Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

Relaciones amistosas

Pasaron varios años.  Extraño todo. La terapia, el portero, el lugar. Extraño lo que sentía cuando  tomaba el ascensor y repasaba mentalmente mi semana. Cada palabra que se dijo en ese consultorio no fue en vano, sale en los momentos más inusitados, como si hubiera quedado en algún lugar de mi insconciente. Espero se divertan con esta anécdota como  yo sucedió.


 

Hace  dos años que  conozco al portero del edificio dónde voy a terapia. Podría ser el protagonista de una de las historias de Relatos salvajes, el último film de Damián Szifron. Esta película trata de gente común y corriente que un día pierde el control de sí mismos y comete brutalidades, como matar a alguien, o poner una bomba en un auto.  Yo imagino a este señor, cuyo nombre desconozco, cerrándole la puerta en la cara  con mucha violencia a un muchacho de una empresa de mensajería que le quería dejar correspondencia para una empresa que se mudó hace tres año,s  o pegandóle una piña al tomaconsumos de UTE porque le preguntó donde se leía el consumo por tercera vez. 

Tenemos una cordial relación impregnada de formalidad dada por las buenas tardes y la conversación sobre el estado del tiempo. Mi única pretensión es que me abra la puerta, la suya es, supongo que su horario de trabajo transcurra lo más rápido posible. 

Reconozco que desde que tengo un Smartphone le doy menos corte, “buenas tardes y hasta la semana que viene”, son las palabras mínimas que normalmente intercambio con él. Un día venía muy concentrada leyendo mis mails en el celular, cuando después de abrirme la puerta, me espetó: “por eso  usted viene acá (se refería a la terapia), porque se pasa  todo el tiempo con la vista fija en esa pantallita”.

Yo entré a terapia muerta de risa y mi psicóloga  me preguntó el motivo. Le conté y me dijo: “vos no sabes, los problemas que tienen mis compañeras de consultorio con ese hombre, le dice a los pacientes que no vengan más, que la psicología no sirve para nada”. Lo peor era que algunos pacientes se sentían intimidados.  Me pareció que el tipo estaba loco de remate. Es como si el vigilante de una carnicería,  les hablara a los clientes de las bondades de llevar una dieta vegetariana. 

La semana pasada llegué  a la portería y me pregunta si lo podía ayudar con un celular nuevo que se había comprado y no encontraba la red. Junto con otra chica que trabajaba allí, pusimos la clave  y le sugerimos que fuera a Antel a desbloquearlo, ya que no funcionaba a pesar de nuestros esfuerzos

Ayer,  le pregunté si había podido resolver el inconveniente. Me contó de manera muy amable que había ido a Antel y le cambiaron el chip. De todas formas, había algo que no funcionaba. “Metí el celular en una caja y allí quedará”, me dijo de manera muy firme.  “Yo no voy a depender de un aparatito, para eso vivo solo, para ser independiente, no voy a ser como todos ustedes, que viven en función del celular”.

Subí al ascensor y pensé que era un día maravilloso, tal vez el hombre  tenía razón y la vida afuera del celular tenía mucho sentido.

Janet Rudman
(18 de Octubre de 2021 a las 17:07)

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