El presidente de Israel, Itzhak Herzog, encomendará este domingo a las 17:00 (hora local) al líder del bloque del cambio, Gadi Eisenkot, la formación de la nueva coalición. Herzog dejó claro que su decisión no está exenta de dudas, ya que, dadas las limitaciones que cada partido impone a eventuales alianzas con otros, no es seguro que se pueda conformar un Ejecutivo.
Sin embargo, desde una perspectiva pública, el presidente consideró que debía darle a Eisenkot la oportunidad de intentarlo, respaldado por la amplia mayoría de 67 de los 120 diputados electos que recomendaron su designación. Esta cifra contrasta con los pocos respaldos que obtuvo el primer ministro saliente, Benjamín Netanyahu, no solo porque la oposición supera al oficialismo, sino porque uno de sus socios habituales, el partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá, optó por no recomendar a nadie.
Aun así, el camino hacia la conformación de un nuevo Ejecutivo se anticipa complejo, especialmente por las discrepancias internas dentro del bloque del cambio respecto a la política de alianzas. Los 67 parlamentarios que recomendaron a Eisenkot no forman automáticamente una coalición; su apoyo buscó, ante todo, cerrar el paso a un nuevo mandato de Netanyahu.
Las discrepancias clave: los partidos árabes y los ultraortodoxos
Las dos incógnitas principales giran en torno a los partidos ultraortodoxos —en particular Judaísmo Unido de la Torá, dado que el sefardí Shas no da señales de abandonar a Netanyahu— y a los partidos árabes.
Entre estos últimos destaca Ra'am, liderado por Mansour Abbas y considerado el sector más moderado, favorable a colaborar con el bloque del cambio. Por otro lado, la Lista Árabe Conjunta, con posturas más críticas hacia el Estado y declaraciones rechazadas por la mayoría de la población judía, optó por ofrecer apoyo «desde afuera» sin integrarse al Gobierno, con el objetivo explícito de poner fin a la etapa de Netanyahu al frente del país.
No parece probable que se invite a la Lista Conjunta a formar parte del Gobierno, ni que el partido lo aceptase. Aun así, esto no descarta que sus diputados puedan presidir o integrar comisiones parlamentarias en proporción a sus resultados electorales.
Por su parte, la inclusión de Ra'am también genera polémica interna. Aunque nadie cuestiona la legitimidad de sus escaños, se considera que tras los acontecimientos del 7 de octubre, el Ejecutivo debe contar con una mayoría sionista. Una de las condiciones de Eisenkot para sumarlos al Gobierno es que proclamen explícitamente a Hamás como organización terrorista, algo que Abbas no ha hecho hasta ahora, pese a haber condenado la masacre.
Dentro del bloque del cambio, la oposición más tajante a pactar con partidos árabes proviene de Avigdor Liberman (Israel Beiteinu), quien durante la campaña buscó posicionarse como el ala derecha del bloque. En el extremo opuesto se sitúa HaDemokratim, encabezado por Yair Golan, cuyos dirigentes defienden la necesidad de integrar a la representación árabe.
El debate sobre el reclutamiento de los haredíes
Otro punto de fricción es la cooperación con las formaciones ultraortodoxas (haredíes). Aunque en el bloque del cambio se vio con buenos ojos que Liberman levantara su veto a pactar con este sector, la incógnita central radica en cómo se conciliará un eventual acuerdo con la principal promesa electoral de la coalición: el servicio militar obligatorio para todos los ciudadanos.
El diputado electo Gilad Kariv (HaDemokratim) subrayó que este asunto es «ante todo una necesidad de seguridad», señalando que las Fuerzas de Defensa de Israel requieren unos 10.000 combatientes adicionales para atender sus exigencias operativas. Esto exige el alistamiento de jóvenes del sector haredí, que actualmente si bien ya no están exentos por ley, se oponen a enlistarse.
Cualquier negociación requerirá matizar las posturas de campaña. Si las formaciones ultraortodoxas se mantienen inflexibles respecto a la exención, el acuerdo será inviable. No obstante, en el bloque del cambio se asume que la integración no podrá hacerse de forma inmediata: un primer paso consistiría en alistar a aquellos jóvenes ultraortodoxos que ni prestan servicio ni estudian en yeshivot (centros de estudios rabínicos).
Para quienes sí estudian, se puede considerar una fórmula similar a la establecida en los inicios del Estado por David Ben-Gurión: fijar una cuota reducida de exenciones en lugar de una dispensación masiva. Durante la campaña, el propio Eisenkot sugirió reservar la exención a un 3 % del potencial de reclutamiento. En cualquier caso, prescindir por completo del compromiso de alistamiento resulta inaceptable.





