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Tapabocas israeli Sonovia que neutraliza 99.35% del coronavirus en Uruguay

Por Leonardo Levinas

Durante el verano de 2020, mientras los informativos mostraban el paisaje apocalíptico que sucedía en Wuhan y Europa, en Uruguay mirábamos aquello como una serie de Netflix demasiado realista que aún estaba lejos y que por aquello de que acá todo llega tarde, pensé, quizás este tornado nos amague y siga curso para otras latitudes.

Siempre fui muy inquieto y mientras veía los informativos de la DW, la BBC y algunos de Asia me llamaba la atención la pasividad con que se tomaba el tema aquí. Lo comentaba con amigos y familiares: Eso no es Marte, es Europa y China y acá tenemos vuelos diarios desde Europa con conexiones a China!!.

En marzo cuando un avión de España nos despertó de aquel sueño de verano, todo se convirtió en miedo. Todos eran sospechosos de portar a este siniestro espía que usa una corona y que siembra el pánico en cada país que visita.

Muchas iniciativas públicas y privadas ya comenzaban la carrera para construir respiradores improvisados, el alcohol se agotaba en las góndolas y la incertidumbre se adueñaba de nuestras mentes.

Yo estaba terminando las últimas materias de la carrera de Diseñador Industrial en la EUCD-FADU y también quería hacer algo y rápido. Había que aportar soluciones, no problemas. Me dispuse a construir un respirador lo más simple posible, una especie de CPAP que fuese muy económico y construido con piezas estándar para poder ser replicado en cualquier país del tercer mundo. Y quería que fuese portable, que fuera la herramienta de primera atención antes de la internación. 

Leí cuanta información pude encontrar sobre estos equipos, además de fisiología y tipos de tratamientos. Me interioricé además en las mascarillas, tipos y funciones y mil cosas más. Y como soy instructor de buceo en ratos libres, ya conocía alguna parte de los principios de funcionamiento. Lo cierto es que no es fácil diseñar un equipo de este tipo. Al menos llegué a hacer una maqueta funcional de un sistema que funcionaba con aire suministrado por un equipo de buceo adaptado y botellasde PET con agua que hacían contrapesos. Era grotesco, pero había que probar.

También empecé a diseñar una mascarilla de PET asesorado por una empresa de plásticos en Buenos Aires. Durante la exploración me topé con varias iniciativas dentro de las cuales había una empresa israelí que no solo decía que tenían una máscara que eliminaba este virus, sino que estaban haciendo los ensayos en laboratorios independientes de Europa y China. Estaban en la prensa, Wall Street Journal, New York Times, Business Insider y los sitios israelíes.

Ahí había un paliativo y los titulares decían EMPRESA ISRAELI SONOVIA DESARROLLÓ UNA MÁSCARA QUE SE AUTOESTERILIZA INACTIVANDO 99% DEL CORONAVIRUS SARS-COV2, ADEMAS DE BACTERIAS Y HONGOS. 

Es que desde el año 2013 Sonovia venía desarrollando un sistema para infundir tejidos con materiales que matan virus y bacterias. El objetivo era proveer a centros hospitalarios, textiles más seguros para el personal médico y los pacientes reduciendo la contaminación intrahospitalaria. 

Cuando aparece el COVID, la empresa rápidamente vuelca sus esfuerzos a combatir la pandemia y desarrolla y testea diversos materiales capaces de filtrar e inactivar este virus. Yo me puse en contacto con ellos.

Con el patrocinio del fondo HORIZON de la EU y muchas horas de trabajo y ensayos Sonovia llegó a la “fórmula mágica”. Un textil que puede ser usado en un tapabocas, que filtra las micro-gotas que contienen virus y que los elimina definitivamente sin aplicar ningún químico. 

El equipo de Sonovia que desarrolló y patentó la tecnología; y que incluye al Premio Nobel de Química Prof. Sidney Altman; quería que fuera lavable para evitar la enorme contaminación de los ecosistemas que están produciendo las mascarillas descartables de textiles plásticos como el TNT y que fuese de baja resistencia a la respiración, es decir que sea cómodo para las personas que deben usar tapabocas muchas horas o incluso hacer deportes. 

En pocos meses lograron testear el material en laboratorios independientes de la Comunidad Europea y China. No fue fácil ya que muy pocos laboratorios en el mundo ofrecen testear materiales con virus activos, por el riesgo que implica.

La SONOMASK tiene dos capas de textiles que se auto esterilizan en solo 30 minutos eliminando 99.35% del Sars-Cov2. Además filtra el 98% de las partículas mayores de 5μm capturando micro-gotas según la recomendación de la OMS. Estas micro-gotas que emitimos cuando respiramos son la principal vía de transmisión del coronavirus, causante del COVID-19 de acuerdo al CDC de Estados Unidos (CDC, 2020).

En Uruguay la Sonomask se comercializa a través de Mercadolibre Uruguay +info en bit.ly/tapabocasantivirus    

Explicar el principal beneficio de la SONOMASK 2.0 es muy importante en este momento cuando se están reportando casos de infecciones bacterianas adicionales al COVID por el uso de los tapabocas de tela.

Los ensayos realizados para Sonovia indican que cada vez que un usuario se quita la SONOMASK, ésta continúa un proceso de inactivación de bacterias y virus. A los 30 minutos ya habrá eliminado el 99.35% del Sars-Cov2 que pueda haber quedado expuesto sobre el tejido, reduciendo el gran riesgo de contaminación cruzada.

La tecnología patentada de SONOVIA utiliza energía ultrasónica para infundir textiles a través de un proceso sostenible, otorgando propiedades antivirales, antimicrobianas, antifúngicas y antiolor duraderas a pesar de los lavados.

Su fórmula a base de óxido de zinc, crea una reacción que modifica la estructura de las bacterias y virus, inactivando y asegurando que tanto la persona que usa la SONOMASK como quienes los rodean estén más protegidos.

La eficacia fue testeada asegurando sus propiedades durante al menos 55 lavados equivalente aun año de uso. Se lava solo una vez a la semana.

Al contrario, un tapabocas de algodón cuando se quita sigue húmedo y tibio. Contiene microorganismos del propio usuario además de los microorganismos de otras personas alrededor nuestro que se posan sobre el tejido y que pueden contener hasta el mismo coronavirus. Este es el ambiente ideal para reproducir microorganismos y si le sumamos que a veces colocamos el tapabocas en el bolsillo o sobre el mentón, cuando nos volvamos a colocar el mismo, éste se transforma en el combo ideal para una posible infección bacteriana o viral. 

El personal de salud conoce muy bien este efecto, por ello utilizan material descartable y lo cambian al menos cada 8 horas. Para un usuario no médico que quiera usar descartables, es un alto costo diario además de las serias implicancias a nuestro medioambiente, que desgraciadamente está pagando el costo de nuestras acciones.

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