Ruben Kurin

Ruben Kurin

Soy Ruben Kurin, trabajé desde los 14, un día me di cuenta de que tenía más de 60 y pensé que necesitaba un cambio. Siempre me gustó escribir y quise dedicarle más tiempo a temas que me interesaban,  aprendí idiomas, informática, filosofía y  historia, Ahora puedo escribir y expresarme. Soy feliz porque considero que lo que no disfrutamos es tiempo perdido.   

Columna de opinión

¿Sos viejo o solo algo mayor?

Llegó el momento para disfrutar y decir gracias por habernos hecho “grande” y partícipe del progreso.

¿A qué voy con esta frase algo cursi quizás?

Tendríamos que retrotraernos a una casa con un inmenso patio techado por una claraboya al que daban todos los ambientes incluyendo aquel comedor muy bien cuidado prohibido para nosotros los niños.

Había un fondo sin plantas ni pasto y además bastante árido lindante con una obra en construcción que curiosamente no tenía ninguna clase de muro o alambrado que la separara de nuestra casa.

Para llegar a ese fondo se tenía que atravesar una inmensa cocina en la que trabajaban doña Clemencia la cocinera y además algo así como un ama de llaves ayudada por sus hijas Angélica y otra de la que se me olvidó el nombre.

Por una gran escalera de gruesa madera en un costado de la cocina se subía a ese recinto que nunca faltaba en aquellas casas llamado altillo al que nunca llegué a conocer porque con tan solo uno o dos años en el intento de subir caí del escalón número diez y fue vedado para mí por decisión unánime del núcleo familiar.

Así llegamos al frente adonde funcionaba la zapatería de mis padres, lugar en el que verdaderamente pasé la primera infancia marcando así una especie de futuro comercial para mi vida.

Nací hace ya casi 78 años en el barrio de los judíos y así se le llamaba aunque su verdadero nombre es Goes pero hoy se popularizó y ya casi nadie dice:

–voy a Goes, sino que dice  -voy al barrio de los judíos.

Recalco mi edad y siento “el kilometraje” recorrido en el cuerpo porque en mi mente solo reconozco el largo camino de experiencias que le agregaron sabiduría a ese viejo cuerpo.

Hoy tengo frente a mí tres computadoras y por detrás a tan solo una media vuelta de sillón giratorio la biblioteca que me alimentó el cerebro por décadas.

Todos los días aprendo algo nuevo y cada uno de esos días el poder de asombro cada vez es más fuerte y es esto último que mantiene mis ganas de vivir intactas.

Siempre dije que amaba la vida porque nunca pensé en ella como un destino sino como un camino que había que transitar paso a paso disfrutándolo minuto a minuto.

Así he vivido los momentos de felicidad y otros no tanto porque tuve muchas caídas pero a la vez otras tantas levantadas y esos golpes me hicieron más fuerte.

Hoy esto que llamamos vida se fue en un gran porcentaje y considero un privilegio haber sido testigo del siglo más importante en lo que se refiere a adelantos tanto científico tecnológico como de los otros y apuesto al saber más cada día.

Por eso las tres computadoras.

Ellas están encendidas las 24 horas.

Con una recorro el mundo en noticias que me hacen vivir el presente.

En otra disfruto del arte, la música, asisto a espectáculos de calidad, aprendo a comer bien, etc. y en la tercera descargo toda la energía en esta pasión que es escribir.

En las tres computadoras están instalados los programas con los que puedo comunicarme con hijos, nietos, parientes y amigos que residen en el exterior, asistir a cursos on line, etc. Es el poder de asombro que comenté anteriormente y que nunca me falte.

El planeta entero recién está saliendo de una pandemia que amenazaba a aniquilarnos pero quien les habla y vos que estás leyendo esto ambos fuimos privilegiados al estar todavía vivos entonces:

¿Tenemos derecho a ser infelices?

En varias ocasiones estuve al borde de morir y recuerdo alguna en particular.

A los diez años en la playa me llevó la corriente y cuando ya casi no podía respirar dos personas que por casualidad me vieron me salvaron.

Otra vez fue en un asalto a mano armada en que entre cientos de balas a mí alrededor solo una me pegó en la pierna pero que podría perfectamente haberme perforado la cabeza.

Allí tenía yo cincuenta y pico.

Fue este episodio que me cambió la forma de ver el mundo y aunque filosóficamente siempre pensé igual, aquello de que había que disfrutarlo todo, este evento macabro hizo que desde ese día disfrutara del doble lo que se me ofrecía.   

 Tuvieron que pasar varias décadas y algo más para entender que con paciencia lográs lo que con apuro sería imposible

Denme papel lápiz una mesa en algún bar mirando la gente siempre tendré historias que contar

 

En los libros, el lenguaje, en la escritura está aquello que nos hace diferentes a los otros animales.

Cuando Kafka mandó al amigo a quemar sus libros después que muriese

Cuando Hemingway se tomaba hasta el agua de los floreros para no estar sobrio y así escribir sus obras

Cuando Scott Fitzgerald confesaba a Hemingway sobre su tragedia de ser homosexual y este le vaticinaba que "El gran Gatsby" sería un éxito

Cuando Pollok explotaba manchas de pintura contra la pared que lo llevarían a la fama.

Cuando Picasso pintaba una simple paloma o dibujaba una mujer bizca con tres tetas

Cuando Lennon "Imaginó" en una balada un único mundo sin fronteras ni idiomas con toda la gente viviendo en paz

Cuando Disney hizo hablar a los animales

Cuando Golda Meir enfrentó a los enemigos con las estrategias de las "idishe mames" logrando lo que no era más que una utopía

Cuando un tal Julio Verne en su imaginación inventó todos los adelantos que serían hoy una realidad y todavía más

Cuando un chico llamado Bill Gates y otros como él en un garaje literalmente cambiaron el mundo

¿Qué podemos decir de Cervantes que hizo hablar a un loco chantándoles verdades de forma subliminal a los gobernantes corruptos, despóticos e inútiles por excelencia?

Pero podría seguir recordando a cientos de locos que con sus locuras describieron por ejemplo un lugar como, "Macondo" de la mano de un genio extraviado por sus ideas comunistas además de su amistad con un tirano como Fidel como si fuera otro personaje aunque nefasto y real este no como los Buendía de "100 años de soledad"

Ninguna persona normal deja de ser rebaño.

Nadie que se despierte a la mañana para continuar con la misma rutina por día, semana, meses, años y así morir aunque haya vivido hasta los 120 como les deseamos a quienes queremos, ninguno ha de cambiar nada importante.

Formar parte de la mayoría es ser una hormiga más en un gigantesco montón de tierra.

¡Por eso quiero ser loco!

Aunque no pueda dibujar una mujer con tres tetas ni pueda desparramar pintura en el piso porque no sería más que hacer mugre, aunque le ordene quemar mis apuntes a mis herederos no serviría de nada porque es lo que ya tienen pensado de antemano llevarlos directo a la volqueta yo sigo tratando de trasgredir las reglas de la cordura escribiendo lo que yo llamo con orgullo divagues.

Mirar atrás en la historia nos ayudará siempre a comprender mejor el presente y hasta podremos predecir el futuro.

Pero el futuro es hoy, ahora, asombrarse constantemente y aprender de lo que está pasando sin lamentarse de lo que ya pasó ni llorar por las cosas malas que quizás nunca pasen o no sean  tan malas como las imaginábamos.

Desde aquella casa del “barrio de los judíos” en que nací pasaron millones de historias en el mundo y en mi vida que me asombraron y aquí está mi mente sana para poder tratar de entender lo que pasa disfrutarlo o superarlo si fuera necesario

Ruben Kurin
(1 de Agosto de 2022 a las 18:44)

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