Israel

Algunas de las bombas de tiempo de la inminente coalición de Netanyahu

Es indudable que la coalición que forme el hoy jefe de la oposición Biniamin Netanyahu al volver a convertirse en Primer Ministro-lo cual ya podría concretarse a mediados de este mes- será de derecha, la más conservadora en la historia política de Israel. Pero contrariamente a la primera impresión que quizás muchos tienen-más que nada al compararla con la muy multifacética coalición saliente de Yair Lapid- no será en realidad una coalición homogénea.

A continuación, algunos ejemplos de los temas que encierran el mayor potencial de choques internos en la inminente coalición de Netanyahu.

 

La distribución de ministerios

Antes de abordar la ideología, vayamos a lo más concreto e inmediato, lo que puede estallar a muy corto plazo: enojos y críticas por la forma en que sean distribuidos los cargos, los ministerios a ocupar.

El tema es conocido y constituye un problema en cualquier coalición: cómo maniobrar entre los deseos de los socios, sin los cuales no hay coalición, y del partido central de gobierno, en este caso el Likud, que no sólo es el del Primer Ministro sino el más grande, más del doble o el triple de cualquiera de sus socios.

Todo dependerá del apetito de los socios, de la flexibilidad que muestren y su comprensión que Netanyahu tiene también que estar atento a las expectativas de su propia gente.

El mayor potencial de conflicto estará en los casos en los que los candidatos fueron a la campaña electoral con una exigencia clara, que casi presentaron como su tema principal. Este es el caso de Itamar Ben Gvir, número  2 de “El Sionismo Religioso”, que sostuvo que él, como Ministro de Seguridad Interna, sabrá cómo lidiar con el terrorismo, con la violencia y la delincuencia árabe que han incidido seriamente en la sensación de falta de seguridad ciudadana. Reiteró la idea también este jueves, tras el nuevo acuchillamiento en la Ciudad Vieja de Jerusalem.

Itamar Ben Gvir, el martes por la noche, al quedar en claro cuán grande había sido el logro de su partido (Foto: Moshe Bitton)

 

Pero casi nos atreveríamos a vaticinar que Netanyahu tratará de no darle esa cartera, tanto por su imagen de provocador como por lo delicado del cargo y por algo mucho menos subjetivo ni político: Ben Gvir ni siquiera hizo su servicio militar obligatorio, no tiene ninguna capacitación especial que justifique que él tenga sobre sus hombros semejante responsabilidad. Dicho sea de paso, no fue reclutado en su momento precisamente por sus antecedentes como seguidor del rabino extremista Meir Kahana, que tras ser diputado fue proscripto por su ideología anti  árabe. Ben Gvir sostiene que cambió desde su juventud.

Este es sólo un ejemplo.

Rezos en el Monte del Templo

Itamar Ben Gvir, número dos en el partido “El Sionismo Religioso”, que se ha convertido en el símbolo principal de la preocupación que la inminente coalición despierta entre sus críticos dentro y fuera de Israel-por sus antecedentes de línea dura y participación en incidentes polémicos- tiene varias exigencias. Una de ellas, es que se permita a los judíos orar en el Monte del Templo.

Itamar Ben Gvir en Har Habait (Foto: Palestine Live 2)

 

Esa zona, Har Habait en hebreo, la más sagrada para el pueblo judío (porque allí estaba el templo sagrado de Salomón), es lo que los musulmanes llaman Haram al-Sharif y también Al Aksa, aunque originalmente este último era solamente el nombre de la mezquita más sagrada en el lugar.

Debido a lo delicado del lugar, cuando Israel liberó la Ciudad Vieja de Jerusalem al repeler el ataque jordano en junio de 1967, aunque la seguridad pasó a manos de Israel , al igual que la soberanía formal, en la práctica se impuso un status quo que aspiraba a evitar enfrentamientos explosivos. Todos pueden subir a visitar el monte sagrado, pero solamente los musulmanes pueden orar allí.

Es un hecho: los musulmanes no están limitados en el monte sagrado, los judíos sí.

Itamar Ben Gvir, que nunca reparó en temas “delicados” ni aceptó que hay que maniobrar políticamente para andar con cautela en puntos potencialmente explosivos, recalcó repetidamente que él trabajaría para cambiar esta situación y garantizar que también los judíos puedan rezar en su lugar sagrado.

Esto puede hacerlo chocar frontalmente con el propio Netanyahu, quien durante 12 años seguidos estuvo en el poder hasta hace un año y medio-además de su primer gobierno en 1996- y nunca cambió el status quo, para evitar problemas.

Pero este tema es explosivo también para otros socios de coalición, los partidos ultraortodoxos. Mientras el nacionalista Ben Gvir-que también es religioso- quiere poder orar en Har Habait en gran medida por consideraciones de hacer valer derechos frente a los musulmanes, los dos partidos del sector haredi, ultraortodoxo, Shas y Yahadut Hatora, se oponen rotundamente  por consideraciones religiosas. Todos los rabinos del sector haredi y muchos otros fuera de él, se oponen no sólo al rezo judío en Har Habait sino a las visitas de judíos al lugar, no porque no lo consideren sagrado sino todo lo contrario. Al no poder determinarse con precisión en qué punto del monte sagrado se encontraba el “Kódesh Hakodashím”, o sea el lugar en el que se hallaban en el Templo las Tablas de la Ley, temen que alguien pise lugar sin  haber pasado el requerido proceso de purificación, y de ese modo, lo profanen.

Moshe Gafni, número 2 en el partido ultraortodoxo “Yahadut HaTorá”, criticó directamente a Ben Gvir, afirmando que “sube a Har Habait aunque tiene claro la oposición de todos los rabinos jefes, y lo profana”. Agregó que como tiene un carácter propio de quien quiere “caldear los ánimos”, hace una campaña “de que está contra los árabes, que hará lo que hay que hacer”, alegando que “en eso es como Yair Lapid, lo principal es la campaña”.

Moshe Gafni de Degel Hatora, parte de Yahadut HaTora (Foto: Twitter)

 

Asentamientos

Una de las características centrales de “El Sionismo Religioso” es la agenda nacionalista, que aspira a la declaración de las zonas de Judea y Samaria en las que reside el grueso de la población judía de los asentamientos, como parte del territorio soberano de Israel.

Quieren intensificar la construcción en los asentamientos y legalizar lo que ahora se conoce como “las comunidades jóvenes”, pero que son en realidad los puestos erigidos sin autorización oficial en distintas partes del terreno. Sostienen que es parte de la tierra ancestral del pueblo judío  y debe ser formalmente parte integral del Estado de Israel.

El potencial problemático en este punto está en la trayectoria de Netanyahu, quien aunque en alguna campaña electoral en los últimos años dijo que daría ese paso respecto al Valle del Jordán (no lo hizo respecto a Judea y Samaria) en la práctica jamás lo llevó a cabo.

Netanyahu, aún en tiempos de enfrentamientos con el entonces Presidente de Estados Unidos Barack Obama, supo maniobrar de acuerdo a ciertas necesidades diplomática, y se adaptó repetidamente a consideraciones diplomáticas. En general hubo muchas veces grandes diferencias entre sus discursos y su política en el terreno.

La gran pregunta es cuánto exigirá El Sionismo Religioso y cuánto presionará a Netanyahu para obligarlo.

Es interesante que en este tema, un elemento moderador puede ser el partido ultraortodoxo SHAS (Sefaradíes Guardianes de la Torá), que obtuvo casi el 10% de los escaños de la nueva Kneset. Aunque se sabe que sus votantes son en general ciudadanos con posturas de derecha en temas políticos, su liderazgo siempre fue considerado moderado. Cuando el entonces Primer Ministro Itzjak Rabin firmó a comienzos de los años 90 los acuerdos de Oslo, el líder máximo de SHAS Rabino Ovadia Yosef, lo apoyó abiertamente, recalcando que la santidad de la vida supera la santidad de los territorios. Esto, dado que en el marco de los acuerdos, Israel se retiraba de parte de Judea y Samaria y la entregaba a control de la Autoridad Palestina.

La foto de portada de Arye Deri, jefe de SHAS , en Twitter . De fondo, una foto suya con el Gran Rabino Ovadia Yosef, ya fallecido.

 

Religión y Estado

Está absolutamente claro que la visión del Likud-un partido secular aunque con mucho respeto a la tradición judía, con numerosos votantes religiosos- es muy distinta de la de los partidos ultraortodoxos, respecto al lugar de la religión en el manejo del Estado de Israel.  

Los partidos del sector haredi lo saben y tendemos a creer que optarán por no tirar de la cuerda en temas que afecten a la población en general tratando de imponer restricciones o reglamentos que la población laica simplemente no aceptará. Indudablemente quisieran que no haya ningún negocio abierto en Shabat, día de descanso religioso judío, pero estimamos que no tomarán ninguna iniciativa para cambiar el status quo reinante hoy.

Pero pueden sí ejercer mucho más presión en temas que inciden en su propia vida como sector ultraortodoxo.

Uno de los temas principales en la agenda de los partidos ultraortodoxos pasa por los presupuestos a sus instituciones educativas, un punto que ha despertado polémicas también durante la campaña electoral. Oficialmente, aquellas instituciones en las que no se enseña lo que en hebreo se conoce como “libá”, o sea las materias básicas de la instrucción general- matemáticas e inglés- no reciben  el mismo presupuesto que el resto. Pero en setiembre, durante la campaña electoral, se publicó que Netanyahu había prometido a las dos facciones que componen el partido “Yahadut HaTorá”-como parte de las negociaciones para intentar evitar que se separen y desperdicien votos- que si él vuelve a la jefatura de gobierno, igualará los presupuestos independientemente de si estudian o no “libá”.

El Primer Ministro Lapid y su Ministro de Finanzas lo condenaron duramente, afirmando que “para su supervivencia política, está dispuesto a sacrificar a jóvenes haredim que sin esos estudios, no conseguirán trabajo”.

La gran pregunta es si Netanyahu realmente tratará de cumplir con su promesa, si se topará con escándalos en la oposición o quizás con críticas en su propio partido, de parte de diputados que lo consideren una medida irresponsable.

De todos modos, otro tema clave en lo referente a los partidos ultraortodoxos es la puja entre ellos mismos. Moshe Gafni de Degel HaTorá (parte de Yahadut Hatora) ya dijo que "ni pienso permitir que Deri tenga a su cargo los temas de la religión", en relación a Arie Deri, el jefe de SHAS.

La comunidad LGBT

Diversas figuras de “El Sionismo Religioso” se han referido abiertamente a la homosexualidad como “un serio problema” o “una enfermedad” y algunos también participaron en el pasado en manifestaciones contra la marcha del orgullo gay, especialmente en Jerusalem.

No está claro aún si intentarán traducir estas posturas en políticas prácticas que limiten los derechos de la comunidad LGBT, algo que hoy parece imposible dada la gran apertura en este tema que ha habido en Israel. Si lo hicieran, sin duda chocarían con el Likud. El partido, como ya mencionamos, no es religioso, es un partido secular , en algunos aspectos liberal, que también abrazó a Amir Ohana, como el primer ministro (de Justicia) que era gay declarado .

Amir Ohana, en una foto que le tomamos años atrás al entrevistarlo en la Kneset. Era diputado. Luego fue ministro.

 

Lo que sí nos arriesgaríamos a vaticinar, es que ni El Sionismo Religioso ni los partidos ultraortodoxos permitirán al Likud aprobar presupuestos del Estado para financiar facilidades especiales para la comunidad LGBT. Eso no quita, sin embargo, que puedan seguir haciéndolo las municipalidades que lo deseeen, tal como lo ha hecho muy exitosamente la municipalidad de Tel Aviv.

“No podrán frenar nada, no tienen autoridad para hacerlo”, declaró este jueves el intendente deTel Aviv Ron Huldai en referencia a su política al respecto.

 

En resumen

La coalición que será formada por Netanyahu y gobernará Israel dentro de poco, lo tiene a él como líder indiscutido y se considerará y presentará como una coalición de derecha, cuya tendencia es especialmente clara más que nada en comparación con la coalición saliente , la más heterogénea en la historia de Israel.

Pero en la práctica, su composición deja en claro que no es realmente homogénea. Puede serlo en cuanto a su oposición al gobierno de cambio que termina pronto su papel , pero no en cuanto a su forma de ver todos los temas cruciales del Estado de Israel.

 

Ana Jerozolimski
(03 Noviembre 2022 , 09:43)

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