En comunidad

Del vice Ministro Gerardo Amarilla y el Presidente de la Cámara de Diputados Ope Pasquet

Un faro que alumbra el futuro

(Gerardo Amarilla- Subsecretario de Medio Ambiente)

 

Junto al Instituto de Liderazgo internacional de la Histadrut en Beit Berl 

 

En mayo de 1948 se declaraba la Independencia del Estado de Israel después de un largo proceso que supuso la intervención de ONU, en un territorio super disputado por diferentes potencias e imperios a lo largo de los tiempos . Parecía que el siglo XX no era una excepción 

Con la Independencia se abre sin duda un gran desafío para el liderazgo judío, que no sólo suponía tomar el control de un territorio, una organización estatal y una población, los tres elementos constitutivos de un estado moderno, sino mucho más que eso. 

Debían conformar ese estado, con los pobladores del territorio que estuvieron por muchos siglos y los que venían llegando producto de las persecuciones y la posterior tragedia de la Shoá.  Pero además habría que sumar a los cientos de miles que irían a llegar desde los cinco continentes en un proceso como la Aliá, que sería por varios años y que sumaría a millones de diversos contextos culturales.

Estos inmigrantes llegaban con tradiciones e idiomas diferentes, lo que sin duda sumaría una gran complejidad y por ello se imponía la enorme tarea de establecer  un idioma común, optando por el resurgimiento del hebreo como lengua que sirviera de como común denominador de la sociedad que se conformaba.

Tenían desafíos desde el punto de vista organizativo del propio Estado, al tener que conformar una organización estatal casi desde cero con lo que ello implicaba en el contexto histórico y geográfico donde se enclavaba el nuevo Estado. Definir el sistema de gobierno, los poderes públicos, la representación, así como los valores de la libertad y la dignidad humana, todo contenido en las leyes fundamentales del nuevo Estado de Israel. No menor la organización de la economía, una moneda, un sistema financiero y la actividad comercial y productiva que asegurara la satisfacción de las necesidades de toda esa dinámica y creciente población.

A todos estos desafíos que podríamos llamar intrínsecos, se suman lo vinculados a las dificultades del propio territorio, su aridez, la falta de recursos naturales, la escasez del agua y la carencia de infraestructura entre otros, que le sumaban dificultades a la enorme tarea por desarrollar. 

Pero no menor frente a estos escollos, resultarías las externalidades entre las que se destacaban las condiciones que le imponían desde la comunidad internacional y la hostilidad declarada de la mayoría de sus vecinos que llegaron incluso a declarar la guerra en varias oportunidades y con el objetivo de eliminar la existencia del naciente estado.

Con mucha dificultad y sacrificio, fueron venciendo los obstáculos y las adversidades que se fueron presentando. Una vez más, como lo habían hecho cuando llegaron desde Egipto o cuando volvieron de Babilonia, llegaron, se establecieron y se consolidaron.

Yo visité Israel por primera vez en 2015. Encontré un país moderno, en paz, con desarrollo, que respeta las diferencias y tolera lo distinto. Una democracia ejemplar, con instituciones representativas y con independencia que funcionan y controlan, salvaguardando derechos y libertades. Una sociedad que busca lo mejor para sus integrantes y que apuesta al desarrollo de la tecnología y la innovación, no sólo para resolver sus problemas y lograr avances de su nación sino para compartirla con la comunidad internacional. Un país que cuida y protege el enorme legado cultural y patrimonial de las civilizaciones que han dejado sus huellas en esas tierras. Una sociedad que cuida y protege como tesoros que son, al agua, los recursos naturales, la biodiversidad y el ambiente en general, sabiendo que la existencia misma de la vida depende su buen estado.

Un país y una sociedad que funciona, con reglas claras, con libertad y oportunidades para los suyos y para los que llegan. 

En un siglo XXI tan convulsionado y complejo, mirar a Israel en sus 74 años de Independencia y todo lo que se ha logrado, es para reconocer y honrar a sus líderes por la claridad de sus ideas y por la constancia de su labor, pero también a todo un pueblo que es artífice de ese milagro que alumbra como un faro hacia el futuro.

 

 

De Ope Pasquet, Presidente de la Cámara de Representantes

 

Foto: Depto de Fotografía del Parlamento uruguayo

 

Yo  siento una gran alegría por ver cómo sigue adelante un país que ha tenido que enfrentar y sigue enfrentando hoy tantas dificultades, tantos problemas y tantos desafíos. No ya a su prosperidad o su estabilidad, sino a su existencia misma. Israel nació teniendo que luchar por su vida y en estos 74 años ha logrado afirmarse, ha logrado crecer y manteniendo siempre, además una característica democrática que le singulariza en la región en la que está y que establece una profunda armonía con los valores del sentimiento también aquí en Uruguay. 

 

Israel  ha avanzado en prácticamente todo  campo de la actividad y son varios ya los Premios Nobel recibidos por sus científicos. Sus innovaciones tecnológicas se abren camino y logran éxitos económicos resonantes.  Israel es un país y  una sociedad, que con libertad y en un marco democrático, avanza resueltamente  derribando los obstáculos que se le presentan en el camino. No minimizo los problemas que subsisten y las dificultades que hay que superar, pero confío en que si pudo avanzar y superarse  cuando nació, podrá seguir haciéndolo ahora que está  cada día más  fuerte y es cada vez más respetado en el complejo internacional; y espero que con estas nuevas fortalezas que va adquiriendo va a lograr un relacionamiento pacífico con sus vecinos.

 

He estado siguiente los últimos sucesos en Israel, la recurrencia de los atentados , y los sigo desde Montevideo, lamentablemente,  con amargura. Se recae  otra vez en esos comportamientos criminales que no solamente me dicen cómo es la moral de ser criminales, sino que el problema desde el punto de vista político merece también un condena. 

Si se quiere encontrar soluciones tanto para los palestinos como para Israel , para que puedan convivir un día, debe estar claro  que la violencia no es un camino, la paz es un camino. Esa es una enseñanza de la historia.  El terrorismo merece siempre una condena moral. Y espero que se pueda profundizar las conversaciones políticas para que el pueblo de Israel y el pueblo palestino puedan convivir en paz. 

 

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