Janet Rudman

Janet Rudman

Me gusta leer y escribir. Encontré en la lectura y la escritura una forma de canalizar mi esencia. Leo con la misma pasión con la que tomo café. Me gusta escribir sobre historias mínimas. He trabajado en varios proyectos editoriales uruguayos que construían identidad judía: Kesher, TuMeser, Jai y ahora formo parte del staff de SemanariohebreoJai.

Columna de opinión

La vuelta al dentista

Me subí a un  bondi super lleno y no me dio miedo no  encontraba el tapabocas en la cartera. El corona vino para quedarse como todos los virus del invierno y lo aceptamos.  Como las novias y novios de los sobrinos que se suman a la familia,  que vienen siempre con las manos vacías y son los primeros en empezar a comer, y  nunca levantan un plato. Pero al final, se integran, aunque no nos gustan los comentarios progresistas con camperas Columbia  y las reiteradas menciones a la comida sana, en contraposición a la que está servida en la mesa. 

Hace un rato miraba por la ventana del bondi y pensaba que pocos me tomé  en estos años de pandemia, y nunca  reconocía a nadie, todos con el tapabocas por debajo de los ojos.  Miraba sonrisas y expresiones como si me subiera a un bondi por vez primera,  el sonido de Petinati de fondo sonaba como algo añorado y detestado a la vez.

Sería exagerada si digo que disfruté mi visita al dentista, hacía dos años que me había comido la revisión anual.  Cada vez tengo menos motivos para ir al Centro de Montevideo. Y la dentista es uno de ellos. Me voy a inventar tratamientos para ir seguido. ¿Será que es como con las clínicas de belleza que siempre hay otro tratamiento de belleza que no probamos? 

La dentista se mudó a  la calle Colonia, recuerdo  su anterior consultorio, más amplio y más lujoso, lo compartía con su ex, se terminó el matrimonio y el consultorio. Ahora atiende en uno con esos porteros eléctricos  con instrucciones, digite el piso, digite más y luego lo atenderán.  Un muchacho de 20 años atrás mío, me dice, “señora”, hay que apretar la campanita, y yo ni idea. Menos mal que me dijo sino estaba media hora para tocar el timbre.

Sentarme en el sillón del dentista es un viaje siempre. Cada arreglo, cada limpieza dental me recuerda a un momento puntual de mi vida. Estoy ahí con la boca abierta y la mente en otra parte.  La única vez que me hicieron  un tratamiento de conducto lo estropee al comer algo parecido a una empanada de langosta en un mercado de comida en Boston. Era el año 2016 y en Montevideo no existía el Mercado Williman ni el Ferrando. También probé cannoli y recién los comí en Montevideo en el cumple de mi amiga Karina en el 2020. Lo que más me quedó del viaje fue el frío, comer  langosta entera por segunda vez en mi vida y dormir en un hostel sin baño privado.

Mis viajes son sin chek in, y sin seguro de salud. Me alcanza con ir al dentista. Esta semana tengo cita.

Janet Rudman
(23 de Mayo de 2022 a las 15:10)

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