En comunidad

Sonsol somos todos

Otro merecido homenaje

Por Ionatan Was

Me siento frente a la pantalla y pienso: ¿qué puedo decir que no se haya dicho antes, aunque sea en pocas palabras? ¿Qué puedo aportar al lector que no haya visto, ni leído, ni aun escuchado? Que ahora sí parece que el Covid está a la vuelta de la esquina, tan lejano parecía. O acaso repetir lo de la radio, donde el periodista Mauro Mas dice ahora mismo: “Falta alguien en Uruguay”. Cuánta razón que tiene. En estas pocas horas que pasaron de la tardecita del jueves, se dijo casi todo. En el mismo portal de Semanario Hebreo Jai aparecieron unas cuantas reflexiones, anécdotas, entrevistas, semblanzas, que lo definen tal cual es. Ya su vida fue repasada una y otra vez, sus relatos, sus broncas. En lo personal, le dediqué una nota en marzo de cinco años atrás, luego que ganara el Premio Iris de Oro (los premios que se entregan a las figuras del medio de la radio y la televisión, interrumpidos en 2019).

              Me enteré de la noticia viendo el Defensor Rentistas de ayer. Minutos antes de terminar el partido, un crespón negro bien visible se coló en la pantalla. Ahí pensé lo peor: que Alberto Sonsol se había ido a mejores mundos. La lluvia a través de la ventana se veía como un anticipo de llanto. Unos segundos después, el relator dio la noticia, y luego lo que todos sabemos. Los medios de comunicación sin excepción llenaron titulares con la noticia. Hoy viernes, vísperas de Pesaj, en la radio Sport 890 —y donde estuvo por casi veinte años— lo recordaron con entrevistas a gente que lo conoció y que lo trató, periodistas que de él recibieron una primera oportunidad, pero en especial, lo recordaron con relatos inolvidables, aunque no pusieron aquel del “Baruj Hashem” de un Nacional San Lorenzo por una Sudamericana. Algo parecido seguramente pase en los programas de la tarde de El Espectador, donde Sonsol trabajó en los últimos cuatro años, y donde seguramente seguirán estando sus hijos Lali y Diego.

              

            Con todo esto, me animaría a afirmar que Alberto Sonsol fue la figura judía, no más importante, pero sí más influyente a nivel popular en lo que refiere a la historia judeo uruguaya. Lo intuía en los últimos años con la llegada enorme que tenía sobre la gente, a partir de la omnipresencia en los diversos programas de tele y radio; programas de diversa índole, además. Y lo confirmé —esto de la figura judía— en las últimas horas. No hubo personalidad que permaneciera indiferente a esta desgracia. 

            

              Fue una desgracia, sí, qué otra cosa se puede decir cuando un tipo se va a los sesenta y pico de años, tan jóvenes y rebosantes, y así tan de repente, en el mejor momento, y sin que la pandemia maldita te dé tiempo de nada. Qué injusta es la vida a veces.

              No hubo personalidad indiferente, ni institución tampoco. Entre hoy y ayer, en forma virtual, prácticamente no hubo club de básquetbol y fútbol que no haya lamentado la noticia, reverenciando la figura de Alberto Sonsol. Tampoco faltaron jugadores (y de los más famosos, Suárez, Godín, Forlán entre otros) ni periodistas, ni otros famosos uruguayos. Muchas veces recordando alguna jugada, algún gol que haya relatado Alberto, con esa pasión enorme que le ponía.

              A nivel de pueblo no hay twitter, pero sí hay redes sociales, y en especial está el comentario de la calle, la voz en la feria, el murmullo del súper. Para bien o para mal, todos lo recordaron a su modo, tales eran los sentimientos que Sonsol generaba en la gente, con ese paroxismo que insuflaba en las discusiones y en los relatos. Sanguíneo, impetuoso, polémico como él solo. Muchos lo amaban, y otros menos no lo querían nada. Pero seguro que en algún punto, se habían formado una opinión de aquel personaje, que tan uruguayo era. Cómo no iban a hacerlo, si además era un showman por excelencia.           

              Mi relación con Sonsol es igual al de la mayoría. No lo conocí personalmente y jamás mantuve diálogo con él, aunque lo sigo en los medios hace muchos años. En la radio y en la tele. Del relato ya se dijo de todo, en especial el de básquetbol, donde varios coinciden en que no hubo otro igual. A modo de aporte, lo que sí puedo decir es que los programas y las entrevistas de radio tenían una frescura única; sin ningún protocolo, sin libreto y con una buena dosis de improvisación, Sonsol era capaz de hacer entrar al entrevistado en las cuestiones más alejadas al deporte, pero muchas veces también, resultaban ser las más divertidas e interesantes al radio escucha. En este último tiempo en la radio 810, un poco en broma, se jactaba Sonsol de que no hacía un programa en serio, sino más bien un intento de entretenimiento deportivo. Entretener a la gente, era esa la cuestión medular.

              Alberto Sonsol, un personaje único, inigualable, que se fue mucho antes de tiempo. Un tipo de barrio que no fue ajeno para nadie, y que de algún modo es y será parte de todos nosotros. Lo vamos a extrañar.  

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Por Bryan Acuña Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de las Américas, especializado en la temática de Oriente Medio. Fuente: wsimag.com

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