En comunidad

Una semblanza de Adela Reta

Por Ionatan Was

Días pasados, el Correo Uruguayo lanzó un sello conmemorativo a la figura de Adela Reta, al cumplirse el 9 de julio pasado el centenario de su nacimiento. El acto se llevó a cabo en la sede del Partido Colorado, y entre muchos otros, del mismo tomaron parte Julio María Sanguinetti y el presidente del Correo, Julio Navarrine. Siendo así, el acontecimiento resulta una buena excusa para evocar la inolvidable figura de la doctora.

            Siendo niño, la conocí personalmente, aunque apenas intercambiando palabra. Fue durante algún viaje en auto hacia el este junto a mis abuelos. Entonces, hacíamos una parada en La Floresta, donde tenía su casa de sosiego, lejos del ruido. Lo que empezaba siendo una reunión de camaradería, se convertía en ardua jornada de trabajo, y no por obra de mis abuelos, sino por el espíritu indomable de la doctora. Más tarde, supe todo lo positivamente que había influido en tantas personas, incluyendo mi abuelo Nahum y mi tío Jonás; de alguna manera, apadrinó a ambos en sus carreras de abogacía y en la vida en general.

            Los últimos días, el centenario de su nacimiento fue motivo de charlas en las sobremesas familiares; las que sumadas a alguna otra cosa que se pudo leer entre tanta bibliografía, dan lugar a estas palabras en su honor.

            De alguna manera, fue ella una precursora de lo que en estos tiempos dan en llamar como feminismo. Adela Reta llevó esta insignia sin siquiera saber que existía. Y sin hacer aspaviento de ningún tipo, sin excesos; la parafernalia burda, en todo caso era pan y circo. No voy a hablar de todos los cargos que ocupó la doctora, porque eso se puede averiguar fácilmente. Sí decir que todo cuanto consiguió (y emprendió) fue por obra de su talento natural, alcanzable para unos pocos. Y esas cosas que consiguió, nunca se debió a perseguir una meta personal, porque si una característica no tenía Adela Reta, era la codicia per se, el afán de ascender por meros personalismos; nunca se tentó con el poder. En todo caso, los logros personales tenían un solo fin: el bien de la sociedad en su conjunto. La sociedad uruguaya en la que nació, el país donde se educó, y del cual aprendió los valores más nobles en temas de estado: la democracia, la libertad en su sentido más amplio. La doctora Reta era una demócrata por excelencia; digamos que lo llevaba en la sangre. Y todo lo devolvió a su querido Uruguay.

            Fue de las primeras mujeres en hacer muchas cosas. En manejar (y dicen que muy mal), en fundar teatros y revistas (vinculadas siempre al ámbito universitario), ocupando la Cátedra de Derecho Penal de dicha facultad, o siendo experta en temas de criminología. Además de las funciones en los distintos ministerios y dependencias estatales. De alguna manera, su influencia fue a dos puntas, no solo por su gestión en sí misma, sino que marcó un camino a tantas mujeres que entraron después en la vida pública del país.

            Además, la doctora Reta propulsó temas de muy variada índole, referentes por ejemplo al medio ambiente, la cultura, la ciencia y la discriminación, creándose durante sus gestiones, diferentes programas, organismos y leyes que pudieran poner en andamiaje todas sus inquietudes.

            Dicen quienes la conocieron, que Adela Reta tenía un lema en todo lo que hacía: “Jugar en equipo”. Hoy puede sonar a frase trillada en el mundo del deporte, pero en otros tiempos sonaba a extrañeza. Y es que para la doctora no existía hacer nada en soledad; tal vez por eso siempre estaba rodeada de gente. No tenía problema en recibir a nadie, en escuchar los problemas de los ciudadanos. Valía tanto un ministro o un presidente, como el último ciudadano de a pie; y es que no había un tema que fuera más importante que otro. Tan preocupada y ocupada estuvo siempre por esas “cuestiones” de la libertad, que durante la dictadura militar fue vetada de su cargo de la Universidad; vetada no por sus ideas políticas, sino por la defensa acérrima de las causas justas (incluyendo las de algún tupamaro, tal cual ocurrió), ideales que no se ajustaban del todo con los del gobierno de facto.  

                Todo lo que emprendió en su vida incansable, fue pensando siempre en la gente. En especial hubo dos causas que la removían, la animaban a luchar: el niño, y la familia. Fueron en cierto modo el leit motiv que la impulsaron a ocupar los distintos cargos.

Como anécdota, mientras presidió el Consejo del Niño (más tarde Iname, actual Inau), debía calificar las películas que se exhibían en el cine, para determinar a partir de qué edad se podían permitir. En esas funciones privadas que siempre eran antes de la primera para el público, invitaba a los amigos a disfrutar de la matiné.

            En el lado más íntimo, de más joven había sido deportista (practicaba vela), aunque luego ganara algún kilo. Ya de grande quedaría ciega, pero eso no le impidió relucir su lado hedonista. Dicen quienes la conocieron que era una eximia gourmet, y también cocinera; y mejor viajera, siempre acompañada de su grupo de amigas.

            Un poco de todo lo que hizo Adela Reta.

 

Las Mujeres del SODRE

Foto: Twitter del SODRE

 

(Fragmento de una nota de Ionatan Was publicada en el mes de marzo en la edición impresa de Semanario Hebreo, al inaugurarse la muestra que llevó el nombre del título que aquí reprodujimos, en el marco del  Día Internacional de la Mujer)

 

              La exposición está dedicada a la figura de Adela Reta, personaje imponente en lo que refiere a la política, el derecho y la cultura de Uruguay de la segunda mitad del siglo pasado, y de cuyo nacimiento se cumplirá un siglo el próximo día 9 de julio. Egresada del Liceo Francés, la señorita Adela se matricula luego en la Facultad de Derecho, de donde egresa con el título de doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Más tarde, ya siendo activa en las huestes del Partido Colorado, sería la primera mujer en formar parte de la Cátedra de Derecho Penal de la Facultad, para luego ser ministra de Educación, presidenta del Consejo Electoral (primera mujer), y también del Instituto del Menor (actual Inau). Sus últimos años justamente serían al frente del Sodre, impulsando el actual auditorio que lleva su nombre. Falleció a los ochenta años, siempre muy cerca de su otra casa de La Floresta. En el subsuelo de la muestra, Beatriz Argimón le hace una justa semblanza.

 

Una imagen que nos emociona recordar: el fundador de Semanario Hebreo, José Jerozolimski, tras una entrevista con la Dra. Adela Reta

 

 

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