El análisis del Brigadier General (retirado) Danny Van Buren
Nuestro entrevistado, Danny Van Buren, fue el Oficial jefe encargado de los Reservistas en las Fuerzas de Defensa de Israel , se desempeña actualmente como presidente del movimiento Nikraím LaDegel ("Llamados a las Filas") y es investigador en el Israel Center for Grand Strategy (ICGS).
P: ¿Cómo evalúa la gestión de los múltiples desafíos de seguridad que afronta Israel en la coyuntura actual? Los desafíos de seguridad no desaparecen pero el gobierno pasa a ser de transición. Y en esta época álgida ¿cómo garantizar que no se toman decisiones dramáticas por consideraciones políticas?
R: Las acusaciones sobre supuestos intereses políticos se escuchan de manera recurrente, incluso cuando no se trata de un gobierno de transición. Desde el comienzo de la guerra, en cada medida estratégica —desde la gestión de la crisis de los secuestrados hasta las operaciones en Rafah e Irán— diversos sectores han atribuido las decisiones a cálculos políticos. Parto de la premisa de que lo que está en juego es la seguridad del Estado de Israel, por lo que las consideraciones de índole partidaria carecen de relevancia frente a la magnitud de los riesgos reales.
Israel debe maniobrar de forma constante entre limitaciones internas, presiones internacionales y exigencias de seguridad. La postura de Estados Unidos constituye un factor determinante en la toma de decisiones. Sin embargo, a pesar de la condición de gobierno de transición, el país no cuenta con el privilegio de postergar decisiones estratégicas a la espera de que se resuelva el panorama político interno, un proceso que podría tomar meses.
P: Y evidentemente, estamos pensando, entre otras cosas, en Irán.
R: Así es . El ritmo operativo no se ajusta al calendario político. Si se abre una ventana de oportunidad para neutralizar una amenaza como el programa nuclear iraní, no es posible supeditar dicha acción a la estabilidad parlamentaria. Existen antecedentes claros en los que gobiernos de transición han adoptado determinaciones de gran trascendencia en materia de seguridad y política exterior cuando la situación lo ha requerido.
P: Tras las declaraciones oficiales de que la amenaza iraní había sido casi neutralizada y ahora vuelven a hablar de lo urgente de actuar contra el peligro. Entonces ¿cuál es la credibilidad de todo lo que se dijo?
R: Las declaraciones oficiales no expresaron que el programa nuclear iraní o la amenaza hubieran sido eliminados en su totalidad, sino que se había asestado un golpe severo que retrasó su desarrollo de manera sustancial. Es necesario analizar los hechos dentro de su contexto histórico.
Las iniciativas internacionales para abordar la situación regional han intentado en diversos momentos sustituir el vector operativo por mecanismos de presión económica y diplomática, bajo la premisa de que la combinación de sanciones y disuasión militar llevaría a un acuerdo definitivo. Sin embargo, el objetivo estratégico de Israel no puede limitarse a la interrupción temporal del programa nuclear; la meta a largo plazo debe ser la desestabilización y caída del régimen iraní. Mientras la estructura actual del régimen permanezca intacta, la amenaza resurgirá de forma cíclica en los próximos años, independientemente de los daños tácticos que sufra en el corto plazo.
P: Ante la inminencia de una eventual escalada, ¿cómo influye la coyuntura política de Estados Unidos en los plazos de una acción militar?
R: Estados Unidos se rige por su propia agenda política interna. Las decisiones de la administración estadounidense están condicionadas por factores como los procesos electorales y la estabilidad de sus mayorías legislativas. En la medida en que las vías diplomáticas secundarias no deriven en un acuerdo que resulte satisfactorio para Washington, la posibilidad de una intervención militar se vuelve un asunto de ejecución inminente.
P: ¿En qué medida coinciden los objetivos de ambos países, las metas de Israel y de EEUU respecto a Irán?
R: Existe una coincidencia sustancial entre los objetivos de Israel y los de Estados Unidos en cuanto a la premisa de que un Irán nuclear representa un peligro crítico para la estabilidad global. La principal divergencia radica en las prioridades energéticas y en el impacto sobre los precios mundiales del petróleo, un aspecto que preocupa profundamente a la administración estadounidense pero que para Israel resulta secundario frente a sus exigencias inmediatas de seguridad. En el evento de que Estados Unidos no actúe, Israel deberá mantener la capacidad de operar de manera independiente.
P: ¿Es factible contemplar el derrocamiento del régimen iraní como un objetivo realista mediante la combinación de presiones externas e internas?
R: La combinación de una estricta presión económica y la amenaza militar efectiva altera la viabilidad operativa del régimen. Las medidas de asfixia financiera aplicadas internacionalmente impactan la capacidad del Estado iraní para sostener sus estructuras de control y sus fuerzas de seguridad.
Sin embargo, el derrocamiento definitivo de la estructura de poder no se logrará únicamente mediante la intervención de fuerzas externas; requiere indispensablemente una insurrección interna del propio pueblo iraní. La acción militar y la presión económica actúan como catalizadores para desgastar la capacidad de respuesta del aparato estatal.
P: ¿Existe respaldo en la ciudadanía israelí para asumir una confrontación directa de gran escala, considerando los riesgos de represalias defensivas? El tema de eventual ataque a Irán significa evidentemente que pueden volar misiles hacia Israel, si Israel participa.
R: La sociedad israelí ha asimilado la lección fundamental de que las amenazas estratégicas que se desatienden se incrementan exponencialmente con el tiempo. Existe una comprensión generalizada de que el peligro que representa el desarrollo nuclear iraní no constituye un argumento político, sino una realidad objetiva respaldada por los informes de los estamentos de inteligencia, las Fuerzas de Defensa de Israel y el Mossad.
Frente a un régimen de carácter radical, la postergación de las acciones correctivas incrementa la gravedad de las consecuencias futuras. La opinión pública comprende la inevitabilidad de actuar cuando los informes técnicos indican que la ventana de oportunidad operativa podría cerrarse.
El liderazgo iraní
P: Frente a la eliminación de altos mandos del régimen iraní y sus repercusiones en la cadena de mando, ¿cuál es la efectividad real de dichas acciones dirigidas a la dirigencia? Hay analistas que recuerdan que tras la eliminación por parte de Israel del líder supremo Ali Khamenai, llegó un régimen peor, militar,más extremista, inclusive con el hijo Mujtaba Khamenai al frente, al parecer más peligroso. ¿No fue un error?
R: La eliminación de figuras clave de la dirigencia enemiga responde a la necesidad estratégica de desarticular los mandos operativos y golpear los símbolos de control del eje adversario. Si bien en determinados antecedentes históricos la sustitución de un liderazgo ha dado paso a figuras de mayor radicalismo, la medida no debe evaluarse en términos estrictamente individuales.
Si el resultado de la confrontación se limita a la transferencia del poder efectivo hacia los sectores más duros, como la Guardia Revolucionaria, el impacto estratégico sería insuficiente. Sin embargo, si dicha acción se inserta dentro de una estrategia integral orientada a la desarticulación total del programa nuclear y al colapso de la estructura gubernamental, la eliminación de los altos mandos constituye un paso decisivo dentro del proceso.
¿Y los otros frentes?
P: ¿Cómo se evalúa la situación en los demás frentes regionales, como Hamas en la Franja de Gaza o Hezbollah en Líbano?
R: Es necesario asumir la realidad estratégica de que no existirá una solución diplomática definitiva que garantice la paz mediante acuerdos en el entorno regional actual. La postura realista exige reconocer que la defensa del país requerirá mantener la capacidad militar activa de forma prolongada.
Aunque organizaciones como Hamas y Hezbollah han sufrido un desgaste severo en sus capacidades operativas, continúan representando una presencia armada activa. Desde una perspectiva global, la neutralización del centro de gravedad en Irán debilitará de manera directa a sus organizaciones dependientes en la región. Asimismo, la demostración de firmeza estratégica por parte de Israel y sus aliados fortalece la posición de los países moderados de la región, consolidando la arquitectura de seguridad regional y los acuerdos de cooperación con los Estados del Golfo.
Evaluación general
P: ¿Considera que la conducción de la guerra ha permitido traducir los logros militares en ventajas políticas duraderas o si se han cometido errores en la gestión de los tiempos?
R: El análisis debe realizarse con base en parámetros estratégicos, políticos y militares. Los logros alcanzados por las fuerzas armadas en múltiples frentes de manera simultánea son de gran magnitud, lo cual no excluye la existencia de fallas operativas o tácticas inherentes a un conflicto de esta complejidad.
El factor condicionante central en la gestión de las operaciones en la Franja de Gaza ha sido la exigencia prioritaria de lograr la liberación de los secuestrados, lo que obligó a aceptar pausas operativas y condiciones que alteraron la continuidad de la campaña militar. Un esquema óptimo habría requerido el control territorial total y la instauración de una administración militar temporal para lograr el desarme completo de las estructuras armadas antes de transferir la gestión a un tercero. La permanencia de estructuras residuales complica la concreción de un marco de estabilidad a largo plazo.
Lo central, a modo de conclusión
P: ¿Cuál es su consideración final sobre la situación política y estratégica de la nación?
R: Es indispensable que la dirigencia política priorice los intereses fundamentales del Estado por encima de las disputas partidarias, garantizando la conformación de un gobierno estable y capacitado para afrontar las decisiones estratégicas de alta trascendencia que el país requiere





