Mundo Judío

Mi Sinaí

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 70. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 70
Bereshit
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 16/10  18.42
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

¿PEDISTE NACER?

Por Yanki Tauber

Había una vez un pueblo lleno de gente malhumorada. Todo el día se paseaban con esos rostros agrios, todos quejándose de sus problemas, todos envidiosos de los éxitos de su vecino.

Un día llegó al pueblo un anciano sabio. Reunió a todos en la plaza del pueblo y les dijo: “Quiero que cada uno vaya y traiga la posesión más preciosa, la cosa que aprecian más en la vida y la pongan aquí en el medio de la plaza.” Pronto había una gran pila de bultos y paquetes, de todos los colores y tamaños en el centro de la plaza del pueblo.

“Ahora”, les instruyó el sabio, “que cada uno elija para sí cualquiera de esos regalos. La elección es suya, cualquier paquete que quieran.”

Todo hombre, mujer y niño del pueblo hizo exactamente lo mismo. Cada uno eligió su propio paquete.

La Torá, como todos sabemos, comienza describiendo la creación de D-os de los cielos y la tierra, los continentes y los océanos, la vegetación y la vida animal. Luego, en el versículo 26, procede a la creación del hombre: “Y dijo Elokim: “Hagamos un hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza...” 

¿Hagamos? Hasta este punto, y desde aquí hasta el resto de la Torá, se habla de D-os como la máxima singularidad. Él es el Jefe, el origen exclusivo y causante de todo. Pero en esta única ocasión hay un nosotros, un coro de opiniones, una sala de juntas superna ante la cual el Creador plantea una propuesta y solicita aprobación.

¿Con quién consultó D-os cuando deseó crear al ser humano? Nuestros sabios ofrecen varias explicaciones. Una es que D-os le preguntó a los ángeles, para atemperar sus críticas posteriores por las faltas del hombre mortal. Otra explicación es que D-os estaba involucrando a todos los elementos del universo, o a todos los aspectos de Su ser potencialmente infinito, en la formación del alma multifacética del hombre. Todas estas explicaciones, por supuesto despiertan al menos tantas preguntas como las que responden. De hecho, es con respecto a este versículo en particular que los sabios han dicho: “La Torá lo dice así; todo el que quiera malinterpretarlo, que lo malinterprete...”. Obviamente, hay un mensaje importante para nosotros aquí, suficientemente importante para que la Torá insista en esta forma de expresión, a pesar del hecho de que permite (¿o alienta?) el malentendido.

Pero hay una interpretación de este versículo que nos presenta el enigma de una paradoja. El Midrash ofrece la siguiente explicación: “¿Con quien Él consultó? Con las almas de los justos” (Midrash Rabah, Bereshit 8:7) D-os le está preguntando a un comité de almas humanas ¡si Él debería crear el alma humana!

La trama se complica. ¿Quienes son esos “justos” (tzadikim) con quien D-os consulta? De acuerdo al profeta Isaias “Tu pueblo son todos tzadikim” (Isaías 60:21). Cada uno de nosotros posee el alma de un tzadik (independientemente de hasta qué punto le permitimos expresarse). En otras palabras, D-os nos preguntó a todos y cada uno de nosotros si deseábamos ser creados, si elegíamos aceptar el desafío de la vida en la tierra. Solo entonces procedió a crearnos.

Preguntarle a un alma si desea ser creada suena como algo contradictorio, pero de hecho esta paradoja resuelve una paradoja mucho más profunda, la paradoja del decreto divino y la elección humana.

D-os siempre nos está diciendo que hacer. De hecho la misma palabra Torá significa “instrucción”, y eso es lo que básicamente es la Torá, una serie de instrucciones de lo Alto. Aun así se nos dice que “un principio fundamental de la Torá” es que “al hombre se le otorgó libertad de elección”. ¿Cuáles son exactamente nuestras elecciones si D-os nos está instruyendo constantemente?

La pregunta es aún más profunda. Asumamos que, en cualquier situación dada, bajo cualquier circunstancia, la elección es nuestra sobre cómo deberíamos actuar. ¿Pero qué tipo de elección es esta, si nadie nos preguntó si queríamos estar en esa situación o bajo esas circunstancias en primer lugar? ¿Qué tipo de elección hay aquí, si no elegimos si se nos debería presentar o no esa elección?

Por esto la Torá nos revela este secreto maravilloso: la máxima elección fue hecha por nosotros, incluso antes de que existiéramos. Antes que D-os emanara tu alma y la exhalara en tu cuerpo, se te preguntó si tú querías ser. Por lo que en toda situación en la que te encuentres, en todo desafío que enfrentes en la vida, tú estás allí porque tú elegiste ser puesto en esa vida.

Vamos por la vida quejándonos “¡Yo no pedí nacer...!”. Pero miles de veces al día refutamos esa afirmación. Con incontables elecciones y acciones, afirmamos que la vida que tenemos es la vida que queremos.

Por supuesto que lo hacemos. Después de todo, así lo elegimos.

 

APRENDIENDO DE LOS FRACASOS

[D-os le dijo a Caín] “Si haces el bien, serás perdonado.” (Bereshit 4:7)

El verdadero fracaso de Caín fue que no aprendió de la respuesta positiva de D-os a Abel, quien había ofrendado de sus mejores animales. Si Caín hubiese presentado una segunda ofrenda, esta vez de lo mejor de su cosecha, D-os lo hubiera perdonado y la hubiese aceptado. Aquí D-os intentó enseñarle que si una persona aprende de sus errores, puede comenzar de nuevo. Sin embargo, Caín rechazó admitir su error. Convencido de la rectitud de su acción, sintió que si Abel era eliminado, su propio punto de vista necesariamente prevalecería.

Nuestro desafío, también, es aprender de nuestros errores en vez de rechazar tercamente admitirlos e incluso racionalizarlos. Al aprender de nuestros fracasos, podemos transformar a cada uno de ellos en un ímpetu para un mayor crecimiento espiritual.

Likutei Sijot, vol. 15, pág. 22.

Génesis (Bereshit) 1:1 – 6:8

El nombre de la primera sección del libro de Génesis está tomado de sus primeras palabras, “En el comienzo” (Bereshit en Hebreo), y comienza con la creación del mundo por parte de D-os. La Humanidad fue creada con la capacidad de elegir entre el bien y el mal, pero los primeros humanos, Adán y Eva, hicieron mal uso de este don, lanzando a la humanidad a un camino de degeneración moral creciente. Eventualmente, fue necesario establecer un nuevo orden y darle al mundo un nuevo comienzo.

SABIOS DE ISRAEL

RABÍ IEHUDÁ HALEVÍ (EL "CÚZARI") (1074-1141)

Rabí Iehudá HaLeví (1074-1141), el famoso poeta judeo-español, sumaba a sus inmensas dotes de poeta también las de filósofo y pensador de gran renombre.

Una de sus obras que mayor fama alcanzó en este campo fue, indudablemente, el Sefer HaCúzari; en el que Rabí Iehudá expone y explica los fundamentos más vitales de la religión judía, iluminando el secreto de la supervivencia del pueblo judío y su posición en la historia universal.

La trama del libro nos refiere una discusión sostenida entre el rey de los Cázares (o Jázaros) y un Sabio judío, titulado Jaber en la obra. A fin de mantener su exposición utilizando este tipo de sistema, Rabí Iehudá HaLeví aprovechó un suceso ocurrido cientos de años antes, cuando el Rey de los Cázares abrazó junto a todo su pueblo la fe mosaica, adhiriéndose a la misma con fervorosa unción.

Los Cázares eran un pueblo valiente, residente junto al Río Volga, hacia el sur de la actual Rusia.

¿Qué es lo que motivó a Rabí Iehudá HaLeví a escribir su libro? La respuesta es harto simple. Rabí Iehudá vivía en un Estado en el que eran bastante frecuentes los debates entre los representantes de las religiones gobernantes, es decir, la islámica y la cristiana.

Estos trataban, a su vez, de arrastrar a estos debates a representantes de la religión judía, por cuanto ambas partes reconocían en la Torá su libro sagrado a pesar de que ello no les impidió interpretarla según sus intereses y conveniencias, haciéndola concordar con sus fundamentos religiosos.

El autor recalca una y otra vez que el judaísmo no es simplemente una filosofía, sino que se trata de un modo de vida práctico y realista. "Lo fundamental no es la retórica de la teoría, sino la práctica de la acción, es decir, la observancia de los preceptos Divinos con corazón sincero."

¡ESTE ES MI SEFER TORÁ!

Por Ruth Benjamin

Henryk era muy pequeño en 1945, cuando la Guerra acabó y los sobrevivientes intentaban rastrear frenéticamente a sus parientes. Había pasado la mayoría de su vida con su niñera que lo escondió de los Nazis por pedido de su padre. A pesar del gran riesgo, la mujer lo hizo pues amaba al niño.

Todos los judíos fueron asesinados, y la niñera de Henryk no pensó que el padre, Joseph Foxman, sobreviviría la destrucción en Auschwitz. Por consiguiente decidió adoptar al chico, bautizándolo en la Iglesia y enviándolo a estudiar catecismo con el sacerdote local.

Era Simjat Torá cuando su padre vino a buscarlo. La niñera acongojada empacó su ropa y su libro de catecismo, enfatizando al padre que el muchacho se había vuelto un buen católico. Joseph Foxman tomó a su hijo de la mano y lo llevó directamente a la Gran Sinagoga de Vilna.

En el camino, le dijo a su hijo que era judío y que su nombre era Abraham. Cuando pasaron por la iglesia y el muchacho se persignó reverentemente. Su padre, a pesar de la gran angustia, no dijo nada. Tenía que mostrar a su hijo su Judaísmo, el Judaísmo viviente, y de esta manera recuperaría su esencia.

Entraron en la Gran Sinagoga de Vilna, ahora un remanente del pasado, de la era de una vida judía vibrante. Allí encontraron a algunos sobrevivientes judíos de Auschwitz que habían llegado a Vilna y trataban de reconstruir sus vidas y su espíritu judío. En medio de la severa realidad de su sufrimiento y las pérdidas terribles, estaban cantando y bailando con alegría, celebrando Simjat Torá.

Abraham miraba con sus ojos muy abiertos a su alrededor y tomó un Sidur andrajoso con un toque de afecto. Algo de muy adentro respondió a la atmósfera, y él estaba contento estar allí con su padre. Sin embargo, se negó a unirse a la danza.

Un hombre judío que lleva un uniforme del Ejército soviético no podía apartar la vista del muchacho, y se acercó a Joseph. "¿Este niño es... judío?" Preguntó, con un toque de temor en su voz.

El padre contestó que el muchacho era judío y se lo presentó. El soldado miró fijamente a Henryk-Abraham, y luchó para detener las lágrimas. "Durante estos cuatro años terribles, he viajado miles de millas, y este es el primer niño judío vivo que veo en todo este tiempo. ¿Te gustaría bailar conmigo sobre mis hombros"? Le preguntó al muchacho que lo miraba fascinado.

El padre le dio permiso, y el soldado alzó al niño en sus hombros. Con lágrimas rodando por sus mejillas y con su corazón lleno de alegría, el soldado se unió en la danza.

"¡¡¡Este es mi Sefer Torá!!!" Lloró con emoción.

Abe Foxman, el director nacional de la "Liga de Anti-difamación" -el Abraham de nuestra historia- recuerda esto como su primer sentimiento consciente de una conexión con el Judaísmo y de ser un judío.

SHABAT MEVARJIM

Cada shabat bendice la semana que le sigue. El trabajo espiritual que hacemos en ese día de descanso nos recarga de bendiciones que nos durarán los próximos seis días. Una vez al mes, sin embargo, tenemos la oportunidad de recargarnos con más bendiciones, aún.

Shabat Mevarjim

El shabat previo al comienzo del nuevo mes judío, Rosh Jodesh, se conoce como Shabat Mevarjim, “Shabat en el que bendecimos”. En este día, recitamos una bendición especial para el nuevo mes y, durante el servicio en la sinagoga, anunciamos la fecha o fechas de Rosh Jodesh.

La mañana de shabat, luego de la lectura de la Torá, el jazán sostiene el rollo de la Torá entre sus brazos y recita:

Él, que milagrosamente redimió a nuestros padres de Egipto y les concedió la libertad, nos redima prontamente y reúna a nuestros dispersos desde los confines de la tierra para reestablecer la armonía en Israel, Amén.

Rosh Jodesh (nombre del mes) empezará el (día de la semana). Que este mes entrante nos traiga bienestar.

Que el Santo, bendito Él, renueve este mes para nosotros y para todo Su pueblo de Israel. Concédenos la vida y la paz, Amén, el júbilo y la alegría, Amén, la salvación y el consuelo, y digamos todos Amén.

Por lo general, esta oración es precedida por el anuncio de la hora del día en que acontecerá el molad, el horario estimado en que tendrá lugar la luna nueva. Muchas congregaciones comienzan el rezo con las palabras iehí ratzon,“Sea tu voluntad”.

Otras Conmemoraciones

En el verano de 1935, cuando la sombra del comunismo y el fascismo cubría Europa, el sexto Rebe de Jabad, Rabi Iosef Itzjak Schneersohn, instruyó a sus jasidim sobre el máximo aprovechamiento que debían hacer del Shabat Mevarjim. Les ordenó que se reunieran temprano por la mañana para recitar todo el Libro de Salmos seguido del kadish. Luego, debían estudiar un relato jasídico y, al terminar el servicio, el Rebe los alentó a realizar un fabrengen, una reunión informal, en la que debían cantar melodías y compartir pensamientos sobre la Torá. De esta manera, los jasidim se inspirarían los unos a los otros para fortalecer su servicio a D-os.

Consideraciones Especiales

Los rezos de Shabat Mevarjim no se dicen el shabat previo al mes de Tishrei. La tradición jasídica, que se remonta a los tiempos de Rabi Israel Baal Shem Tov, nos enseña que ese mes, que marca el comienzo del año, es bendecido por D-os, y así, le permite al pueblo de Israel que bendiga los siguientes once meses. El recitado de salmos y las reuniones jasídicas se realizan como de costumbre.

Por lo general, en Shabat Mevarjim omitimos el rezo Av Harajamim en el que le pedimos a D-os que vengue la sangre de los mártires judíos que cayeron a lo largo de la historia. Sin embargo, el shabat previo al mes de Sivan, sí recitamos esta plegaria, ya que fue durante este mes que en la época de las Cruzadas y del levantamiento de Chmielnicki ocurrieron grandes masacres.

Cuando Rosh Jodesh cae en shabat, o shabat y domingo, Shabat Mevarjim tiene lugar el shabat previo.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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