Cultura

Taller de lectura: Historia de una vida de Aharon Appelfeld

El miércoles 21 de abril en el Taller de Lectura de B'nai B'rith Uruguay compartimos impresiones sobre el libro "Historia de una vida" de escritor israelí Aharon Appelfeld. El encuentro se realizó por zoom. Se mostró una presentación con algunos textos del auotr y luego se abrieron los micrófonos para que los participantes se expresaran. 

Appelfeld nació en Zhadova cerca de Czernowitz, Rumanía —hoy Ucrania—. En 1940, cuando tenía ocho años, los nazis invadieron su pueblo natal y asesinaron a su madre, y él y su padre fueron deportados a un campo de concentración Nazi en Transnistria, en territorio entonces ocupado por Rumanía.

En Israel, Appelfeld pudo completar sus estudios y aprendió hebreo, la lengua que ha usado en sus publicaciones. Estudió en la Universidad Hebrea de Jerusalén y ha vivido en Mevaseret Sion, donde enseñaba literatura en la Universidad Ben-Gurión del Néguev. es autor de más de treinta y cinco novelas, relatos y ensayos que han sido traducidos a numerosas lenguas.

Este libro es, justamente, una confrontación con el recuerdo y la memoria para contarla propia vida. Este doloroso ejercicio de rememoración conduce al autor a una infancia marcada por el horror de la deportación a un campo de concentración nazi y por la pérdida absoluta de cualquier vínculo afectivo tras la desaparición de su familia, poniendo  punto final a la inocencia y a la niñez. A lo largo del propio relato, sin embargo, Appelfeld va desafiando el dolor que le supone el encuentro con sus recuerdos y desentierra aquellos que, para poder continuar viviendo, tuvo que ocultar en los pliegues más profundos de la memoria.

Es un libro de iniciación para recorrer su  obra. Lo escribió en una época que no era común en Israel utilizar el Holocausto como materia literaria. Esto era la historia reciente  y solo  se utilizaba para narrar eventos reales con un rigor histórico. Appelfeld habla mucho del silencio en todo el libro. El silencio es parte de su literatura.

Sus textos son profundos y se leen con mucha facilidad. Están escritos en hebreo y desde ahí fueron traducidos. Le costó muchísimo ser editado, iba a contrapelo con la intelectualidad de su época. No se quería hablar del Holocausto como literatura, era historia y punto. Aharon viene de una familia con padres laicos, vivían en Rumania y hablaban alemán.

Es en el entierro de su abuelo que el padre dice «De ninguna manera dejaré mi cuerpo en vuestras manos. Es mejor que te entierren en un cementerio de leprosos que en un cementerio judío». Se hizo el silencio, nadie reaccionó a palabras” Esas palabras me paralizaron y me llevaron a cuestionarme:. ¿Quién no conoció gente así?  Queda en evidencia el desprecio de su padre por la tradición judía

Mirada de un niño sobre la guerra

Aharon narra en primera persona sus sentimientos y sensaciones desde lo más profundo. La primera persona nos acerca al autor y nos convierte en coparticipantes de sus andanzas.

Convierte los recuerdos en literatura. Es un texto crudo y cruel, con un toque tierno. Es el adulto que le pone voz a una cantidad de recuerdos sin conexión ni explicación. Un ejemplo es cuando pasa un tiempo en la casa de la prostituta y describe lo que recuerda y cuenta qué pensaba en esos momentos.

Los niños en el gueto

“En el gueto los niños y los locos eran amigos. Todo orden se había desmoronado: no más colegio, no más deberes para casa, no más madrugar por la mañana ni más apagar la luz por la noche. Solíamos jugar en los patios, en las aceras, en los matorrales y en todo tipo de rincones tenebrosos” Los niños no eran los protagonistas y nadie les daba mucho corte, en algún punto la pasaban bien".

Los locos en el gueto

"En el gueto los niños y los locos eran amigos. Todo orden se había desmoronado: no más colegio, no más deberes para casa, no más madrugar por la mañana ni más apagar la luz por la noche. Solíamos jugar en los patios, en las aceras, en los matorrales y en todo tipo de rincones tenebrosos” Los niños no eran los protagonistas y nadie les daba mucho corte, en algún punto la pasaban bien"

Cómo sobrevivir en el bosque

Agudiza la observación, los olores y los sonidos  que son los elementos centrales de ese periplo por el bosque. El bosque le da la chance de comer, de convivir con animales, de desarrollar su capacidad de supervivencia y de escuchar todo lo que sucede antes de acercarse a una casa. De esa forma, con intervalos en diferentes casas, sobrevive como un niño huérfano que ha quedado solo.

La memoria en el cuerpo

“Cada vez que llueve, hace frío o sopla un fuerte viento, regreso al gueto, al campo de concentración, a los bosques donde pasé muchos días. Al parecer, la memoria tiene raíces profundas en el cuerpo. A veces basta con el olor a paja descompuesta o el sonido de un pájaro para transportarme lejos y hacia mi interior…”

Todo lo que ocurrió se grabó en las células de mi cuerpo y no en mi memoria. Las células recuerdan más que la memoria, cuyo cometido es recordar. Durante muchos años, después de la guerra no caminé por en medio de la acera ni por en medio del camino: siempre iba pegado a las paredes, siempre por la sombra y siempre a paso ligero…

He dicho «no recuerdo» y, aun así, recuerdo miles de detalles. Hay veces en que basta el olor de una comida, o humedad en los zapatos, ruido repentino, para un ruido devolverme a los años de la guerra, 'y entonces tengo la impresión de que la guerra no ha acabado, continúa sin yo saberlo

 Desconfianza

También yo, durante la guerra, prefería la compañía de objetos inanimados y de animales, los seres humanos son impredecibles…

Dos años estuve en campos y bosques. Hay escenas que se grabaron en mi memoria y he olvidado mucho, pero la sospecha quedó grabada en mi cuerpo, e incluso hoy en día, tras haber dado algunos pasos, me detengo para escuchar. Hablar me cuesta, y no es extraño: en la guerra no se hablaba. Es como si toda desgracia planteara de nuevo la pregunta: ¿qué hay que decir? 

La guerra y el silencio

"Quien estuvo en un gueto, en un campo de concentración y en los bosques conoce el silencio de su cuerpo. En la guerra no se discute, no se agudizan las diferencias de opinión. La guerra es un invernadero para la atención y el silencio. El hambre de pan, la sed de agua, el miedo a la muerte convierten las palabras en algo superfluo. También yo, durante la guerra, prefería la compañía de objetos inanimados y de animales, los seres humanos son impredecibles…

"Dos años estuve en campos y bosques. Hay escenas que se grabaron en mi memoria y he olvidado mucho, pero la sospecha quedó grabada en mi cuerpo, e incluso hoy en día, tras haber dado algunos pasos, me detengo para escuchar. Hablar me cuesta, y no es extraño: en la guerra no se hablaba. Es como si toda desgracia planteara de nuevo la pregunta: ¿qué hay que decir?" 

Las palabras que todo escritor necesita y que son su sustento. De ahí surge su necesidad de escribir y tachar, reposar un tiempo el texto y retomarlo. 

“En ocasiones tenía la sensación de que todo el mundo había ido a una escuela de oratoria, menos yo. No sólo se hablaba en casa, en la calle y en las reuniones; también la literatura estaba llena de palabras"

¿Es acaso el escritor del Holocausto?

“…ya entonces me clasificaron como «escritor del Holocausto». No hay un apelativo más irritante que este. Un escritor, si lo es realmente, extrae de su interior lo que escribe, y la mayoría de las veces escribe sobre sí mismo; y si sus palabras tienen un significado, es porque es fiel a sí mismo, a su voz y a su ritmo”  Tuvo muchas dificultades  a pesar  de su delicadeza y buena prosa para encontrar editores. Tal vez fue un adelantado a su época. Tiene una escritura fácil de seguir, es profunda y va al hueso. Emociona y convierte a los objetos en protagonistas.

“Todo escritor tiene que tener una ciudad suya, un río suyo y calles suyas. Tú estás exiliado de tu ciudad y de los pueblos de tus antepasados” Esta frase le dice Agnon a Aharon.

Agnon es el único autor israelí que ganó el Premio Nobel en 1966. Sus obras más conocidas son: Ayer y  anteayer, El huésped de la noche, La dote nupcial y Agunot

Appelfeld  por un lado habla del deber de olvidar y del mandato de recordar. Realiza una construcción de la memoria, es como una colcha que se hace de retazos, construye desde su mente con viajes hacia el pasado. 

 

Janet Rudman
(25 Abril 2021 , 17:52)

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