Entrevistas

Oscar A. Bottinelli, Presidente de Factum, analiza los primeros 100 días del gobierno del Presidente Luis Lacalle Pou

“Con Lacalle Pou se ha dado la mayor presidencialización desde la restauración institucional”

El Presidente de Factum,  Profesor Titular en Ciencia Política de la Universidad de la República (Facultad de Ciencias Sociales), ve en el Presidente de la República una figura que transmite “fortaleza y seguridad”, destaca que el apoyo ciudadano del que goza es “un muy buen puntaje” y analiza su singular forma de gobernar, según él casi sin consultar con sus socios de coalición.

Este es su análisis.

El Presidente de la República Luis Lacalle Pou, en el acto de asunción en la Plaza Independencia, 1° de marzo 2020 (Foto:Presidencia)

 

P: Oscar, he tenido el gusto de entrevistarlo en diversas ocasiones, pero en general en épocas de campaña electoral. Ahora, lo hago al haberse cumplido los primeros 100 días del gobierno del Presidente Luis Lacalle Pou, marcados sin duda por su manejo de la crisis del Coronavirus. Antes de entrar en detalles, quisiera comenzar por un resumen global. Entre 57% y 62% de apoyo de la ciudadanía a la gestión presidencial ¿es un muy buen puntaje?

R: Es muy buen puntaje. En general es normal que los presidentes elegidos en balotaje comiencen con un puntaje muy alto. Y en este caso, además, potenciado por la gestión en la epidemia.

P: ¿Es oportuno comparar estos primeros 100 días con los primeros 100 días de otros gobiernos uruguayos, sea por similitudes importantes o por el contrario, por diferencias abismales? Lo pregunto, sin olvidar que a ningún otro le estalló una pandemia mundial a los pocos días de asumir.

R:  El gobierno pareció gobernar ya desde del 16 de diciembre cuando anunció el gabinete y desplazó al gobierno en ejercicio (de Vázquez) como centro de las noticias. Esa etapa terminó el 13 de marzo con la aparición del Coronavirus. Allí comienza otra etapa completamente diferente y atípica, que no se puede comparar con ninguna otra en la vida política del país; quizás se pueda comparar con la etapa actual de otros países. Por eso no me parece lo más afinado hacer una evaluación de los primeros 100 días, como si fuese un gobierno en tiempos normales. Me parece que lo que corresponde es evaluar el desempeño del gobierno y del presidente en relación a la situación generada a partir de la pandemia. Y lo primero que aparece es que en términos de posicionamiento presidencial, a Lacalle Pou la situación de la Pandemia lo benefició 

P: ¿El Presidente de la República lo está sorprendiendo en algo?

R:  El Lacalle Pou que surge con la Pandemia es un personaje mucho más sólido y seguro de sí mismo que el de cuatro años atrás. Y además un personaje que trasmite fortaleza y seguridad.

 

Lo más notorio

P: ¿Cuál ha sido en su opinión la característica más saliente del gobierno del Presidente Lacalle Pou en estos primeros 100 días? 

R: Hay dos elementos salientes: la presidencialización y el papel de la imagen. 

El sistema político uruguayo, por diseño y por praxis, no es un sistema presidencial típico, sino un sistema semipresidencial. En general los presidentes uruguayos carecen de la potencia de los de Argentina, Chile o México. Ello es por el diseño semiparlamentario por un lado y por las limitantes fácticas de liderazgo político que surge del sistema de partidos. En los últimos 15 años se impuso el funcionamiento del Consejo de Ministros como un ámbito de discusión colectiva de las acciones del gobierno. Además, lo usual es que el presidente tenga que dialogar con las otras figuras liderales de su propio partido y si el gobierno es pluripartidario, con los líderes de los otros partidos.

Con Lacalle Pou se ha dado la mayor presidencialización desde la restauración institucional. 

P: Eso es muy interesante. ¿Cuáles son en su criterio las señales de esa situación?

R: Ello ya se vio en varias cosas:

Uno. El presidente de la República designa ministros, subsecretarios de Estado, directores generales y directores en los Ministerios por sí solo cuando son de su propio conjunto fraccional (”Todos hacia Adelante”), mientras acuerda con los socios de su propio partido y con los socios de los otros partidos los cargos correspondientes a ellos. No es una coalición en que todos los socios resuelvan de consuno la composición del gobierno y del gabinete.

Dos. A diferencia de la tradición nacional en gobiernos pluripartidarios o en gobiernos monopartidarios pero plurifraccionales, no distribuye las carteras entre los partidos o fracciones, en que cada partido o fracción ocupa la totalidad de los cargos de esa área, aterriza su propia concepción y es responsable de la misma. En cambio, el presidente sigue dos criterios: a) uniformidad política en caso de que todo corresponda al conjunto “Todos hacia adelante” (el suyo propio); b) diversidad política en caso de que la titularidad del Ministerio corresponda a otro partido u otra fracción. Lo más relevante es que en todos los Ministerios u órganos equivalentes, hay una persona de particular vínculo y confianza con el presidente de la República, cada uno como verdadero “Ojos y Oídos del Rey”, en el sentido dado por el Emperador Darío en Persia, y perfeccionado primero por el Imperio Romano y luego por la Iglesia Católica. Y todos esos “Ojos y Oídos del Rey”, como rayos de una rueda, convergen en la figura del secretario de la Presidencia de la República, que oficia más que nada como jefe de Gabinete o como premier, por encima de los ministros y de los Ministerios.

Tres. Cuando el Poder Ejecutivo envía un proyecto de ley, éste no es debatido en el Consejo de Ministros ni necesariamente consensuado con sus socios de coalición, tampoco con los ministros de los partidos asociados. El ejemplo más claro lo ha sido el proyecto de Ley de Urgente Consideración, que refleja la visión presidencial y no del conjunto del Poder Ejecutivo, es decir, del conjunto del gobierno en el sentido político del término.

Cuatro. Las decisiones del Poder Ejecutivo emergen de la impronta presidencial y de su acuerdo con el o los ministros correspondientes. En general no son consultadas ni con los socios de la “Coalición Multicolor” ni en Consejo de Ministros.

Por último, cabe agregar que no hay una coalición de gobierno strictu senso, sino un gobierno presidencial y del Partido Nacional, apoyado por otros partidos e integrado con esos otros partidos. Lo que existió fue una coalición electoral para el balotaje y existe una coalición parlamentaria para sostener al gobierno y una coalición legislativa para llevar adelante las leyes necesarias para la acción de gobierno.

Un detalle significativo de la visión del ejercicio del cargo es el “Yo me hago cargo”, en que proyecta la conducción del gobierno como un rol individual.

P: ¿Qué significa todo esto en cuanto a la relación con los otros partidos de la coalición?

R: Por ahora hay que esperar a que se entre en la “nueva normalidad política”. Con el Partido Colorado se observa del lado de Sanguinetti un apoyo pleno, uno diría que incondicional, basado en su convicción que es muy importante para el país que este gobierno no fracase y no habilitar un retorno del Frente Amplio. Del lado de Talvi hay que esperar que sucede en base a dos elementos: uno, los posibles chisporroteos una vez que comience verdaderamente el manejo de una política exterior en forma pública (por ahora se han tomado algunas decisiones que quedan en penumbra o en segundo lugar), ya que no hay una coincidencia perfecta entre el líder de Ciudadanos y el presidente; y dos, la necesidad de despegarse del gobierno para potenciar su próxima candidatura presidencial. 

Del lado de Cabildo Abierto es donde la coalición puede tener más fragilidad, a partir del concepto expresado por Manini Ríos de que en Uruguay no hay dos bloques sino al menos tres: de un lado los partidos tradicionales, del otro el Frente Amplio y por su lado Cabildo Abierto, que no debe ser confundido con los partidos tradicionales. Además. Ideológicamente, hay muchos puntos de diferencia entre los partidos tradicionales y Cabildo Abierto.

En cuanto al Partido Independiente hay una coincidencia elevada y una empatía muy fuerte entre Lacalle Pou y Mieres.

P: ¿Ha habido otros presidentes con esta impronta?

R: Desde la restauración institucional, diría que no; antes, es posible. Lo que tiene algunos elementos comunes con Lacalle Pou es la primera presidencia de Vázquez y en algo –menos- la de Lacalle Herrera. 

El entonces recién electo Presidente Lacalle Pou,en el estrado en el acto de celebración, con quienes son hoy sus compañeros de coalición. Está también la hoy Vicepresidenta Beatriz Argimón y la esposa del Presidente Lorena Ponce de León. (Foto: equipo de Comunicaciones de Lacalle Pou en la campaña electoral)

 

 

Atención a la imagen

Declaraciones a la prensa en la  Torre Ejecutiva (Foto: Presidencia)

 

P: ¿Cómo entra acá el tema de  la imagen?

R: Lacalle Pou, ya desde la campaña electoral de 2014, se ubica en la constelación de líderes políticos que conciben el ejercicio de la política y del gobierno en forma relevante como una acción de construcción de imagen, de marketing político. En esta constelación cabe incluir a Emmanuel Macron (Francia), Mauricio Macri (Argentina), Matteo Renzi (Italia); más tempranamente a Barack Obama y John F. Kennedy (Estados Unidos). En Uruguay como antecedente puede observarse a Tabaré Vázquez en la primera parte de su primera presidencia y en la candidatura que lo lleva a ella. No así Mujica, en que la comunicación es un elemento fundamental, pero fuertemente espontánea e intuitiva.

En este estilo se potencia el manejo de la imagen, trabajada en forma profesional, articulada, sin lugar para la improvisación. Ello se observa con nitidez en las conferencias de prensa, en que las frases significativas han sido minuciosamente pensadas y constituyen titulares perfectos.

P: Me parece que este análisis del tema de la imagen deja una sensación de superficialidad, de atención exagerada a lo exterior. ¿Esa era su intención? O quizás yo lo interpreté mal.

R: No, de superficialidad nada. Es una concepción del ejercicio del poder. O más ampliamente una concepción para alcanzar el poder y para ejercerlo. Tiene por objeto principal captar la adhesión de la ciudadanía, convencerla, seducirla, motivarla.

A la normalidad política, con sus riesgos

P: El que ya se esté tratando con intensidad la Ley de Urgente Consideración es una señal de la nueva normalidad, aunque el concepto se aplica para otra cosa. Me refiero a que ya no se puede ser casi monotemáticos con la pandemia y se empieza a abordar los planes originales. ¿Esto es receta segura para mayores enfrentamientos, discusiones, en la política nacional?

R:  El gran susto ha pasado, entonces aparecen dos tipos de cosas: en el gobierno, la necesidad de impulsar las políticas para las cuales fue elegido; y en la gente, otras demandas y preocupaciones. Cuando se sale de la fase de luchar contra un enemigo común -en este caso el Coronavirus- aparecen las diferencias ideológicas y también las diferencias de intereses personales y grupales.

P: Justamente, esto me lleva a plantear el tema de la  “luna de miel” o quizás días de gracia…esos primeros 100 días en los que creo que también la oposición tiene en cierta medida una actitud de “démosle chance, a ver qué hace”. ¿Cómo evalúa usted el comportamiento de la oposición en este lapso?

R:  Creo que el concepto de “luna de miel” no es aplicable a un gobierno que se estrena con este desafío inusual. Frente a ello en el mundo se han dado dos conductas: una es la de Uruguay, acorde a la tradición nacional, de cohesión frente al enemigo común; otra es la de países como España, también acorde a su tradición, de utilizar la situación excepcional como potenciación de la lucha política.

P: Cuando hay críticas de la oposición-y las hubo también en el tema del manejo de la pandemia, al principio-¿siente que son motivadas por una legítima discrepancia con tal o cual decisión o por la dificultad de verse ahora en un rol totalmente distinto que antes? 

R:  Contra lo que cree mucha gente, y a veces hasta ellos mismos, los actores políticos se mueven en función de su visión del mundo, de la sociedad y del ser humano. Aun sin darse cuenta ello siempre termina estando por encima de los juegos políticos tácticos.

Desde la restauración institucional se observa que en Uruguay la oposición juega normalmente dentro de reglas muy civilizadas. Lo hizo el Frente Amplio en los 15 años anteriores a la llegada al gobierno, lo hicieron los partidos tradicionales en los 15 años siguientes, vuelve a hacerlo el Frente Amplio ahora.

P: ¿Y la actitud del Presidente para con la oposición? Por un lado negó, por ejemplo, cadena nacional al PIT-CNT el 1° de mayo, y por otro mostró siempre voluntad de diálogo y disposición a escuchar. No sé si está de acuerdo usted con mi comentario. 

R: La actitud del presidente es a la vez una actitud de amplitud y de poco diálogo. No solo de poco diálogo efectivo con la oposición (recibió al Frente Amplio y nunca le respondió sus planteos) sino también de poco diálogo con los socios que sustentan al gobierno; en estos tres meses no ha habido una sola reunión conjunta de los líderes partidarios oficialistas.

La LUC es una prueba: envía un proyecto que refleja su propio pensamiento y el de su partido, no lo consensúa ni con el Partido Colorado, ni con Cabildo Abierto ni con el Partido Independiente. Y los acuerdos se hacen en el plano parlamentario, esencialmente dentro de la mayoría parlamentaria, pero no solo en ella, cuando se observa que la mitad de los artículos se votaron por unanimidad. Claro que no los más relevantes; los de mayor peso o más controversiales contaron con el voto de solo la Coalición Multicolor e inclusive en Diputados se anuncia que alguna disposición trascendente no va a contar con el apoyo de toda la Coalición.

Por ejemplo, a diferencia de Sanguinetti o de Batlle Ibáñez, no potencia a sus socios, sino que personaliza los éxitos y las responsabilidades en sí mismo. 

P: Pero también aclara que si hay éxitos, son producto de un trabajo de equipo, y que si hay fracasos, él se hace cargo de la responsabilidad por ello…Eso es un compromiso ante el pueblo, no una mera frase efectista ¿no?

R: Es una definición del concepto de lo que es para él la calidad de presidente de la República. Hay distintas formas de ver el cargo y Lacalle Pou lo ve de esa manera.

Y volviendo a la respuesta anterior, tampoco abre el juego a la oposición, sino más bien lo contrario. Hay una campaña permanente que busca desacreditar a los gobiernos anteriores, un poco siguiendo la máxima que al derrotado se lo persigue hasta debilitarlo al máximo. Estas cosas no es que sean en sí mismas buenas ni malas, sino que son estilos y opciones políticas, todos válidos.

Aunque hay que aclarar que en la administración desconcentrada y regulatoria abrió la participación de la oposición, en los mismos términos que lo hizo Vázquez en su segunda presidencia. Fue mucho más amplio Mujica y absolutamente cerrado Vázquez en su primera presidencia.

P:  Justamente le iba a preguntar si usted lo menciona esto como juicio de valor, en tono de crítica, o lo ve simplemente como descripción de cómo ve usted el estilo de gobernar del Presidente.

R: No es un juicio de valor sino una descripción de estilo. Un cabeza de gobierno, producido su triunfo, tiene ante sí un abanico de posibilidades de qué hacer con el otro. En parte la decisión es producto del cuadro general y de lo que hace ese otro, y en parte es producto de la concepción política. Se puede ir desde la búsqueda del consenso total o ir a imponer el poder como forma de consolidarlo. Repito, todas las opciones son políticamente válidas. El juicio de valor lo harán los ciudadanos, unos estarán de acuerdo y otros en desacuerdo, lo importante es cuánto pesa cada segmento.

Foto: Parlamento

 

¿Y ahora?

P: ¿Cuáles son ahora los principales desafíos? 

R: Siempre con el temor de que la crisis sanitaria no haya pasado del todo y se tenga un rebrote, los mayores riesgos tienen que ver con la economía en el sentido macro y con lo económico social. El apoyo de la gente continuará siendo dominante o no, en función de las respuestas que se de en un contexto en que aflora la posibilidad de una fuerte pérdida de puestos de trabajo, cierre de empresas chicas o no tan chicas (o al menos quedar en situaciones casi de hibernación), dificultades para los que trabajan por su cuenta (desde cuidacoches hasta profesionales), caída en el ingreso de los hogares e inflación.

Esto está ocurriendo en todo el mundo. Frente a ello se abren dos estrategias. Una, la que por ahora se observa en el gobierno, es privilegiar el cuidado de la macroeconomía, evitar vulnerabilidades. La otra es la que se observa en Europa que, pese a que todos los países parten de importantes déficits fiscales y alto endeudamiento, van por el camino de lo que se viene denominando un nuevo Plan Marshall, un derrame de dinero de 1:330.000 millones de euros (dicho modernamente, 1.330 millardos de euros), lo que en proporción a la población implicaría en Uruguay un derrame de entre 11 y 12 mil millones de dólares. Las opciones son políticas, ideológicas y de cálculo de resultados probables. Ninguna es mejor que la otra. Ello se podrá ver en el futuro y también dependerá de lo que en cada quien influyan sus ideas y valores.

El Presidente, en rueda de prensa en la Torre Ejecutiva, junto al Ministro de Salud Pública Daniel Salinas y a la Ministra de Economía y Finanzas Azucena Arbeleche (Foto: Presidencia)

 

P: En base a los primeros 100 días ¿se anima a vaticinar fortalezas y puntos débiles del gobierno? 

R: La mayor debilidad o el mayor desafío es la reacción de la gente ante lo que se viene y sus repercusiones en el plano electoral el 27 de setiembre.

Un buen manejo de la pandemia

P: El Presidente ha dicho repetidamente que la buena situación del país en lo relacionado al Coronavirus, aunque recalcando que aún no terminó, se logró gracias a los uruguayos, a la ciudadanía que respetó el “quedate en casa”. No fue por el gobierno, dijo demasiado modestamente a mi criterio, ya que claro que la línea que él defendió, cuarentena voluntaria, irradió confianza y eso hizo que la mayor parte de la gente cumpla. ¿Siente que el pueblo uruguayo confía en el Presidente? 

R:  Uruguay es uno de los países del mundo que mejor enfrentó el Coronavirus. Ello se debe a varios elementos:

Uno, la existencia de un sólido sistema de salud, construido a lo largo de más de un siglo y potenciado en los últimos tiempos, con una cobertura de salud universal relativamente buena; dentro de ello, marcar el papel fundamental de la descentralización de la estructura de salud, en particular con la diseminación de policlínicas, los médicos de familia y las emergencias médicas, que impidieron que los hospitales pasasen a ser reproductores del virus, como en Lombardía. 

Dos, una sociedad que respondió con responsabilidad a las medidas de contención, aunque con algunos desbordes como en Semana de Turismo o un fin de semana en al Rambla de Montevideo.

Tres. Una eficaz acción del gobierno, en un correcto ejercicio de liderazgo,  con el apoyo en un equipo científico de primer nivel y, más allá de discrepancias iniciales, con el apoyo de todo el sistema político y social.

P: Cambio de gobierno después de 15 años de Frente Amplio, es toda una revolución creo yo. Para la ciudadanía, para el gobierno que pasa a ser oposición y por cierto para quien asume. ¿Cómo ve al país lidiando con este cambio? 

R:  Eso está por verse cuando el enemigo invisible firme la rendición incondicional, se aplaquen los miedos y los problemas económicos y sociales dominen la agenda pública y las preocupaciones de la gente.

P: Me imagino que la ciudadanía en general, tanto gobierno como oposición, estará esperando ese momento. Muchas gracias Oscar por su tiempo y su interesante análisis.

R: A ti Ana.

Oscar Bottinelli

 

Ana Jerozolimski
(15 Junio 2020 , 04:04)

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