Mundo Judío

Católicos y judíos: tres visiones, tres voces fraternas

Por Sebastián Sansón Ferrari (*)

(*) Sobre el autor: Sebastián es periodista. Lic. en Comunicación por la Universidad de Montevideo (UM). Corresponsal de la Asociación
Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación (SIGNIS ALC). Colaborador de Vatican News.

 

El vínculo entre católicos y judíos se inscribe en el concepto de diálogo interreligioso, que consiste en los esfuerzos de fraternidad establecidos con religiones, confesiones o grupos no cristianos. El catolicismo es una de las confesiones cristianas existentes, mientras que el judaísmo es otra religión. La celebración de Rosh Hashaná es una oportunidad propicia para ser testigos de la esperanza en medio de la tribulación, confiar y trabajar por un tiempo de paz para el Medio Oriente y el mundo entero y repasar la visión de los tres Papas más recientes.

San Juan Pablo II

Juan Pablo II en Auschwitz (Foto: Vatican Media)

 

San Juan Pablo II acuñó las famosas palabras de “hermanos mayores” refiriéndose a los judíos durante una visita a la Sinagoga de Roma el 13 de abril de 1986: “La Iglesia de Cristo descubre su ‘vínculo’ con el judaísmo, ‘escudriñando su propio misterio’. La religión judía no es ‘extrínseca’ a nosotros, sino que en cierto modo, es ‘intrínseca’ a nuestra religión. Son nuestros amados hermanos y, en cierto modo, se podría decir que son nuestros hermanos mayores”. ¿En qué contexto? Explica la Nostra Aestate (1965), una declaración muy importante del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.

En ese documento se planteaba: “Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno”. Además, establecía: “La Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.

Benedicto XVI

Benedicto XVI en Auschwitz (Foto: Vatican Media)

 

Entre el 8 y 15 de mayo de 2009 Benedicto XVI (hoy papa emérito) viajó a Tierra Santa y el 11 de mayo visitó el Memorial de Yad Vashem en Jerusalén (yad: "memorial"; shem, "nombre"). Allí dirigió un discurso conmovedor: “He venido aquí para detenerme en silencio ante este monumento, erigido para honrar la memoria de los millones de judíos asesinados en la horrenda tragedia del Holocausto. Perdieron la vida, pero no perderán nunca sus nombres: están indeleblemente grabados en el corazón de sus seres queridos, de sus compañeros de prisión que sobrevivieron, y de quienes están decididos a no permitir nunca que un horror semejante vuelva a deshonrar a la humanidad. Sus nombres están grabados para siempre, sobre todo, en la memoria de Dios omnipotente”. Agregó que “la Iglesia católica, comprometida con las enseñanzas de Jesús y decidida a imitar su amor a toda persona, siente profunda compasión por las víctimas aquí recordadas”. Al igual que su predecesor, manifestó la cercanía con quienes sufren una injusta persecución a causa de la raza, el color, la condición de vida o la religión.

Veamos uno de sus pasajes: “Al contemplar los rostros reflejados en el estanque silencioso de este memorial, no podemos menos de recordar que cada uno de ellos tiene un nombre. Solo puedo imaginar la alegre expectativa de sus padres, mientras esperaban con ansia el nacimiento de sus hijos. ¿Qué nombre le pondremos a este hijo? ¿Qué será de él o de ella? ¿Quién hubiera podido imaginar que serían condenados a un destino tan deplorable?”. Evocó el libro de las Lamentaciones, “lleno de significado tanto para judíos como para cristianos”. 

El domingo 28 de mayo de 2006 Benedicto XVI estuvo en Auschwitz y recordó la visita de su predecesor: “El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo que, juntamente con el pueblo judío, tuvo que sufrir más en este lugar y, en general, a lo largo de la guerra: ‘Son seis millones de polacos los que perdieron la vida durante la segunda guerra mundial: la quinta parte de la nación’, recordó entonces el Papa”. También fue “como hijo del pueblo polaco. Yo estoy aquí como hijo del pueblo alemán y precisamente por esto debo y puedo decir como él: No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio”. 

Otro objetivo era “implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios, el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio”. Se detuvo en particular en la lápida en lengua alemana: “Allí emerge ante nosotros el rostro de Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, judía y alemana, que juntamente con su hermana murió en el horror de la noche del campo de concentración nazi alemán; como cristiana y judía, aceptó morir junto con su pueblo y por él”.

Papa Francisco

El Papa Francisco en Auschwitz, junto al emblemático "Arbeit Macht Frei" , símbolo del engaño nazi (Foto: Vatican Media)

 

Durante su viaje apostólico a Polonia, el viernes 29 de julio de 2016 Francisco visitó el campo de concentración de Auschwitz. Esa noche, al saludar a los fieles desde la ventana del arzobispado, dijo que había sido “un día especial, una jornada de dolor”, no solo por el recordatorio de la muerte de Jesús, sino también por la experiencia en el campo de concentración. “¡Cuánto dolor, cuánta crueldad! Pero, ¿es posible que nosotros los hombres, creados a semejanza de Dios, seamos capaces de hacer estas cosas?”, decía. “La crueldad no ha terminado en Auschwitz, en Birkenau”, añadía. “Nosotros decimos: Sí, hemos visto la crueldad de hace 70 años, cómo morían fusilados, o ahorcados, o con el gas. Pero hoy, en tantos lugares del mundo, donde no hay guerra, sucede lo mismo”, expresaba. 

Hoy, en 2020, se conmemoran 74 años de la Shoa y, como católico, percibo con dolor la persistencia de la hostilidad hacia el pueblo judío y el crecimiento del antisemitismo en tantas partes, con rostros tan distintos, pero con el común denominador de la violencia. Por ello, el llamado de Jesucristo en el Evangelio (“Que todos sean uno”) está más vivo que nunca y, gracias a diferentes experiencias de diálogo, he podido comprobar que es más lo que nos une que lo que nos separa. En febrero de 2019 el Papa Francisco firmó en Abu-Dhabi con el Gran Imán de Al-Azhar
Ahmad Al-Tayyeb el Documento sobre la Fraternidad Humana por la paz mundial y la convivencia común. Al respecto, explicaba: “O construimos el futuro juntos o no habrá futuro”. “Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz”, expresaba. 

Sturla y el Premio Jerusalem

El Cardenal Daniel Sturla, Arzobispo de Montevideo, en el acto de entrega del Premio Jerusalem (Foto: Salo Imágenes)

 

El 9 de diciembre de 2019 el arzobispo de Montevideo recibió el “Premio Jerusalem”, un galardón otorgado por la Organización Sionista del Uruguay “por su colaboración y trabajo en la unión de nuestra comunidad y la suya. Estamos orgullosos de dedicar este importante aniversario de 30 años a dar un mensaje de coexistencia y fraternidad, convencidos de que juntos es la mejor forma de construir”. En una entrevista concedida a este semanario comentaba: “En mí obviamente se une lo religioso y lo ‘político’, es decir en el sentido de apoyo a la existencia del Estado de Israel. El deseo sería que se hubiera cumplido la resolución del año 47 de los dos estados, ¿verdad? Y que eso hubiera sido la solución que uno piensa podría haber traído la paz”. Además, mencionaba el valioso trabajo de la Confraternidad Judeo Cristiana del Uruguay “que cumplió 60 el año pasado (2018). O sea que es anterior al Concilio Vaticano II, anterior a Juan XXIII. Es una cosa inusitada”.

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