Israel

Testimonio histórico: las palabras del Prof. Fabregat en la ONU

Una defensa clave de la causa de la paz

Este martes 29 de noviembre de 1947 se cumplen 74 años de la resolución 181 aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, recomendando la creación de un Estado judío y otro árabe, en lo que es considerado como la antesala de la fundación del Estado de Israel. 

Nada mejor que este día para releer un resumen de la histórica alocución pronunciada en el organismo mundial por el Embajador de Uruguay, Profesor Enrique Rodríguez Fabregat. Es extensa por cierto. Pero es un documento histórico que nos parece vale la pena quede registrado también en este marco.

Cabe recordar que Uruguay jugó un papel preponderante en el proceso que  hizo posible aquella resolución, debido a la labor de la delegación uruguaya en la UNSCOP (en su sigla en inglés. United Nations Special Comittee on Palestine), la comisión que investigó la situación en el terreno y recomendó la partición y consecuente creación de un Estado judío y un Estado árabe en el territorio.

 

El Pof. Rodríguez Fabregat había sido designado Delegado Permanente ante las Naciones Unidas por el Gobierno presidido por el Sr. Tomás Berreta, quien falleció en ejercicio de su cargo. Asumió la Presidencia de la República el Vicepresidente,  Sr. Luis Batlle Berres, en agosto de 1947, quien confirmó al Prof. Rodríguez Fabregat en su cargo continuando de esa manera la línea política exterior de la República .

 

 

A continuación, por su altísimo valor histórico-doble para los uruguayos de fe judía precisamente por su doble condición de uruguayos y judíos- reproducimos gran parte del discurso pronunciado por Fabregat ante la ONU el 29 de noviembre de 1947.

 

 

Para la cuestión de Palestina, que para tantos parece irresoluble, para la difícil cuestión de Palestina, la Comisión Especial surgida de esa Asamblea, que viajó, estudió, trabajó, vio por sí misma e hizo conciencia, proponía dos soluciones diferenciadas. Una de ellas, la contenida en el informe de la mayoría, que la delegación de Uruguay suscribiera y compartiera; otra de ellas, el informe de la minoría. Por el primer informe, se aconsejaba, como recomendación, la creación de un Estado judío independiente y de un Estado árabe independiente, en el territorio actual de Palestina. Por el segundo proyecto, por el segundo plan de informe, el de la Comisión en minoría, se proponía la creación de un Estado Federal, un solo Estado en Palestina.

 

 

 

La Delegación del Uruguay quiere explicar hoy su voto, casi ya en el momento de producirse. La Delegación del Uruguay sostuvo durante los trabajos de la UNSCOP cuatro puntos fundamentales. Primero, solución territorial para el problema judío; segundo, creación de un Estado judío y de un Estado árabe, independientes, en el territorio actual de Palestina; tercero, organización de un sistema especial de unidad económica entre esos dos Estados; cuarto, adopción de un régimen especial para la antigua ciudad de Jerusalem y otros Lugares Sagrados en el territorio de Palestina.

 

He dicho “creación de dos Estados independientes en el territorio actual”. A esta creación de dos Estados independientes se ha dado corrientemente aquí y fuera de la Asamblea el nombre de “partición”; pero esta palabra, partición, no es nueva; no ha sido traída ahora, de pronto, al debate del asunto; no fue inventada por nadie en esta ocasión. La palabra “partición” viene de más lejos. La tierra del antiguo mandato de la Sociedad, ya fue dividida; ya se estableció un Estado independiente en la tierra del antiguo mandato.

Este nuevo Estado que se llama Transjordania, ya ha sido considerado en cuanto a la posibilidad de admisión por los órganos correspondientes de las Naciones Unidas. Por eso es curioso que en esta misma Asamblea los que invalidan el Mandato de la Liga Legal jurídica y moralmente lo invaliden o pretendan su invalidación en el momento en que esta Asamblea ha de resolver sobre el informe que tiene sometido a estudio; pero que en ningún momento se haya puesto en duda la validez de aquél mandato cuando se trató, no sólo de reconocer la independencia de Transjordania, sino de promover su admisión en el seno de las Naciones Unidas. Puedo decir esto porque creo que en los dos casos era válido, jurídico, legal, el mandato otorgado por la Sociedad en 1922, por todas las Naciones de la sociedad, entre las cuales estaba Uruguay.

 

De los puntos sostenidos, para la solución del problema de Palestina, uno hay que ha promovido, promueve y sin duda promoverá debates, es aquél que nos permitimos definir en esas palabras concretas: solución territorial para el problema judío.

¿Por qué “solución territorial”?. Cuando se plantea el problema desde el punto de vista, inmediatamente queda suscitado el aspecto más dramático y acaso más hondo de la cuestión: el problema de la inmigración. Límites e inmigración han sido, en realidad, los dos elementos de mayor trabajo en todo el estudio de esta cuestión, así en la UNSCOP, como en la Comisión Ad Hoc, como en los grupos de trabajo de la Sub Comisión uno. 

 

El pueblo judío ha soportado y soporta su drama ya secular. Y apropósito del “pueblo judío” en vinculación directa con este problema, también se nos plantean de pronto cosas demasiado curiosas para que pasemos ante ellas inadvertidos. Se nos dijo, se nos ha dicho, se ha publicado siempre que el pueblo judío tiene unidad, que el grupo judío que se traslada de un lugar a otro, que hace su domicilio en una Nación, permanece siendo judío sobre todas las cosas, sin incorporarse a su medio. También se nos dice que el pueblo judío mantiene una unidad admirable entre sus diferentes componentes; pero en cuanto se ahonda la cuestión y se trata de adoptar posiciones en la solución de este problema, aparecen hasta teorías antropológicas que probarán que los judíos de Oriente, o la Europa Central, no tienen conexión, ni relación alguna con el pueblo de Israel.

Raza o pueblo, raza o religión, un mismo común denominador de persecución y de sufrimiento ha determinado el drama de este sector de la humanidad. Los que combatimos desde antes contra toda forma de discriminación; los que creímos que cuando la Carta de las Naciones Unidas vedó toda diferenciación entre los hombres por razón de progreso moral del mundo, consideramos también que la solución aconsejada y que consiste en dar oportunidad territorial al pueblo judío, significa realizar en los hechos una victoria contra todos los actos de discriminación racial, que han permitido crear las formas de una raza superior sobre el sometimiento, la persecución o la esclavitud de los hombres.

La Carta y las Naciones Unidas son valedoras de estos principios. Los que han luchado alguna vez porque termine para siempre este prejuicio racial; los que han luchado alguna vez porque no puedan existir entre los hombres fronteras de separación por el color de la piel o por el nombre de su D’’S, han de encontrar en esta forma de pronunciamiento el cumplimiento de uno de los más sagrados principios de nuestra Carta, el cumplimiento de una de las más nobles exigencias de la conciencia humana.

¿Por qué es necesario que exista un Estado judío?. Para terminar justamente esa forma de discriminación y extrañamiento de persecución contra un sector de la humanidad. ¡Y qué carga y qué pruebas han sido las suyas!. En nuestros últimos tiempos nadie soportó como él carga de tal naturaleza. Llegó el nazismo e inauguró su régimen, no ya de persecución racial, sino de exterminio racial. Aparecieron como elementos demostrativos de la altura cultural de un pueblo superior, los campos de concentración, las cámaras de gases, los crematorios, cuyo recuento nos da por fin cuatro millones de sacrificados, de sacrificados en vida; y de esos millones de muertos que el nazismo arrancó al sector judío en Europa, de esos millones de muertos, un millón y medio eran niños. Yo repito esa cifra: un millón y medio de niños sacrificados, consumidos en las cámaras de gases y en los crematorios del régimen nazi.

 

 

Cabe que nos preguntemos. ¿Hasta cuándo y hasta dónde?. Y cabe que nos preguntemos: ¿Hemos de seguir asistiendo, determinando y manteniendo las condiciones de la reiteración de este holocausto, sólo porque en el tratamiento político de este problema el sentido de la humanidad desaparece ante ciertas formas de razonamiento?. ¿Hemos de llamar a una especie de Lotería de la caridad internacional, promoviendo el buen corazón de las Naciones Unidas para que reciban, para que acojan en grupos, en lotes, a los que sobrevivieron de los exterminios el nazismo y están, dos años después del triunfo de la democracia justiciera, esperando la palabra de revelación y de verdad, no que prometa, sino que cumpla la antigua promesa de 1919 y la de la Sociedad de las Naciones que determinaron la creación de un hogar nacional judío en Palestina y promovieron la inmigración de las multitudes judías a la propia Palestina, donde edificaron sus destinos y su hogar?.

 

 

“Solución territorial del problema judío”, significa eso. Comenzó como hogar nacional, ha de seguir como Estado, como nación, como patria. En ese instante el problema de la inmigración perderá aspereza, perderá acritud; ya no podemos seguir considerándolo tanto resuelto como no resuelto, en los mismos términos. Hoy el judío es, como en las antiguas literaturas, el judío errante, el perseguido, el execrado. 

 

Cuando crece mucho y cuando ha producido mucho, y cuando estorba, un “progrom” en una noche resuelve temporalmente el problema. En nombre de la raza superior y en el del D’’S de la raza superior, se han consumado, no sólo éste, sino tantos otros sacrificios en la crónica de la humanidad. Lo que cumple, pues, es dar solución definida, como ya fue preceptuado. 

 

El hogar nacional determinado por el Mandato, el hogar nacional judío de la Declaración de Balfour, fue el comienzo de esta obra que hoy se continúa, o que hoy se continuará, por la resolución de las Naciones Unidas, de ser adoptado por el voto de esta Asamblea el informe que estamos estudiando.

Pero no se trata únicamente de resolver un problema de inmigración, no se trata únicamente de asentar una economía en cada uno de los dos Estados; no se trata de extremar nacionalismos nuevos, que agreguen una carga de odiosidad y de lucha a la crónica de los viejos nacionalismos. El informe que esta Asamblea tiene ante sí, atenúa, modifica, da un sentido al plan mismo.

 

 

No se trata de trazar una raya vertical sobre el mapa; no se trata de trazar un límite sobre la tierra; se trata de colocar en buena situación, en buenas condiciones de vida, a los dos pueblos de un mismo territorio, que necesitan, primero, la separación de sus comunidades políticas, y segundo, el mantenimiento de aquella unidad económica que ha de dar forma persistente de progreso y de vida a su trabajo y a su voluntad creadora.

 

 

Los dos pueblos están en plena madurez para su independencia. No estamos aquí enseñando cartillas de organización a dos pueblos balbuceantes, a dos pueblos en la alborada de su destino. La realización judía en Palestina tiene bajo tantos aspectos – y encuéntreselos en cualquier de los informes de UNSCOP – una categoría ejemplar. Y la calidad del pueblo árabe para decidir por su trabajo, por su acción y por su virtud, la forma de su propio destino, está asistida no sólo de la calidad de su realización actual sino del antiguo y glorioso historial de su raza. 

 

Los que estamos aquí votando por la partición, no votamos en contra de ninguno de estos dos pueblos, en contra de ninguno de estos dos sectores de la realidad social de Palestina: estamos votando por los dos; por su progreso, por su civilidad, por su avance en la comunidad de las Naciones, por sus dos pueblos, por sus multitudes actuales. Por que estas multitudes actuales no choquen más y se confundan por fin en el tropel de las empresas productoras tal como asegura este lineamiento de unidad económica que el proyecto sometido a discusión incorporará definitivamente a su destino.

Si estos dos pueblos han de continuar dentro de esta norma trazada – y es de desear ardientemente que así sea – si estas dos unidades sociales han de entrar con la categoría de Estados Independientes en la comunidad de las Naciones, estarán aquí en breve entre nosotros.

 

Cuando se apunta que este plan, que este proyecto, no es cosa absolutamente perfecta – y es curioso también cómo produce aflicción el notar que este proyecto no es absolutamente perfecto – esta falta de absoluta perfección sirve por ejemplo, según las manifestaciones de hoy, desde esta misma tribuna, del representante de los Estados Unidos, para mostrar que, como toda obra, ha de encontrar perfección y ha de encontrarla en su propia ejecución. Agregó en su propia ejecución conducida por sus verdaderos actores. Supongamos, por ejemplo, que en el mapa que esta al final de este proyecto, hay cosas que corregir; que las tierras de un lado quedaron en cierta parte mientras las casas correspondientes quedaron del otro lado de la línea proyectada. Pues allí estará la Comisión de Límites que determinará en el lugar, sin modificar por ello la resolución fundamental de la asamblea, por donde ha de pasar esta línea discutida que hoy está determinado tantas dudas entre algunos de los opositores del plan.

Es en la realidad social donde los pueblos viven. Es inútil también que busquemos absoluta perfección en el punto del texto constitucional donde estamos determinando el fundamento de su futura ley; ellos harán su ley y vivirán su vida y realizarán su acción; sería inútil que la arquitectura jurídica emanada de esta Asamblea estableciera la mas admirable palabra en materia de organización, si no sirviera para ellos dos, los dos pueblos cuando viven, cuando luchan, cuando trabajan, cuando se afanan en la empresa de cada día por alcanzar con honradez y con alegría el pan de cada día que pone gloria en la mesa y en el corazón del hombre; ellos son los que determinarán los delineamientos definitivos de este plan con que hoy esta Asamblea estimulará, para una obra de paz y de justicia, la separación de dos Estados y la unidad en una misma economía nacional.

 

 

No se si este debate ha de referirse a puntos demasiado concretos sobre esta cuestión. No se si se promoverán de nuevo en esta Asamblea, puntos que fueron promovidos y considerados en nuestra Comisión As Hoc. El propio punto legal: “facultades de la Asamblea”, es uno de ellos.

Pero si hemos de marchar en nuestra labor, ha de quedar aquí el profundo augurio, en nombre de la delegación del Uruguay y del Gobierno que representa, por la creación de estos dos Estados Independientes en Palestina; por la perfección, si es posible en alguna de sus líneas, de este mismo plan que aquí estamos estudiando. Tengo entendido que ya han sido ofrecidas algunas modificaciones. Por mi parte, me permito llamar la atención de los señores representantes sobre aquél punto del plan que es el punto número dos de la parte primera, Capítulo A del informe (A/516), que se refiere justamente a la inmigración.

Los representantes recuerdan que en el trabajo mayoritario de la UNSCOP, el problema de la inmigración estaba planteado y respecto de él se proponía una solución especial para el período transitorio. El período transitorio había de ser, según aquél informe, de dos años. El periodo transitorio ha sido modificado y ha sido acortado en el sentido que se lee en este plan de ahora. Los 150.000 inmigrantes que habrían de entrar en Palestina con arreglo de a cuotas mensuales, según el proyecto de la UNSCOP, en realidad se repartían en 2 grupos: 120.000 habían de ser tomados de los desalojados y de los fugitivos que están hoy en trágicas condiciones, en los campos europeos de personas desalojadas; los otros 30.000, por razones de humanidad, habrían de ser los 30.000 niños judíos sobrevivientes de la persecución nazi que están o en los campos de personas desalojadas o en la Isla de Chipre.

El artículo que se refiere  justamente a este problema de la inmigración, en el proyecto que estudiamos en la Comisión Ad Hoc, comprende todos los puntos que se trajeron, o por la UNSCOP o por mi delegación, al conocimiento de la Asamblea o de la Comisión Ad Hoc, como solución, parecería suficiente. Como solución determina, puede determinar al menos una clara obra de justicia y de reparación. Si fuera necesario y si se entrara en el detalle de esto o si se impugnara, la delegación del Uruguay mantendría en última instancia los términos concretos de su proposición primera.

 

 

Pero ya al terminar esta breve exposición, en explicación del voto de la delegación del Uruguay, quiero reiterar exactamente un concepto anterior, señalando cuál fue nuestro espíritu al entrar en este problema, al integrar la UNSCOP, al trabajar en su seno, al aportar el nombre de nuestro Gobierno las ideas rectoras de la colaboración del Uruguay en la consideración de este punto. Aquí mismo, en esta tierra americana ya que los Estados Unidos han sido citados tan largamente hoy desde esta tribuna aquí en esta misma tierra americana surgió y vivió un hombre que es gloria de su crónica y que es y fue un punto de referencia de la conciencia universal: se llamó Abraham Lincoln. Ante el Congreso de su país, en histórico mensaje, pronunció estas palabras: “Sin malicia para nadie, con caridad para todos, fírmese en nuestro derecho tal como D’’S nos da a ver el derecho”.

…. Lincoln habló en nombre del derecho social, de D’’S, es decir, del sentido recto de la justicia en el corazón del hombre; y así es éste nuevo voto y éste es nuestro augurio, cuando nuestra delegación apoya el proyecto que esta Asamblea tiene a su consideración. Sabiendo la carga de responsabilidad que esto significa, pero comprendiendo que es necesario terminar el quebranto y el drama de los pueblos de Palestina: que es necesario mantener las líneas que fueron creadas por la Sociedad de las naciones cuando otorgó con toda nitidez el mandato; que es necesario transformar el hogar nacional del antiguo mandato en el Estado y en las dos naciones que por este proyecto se crean;  y que es necesario velar porque esa crónica de duelo y de sangre que ensombrece el horizonte del mundo en los hechos de cada día, termine bajo esta conquista que será para siempre la primera gran conquista moral de las Naciones Unidas.

Sin esta solución, quedaría vacío de sentido este mismo instante en que trabajamos. El prestigio y la acción de las Naciones Unidas, como obra de solidaridad al amparo de la Carta, que sufren hoy su prueba. El Uruguay está del lado de los que afirman la creación de dos Estados Independientes en Palestina, para que se incorporen con su progreso y su civilidad a la comunidad de las Naciones democráticas del mundo.

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