Mundo Judío

Mi Sinaí

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 68. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 68
Sucot
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 2/10  18.26
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

¿QUÉ PASÓ EN SUCOT?

Por Naftali Silberberg

Más que otra cosa, lo que buscamos en la vida es felicidad. La “eterna juventud” es algo lindo, pero ¿de qué vale si no está acompañada de felicidad? Sin embargo, no importa cuánto hayamos logrado en la vida, material o espiritualmente, para muchos de nosotros la felicidad parece ser algo elusivo. Siempre parece haber una cosa más que necesitamos lograr para ser realmente felices. En verdad, sin embargo, intentar alcanzar la felicidad a través de logros personales o éxitos es como tratar de volverse rico yendo al casino: ¡siempre se está “tan cerca” de ganar un premio! Examinemos la naturaleza de la festividad de Sucot y así resolveremos el misterio de la felicidad.

A primera vista, la festividad de Sucot es bastante extraña. Las otras festividades del calendario Judío conmemoran un evento que ocurrió en esa fecha en particular; pero el 15 de Tishrei no pasó nada que pueda explicar la fijación de una festividad en ese día. Las otras festividades celebran un evento importante que salvó la vida del Pueblo Judío de un grave peligro (como Pesaj, Janucá o Purim), o cambió el curso de la historia judía (como Shavuot), pero Sucot celebra un milagro relativamente “menor”: las nubes de gloria que rodearon milagrosamente a los judíos por 40 años en el desierto. Durante ese mismo período, los judíos también fueron los beneficiarios de otros dos milagros, el Maná y las aguas que salían de la roca – la fuente de agua de Miriam. Sin embargo, estos dos milagros que parecen de mucho mayor importancia que las Nubes de Gloria – los judíos no podrían haber sobrevivido sin comida y agua, pero tenían los medios para erigir tiendas que los protegieran de los elementos – no generan ninguna festividad. 

Y Sucot no es una festividad más, es el más alegre de los tres festivales bíblicos. En las plegarias de la fiesta, a cada festividad se le da una corta descripción: Pesaj es el “Tiempo de Nuestra Liberación”, Shavuot es el “Tiempo de la Entrega de la Torá”, pero Sucot es descripto simplemente como “El Tiempo de Nuestro Regocijo”. De hecho, el Talmud afirma que “quien no vio el Festival de  Extracción de Agua (que se hacía las noches de Sucot en el Templo) no ha visto alegría en su vida”. Hoy, también es costumbre reunirse en las noches de Sucot para cantar, bailar, decir “lejaim” y estar alegre. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón de la tremenda alegría de esta fiesta?

Increíblemente, el secreto de Sucot parece ser su falta de un gran milagro. Todos los milagros (o logros personales) están de alguna forma limitados, causando que la alegría resultante también esté limitada. La alegría está limitada por el alcance del beneficio que el milagro o logro produjeron; y cuando los efectos del milagro o logro desaparecen, la alegría pasa. Es más, hay una afirmación de la Mishná: “Aquel que tiene cien desea doscientos, y el que tiene doscientos quiere cuatrocientos”. Es imposible que uno esté eufórico por un cierto logro cuando hay tanto más que puede lograr.

Por ejemplo, en Pesaj celebramos nuestra libertad. Si, fuimos liberados, pero muchos de nosotros estamos aún horriblemente esclavizados por nuestros trabajos, presión social y (sobre todo) por nuestros impulsos y deseos. Shavuot es sobre la Torá, pero ¿hemos aprovechado totalmente este magnífico regalo que D-os nos dio?

La verdadera felicidad viene de lo que cada judío tiene intrínsecamente; una relación personal con D-os. Esta relación deriva del Alma Divina que cada judío posee y que esperamos fue revelada durante Rosh Hashaná y Iom Kipur. El conocimiento de que no importa cual sea el estado espiritual de un judío, su relación está siempre allí – después de todo un hijo o hija continúa siendo un hijo o hija aun si no siguen exactamente los deseos de sus padres – provoca una alegría increíble. No importa qué, estás conectado a D-os, ¡y a Él realmente le importas!.

Así que en Sucot dejamos la seguridad y el confort de nuestros hogares, reconociendo que la verdadera felicidad no proviene de nuestras casas hermosamente decoradas, de nuestros muebles de estilo o cualquier otra pertenencia o logro. Salimos a la Sucá, que el Zohar llama “La Sombra de la Fé” y nos enfocamos en nuestro valor más importante: nuestra alma divina y nuestra relación especial con D-os.

ELEVÁNDONOS POR ENCIMA DEL MUNDO FÍSICO

[D-os le habló a Moisés para que le diga al pueblo judío] “Deben vivir en cabañas (sucot) durante siete días.” (Vaikrá 23:42)

La Sucá se destaca entre los mandamientos de la Torá por el hecho de que es la única a la que entramos físicamente; la Sucá nos rodea por todos los lados. Esta propiedad de la Sucá es la manifestación de la energía Divina que contiene: la consciencia que D-os existe aparte del mundo y más allá de sus limitaciones.

Se nos enseña que, espiritualmente, la Sucá se deriva de la nube que se producía cuando el sumo sacerdote quemaba incienso en el Sanctasanctórum en Iom Kipur. En tanto que los sacrificios animales se enfocaban principalmente en refinar nuestra alma animal/humana, el incienso expresaba la conciencia interna de nuestra alma Divina. Nuestra alma Divina opera en un plano superior al de nuestra consciencia animal/humana normal. El alma Divina nos permite trascender los límites impuestos en nuestras vidas por nuestra alma animal/humana, cuyo intelecto y emociones están enfocados sólo en cosas físicas. La consigna en la festividad de Sucot es en primer lugar, al construir la Sucá, enfocarnos en la Divinidad ilimitada de D-os, y en segundo lugar, internalizar nuestra consciencia de esta Divinidad tanto por medio de vivir en la Sucá como también al cumplir el mandamiento de sostener y agitar las cuatro especies.

Séfer HaMaamarim Melukat, vol. 1, pág. 175.

NUNCA DEMUELA UNA SUCÁ

Por Yerachmiel Tilles

Una epidemia terrible se desató de Nadvorna cuando Sucot estaba acercándose, y los médicos advirtieron a los ciudadanos que tomaran todas las precauciones higiénicas por miedo al contagio. El juez local, un hombre excepcionalmente diabólico, se enteró de que Rabi Mordejai de Nadvorna acababa de construir una Sucá. Despachó una orden judicial para demolerla, pues contradecía las regulaciones de salud municipales. El Nadvorner Rebe ignoró el mensaje. Luego, una escuadra de policía llegó a su domicilio para advertirle de las consecuencias de su desafío. Él contestó: "Construí mi Sucá para que esté en pie, no para que deba demolerse."

El juez llamó al Tzadik. Cuando esto también fue ignorado, el juez decidió lanzarse personalmente sobre su víctima. Le ordenó al Rabino de manera áspera que desmantelara la Sucá, y le advirtió del severo castigo. Las amenazas no estremecieron al tzadik en absoluto. Éste contestó fríamente con las mismas palabras que les había dicho a los policías: "He construido la Sucá para que esté en pie, no para que deba demolerse" y agregó: "Me gustaría que supiera que Rabi Meir de Premishlan era mi tío abuelo."

El juez voló de rabia: "¿A quién le importa quién era su tío abuelo? ¡Inmediatamente demuela esa cosa!" El Nadvorner serenamente le pidió que esperara un momento, pues deseaba contarle una historia. El juez, sorprendido, asintió, y Rabi Mordejai empezó:

"Un sacerdote tenía diez hijos, todos robustos y fuertes como cedros. Y poseía un parque grande y bonito, lleno de árboles encantadores. Un día decidió que agregaría gracia a este bosquecillo, plantando un poco de flores en el jardín contiguo. Arrancó algunos de sus árboles, y en su lugar plantó perfumadas flores. Pero cuando el trabajo estuvo terminado sus hijos cayeron enfermos. Primero el mayor se debilitó y murió, entonces el segundo, y así sucesivamente, hasta que el más joven cayó enfermo. El sacerdote estaba desesperado. Convocó a los doctores más especialistas, e incluso los hechiceros fueron consultados, pero sin efecto. Varias personas le aconsejaron que visitara a Rabí Meir de Premishlan. ¿Quién sabe? Quizás la salvación podría venir a través de él, pues tenía reputación de hombre santo. No tenía ninguna alternativa. Así que con el corazón destrozado viajó a Premishlan. Llegando allí le contó al Rebe todo lo que había ocurrido - y que ahora incluso su último hijo estaba mortalmente enfermo, y ningún médico podía curarlo. Sólo el Cielo podría ayudarlo.

"Usted tenía un jardín bonito lleno de árboles graciosos", Rabi Meir dijo, "pero debido a que quiso un jardín de flores, usted cortó los árboles de Di-s. Y es por eso que Él ha cortado sus árboles, "pues el hombre es un árbol del campo". Pero aún estamos a tiempo. Su hijo será ayudado desde el Cielo, y se curará pronto". El Tzadik oró a Di-s para que sanara el joven, y que Su Nombre se santifique. La Plegaria fue aceptada, y el hijo se convirtió en adulto.

"Quiero que sepa", Rabi Mordejai concluyó su historia, "que usted es el hijo de ese sacerdote. Dígame, ¿es esta la manera en que usted devuelve la compasión que mi tío abuelo le concedió salvando su vida?"

El juez cayó a sus pies, y lloró. "¡Es verdad, reconozco todo!" sollozó. "Perdóneme, Rabino, por lo que le he hecho. ¡Puede construir diez de esas cosas - pero sólo si me promete que me perdonará!" La promesa fue dada, el juez se retiró, y el Rebe de Nadvorna disfrutó su Sucá en paz.

LAS FESTIVIDADES

 

“Y te regocijarás en tus festividades”, nos dice la Torá. “¡Muy simple: ponte contento!”. Pero ¿qué festividades? El calendario judío tiene cuatro festividades bíblicas: Pesaj, Shavuot, Sucot, y Sheminí Atzeret (Simjat Torá), cada una de las cuales posee un mensaje singular y reglas específicas. Sin embargo, todas las festividades tienen en común varias costumbres:

a. Las honramos vistiendo nuestra ropa más fina y preparando la jalá más deliciosa (o matzá, en Pesaj).

b. Disfrutamos de ellas sirviendo grandes banquetes, incluso, más que en Shabat. Se sirven dos comidas al día, una de noche y otra de día, se comienza con el kidush y la jalá y se continúa con carne (si te gusta) y demás exquisiteces.

c. Las celebramos dándoles golosinas a los niños. Asimismo, los maridos les compran ropa fina y joyas a sus esposas (cada uno de acuerdo con sus posibilidades). Y los hombres beben vino, tal como está escrito: “El vino alegra el corazón de los hombres”. También, hacemos todo lo posible por tener invitados y, en especial, invitados pobres o gente que sufre de otra clase de aflicciones.

d. Las mujeres y las niñas encienden velas para darle la bienvenida a la festividad y recitan plegarias especiales.

Restricciones Laborales

Casi todas las actividades que están prohibidas en Shabat también están prohibidas en las festividades: por ejemplo, está prohibido operar artefactos eléctricos, ir al trabajo, conducir, escribir o manipular dinero. Pero hay excepciones. A continuación, algunas de las actividades permitidas:

· La mayoría de las actividades necesarias para la preparación de la comida, como amasar, hornear y cocinar (en una cocina que quedó encendida desde antes del inicio de la festividad).

· Encender un fuego a partir de una llama ya existente.

· Transportar en el dominio público.

Nota:

Todo lo dicho se aplica a los dos primeros y los dos últimos días de Pesaj, ambos días de Shavuot, los primeros dos días de Sucot y los dos días de Sheminí Atzeret y Simjat Torá. Pero en los “días intermedios” de Pesaj y de Sucot se aplican reglas distintas, mucho menos restrictivas.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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