Cultura

Entrevistamos a David Vogel por su libro La copa de Leopolstad

Bio

David Vogel nació en Montevideo en 1965. Su madre, oriunda de Tala, Canelones, y su padre, nacido en Montevideo, fueron hijos de inmigrantes judíos que en la década del treinta escaparon del infierno europeo.

Vivió su infancia y parte de su adolescencia en el barrio Tres Cruces, a pocas cuadras del Estadio Centenario; y probablemente esa cercanía haya contribuido a contagiarle la pasión por el fútbol, plasmada en esta novela. Es máster en Economía graduado en la Universidad Católica de Chile, y ha representado a Uruguay en el Directorio Ejecutivo del Fondo Monetario Internacional entre los años 2000 y 2020. Es columnista semanal sobre temas económicos en el programa Más temprano que tarde, que se emite en la radio El Espectador de Uruguay. Actualmente vive en Maryland, Estados Unidos.

 ¿Vos sos economista de profesión, cómo se origina en vos este libro de ficción?

Los números y las letras pueden convivir en armonía y en ocasiones hasta llegan a complementarse. Mucho antes de que se despertara mi vocación por la economía, ya estaba encendida mi pasión por la literatura. No recuerdo épocas de mi infancia sin tener varios libros alrededor, especialmente de ficción. La escritura siempre me fascinó, y en un momento todo desembocó en un proyecto mucho amplio como es el deimaginar, armar y escribir una novela de ficción, con el sustento de historias reales. 

 La copa de Leopoldstadt es una historia de inmigrantes hermanados por el fútbol, ¿qué importancia tiene en esta historia que vos mismo seas un emigrante?

Es posible que el hecho de no vivir actualmente en Uruguay, que a pesar de la distancia y el tiempo es mi país, pueda generar una sensibilidad especial al momento de escribir una historia como esta. Sin embargo, voy a Uruguay con frecuencia, como no fue el caso de mis abuelos y tantos abuelos, padres y familiares de amigos y conocidos a sus países de origen. Creo que las historias de la novela están mucho más inspiradas en ellos, que escaparon del infierno de Europa y sufrieron pérdidas irreparables; y el regreso no era una opción. Y cuando pasadoel infierno,tuvieron esa posibilidad, aunque sea a visitar sus antiguos países que ya no reconocían, muchos no quisieron o no pudieron hacerlo por el dolor y los recuerdos insoportables que ello les hubiese generado. 

 ¿Qué rol juega en esta historia tu amor por el fútbol y tu cercanía del Estadio Centenario?

Un rol fundamental. Escribiendo la novela, me sentí partícipe de la creación del Hakoah de Viena; me comí las uñas en la tribuna el día del partido final, cuando el Hakoah logra el campeonato de Austria, en 1925; como con otras cosas, me angustié con lo que le ocurrió a la institución y a sus deportistas cuando los nazis tomaron Austria; seguí la acelerada vida del legendario BelaGuttmann, el jugador más emblemático del Hakoah; me senté en el Centenario el día de la final de Peñarol contra el Benfica, en 1961; viví las historias de fútbol, despecho, religión y amor de los personajes de la novela, tanto en Viena como en Montevideo. Definitivamente, no hubiese logrado tal grado de compenetración y pasión en caso de haber escrito una historia vinculada digamos que al béisbol o al fútbol americano. Asimismo, las caminatas desde mi casa hacia el Estadio Centenario, atravesando el Parque de los Aliados, con sus olores y colores, forman parte de mis más preciados recuerdos de la infancia. 

¿Por qué elegiste el club Hakoah de Viena como eje de tu historia? 

Porque me pareció una historia fabulosa, no demasiado conocida; y vale la pena recuperarla y conocerla. El Hakoah de Viena se funda en 1909 como reacción a cláusulas antisemitas que impedían a deportistas judíos participar en otras instituciones. El equipo logra ser campeón de la liga principal de fútbol de Austria, que en aquellos tiempos era de las dos o tres mejores de Europa y del mundo. El Hakoah no sólo tuvo fútbol; hay historias extraordinarias, por ejemplo, de sus nadadoras. Cuando el equipo del Hakoah de Viena va de gira a Estados Unidos en 1926, los recibe el presidente del país. Fue un equipo de época. Iban veinte mil hinchas a verlo cada fin de semana a su estadio de Leopoldstadt, el distrito donde vivía la mayor parte de la comunidad judía de Viena. Con la anexión de Austria, los nazis procuran borrar todos los recuerdos, las estadísticas sobre Hakoah; y aquel campeonato. Y hay gente que se resiste a que se incinere la memoria. Asimismo, luego de la guerra, se refunda el Hakoah, que sigue allí; sin fútbol, es cierto, pero con la llama encendida. Y la novela procura poner un granito de arena más para que esa historia perdure, para que aquel campeonato, como la llama de la memoria, no se apague jamás. 

¿Dos familias, como tantas otras, sufrieron los avatares de una época oscura de la humanidad, te inspiraste en alguna familia real para recrear sus vivencias?

Como señalaba antes, me inspiré en mi familia, en familias conocidas, y en tantas otras que no conocí. Comparto con todas ellas el dolor por el Holocausto, y el orgullo por la resistencia, por la resiliencia, y por seguir adelante. Mirando hacia adelante, pero sin jamás perder la memoria, en la luchacontra quienes pretenden incinerarla, y contra quieren imponer o reimponer odios y prejuicios de cualquier tipo.

 ¿Cómo fue tu investigación sobre los bares de Uruguay de los sesenta, tuviste algún veterano conocido que te ayudó?

Llegué a conocer bares de ese tipo en Uruguay, y diría que sigue habiendo alguno que otro de ese estilo, con fotos tipo las de Maracaná o la de Gardel gobernando las paredes, y tangos sonando desde viejas radios. De hecho, me senté en algunos de ellos para recrear alguna de las situaciones de la novela que se producen en el bar. También, entre varias investigaciones que hice, estuvo la de “encontrar” el sitio exacto para el bar descripto en la novelae “identificar” a sus parroquianos. 

 La novela va y viene en el orden cronológico, ¿cómo construiste el esqueleto de la misma?

Hay varios paralelismos entre sitios y épocas, entre las situaciones que ocurren en Viena, durante las décadas del veinte y treinta, y Montevideo, en los cuarenta, cincuenta y sesenta. Hasta que, en cierto momento, esas historias que parecen paralelas llegan a cruzarse, desencadenándose otra serie de episodios que transforman vidas, presentes y pasadas. Para el armado de la novela este “desorden cronológico” resulta un recurso imprescindible, y creo que el lector se acostumbra muy rápido a ese constante cambio de época. 

¿Cómo fue tu vivencia personal en Viena en el barrio de Leopolstad y tu visita al club Hakoah?

Una excelente experiencia; nos instalamos con mi familia en Leopoldstadt, hicimos el trayecto a la cancha que “habrían realizado” los personajes de la novela, vivimos en “sus lugares”, además de profundizar la investigación en museos, sinagogas y legendarios sitios de café. En el Hakoah de Viena me reuní con su actual presidente, quien era un niño cuando debió escapar de Austria junto a sus padres; al final de la guerra regresaron, y su padre fue uno de los que refundó el Hakoah. Me contó maravillosas historias y costumbres de aquellos tiempos, que están incorporadas en la novela. 

 ¿Qué conocías de Bela Guttmann antes de comenzar a escribir el libro? Me dieron ganas de leer todo sobre él, un personaje fascinante.

Lo conocía muy superficialmente, y por la punta del Hakoah comencé a “tratarlo” mucho más; y en algunos casos, hasta entenderlo. Investigué mucho sobre él; fue leyenda en Viena y en Estados Unidos como jugador; sobrevivió escondido parte del Holocausto, y allí fue asesinada buena parte de su familia; en el estadio de Benfica hay un monumento suyo, aunque también allí se habla hasta hoy de “la maldición de Bela”,un maleficio del cual aun no consiguen deshacerse; trabajó como director técnico en Italia, Brasil, Argentina y Uruguay; ganó fortunas en el fútbol y las perdió en juegos de azar. En paralelo con otras historias, la novela recorre la de Bela Guttmann, y he tenido la satisfacción de que muchas personas, incluyendo gente del ámbito del fútbol, me han dicho que han descubierto a este notable personaje a través de la novela. 

¿Cómo llegaste a leer sobre la Ley de Indeseables de Gabriel Terra del 32? 

He recurrido a decenas de libros para la investigación; por caso, sobre la historia de la segunda guerra, el Holocausto, el Hakoah y BelaGuttman, vida, costumbres y cultura en Austria, y también sobre la inmigración en Uruguay. Me traje varios libros de YadVashem, entre ellos el titulado “Entre la aceptación y el rechazo”, que tiene un excelente capítulo sobre Uruguay y los refugiados judíos del nazismo, en donde, por caso, aparece esta ley, sus antecedentes y sus repercusiones.  

 

 

Janet Rudman
(12 Octubre 2022 , 16:07)

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