Entrevistas

Con César Bianchi hablamos de Sugar Daddy

Cronista freelance en medios de América Latina. Máster en Periodismo Digital y Máster en DirCom. Corporativa.

Libros publicados: 2008, Mujeres Bonitas 2013,  A lo Peñarol, 2014, Muertos acá nomás y ahora  Sugar Daddy

Periodista. Máster en Dircom y Máster en Periodismo Digital.

-¿Por qué escribir sobre Operación Océano?

-Porque fue uno de los temas más importantes del año, si dejamos a un lado el omnipresente Covid-19 en todo el mundo. Porque es la investigación del caso de explotación sexual de menores más grandes del país. Y porque quería saber mucho más de lo que me mostraban los titulares de los diarios o las noticias que salían en el noticiero. Quería reconstruir el perfil de las principales víctimas, saber quiénes eran los imputados y qué los movía, y qué diferencias ideológicas y de interpretación legal tenían las fiscales y los abogados de los imputados. En definitiva: por curiosidad.

-¿Por qué se llama Operación Océano?

-El nombre del operativo, del caso, se lo puso un policía, uno de los policías que estuvo al frente de la investigación. Como cuento en el libro, al hallar el cuerpo de una víctima menor de edad -a quien llamo Amanda- en el arroyo Solís Chico, de su cuello colgaba una cadenita que decía "The ocean is a friend of mine", el océano es amigo mío. Por esa leyenda bautizaron el caso Operación Océano.

- ¿Qué es un sugar daddy? ¿Por qué una adolescente se prostituye para tener ropa nueva  o entradas para una fiesta electrónica?

-Son dos preguntas. La primera la puedo contestar: un sugar daddy es un hombre adulto, solvente económicamente, de buen pasar y por lo general, profesional. Entabla contacto con una sugar baby, que es una joven muchos años menor que él. El contrato tácito que se da es que mantienen un vínculo, que incluye sexo, y para que el sugar daddy obtenga la atención y las caricias de una sugar baby, éste le debe dar algo a cambio, ya sea en dinero, regalos o viajes. Se sobreentiende entre ambos que de no mediar un pago, la chica joven no aceptaría estar con el hombre adulto. 

La segunda pregunta es bastante más difícil de contestar. Para empezar, al tratarse de menores de edad no se puede hablar de prostitución, porque el trabajo sexual está regulado y reglamentado desde los 18 años, nunca antes. Candela, la principal víctima, dice en la entrevista que le realicé y cierra el libro que ellas buscaban sugar daddies para "tener plata fácil".

-Contame un poco la cocina del libro. Quiero que le cuentes a los lectores por qué deberían leerlo.

-Porque, creo, aporta una serie de matices desconocidos hasta ahora y que ayudan a comprender mejor la historia. Tiene algunos diferenciales como una entrevista con el único imputado que está en prisión preventiva en el Comcar, sospechado de proxenetismo, además; una entrevista exclusiva con la principal víctima del caso; revela pasajes del diario íntimo de Amanda, la chica que apareció muerta en el arroyo Solís Chico, y varias entrevistas con los imputados. Cuenta una historia difícil de entender, que tiene muchas aristas y las aborda todas. 

-El tema se hace público con la muerte de Amanda, ¿si no ocurría una muerte esto no se investigaba de esa forma?

-Hay dos episodios claves para el inicio de la investigación. Uno es el hallazgo del cadáver de Amanda, sí. El otro es una riña callejera entre HDS, alias "el Paraguayo", y dos jóvenes (Candela, entonces menor de edad, y Soraya, mayor de edad) en una calle de Punta del Este. Tras este segundo episodio y por una denuncia de extorsión de HDS, las fiscales perician el teléfono celular de Candela y allí comienzan a aparecer los chats comprometedores, los contactos y las transacciones. Las fiscales unen un caso con el otro y allí comienzan las detenciones de los sospechosos. La muerte de Amanda es clave para el inicio de la investigación, sí.

-Al leer el libro y al escuchar lo que se debatió en la sociedad, percibí la existencia de dos bandos: unos que decían que “las chicas parecían mayores” y por ende, los imputados fueron estafados en su buena fe y el otro bando que los acusaba de “explotación de menores” y que sufrirían consecuencias no solo por parte de la justicia sino que sociales y laborales en algunos casos. ¿Cómo se da esta polarización?

-Es algo que deberá resolver la Justicia, si le cree a las fiscales que entienden que los 33 imputados (uno ya fue condenado en juicio abreviado) son culpables de explotación sexual, cuando la mayoría de ellos sostienen que no sabían que eran menores, y fueron engañados en su buena fe, dado que ellas mentían la edad, presentaron cédulas de identidad que no les correspondía a ellas, y mentían su educación (decían ir a facultad, cuando no habían terminado el liceo). Acá hay tres grupos de imputados: los que no tuvieron sexo con ellas y ni siquiera tuvieron un encuentro, es decir, nunca las vieron, solo chatearon con ellas; los que sí tuvieron sexo con ellas, pero entendiendo que trataban con mayores de edad; y los que sabían que eran menores de edad y no les importó, siguieron adelante como si nada. Estos últimos están más comprometidos, claramente. Es obvio que la responsabilidad penal no puede ser la misma.

-Al leer los testimonios de los imputados, suenan a que no entienden que es un delito tener sexo con intercambio de regalos o dinero con menores de edad. ¿Qué comentario te merece esto?

-Sí, lo entienden. Pero hacen hincapié en que ellas publicaban avisos en sitios para adultos u ofrecían encuentros en apps para adultos. Los que sabían que eran menores no tienen cómo zafar. Y la ignorancia de la ley no es excusa.

-¿Cuáles son los motivos que inducen a chicas como Candela y Amanda entrar en este círculo de prostitución? Al leer tu libro, queda claro que las chicas no buscan un sugar daddy por necesidades económicas porque eran chicas de hogares de clase media.

-Me remito a la respuesta de Candela en la entrevista que le realicé: "para agarrar plata fácil, por el dinero". 

-Una de las chicas tenía en su cuarto libros de Cortazar y de Tolstoi, ¿esto te llamó la atención?

-Amanda, la chica que apareció muerta. No me llamó la atención, porque -como dije- eran jóvenes de clase media, con educación, con una familia detrás. También digamos que podía ser de un contexto crítico e igualmente ser amantes de la lectura, aunque esto sea más difícil o menos común.

-Lo que expones en el libro, es un llamado de atención para los padres de adolescentes de todos los hogares, porque estos testimonios muestran que es muy fácil ingresar en estas redes de prostitución y explotación infantil. ¿Qué les dirías a los padres?

-No soy quién para aconsejar a padres, entre otras cosas porque yo no lo soy. Pero me remito a un mensaje de la propia fiscal Darviña Viera: cuiden a sus hijos, estén más presentes y vigilantes del uso que hacen sus hijos menores de sus redes sociales y de los estímulos audiovisuales que les llegan por redes, apps, Whatsapp o YouTube.

-Contame de la entrevista con Candela. Más allá de los delitos y la responsabilidad de los adultos, ¿Qué opinas de las consecuencias para las chicas a nivel psicológico y personal?

-Me consta que todo el caso le ha afectado mucho a Candela quien, de todos modos, ya de antes tomaba mucha medicación. Tras explotar el caso, me confesó, quiso matarse. Hoy está siendo más sostenida y apoyada por su familia, y eso es buena cosa. 

Janet Rudman
(11 Diciembre 2020 , 14:10)

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