Mundo Judío

A los 120 años del natalicio del Rebe: Buscando una sola oveja perdida

Por Yisroel Shmotkin (*)

“Él siente lo que todos aquí sienten. Él ayuda a todos a lograr lo imposible. En su presencia uno se siente más judío, más auténticamente judío. Al ser visto por él, uno entra en contacto más cercano con su propio núcleo interno judío.”

Elie Wiesel

 

 

(*) Este material fue preparado por Jabad Uruguay como destacado de la Revista Kesher No. 78, en ocasión del 120 aniversario del nacimiento del
Rebe de Lubavitch, Rabino Menachem M. Schneerson, que su mérito nos escude.
11 de Nisán, 5782 (2022).
Editor: Rabino Eliezer Shemtov
Diseño: Daniel Laizerovitz
Material: Chabad.org
Jabad.org.uy/Kesher

 

 

 

El Rebe fue un líder a nivel global cuya personalidad imponente, métodos innovadores, capacidad organizacional y visión impactaron al mundo entero. Al mismo tiempo, para los cientos de miles que tuvieron contacto directo con él, él era su Rebe personal.

 

El dolor de cada persona era su dolor, y las alegrías de cada uno eran sus alegrías. Nadie era dispensable. Todos pertenecían y todos contaban.

 

En numerosas ocasiones el Rebe citó la narrativa del Midrash sobre Moisés, quien con ternura afectuosa alimentaba con el tipo correcto de pasto a cada tipo de oveja y persiguió a una única oveja perdida para regresarla al rebaño.

 

Es debido a esto, dice el Midrash, que Moshé fue elegido para ser el pastor del pueblo judío.

 

Extrayendo poderes ocultos

 

De manera similar el Rebe reconoció el valor y las cualidades particulares de cada individuo. Sabía acceder directamente al núcleo de cada persona y activar reservas ocultas de energía. Alentaba a todos a ir más allá de sí mismos, más allá de su mentalidad actual y limitaciones personales, para crecer y expandir su servicio a Di-s en todas las direcciones.

 

Además, el Rebe le urgía a todos, inclusive niños pequeños, a tener un efecto positivo en su esfera de influencia, para servir como catalizador para elevar la condición espiritual y material de cualquiera con quien entraran en contacto.

 

El Rebe alentó y motivó a cada persona a utilizar al máximo sus talentos y personalidad únicos. Esto estaba especialmente manifiesto en la confianza que depositaba en sus Shlujim (emisarios). El Rebe les dio la libertad de crear programas en sus respectivas comunidades que fueran consistentes con sus naturalezas individuales y que respondieran a las necesidades de la comunidad.

 

El Rebe empoderó a personas comunes a lograr cosas extraordinarias. Destapó talentos, energías y poderes latentes para así levantar a incontables comunidades, cambiar el mundo y compartir y transmitir el mensaje de esperanza y bondad a todos lados.

 

En lugar de solo atraer seguidores, el Rebe creó líderes.

 

Creó un tipo único de Shlujim, emisarios, transformándolos de ciudadanos comunes preocupados por sus propias vidas, en “grandes personas”, visionarios y líderes, preocupados principalmente con el bienestar de los demás. El Rebe inspiró a generaciones de Shlujim a dejar todo para asumir un compromiso de por vida en sus nuevas comunidades.

 

El Rebe les impartió a otros algo de su propio sentido de libertad, la libertad de trascender las necesidades personales como también la propia perspectiva limitada del judaísmo.

 

Con el ejemplo

 

El Rebe era un ejemplo consumado de ierei shamaim (una persona temerosa de Di-s), un hombre de Halajá (ley judía) por excelencia, quien cumplía las Mitzvot de la forma más meticulosa y escrupulosa posible. Pero, a la vez, aceptaba y hacía lo máximo para encontrarse con gente cuya conducta, actitud y persuasión contrastaban agudamente con las suyas. Él trataba a todos con respeto, amor y afecto. Encontraba una buena palabra para ellos, los llenaba de bendiciones y los ayudaba de cualquier forma que pudiera.

 

Aunque para el Rebe la observancia de las Mitzvot y la forma de vida de la Torá eran valores absolutos, él se relacionaba con cada persona de acuerdo con su propia situación individual y nivel de observancia. Consciente de las necesidades personales, alentaba el desarrollo judío de una forma que enfatizaba los beneficios de acercarse al camino de la Torá.

 

El Rebe impartía este espíritu a sus Shlujim, a sus Jasidim y a muchos más allá de los círculos de Jabad.

 

Como líder con el coraje de incursionar en tierra incógnita, el Rebe envió Shlujim a lugares alejados que carecían de comunidades judías establecidas y de un ambiente propicio para llevar adelante una vida de acuerdo a la Torá, y ni hablar una forma jasídica de vida, para ellos y sus hijos.

 

Incluso, ya pasadas tres décadas en su liderazgo, el Rebe estaba prácticamente solo en su trabajo de acercamiento mientras que otros permanecían al margen por miedo a poner en peligro a la gente joven impresionable necesaria para llevar a cabo este esfuerzo.

 

Solo un líder de la talla del Rebe pudo tener los recursos espirituales necesarios para habilitar a sus Shlujim a hacer frente a todos los desafíos, erguidos y fuertes en sus vidas personales, y ejercer una influencia sana, en vez de ser influenciados, por las comunidades en las que vivían. Ellos prepararon el terreno para que todos pudieran seguir el ejemplo.

 

El Rebe de todos

El Rebe no era solo el Rebe de los Jasidim de Lubavitch; era el Rebe de todos.

 

Alentó a rabinos y personas comunes, instituciones y programas que estaban fuera de la órbita de Lubavitch a desempeñar su rol especial en impactar a sus comunidades y más allá.

 

En lugar de buscar un monopolio en innovación, desde el mismo comienzo de su liderazgo el Rebe llamó a todos los rabinos, líderes y educadores a levantar el espíritu de sus seguidores y extenderse más allá de su círculo cerrado.

 

Una Luz para las Naciones

 

Aunque todo el ser del Rebe está vinculado con el judaísmo, y aunque fuera conocido ante todo como un pastor fiel del pueblo judío, el Rebe prestó atención y se preocupó por el progreso de la humanidad como un todo, de su calidad de vida en general y de su vida moral en particular.

 

Aunque el pueblo judío tiene una forma distinta de vivir y es una nación única a la que la Torá le fue entregada con un mandato específico, la Torá contiene también una instrucción para toda la humanidad, conocida como las Siete Leyes de Noé.

 

Desde la amplia perspectiva y visión del Rebe tanto del mundo como de la Torá, como está detallada en los Profetas, las Escrituras, el Talmud y la filosofía judía, todo el mundo existe para llegar —y al final llegará— a servir al Di-s único, y somos responsables de ayudar a lograr a que esto se haga realidad.

 

Es parte de la misión del pueblo judío ser “or la’goim”[1], una luz para las naciones. Y es una obligación judía ayudar a influenciar a los no judíos a cumplir con el código Divino delineado en las Siete Leyes Noajidas para obtener un mundo civil, moral y justo.

 

En numerosas ocasiones, el Rebe dedicó extensas alocuciones sobre la necesidad de mejorar el sistema de educación pública, especialmente en cuanto a lo que respecta a valores morales. Asimismo habló de la necesidad de levantar la conciencia de la humanidad en cuanto a la caridad y los valores y principios éticos basados en el reconocimiento y la sumisión a una Autoridad Suprema.

 

En audiencias privadas, el Rebe urgía tanto a líderes judíos como no judíos a utilizar la influencia de sus cargos para el mejoramiento de la vida económica y social de la humanidad. Llamó a quienes, a través del comercio o de otra manera, entran en contacto con gentiles, a aprovechar los contactos para concientizarlos en cuanto a su deber moral y ético.

 

De acuerdo a la cosmovisión del Rebe, todos, cada uno con su manera de ser particular, puede y debe hacer lo que depende de él o de ella para ayudar a transformar el Universo en un “hogar para Di-s”.

 

Andar directamente por arriba

 

El Rebe solía citar el dicho del cuarto Rebe de Lubavitch, Rabí Shmuel[2]: “¡Lejatjile Aríber!”. El acercamiento de uno a servir a Di-s debe ser tomando el “camino directo”. Esta actitud se convirtió en una de los sellos distintivos del Rebe. Cuando se embarcaba en una campaña o respondía a una necesidad, en vez de enfocarse en las posibilidades, el Rebe se centraba en la necesidad y la solución, confiando en que en última instancia las condiciones se dieran.

 

En vez de tomar el camino de las encuestas, reuniones, encuentros y estudios, el Rebe, con recursos mínimos, lanzó campañas innovadoras, creó instituciones y programas, e inspiró a otros a hacer lo mismo. Armado con amor, una actitud positiva y la determinación de ayudar a todo judío, sus Shlujim partieron hacia comunidades en todo el mundo. Eventualmente se ganaron la admiración y el apoyo de todos, incluso de sus adversarios.

 

Similarmente, el Rebe animó a los Jasidim a acercarse a judíos en todas partes, incluso en los negocios o en la calle, ofreciéndoles cumplir con la Mitzvá de colocarse los Tefilín como también otras Mitzvot, sin dar demasiada importancia a formalidades o el temor de ser rechazados.

 

En el mismo espíritu, el Rebe instruyó a sus Jasidim a que compartan la “mejor” versión del judaísmo, incluso con aquellos que aún no observaban ni siquiera el mínimo. Fue así, por ejemplo, que lanzó la campaña de Matzá Shemurá que en última instancia también ayudó a promover la observancia básica de los preceptos de Pésaj.

 

El llanto de un niño

 

En más de una ocasión el Rebe contó la siguiente historia:

 

El segundo Rebe de la dinastía Jabad, Rabí Dov Ber, luego de su matrimonio, vivía en la casa de su padre, Rabí Schneur Zalman. Cierta vez, el hijo pequeño de Rabí Dov Ber se cayó de la cuna, ubicada en un cuarto lindero, y comenzó a llorar. Rabí Dov Ber, quien era conocido por su capacidad para concentrarse intensamente durante horas en temas de Torá, estaba tan absorto en sus pensamientos que no escuchó el llanto del bebe. Rabí Schneur Zalman, quien se encontraba en un piso superior, bajó las escaleras y levantó a su nieto. Luego reprendió a su hijo: “No importa cuán concentrado esté uno en sus estudios de Jasidut, nunca debe ignorar el llanto de un niño.”

 

El Rebe insistió en que nunca debemos estar tan ocupados con nuestros asuntos, por más elevados que sean, como para no poder prestar atención al llanto interno de otros para regresar a sus raíces espirituales.

 

No solo que el Rebe prestaba atención al llanto general de la comunidad judía, sino que estaba en sintonía también con sus llantos interiores particulares. El Rebe se tomaba en serio a cada segmento de la sociedad, atendiendo a sus necesidades de una manera sincera y genuina, de acuerdo a su nivel y la forma en que expresaban su llanto.

 

Mujeres

 

En 1942, mucho antes de que los derechos de las mujeres entraran en la conciencia del mundo y en la agenda judía, el Rebe fundó N’shei Jabad, la Organización de Mujeres de Jabad, como un grupo independiente, en lugar de ser un mero ente auxiliar, como era de costumbre en las comunidades judías norteamericanas de aquel entonces. En sus cartas pastorales dirigidas a la judeidad mundial en vísperas de las festividades, el Rebe siempre solía dirigirse a “los Hijos e Hijas de Israel”. En cada farbrénguen[3] importante el Rebe dedicaba una de sus alocuciones específicamente a las mujeres. Varias veces al año, el Rebe convocaba a su sinagoga y se dirigía exclusivamente al público femenino  con un mensaje especial.

 

En sus alocuciones, el Rebe muy a menudo enfatizaba y abordaba las cualidades, méritos y responsabilidades especiales otorgadas a las mujeres. Entre otras cosas, el Rebe fue el primer líder rabínico que afrontó el problema y las necesidades de las mujeres golpeadas. El Rebe también alentó el estudio académico serio de Torá y Jasidut entre las mujeres.

 

Niños

 

La educación en general y la educación de los niños en particular, es un tema constante en las alocuciones y los escritos del Rebe. La información dada a los niños, enfatizaba el Rebe, debe contener toda la verdad y la misma profundidad que se les da a los adultos.

A una pregunta de un niño, decía el Rebe, no se le debe dar una respuesta falsa o diluida. No solo porque la respuesta lo afectará por el resto de su vida, sino porque los niños deben ser tomados en serio como seres humanos que merecen la “nutrición” adecuada, aunque sea de una forma acorde a su capacidad de digerir.

 

“Cuando el Rebe nos envió a mi esposo y a mí como sus emisarios, mi esposo no sabía hablar inglés y yo era muy tímida incluso para llamar a la guía telefónica para pedir un número de teléfono. Si yo hubiera estado a cargo, nunca hubiera permitido que yo fuera mi representante. Pero el Rebe nos confió una responsabilidad tremenda y nos empoderó para representarlo.”

—De una shlujá enviada por el Rebe en los años ‘60.

 

 

 

Raia mehemna - “El pastor de la fe”

 

El Midrash describe a Moshé Rabeinu (Moisés) como un Raia Mehemna, “un pastor fiel”, o de acuerdo con la interpretación jasídica, “un pastor de la fe”. Similarmente, otros líderes del pueblo judío a lo largo de la historia fueron descriptos de esta forma.

 

En encuentros privados, como también en sus correspondencias y alocuciones públicas, el Rebe nutrió a su audiencia con fe pura, seriedad, y una devoción insistente. Ante grandes cambios y desafíos universales como el Holocausto, el cinismo generalizado, los descubrimientos científicos, o la dura realidad de las dificultades individuales, el Rebe impartía seriedad y fe pura de una manea que permeaba la vida del individuo.

 

Eso es evidente en el espíritu de dedicación que el Rebe les impartió a los Jasidim, sus Shlujim y sus hijos nacidos y educados en comunidades remotas. Mirándolos, uno se maravilla por su fe y la firmeza de su modo de vida jasídica. Inclusive bajo la dura opresión de los regímenes brutales comunistas, los Jasidim sobrevivieron y florecieron. Su fe permeó todo su ser, al internalizar las enseñanzas del Rebe.

 

A lo largo de las épocas, los grandes líderes judíos han inspirado a su pueblo para sacar a la superficie su potencial para el autosacrificio ante la persecución, la pobreza y la discriminación. El Rebe, sin embargo, despertó un espíritu de autosacrificio incluso entre los judíos que disfrutaban de una libertad sin precedentes. Los enseñó a soportar, no la prueba de la pobreza, sino la prueba de la prosperidad y el confort. Como indicó el Rebe en su último discurso editado por él, esta prueba es, en cierta forma, un desafío mayor, que requiere de un sentido más profundo de compromiso que surge de la misma esencia del alma.

 

Como ningún otro, el Rebe dejó grabado en aquellos con los que entró en contacto, que la Torá y las Mitzvot son efectivas no solo en un nivel espiritual, sino que son vehículos para las bendiciones de Di-s en la realidad tangible de este mundo físico. Mostró que la observancia de la Torá y las Mitzvot es sinónimo de éxito también en la vida física y material.

 

Un llamado de la oficina del Rebe

 

“Cuando dejé el rabinato por el sector privado, decidí publicar un mensaje corto de Torá en una tarjeta de 15 x 7 centímetros, e insertarla con los correos periódicos de mi compañía. En la tarjeta estaba mi nombre, dirección y número de teléfono. Agregué al Rebe de Lubavitch a mi lista de correo.

 

Llegó un momento en que dejé de publicar la tarjeta. Entonces sucedió algo increíble. Me llamó el secretario del Rebe, en su nombre, preguntando ¡por qué no se incluyen más las tarjetas con el mensaje espiritual!

 

Incluso ahora, cuando pienso en eso, lo encuentro difícil de entender. Con las miles de cartas que recibía al Rebe, con todas las responsabilidades que demandaba guiar su movimiento mundial, se dio cuenta de que la tarjeta faltaba y ¡se tomó el tiempo para recordarme que vuelva a mandarlas!”

 

De la introducción al libro Mi alma está sedienta, de Rabino Zalman Aryeh Hilsenrad

 

Interés por toda la humanidad

 

El consejo del Rebe era buscado por oficiales de gobierno de todos los niveles, tanto a nivel nacional como internacional.

 

Al concluirse un encuentro con el senador americano Patrick Moynihan, el Rebe preguntó si le podía pedir un favor al senador.

 

“Ahí viene”, pensó el senador para sí mismo. “Ahora el Rebe está buscando algún favor.”

 

El Rebe continuó: “Hay una comunidad en crecimiento en Chinatown. Esas personas son calladas, reservadas, trabajadoras y respetuosas de la ley; el tipo de ciudadanos que la mayoría de los países quisieran tener. Pero, debido a que los americanos son tan extrovertidos y los chinos son por naturaleza tan reservados, son frecuentemente pasados por alto. Como consecuencia de ello, no se benefician como corresponde de los programas del gobierno. Le sugiero que como senador de Nueva York, se preocupe de sus necesidades.”

 

“Estaba shockeado”, dijo después el senador. “El Rebe dirige una comunidad de miles en la ciudad de Nueva York como también instituciones en todo el estado que se podrían beneficiar de las propuestas gubernamentales de ayuda económica. Estoy en una posición que me permite asegurarles dichos recursos. El Rebe no me pidió eso. Sino que estaba preocupado por los chinos en Chinatown. No pienso que haya estado alguna vez allí, y estoy seguro que la mayoría de la gente allí no sabe quién es él, pero el Rebe se interesa por el bienestar de ellos...”

 

 


 
[1] Isaías 49:6; 42:6; 60:3.
[2] 1834—1882. Es conocido como el Rebe “Maharash”.
[3] Reunión jasídica pública.

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