondad. Por lo tanto, Abraham sentía una conexión única con Ishmael. No solo era su hijo mayor, sino que Ishmael también compartía su pasión por la bondad, lo que llevó a Abraham a albergar la esperanza de que Ishmael fuera quien continuara con su legado.
Pero no estaba destinado a ser así.
En la porción de esta semana leemos sobre la presión que ejerció Sara sobre Abraham para que despidiera a Ishmael de la casa, al sentir que era una mala influencia para su hijo Isaac. D-os le ordena a Abraham escuchar a Sara, dejándolo sin más alternativa que expulsar a su propio hijo de su hogar. D-os le asegura a Abraham que Ishmael sería bendecido, pero también deja en claro que Isaac sería el heredero espiritual de Abraham, el indicado para continuar su legado.
“Sara vio que el hijo que Agar la egipcia le había dado a Abraham se burlaba. Y Sara le dijo a Abraham: ‘Expulsa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no heredará junto a mi hijo, con Isaac’. Pero el asunto le disgustó mucho a Abraham, por tratarse de su hijo. Y D-os le dijo a Abraham: ‘No te aflijas por el muchacho ni por tu sierva; en todo lo que Sara te diga, escucha su voz, porque a través de Isaac será nombrada tu descendencia. Pero también del hijo de la sierva haré una nación, porque él es tu simiente’” (Bereshit 21:9-13)
Al observar a los dos hijos de Abraham, parecería que Ishmael debió haber sido quien continuara el legado de su padre. Después de todo, Ishmael compartía el atributo de la bondad con su padre, mientras que Isaac (quien encarnaba el atributo del temor reverente) parecía ser muy diferente. ¿Por qué, entonces, fue elegido Isaac?
Si bien tanto Abraham como Ishmael practicaban la bondad, la fuerza que motivaba sus acciones no podía ser más distante. Una vez que examinamos la motivación detrás de la bondad de Abraham, vemos que Isaac estaba mucho más cerca de Abraham de lo que Ishmael jamás podría estar.
Existen dos tipos de motivación para la bondad. La bondad de Abraham estaba impulsada por su humildad. Como dijo Abraham al rezar por la gente de Sodoma: “No soy más que polvo y ceniza”. La persona humilde percibe a todos los demás como superiores a ella misma. Cuando ve a alguien en necesidad, hace todo lo que está a su alcance para ayudar al prójimo quien, a ojos del humilde, es más merecedor que él. Esta era la bondad de Abraham.
Por otro lado, la bondad de Ishmael no estaba motivada por la humildad, sino por la arrogancia. Ishmael sentía que, al ser superior a las personas que lo rodeaban, debía ser él quien las proveyera, para que su superioridad fuera evidente. Su bondad no lo acercó a los demás; su bondad, alimentada por su soberbia, lo apartó de las mismas personas a las que ayudaba.
El mensaje de D-os para Abraham fue que la bondad judía debe estar motivada por la humildad y no por la arrogancia. Por lo tanto, el hijo más idóneo para continuar el legado de Abraham era Isaac, quien encarnaba el atributo del temor reverente, cualidades que, arraigadas en la humildad, lo hacían semejante a su padre Abraham.

PRUEBAS
[D-os] dijo [a Abraham], “Por favor, Toma a tu hijo, tu único, al que amas, Isaac, y ve a la tierra de Moriá. Una vez allí, asciéndelo para ser ofrendado sobre uno de los montes que Yo te diré” (Bereshit 22:2)
El aspecto principal de esta prueba no era el autosacrificio que implicaba sino el desafío que ponía a la fe implícita de Abraham en D-os: D-os le había prometido a Abraham que Isaac sería el que perpetuaría su legado; ahora D-os le estaba ordenando que sacrifique a Isaac, en aparente contradicción con Su misma palabra. Pero Abraham llevó a cabo el mandamiento de D-os sin cuestionamientos.
D-os nos prueba para que se revelen nuestros poderes ocultos del alma. De hecho, la vida en general es una prueba de este tipo. Antes que descendiera a este mundo, el alma se relacionaba con D-os dentro de los límites de la razón; el alma nunca experimentó un amor por El que trascendiera la razón. Pero una vez que el alma está encajonada en un cuerpo físico, que por naturaleza se opone a la espiritualidad, debe reunir sus fuerzas más profundas para permanecer fiel a D-os a pesar de los desafíos y tribulaciones de la vida. Con esta nueva fuerza encontrada, el alma llega a entender y apreciar a D-os de una manera mucho más profunda e íntima a la que podría haber tenido antes de descender a este mundo.
Séfer HaMaamarim, 5700, pág. 37.

Génesis (Bereshit) 18:1 – 22:24
La cuarta sección del libro de Génesis continúa la crónica de Abraham. El nombre de esta sección (Vaierá, “El se apareció”) es su primera palabra, describiendo la revelación de D-os a Abraham luego de su circuncisión. Esta revelación es seguida por la visita de tres ángeles, quienes le informan a Abraham del nacimiento inminente de su hijo Isaac. Luego seguimos a Abraham cuando discute con D-os sobre la destrucción de Sodoma y Gomorra, migra a Filistea, expulsa a Hagar e Ismael después del nacimiento de Isaac, y finalmente es puesto a prueba por la directiva de D-os de sacrificar a Isaac.

SALVADO POR SHABAT
Por Menachem Posner
La vida era difícil en la aldea de Chernestra (Chernyy Ostrov), Ucrania, a principios del siglo XX. Tan difícil que Yisroel Dov Waxman, a quien todos llamaban Berel, decidió dejar atrás a su esposa, Rojel, y a su creciente familia para partir hacia América. Esperaba poder ganar suficiente dinero para alimentar a su familia, y quizás incluso hacer que se reunieran con él algún día en las lejanas costas de América.
Antes de que Berel subiera al tren que lo llevaría a la ciudad portuaria, donde un barco de vapor lo trasladaría a Nueva York, el padre de Berel, Meshulem Zushia, lo apartó a un lado por unos momentos.
- “Hijo mío”, le dijo el anciano, “quiero que me jures que, pase lo que pase, nunca, jamás trabajarás en Shabat, nuestro día sagrado.”
Siendo un jasid devoto, Berel se quedó desconcertado. “¿Acaso mi padre sospecha que yo quebrantaría el Shabat?”, se preguntó. Sin embargo, estrechó la mano de su padre, prometiéndole con solemnidad que jamás trabajaría en el día sagrado.
A su llegada a Nueva York, se dirigió a la dirección de un paisano de su misma aldea que había emigrado a Nueva York. El paisano era capataz en uno de los muchos talleres textiles clandestinos del Lower East Side. El hombre le dio trabajo planchando camisas. La labor era pesada, y Berel trabajaba desde muy temprano por la mañana hasta tarde en la noche, seis días a la semana. Cada viernes tomaba unos pocos centavos de sus magros ingresos para comprar algunas provisiones para Shabat y la semana entrante. El resto lo ahorraba para su familia.
La primavera se convirtió en verano, y el verano pasó a ser otoño. El sol comenzó a ponerse más temprano, y pronto Berel comprendió que también necesitaría tomarse libre el viernes por la tarde, ya que el Shabat comienza antes de la puesta del sol. Sabiendo que probablemente perdería su empleo, decidió no avisarle a su jefe que tendría que marcharse temprano hasta el propio viernes por la tarde, con la esperanza de al menos salir con la paga de esa última semana. Llegó el viernes y, con temor en el corazón, Berel le dijo a su jefe que tendría que retirarse temprano porque el Shabat pronto comenzaría. Disgustado, su jefe arrojó la tabla de planchar de Berel a la calle y le dijo que no regresara jamás.
Berel corrió a la calle y recogió su tabla. ¿A dónde iría? El Shabat se acercaba y no tenía tiempo de llevar la tabla de planchar a su casa de huéspedes antes de que comenzara el Shabat y ya no se le permitiera cargar objetos en la vía pública. “Me quedé allí parado en medio de la calle, contemplando el único medio que tenía para mantener a mi familia, y preguntándome qué haría con él”, relataría más adelante.
En su desesperación, entró corriendo a la tienda más cercana, una lavandería china, y les rogó que por favor le guardaran la tabla de planchar. Ansioso pero aliviado, caminó hacia la sinagoga más cercana para recibir a la Reina del Shabat.
Fue un Shabat difícil. Berel estaba completamente solo en un país extraño y sin fuente de ingresos. Pero su fe en D-os era inquebrantable.
Terminó el Shabat y Berel desanduvo sus pasos de regreso a la lavandería. Le preguntó al empleado detrás del mostrador si acaso podría devolverle la tabla, sabiendo perfectamente que la persona podría negar habérsela recibido. Para su alivio, el encargado se la entregó sin hacer ninguna pregunta.
Mientras caminaba por la calle sin rumbo fijo, escuchó una voz que lo llamaba. “Veo que tienes una tabla de planchar”, le dijo un hombre desconocido. “Sabes, tengo mucho trabajo extra de planchado pendiente ahora mismo. ¿Podrías trabajar para mí? Me vendría bien una buena persona para hacer horas extra”.
Esa semana Berel trabajó todo lo que pudo, sabiendo que, al llegar el viernes por la tarde, probablemente perdería también ese empleo.
Al terminar la semana, el nuevo patrón de Berel repartió los sobres de pago a todos los trabajadores. Berel miró dentro de su sobre y quedó atónito. Había mucho más de lo que ganaba en su anterior empleo.
- “Señor”, le dijo, “parece que hubo un error y me dio el sobre equivocado.”
- “Oh, no se preocupe”, respondió el hombre, “no cometí ningún error. Pronto me ocuparé también del pago de sus horas extra.”
Se produjo una breve conversación y Berel se dio cuenta de que su “amigo”, su antiguo empleador, se había estado aprovechando de él: le pagaba una fracción de lo que merecía por sus horas habituales, y absolutamente nada por las horas extra.
“En ese momento caí en cuenta”, les diría más tarde a sus hijos. “¡Si me hubiera quedado en mi antiguo trabajo y hubiera trabajado en Shabat, no solo habría perdido mi porción en el mundo venidero, sino también la parte que por derecho me correspondía de este mundo!”.
Berel conservó ese trabajo hasta que pudo encontrar algo mejor y, varios años después, trajo a su esposa y a sus hijos para que se reunieran con él en Nueva York.
Hoy, 100 años después, los nietos, bisnietos y tataranietos de Berel observan el Shabat (¡y mucho más!), exactamente igual a como lo hizo tantos años atrás.

LAS COMIDAS DE SHABAT
“Llama al Shabat un deleite” (Isaías 58:13)
En el Shabat nos elevamos por encima de las distracciones y frustraciones de la semana, y nos enfocamos en objetivos superiores, como D-os y la familia. Nos deleitamos en el Shabat participando de tres comidas, donde las familias pueden conectarse e inspirarse. Las primeras dos, el viernes de noche y sábado al mediodía, se preparan en forma generosa, con comidas suntuosas y platos especiales. La tercera, hecha sobre el fin del Shabat, es generalmente una comida ligera.
Lo Preliminar
La mesa se adorna con un mantel elegante, velas de Shabat, platos “especiales”, y dos jalot cubiertas. Las primeras dos comidas comienzan con el kidush recitado sobre una copa de vino.
Después del kidush, hacemos el lavado ritual de manos para el pan. El jefe de la casa toma dos jalot, marca una de ellas con un cuchillo, dice la bendición de Hamotzí y corta una rebanada. Todos comen un pedazo de jala con sal.
La Comida
Derrochar en las comidas de Shabat es una virtud. Es una mitzvá darse el gusto con vino fino y carne tierna.
La comida tradicional de Shabat tiene varios platos, e incluye pescado, sopa, carne o pollo, y acompañamientos. (Sirva el pescado y la carne o pollo en platos distintos, con cubiertos y platos separados). Para el almuerzo es costumbre comer “cholent”, una comida a la cacerola preparada antes del Shabat que se mantiene caliente toda la noche en la cocina.
Canciones e Inspiración
Disfrute de tiempo de calidad con su familia. Cante canciones judías alegres. El sentimiento sagrado y especial que imbuyen es indescriptible. Comparta palabras de Torá. Prepare una discusión profunda, quizás algo sobre la lectura semanal de la Torá. Capture la imaginación de sus hijos con una historia judía.
Concluya con la Bendición Después de las Comidas.
MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Guayaquí 3193
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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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