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La vacuna contra el populismo por Federico Andahazi

Fuente: https://radiomitre.cienradios.com/

Israel anunció ayer que acaba de desarrollar una vacuna contra el coronavirus. Antes aún de que la nueva pandemia cruce la barrera de los veinte grados desde el hemisferio norte hacia el hemisferio sur, Israel anunció que la vacuna estará disponible en apenas tres meses.

Mientras Israel confirma que es Israel, esa pequeña potencia que floreció en el desierto sin más recursos que el conocimiento de más de cinco mil años de una cultura sostenida a pesar de las persecuciones, los genocidios y la adversidad.

Mientras Israel profundiza en la veta fértil que le ha dado tantos éxitos, la Argentina, de la mano de esta nueva versión del peronismo, vuelve sobre las mismas herramientas que no hacen más que sumirla en un eterno fracaso. El descubrimiento científico Israelí surgió durante el curso del proyecto de investigación para el Virus de la Bronquitis Infecciosa que fue probado en aves de corral.

 
En efecto, un grupo de investigadores del Instituto Migal en Israel, desarrolló una vacuna contra el coronavirus que se probó con éxito en ensayos preclínicos y pudieron modificarla genéticamente para aplicarla en humanos. La vacuna ya está, sólo resta esperar los tiempos que señalan los protocolos de las pruebas clínicas.

En la Argentina sobran los recursos humanos, la tradición científica jalonada por Bernardo Alberto Houssay, premio Nobel de Medicina 1947; Luis Federico Leloir, premio Nobel de Química 1970, René Favaloro y tantos otros marcan el potencial argentino. Sin embargo, toda esa magnífica capacidad se nos escapa como el agua entre los dedos a causa de la ineficiencia política.

Tal como demuestran los científicos argentinos que hace pocos días desarrollaron un test para detectar el coronavirus en una hora, tenemos profesionales del siglo XXI y políticos del siglo XIX, en el mejor de los casos.

Los escuchamos declamar con aspavientos sobre la importancia de la ciencia en medio de actos de barricada, pero no hacen más que ahogar a la ciencia, la de verdad, la cotidiana, la que surge para superar dificultades y los obstáculos en la praxis, en la realidad.

Los impuestos al campo, las famosas retenciones que pergeñó Martín Lousteau cuando era empleado de Cristina Kirchner, hoy vuelven como la más brillante idea que se le puede ocurrir a alguien y, en realidad, no hacen más que poner el pie sobre los avances agrícolo ganaderos, sobre las potenciales vacunas que, por ejemplo, mantienen a los animales sanos y aptos para el consumo.

El coronavirus surgió precisamente a causa de la falta de controles sanitarios, bromatológicos e higiénicos de los mercados de china. Tal es así, que la investigación israelí encabezada por el profesor Jacob Pitkowski, los doctores Chen Katz, Ehud Shahar y su equipo, indica que el virus en las aves tiene una alta identidad genética con el virus humano COVID-19, surgido en los puestos de alimentos de China.

El estudio también encontró que el mecanismo de infección de ambos virus es el mismo, lo que aumenta la posibilidad de vacunar humanos en muy poco tiempo.

La historia demuestra que las tiranías, las dictaduras, son cada vez más incompatibles con la vida. El coronavirus es la trágica metáfora del régimen Chino. Nadie sabe cuántos casos existen China, pero tampoco en Irán porque, como en toda dictadura, está ocultando las cifras.

Irán, el tan admirado régimen iraní del núcleo duro del kirchnerismo, el que pactó con Cristina Kirchner, el que, todo indica, asesinó a centenares de argentinos con los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, está hoy en el centro de la pandemia. La vicepresidenta de Irán se contagió del virus y falleció un ex embajador iraní ante el Vaticano, mientras Arabia Saudita suspende la tradicional peregrinación a la Meca.

Nada es casual; Israel es la única democracia plena en Medio Oriente, es la única república laica en medio de teocracias integristas, es el único país de la región que respeta a las mujeres, que no las lapida, que no las somete y que, de hecho, gobiernan en un pie de igualdad con los hombres. La vacuna que desarrolló Israel no estará disponible sólo para los israelíes.

Estará a la mano, también, de todos los regímenes que quieren exterminar a Israel, que hacen explotar bombas, que tiran camiones en medio de las multitudes, que vuelan embajadas alrededor del mundo, que apuñalan turistas al azar, que arrojan aviones sobre los edificios. Pero no sólo estará disponible para todos los vecinos de Israel que no hacen más que escupirle su odio con insultos cotidianos.

También estará disponible para Roger Water, sus hijos y sus nietos. El ex bajista de Pink Floyd, un activo militante en contra de Israel que no hace más que ponerse al frente de campañas de odio y de boicots para impedir que artistas del mundo puedan dar conciertos en Israel. También él podrá vacunarse.

Y también estarán disponibles las vacunas en los 58 ayuntamientos de España gobernados por Podemos y el PSOE que impulsan el boicot a Israel. Estos ayuntamientos se han comprometido a no contratar empresas israelíes ni comprar sus productos y servicios.

¿Tendrán la hipocresía de saltar la propia valla que ellos mismos se impusieron? Si tuvieran un poco de dignidad, deberían ser consecuentes y boicotear con su propio sistema inmunológico el descubrimiento israelí. En cualquier caso, la vacuna estará a su disposición. Deberán resolver el dilema con su propia conciencia si es que la tienen.

David Zigdon, CEO del Instituto, afirmó: “Existe una gran urgencia en el mundo para desarrollar una vacuna humana para el coronavirus, por lo que estamos trabajando para acelerar el proceso de desarrollo y alcanzar una vacuna contra el COVID-19 efectiva durante las próximas 8-10 semanas y un ensayo de seguridad de 90 días. La vacuna desarrollada por nosotros para las aves de corral es oral y también se espera que la vacuna humana sea igual”.

Zigdon señaló también que debido a la urgente necesidad mundial de la vacuna, se llevan a cabo discusiones maratónicas con socios potenciales para ayudar a acelerar los procesos de investigación necesarios para completar el producto.

¿Qué harán Luis D’ Elía, Fernando Esteche y Santiago Cúneo, fanáticos odiadores de Israel? ¿Renunciarán a aplicarse las vacunas? Todos los impulsores del odio a Israel coinciden, casualmente, en poner el pie del Estado sobre los recursos que permiten el desarrollo, el avance y el progreso de la sociedad.

Así como el gobierno pretende asfixiar al campo con una suba de impuestos e impedir el avance científico vinculado con la salud del ganado y los cultivos, con el mismo pensamiento retrógrado acaba de aumentar los impuestos a las empresas tecnológicas, al dejar sin efecto la ley de Economía del Conocimiento, que otorgaba beneficios al sector más vital y novedoso de la economía global.

Mientras las democracias avanzan resueltas hacia el siglo 22 a poco de iniciarse el 21, la Argentina marcha a paso firme hacia el siglo 19 con fraudes parlamentarios, avances descarados sobre la justicia y la destrucción sistemática del conocimiento.

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