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Alex Piperno en el Festival de Berlin

El primer largometraje del uruguayo Alex Piperno, 'Chico ventana también quisiera tener un submarino’, ganó el Premio Tagesspiegel Readers 2020 Award en la última edición del Festival de Berlín.

Contanos sobre tu infancia en Uruguay, el colegio, ¿a cuál fuiste? ¿Vivias pegado al Richard Anderson?
Estudié en el colegio Richard Anderson e hice quinto y sexto año en el IAHU. 


¿Qué fue lo que te inspiró a hacer cine y a escribir?
Desde chico me interesó la lectura y el dibujo. Supongo que lo que me maravillaba de la lectura tenía que ver con la posibilidad de acceder a saberes nuevos y a imaginarios nuevos y sorprendentes, y que lo que me maravillaba del dibujo, y luego de las artes en general, tenía que ver con la posibilidad de deformar la realidad, de acceder a una realidad "más real" digamos, a través de relaciones novedosas entre sus partes. Algo de todo eso debe haberse activado intuitivamente cuando me encontré con el videoarte y, a través de eso, con el cine, porque nunca fui precisamente cinéfilo. Entonces pienso que es bonito, porque entro al cine desde un interés más plástico o más abstracto que el de la cinefilia. Y entonces el diálogo con lo que se supone que es una película es distinto, es más desde un lugar extranjero.
 
No venís de una familia dónde el arte ocupara un lugar de importancia, ¿cómo es despegarse de esa realidad, y decir, yo me voy a dedicar al arte e irse a estudiar cine a Buenos Aires? Contanos como fue esa decisión.
Es una pregunta muy personal. Puedo decir que en casa mi madre fomentó la lectura desde chicos, acaso movida por aquello de que "leer está bien", no desde un interés literario específico. Pero en cualquier caso eso plantó una semilla. La literatura como recipiente de saber, como forma de vincularse con el mundo, está presente desde entonces. Y también en su dimensión de juego y de goce, porque para mí el lugar del lector, y el lugar de la escritura y las artes en general, tiene que ver con eso. Me vine a estudiar cine a Buenos Aires a los 21 años, no sé muy bien por qué, porque no se trataba para nada de un proyecto, pero fue convirtiéndose en proyecto en la medida en que iba estudiando, de manera natural. Supongo que cierto malestar con el orden ideológico familiar y con el contexto de pertenencia a la comunidad también tuvo que ver con la decisión, porque en algún punto todo eso me resultaba muy hostil y necesitaba poder escaparme, o en todo caso poder reelaborarlo en mis propios términos. Tendrá que ver con la búsqueda de un universo de sentido propio, con el pasaje intuitivo de la adolescencia a la adultez. Así y todo fue complejo, porque siempre conté con el apoyo familiar, con las garantías económicas pero también con el amor incondicional y la confianza, y entonces aquello de la reelaboración se hizo más difícil y más largo de lo que hubiese querido. Releo esto que escribo pensando en que puede ser sensible para el medio en donde se va a publicar, pero pienso que es lo que corresponde, porque me reconozco en lo que escribo.


¿Quiénes fueron tus padrinos que te dieron para adelante en la idea de dedicarte a esto de manera profesional?
A nivel formativo, María Esther Burgueño fue una primera referencia de literatura en el liceo. A nivel del quehacer cinematográfico, Ronny Meltzer. Después, al entrar en la universidad y tener mi primeras experiencias con cortometrajes, el cine apareció como horizonte cercano sin cuestionámelo demasiado.


Tenes libros publicados. Yo recuerdo poesía tuya. ¿Cómo fue esa experiencia?
Escribí poesía y publiqué algunos libros entre el 2004 y el 2010. Formé parte del colectivo Bagrejaponés con Manuel Barrios, Santiago Márquez, Olga Leiva y Diego de Ávila, que son gente que quiero y admiro mucho. Escribíamos nuestros libros, nos leíamos y nos publicábamos. También escribimos el libro colectivo Bagrejaponés. En el 2009 participé del Festival Vértigo de los Aires en México en donde descubrí a la familia latinoamericana. Fue una época reveladora para mí. 


Tu formación en cine comienza en Buenos Aires. Contanos un poco cómo fue tu despegar. Los festivales. ¿Cómo llegaste a dónde estas ahora?

En el 2010 filmé un cortometraje de título muy largo: "La inviolabilidad del domicilio se basa en el hombre que aparece empuñando un hacha en la puerta de su casa". Era un plano fijo de 6 minutos. Se estrenó en la Semana de la crítica del Festival de Cannes en el 2011. Esa experiencia fue muy concreta y muy radical a la vez y me permitió pensar que podía tener una vida en el cine. Las primeras notas que tengo de "Chico ventana..." son de esa época. El largometraje se empezó a desarrollar aprovechando el envión del cortito, estuvo en algunos talleres y mercados internacionales y se fue convirtiendo, primero, en un proyecto con alguna perspectiva, después en una faena imposible y desesperada que duró años, durante los cuales se volvió su propia caricatura ominosa, hasta hace poco, con la confirmación de la selección en el Festival de Berlín. El estreno en el festival fue una experiencia increíble por ser el encuentro mil veces postergado de la película con sus interlocutores y porque su recibimiento fue más cálido de lo que podríamos haber soñado nunca. También fue constatar que finalmente habíamos encontrado una película. Y, un poco retroactivamente, reordena la sucesión de los hechos, da una nueva perspectiva y trae alivio.

¿Qué le dirías a la gente joven que le gusta el cine para inspirarlos?
No filmar en barcos. 

¿Se puede vivir del cine independiente?
Tengo la ilusión de poder sostener una economía a partir de la dirección, la producción y la docencia.

Más allá de lo económico, como es estar en un festival internacional presentando una pelicula? ¿Qué se siente?
Y... un poco yo me sentí como cuando al final el patito feo se encuentra con los otros cisnes.

Janet Rudman
(05 Marzo 2020 , 09:37)

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