En comunidad

El singular aporte comunitario de la uruguaya-israelí Dra. Susy Danor

Enriquecimiento humano en tiempos de pandemia

Como es sabido, las crisis pueden ser una oportunidad. Y no esto no es válido sólo para emprendimientos económicos, sino también para el aporte social,humano, a quienes están más afectados.

La Dra. Susy Danor lo tuvo bien claro desde un principio. Y vale la pena contarlo.

Susy Yabeck de Danor, nació en Montevideo, en la Unión. Egresada de la escuela pública Sanguinetti y la escuela judía Ivriá. Se recibió de Odontóloga en la Facultad de Odontología de la Universidad de la República y egresó del Curso de Posgrado en Ortodoncia de la misma Facultad.

En 1983 se radicó en Israel junto a su esposo José y las dos hijas mayores de ambos Andrea y Daniela. En Israel nació la tercera, Nataly. Susy y José tienen 3 nietos:  Yarden, Liri y Rom. Viven en Ramat Hasharon.

Susy y José Danor, con sus tres hijas, yernos y nietos

 

Y quisiéramos agradecerle profundamente que nos haya contactado para contarnos sobre el proyecto que es el tema de esta nota. Ya ha tenido gran repercusión en varios medios israelíes, pero se nos había quedado “fuera del radar”. Ahora, sabiendo lo que hizo, nos alegra sobremanera poder contarlo.

 

P: Susy, la época de la pandemia, ha impuesto al mundo no pocas dificultades. Pero también ha abierto caminos, combinando las necesidades de  la gente con el deseo de muchos de ayudar. Ese fue el marco en el que tú promoviste un proyecto especial, “Hablar desde el corazón”. Contame por favor de qué se trata.

R: El proyecto "Hablar desde el corazón" se creó al iniciar el encierro obligatorio en Israel a raíz de la pandemia. Está basado en voluntarios que "adoptaron" gente mayor perteneciente a la población de mayor riesgo. Los acompañaron hablando con ellos telefónicamente por lo menos 2 veces por semana.

En 10 días ya teníamos 200 voluntarios dispuestos a darle un significado positivo  a sus vidas frente a lo que estábamos viviendo en ese momento.

Uno de los participantes de nuestro programa, Ehud Baraz, creó una aplicación por medio de la cual los pedidos de la gente mayor llegaban directamente al Servicio de Asistencia Social al que cada uno de ellos pertenecía.

El voluntario debía comunicar dos veces por semana por medio de la aplicación sobre el estado del anciano y en especial si había pedidos especiales o urgentes como medicinas, comida, ayuda en limpieza, pedido de compañía para ir al médico o pedidos menos convencionales como arreglar la tapa de un inodoro que se les había roto. 

En el proyecto tomaron parte unos 200 ancianos que en su gran mayoría viven solos.

P: Hermoso realmente ¿Pensaste en otras acciones especiales posibles  y finalmente optaste por esto o tenías claro desde un principio que combatir la soledad de la gente de edad es prioritario?

R: Dado que esto se llevó a cabo durante el encierro, el proyecto tenía sus limitaciones y la forma de superarlas fue por intermedio de llamadas telefónicas. En el comienzo fue para responder a necesidades básicas y luego se transformó en una relación de confianza mutua. 

P: El que mucha gente haya tenido tiempo libre, aunque por malas razones como desempleo y cierre, no significa automáticamente que quiera dedicarlo al prójimo. ¿Te parece que hay un perfil de quienes estaban dispuestos a participar en algo así?

R: Pienso que Israel es un ejemplo de solidaridad. En épocas difíciles es el momento que la gente se olvida un poco de lo  personal, de lo propio, de lo particular y  abre el corazón a lo que es para la sociedad.

Creo que todo ser humano básicamente quiere hacer el bien, quiere contribuir. Muchos no saben cómo hacerlo y piensan que no tienen los medios para hacerlo.

En este caso teníamos la gente y el "know how" y el proyecto nació en forma natural.

P: Tú lanzaste el proyecto, entiendo que con otros amigos. Contame por favor de ellos y de lo que los une, como para haber emprendido juntos algo así.

R: Hace casi 20 años soy uno de las Líderes  de la empresa Landmark Worldwide. Allí trabajo honorariamente y se puede decir que es una de mis actividades que me dan más satisfacción.

En ese marco cada participante aprende a llevar a cabo un proyecto comunitario sin fines de lucro. Pero el principal logro no es el proyecto en sí sino la forma en que cada participante va tomando conciencia de lo que es capaz de lograr.

Durante todos estos años tuve el privilegio de contactarme con gente que compone el variado crisol  de este país, de todas las edades, de todos los niveles socio-económicos y de todas las religiones. Entre los proyectos que más satisfacción me dan están los que llevan a cabo mujeres árabes dentro de su sociedad.

P: ¿Qué alcance tiene todo eso?

R: En el último programa que estaba dictando teníamos 40 participantes y 10 instructores. Al llegar la pandemia hubo que suspender el programa y la continuación de los proyectos de cada participante.

Recuerdo ese día en que cerré mi consultorio sin saber cuándo iba a volver a ver a mis pacientes. Una sensación de inseguridad e incertidumbre.

Al día siguiente me contacté con Corinne Hadas, Yaron Aizik y Moshe Erlij, tres de los instructores que trabajan conmigo en el programa y en esa reunión telefónica, creamos este maravilloso proyecto.

Nos preguntamos cuál es la población más afectada por la pandemia y cómo con nuestros conocimientos sobre lanzar proyectos podíamos crear algo que hiciera una diferencia en estos momentos tan difíciles que nos tocó  y nos toca vivir. 

Susy y Yaron Aizik. compañero de proyecto

 

P: ¿Cuál fue tu rol dentro del proyecto, una vez creado?

R: Había varios roles. Uno de ellos era dirigir una sesión por zoom, todos los viernes de mañana, de 10 a 11, con todos los voluntarios, en la que se trataban los asuntos que iban surgiendo a medida que el proyecto avanzaba: inquietudes, preguntas, desilusiones y también era el lugar de compartir los logros y satisfacciones que cada uno experimentaba.

Además tenía la responsabilidad de corroborar que todos los pedidos urgentes tuviesen una rápida repuesta por parte del Servicio de Asistencia Social de la Municipalidad.

 

Ante todo, una gran compañía

P: A la gente mayor que estaba sola, le cambiaron la vida por un tiempo. Es que imagino que el gran tema no era sólo el rato de las conversaciones telefónicas sino también la expectativa, saber que en determinado momento llegaría la llamada. ¿Verdad?

R: El impacto que tuvo el proyecto fue mas allá de lo que podíamos imaginar. Fue un proyecto en el que  todos ganamos.

En esta etapa de tanta soledad, incertidumbre, miedos, las llamadas telefónicas de los voluntarios, pudieron apaciguar en cierta forma todos estos sentimientos. Muchos de ellos decían que estaban con el "reloj en la mano", esperando que el voluntario los llame.

Otros comentaron que pudieron contar al voluntario (que con el tiempo pasó de ser  "voluntario" a un compañero de diálogo), historias de su pasado, vivencias que nunca contaron ni siquiera a sus familias.

P: Es muy emocionante tu descripción. ¿Qué te comentaban los voluntarios? Apuesto a que no sólo ayudaban a otros sino que también ellos se sintieron enriquecidos.

R:Uno de los aspectos más importantes a mi juicio era que el proyecto tuviera inicio y que tuviera fin. Muchas veces los proyectos no terminan sino que "desaparecen" lentamente y en esos casos todas las partes involucradas quedan con una sensación de algo incompleto.

Nosotros establecimos que el proyecto se llevaría a cabo durante dos meses.

A los dos meses cuando quisimos terminarlo, los voluntarios pidieron que fuese prorrogado por un mes más. Fue así que sobre la marcha decidimos la fecha de finalización y que se haría con un gran "picnic" donde por primera vez los voluntarios fueran a las casa de la gente mayor, a conocerlos personalmente y a ver juntos la fiesta que preparamos para todos ellos en Zoom.

Uno de tantos comentarios hechos por los voluntarios, fue que el tomar parte de este proyecto les hizo ser más pacientes con sus propios padres o abuelos. Por primera vez se interesaron en sus vidas, en sus historias de infancia y en general, escucharlos más allá de las palabras que decían.

 

Aprendizaje

P: A veces los jóvenes no ven a los mayores en su plena dimensión. La tercera edad no se refiere solamente a gente probablemente con mayores problemas de salud y quizás ciertas limitaciones, sino también a gente con experiencia y puede ser con grandes historias de vida. ¿Te parece que todo eso saltó en estos encuentros?

R: Indudablemente. Uno de los invitados a la fiesta de finalización fue el Dr. Yoram Maaravi, geriatra , más famoso por ser el experto que acompañó el programa "84" transmitido por la televisión, donde durante varios meses juntaron a gente mayor de 80 años que reside en un hogar, con niños de 4 años  y que tuvo una repercusión increíble.

P: Fue muy hermoso y una idea sumamente original.

R: El explicó sobre la diferencia generacional desde un punto de vista interesante: sostiene que "la llave de un envejecimiento ideal está basada en vivir en una comunidad como la que existía hace 100, 200 y mil años. Una comunidad en la que conviven muchas generaciones. Una comunidad en la que los niños nacen y se crían coexistiendo con los ancianos y así el proceso de envejecer es parte de la vida del niño, parte de un proceso natural.

Hoy en día este tipo de comunidades se ven raramente y los niños tienen menos posibilidad de exponerse a lo que es la vejez, y por lo tanto la relación de la sociedad a la vejez es de falta de conocimiento, ignorancia y la pérdida es enorme para todas las partes".

P:  Muy interesante. Susy, el proyecto ya tuvo una fiesta de despedida, por Zoom por supuesto, con participación de varios cantantes de primera línea, entre ellos Yehoram Gaon, por mencionar a alguien que es muy conocido también en ultramar. Imagino la emoción de todos los participantes ¿no?

R: La fiesta de despedida fue un proyecto en sí. Cada detalle fue trabajado al máximo. La meta era festejar con los ancianos y que los voluntarios fueran reconocidos por su trabajo durante todo este periodo.

Creamos una canasta con alimentos donados por empresas, confiterías, panaderías y también frutas de agricultores del sur del país.

Asimismo obsequiamos una planta a los voluntarios, para que ellos recibieran el agradecimiento por participar en este proceso.

Solo esto ya llenaba el corazón de ver tanta gente que sin preguntar mucho nos decía que si.

Lo mismo pasó con los artistas de primera línea cuando los invitamos a tomar parte de esta celebración cantando una canción desde sus propias casas.

Tomaron parte en la celebración: Shlomi Shabat, Shlomi Shaban, Rona Keinan,  la legendaria Ilanit y como broche de oro, Yehoram Gaon.

P Hermoso. ¿Alguna anécdota especial que puedas contarnos?

R: La anécdota con Yehoram Gaon es particular: una mañana, mientras estaba en mi casa desayunando escuché en la radio una de sus canciones "Shalom laj eretz nehederet" ( que podemos traducir algo así como Shalom, tierra maravillosa) y me dije a mi misma: esta es la canción que quiero que cierre el evento.

Nunca vi personalmente a Gaon, pero sabía que vive en mi barrio.

Al día siguiente me fui a su casa y cuando estoy estacionando veo que él llega con su coche. Salí a su encuentro, me presenté y me preguntó con cierta desconfianza, que es lo que quería. Le explique lo del proyecto y entonces me dijo: "entra a mi casa y me explicas todo"

Al explicarle de qué se trataba, respondió: "qué quisieras pedirme". Le dije que quería que cante una canción y que desde hace un mes la tengo elegida.

Sin decir nada, abrió su agenda y me dice con un brillo en sus ojos: "Estoy contigo, decime solo cuando querés que cante".

Esto también fue parte del proyecto, ver otro aspecto de esa gente que conocemos por televisión pero pocas veces podemos tener contacto con su parte humana y de sensibilidad. 

Susy y su vecino, el muy querido y reconocido cantante Yehoram Gaon

 

P: Dijiste ya antes que se determinó de antemano comienzo y fin del proyecto. Pero imagino que quienes quieren, seguirán en contacto ¿verdad?

R: Los lazos que se han entretejido entre los voluntarios y los ancianos en muchos casos fueron más fuertes que el proyecto en sí. El 30% de los voluntarios sigue el contacto con sus "nuevos amigos" y este vínculo hoy en día enriquece a las dos partes. Un vínculo que no tiene definición alguna y que va más allá de lo que normalmente conocemos como relación.

Como si se conocieran desde siempre. Una voluntaria y una de sus interlocutoras telefónicas, encontrándose por primera vez.

(Captura de pantalla del programa emitido por N12 en la tv israelí)
El voluntario que conversaba con Yolanda por teléfono, va finalmente a visitarla (Captura de pantalla de N12)

 

Y en tono personal

P: Y algo personal Susy…¿cómo llega una ortodoncista a interesarse por algo así? ¿Es simplemente cuestión de sensibilidad social?

R: Me sonrío cuando me haces esta pregunta. Ortodoncia es la profesión que ejerzo desde hace mas de 30 años. Tengo mi práctica privada en Kiriat Ono y además trabajo en dos kibutzim: Gaash y Nezer Sireni.

Me encanta mi profesión que combina medicina, odontología  y estética. Cuando me preguntan sobre mi profesión yo siempre digo que: "trabajo en mi casa y descanso en mi trabajo". 

Mis estudios los realicé en la Facultad de Odontología de Uruguay.

Cuando llegué a Israel tuve el privilegio de trabajar durante tres años con el Prof. Liberman quien fundó la Cátedra de Ortodoncia en la Universidad de Tel Aviv y a él le debo muchos de mis conocimientos. Fui su mano derecha en la práctica privada.

Tomar parte de estos proyectos, quizá sea parte de mi DNA. Parte de mi historia es ayudar. 

P: ¿Esto tiene algo que ver con tu historia personal?

R: Desde que me conozco, es así como me recuerdo siendo hija de padres sordos .Mi primer idioma, antes del español, es el lenguaje por señas. No era fácil tener ese rol, por el contrario, bastante difícil para una niña en los años 60 en aquel Uruguay. Yo quería tener padres como todos los niños y ser ayudada en lugar de tener que ayudar.

Hoy, a la distancia en el tiempo y en el lugar, siendo madre y abuela, sin lugar a dudas esa infancia me dio la posibilidad de ver al prójimo y a mi misma desde otro lugar .

P: Qué emotivo lo que contás Susy.

R: Es que estuve en un lugar que lejos de ser de debilidad es un lugar de infinitas posibilidades.Mi padre David falleció hace más de 10 años y mi mamá vive en Montevideo a sus 83 años divina como siempre.

Si hay alguien por quien hoy siento una profunda admiración es por mis padres.

Con una limitación tan grande, en especial limitación que se traduce en la vida social, pudieron formar una familia, crear un negocio donde mi papá daba trabajo en especial a gente sorda y darnos a mí y a mi hermano una educación a la que siempre estaré agradecida.

Cuando mi papa falleció, mi preocupación fue mi mamá.

P: ¿Cómo lidiaste con esa nueva situación?

R: Pensé qué podría hacer con mi mama además de hablar con ella por la computadora y así surgió el proyecto de vernos una vez por año en alguna parte del mundo que ni ella ni yo conocemos.

La intención era crear en cada conversación un futuro: en lugar de hablar de amigas que están enfermas, gente que fallece o temas propios de la edad, hablamos sobre dónde vamos a hacer nuestro próximo viaje o durante horas recordamos los viajes pasados mandándonos fotos que atestiguan esos momentos.

Susy y su  mamá en Marruecos

 

Así fuimos a Tailandia, Machu Pichu, Polonia, Berlín, Cuba, Panamá, Marruecos, Japón. Tanto ella como yo somos aventureras y nos encanta lo exótico.

Hoy con mi mamá, tenemos un contacto diario, jugamos a las cartas desde nuestras computadoras y proyectamos para "algún día" cuando podamos reanudar nuestros viajes fantaseando con lugares y siempre creando un futuro que llene el corazón.

 

Ana Jerozolimski
(02 Agosto 2020 , 10:32)

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