Israel

Se cumplieron 20 años del accidente del Columbia y la muerte del primer astronauta israelí

El 1° de febrero del 2003, se hizo añicos un sueño cuando el “Columbia”, la nave en la que había partido al espacio el primer astronauta del Estado judío, Ilan Ramon, se desintegró en su camino de regreso a la Tierra, prendiéndose fuego al entrar a la atmósfera. Ilan y sus seis compañeros perecieron al instante.

Ilan Ramon, el primer astronauta israelí (Foto: NASA)

 

  En Israel se vivía con gran emoción aquel sábado la expectativa ante el regreso de la nave. El entonces Primer Ministro Ariel Sharon publicó un comunicado oficial en el cual “en nombre del gobierno y pueblo de Israel”, expresó esperanza “por los astronautas del transbordador Columbia” y señaló que “elevamos una plegaria a Dios el Creador orando para que los astronautas regresen sanos y salvos a casa”. Procurando no dar como hecho el peor de los desenlaces, el jefe de gobierno israelí intentó dejar abierta cierta esperanza, pero la atmósfera general en el país era sombría.

   Eiezer Wolferman, padre del astronauta israelí, que había sido invitado al estudio del Canal 2 de televisión para acompañar, orgulloso, la transmisión festiva sobre el regreso de su hijo y los seis astronautas estadounidenses, comprendió el horror que estaba ocurriendo y regresó a su casa. Poco después llegó la confirmación fatal desde Florida. “Ahora ya no tenemos a Ilan con nosotros y eso es una gran tragedia”, resumió.

   “¡Qué fin tan terrible para un sueño tan hermoso!”- comentó una de las locutoras de la radio pública “La Voz de Israel”. Ilan Ramon, conocido en ese entonces por mayores y niños en Israel, se había tornado en un símbolo, casi un héroe nacional, posición que él, a juzgar por sus declaraciones en distintas ocasiones, llevaba con orgullo pero con una inmensa humildad.

     Su despegue a bordo del Columbia 16 días antes de su muerte, fue seguido por el país todo con gran emoción. El tema ocupaba las primeras páginas de todos los diarios y era el primero mencionado en todos los noticieros, señalando figuras oficiales y ciudadanos comunes que “al fin, en medio de tantas malas noticias, vivimos algo reconfortante”. 

    “Ansiamos ya retornar a casa y poder vivir una vida lo más normal posible”- declaró poco antes del esperado regreso, en tono alegre,  Rona Ramon, esposa del astronauta israelí, en conversación telefónica con el Canal 1 de la televisión israelí, sin saber por supuesto cuál sería el terrible final del Columbia. Años después, a la temprana edad de 54 años, falleció Rona Ramon de cáncer, tras haberse abocado a canalizar el legado y la figura de su esposo a la educación de jóvenes y niños en Israel.

     Ilan Ramon, muerto a los 48 años,  piloto de combate y Teniente Coronel en la Fuerza Aérea israelí,se contó entre los primeros en volar el caza F-16, en el cual era considerado un experto.

 

Ilan Ramon como Coronel en la Fuerza Aérea de Israel

 

Era el más joven del equipo que bombardeó en 1981 el reactor nuclear “Osirak” en Irak, garantizando así que Saddam Hussein no obtuviera en corto plazo poderío atómico. En 1997, previa iniciativa del entonces Premier israelí Shimon Peres y la aprobación del Presidente de Estados Unidos Bill Clinton, fue seleccionado como el primer israelí que sería convertido en astronauta, para lo cual comenzó a entrenarse un año después.

    Como hijo de una sobreviviente del campamento de exterminio nazi Auschwitz en la Segunda guerra mundial, Ramon quiso destacar ese simbolismo también durante su vuelo espacial. Llevó consigo un pequeño dibujo de Peter Gintz, un niño judío de 14 años asesinado por los nazis, que soñaba con el espacio y había plasmado en el papel un tema que le apasionaba: la vista de la Tierra desde la Luna. 

    Ilan también llevó consigo un diminuto pergamino de la  Torá- el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia- que simbólicamente, le entregó uno de los miembros de la delegación científica israelí que acompañó en los últimos años el proyecto de NASA en el que participaba Ramon. El dueño del pergamino-ahora aparentemente perdido- era el Profesor Joachim Joseph, físico atmosférico de la Universidad de Tel Aviv, quien de pequeño, era uno de los niños judíos presos en el campamento de concentración Bergen-Belsen durante la Segunda guerra mundial. En 1944, cuando Joseph acababa de cumplir su Bar-Mitzvá en las difíciles circunstancias que imponía el cautiverio , el rabino que se hallaba con él en la barraca -y que había organizado en secreto una ceremonia de celebración - se le acercó y le dijo: “Toma este pergamino del que acabas de leer porque yo no saldré vivo de este lugar.Tienes que prometerme que si sales, contarás esta historia”.  El rabino fue en efecto asesinado y el pequeño Joseph fue liberado tiempo más tarde en un intercambio de prisioneros. Llevaba consigo el sagrado pergamino.

   Durante una de las visitas de Ilan Ramon a Israel-en medio de los entrenamientos en Texas- fue invitado a la casa del Profesor Joseph. Mirando su biblioteca, se percató del pequeño pergamino colocado en uno de los estantes. Preguntó qué era y escuchó la historia. Quedó impresionado y pidió al científico, sobreviviente del Holocausto al igual que la madre de Ilan Ramon, que le permitiera llevarlo consigo al espacio. Joseph, por supuesto, aceptó emocionado. Desde el Columbia, Ilan mostró a la pantalla en uno de los contactos espaciales, el diminuto pergamino.  Qué mejor respuesta que ese simbólico gesto, para todos aquellos seguros de que podían erradicar al pueblo judío de la faz de la tierra. Y qué mejor forma de eternizar ese pergamino, que en manos de alguien que cruzaba los límites de la imaginación, de un ejemplo del moderno Israel, una combinación de la defensa nacional como piloto de combate y de la cooperación en aras de la ciencia y el progreso, como el primer astronauta israelí en la historia.

      Si bien Ramon no era una persona observante,precisamente por su conciencia acerca del simbolismo de ser el primer astronauta que el Estado judío enviaba al espacio, procuró respetar la santidad del Shabat - día de descanso religioso judío - estando en el Columbia, donde hizo el “kidush”,la oración del vino.  Esperaba que su participación en el proyecto espacial de NASA fuera una señal de esperanza. ”No hay mejor lugar para enfatizar la unidad de los pueblos del mundo que un vuelo al espacio”- había dicho poco antes de partir. “Somos  todos iguales, humanos, y creo que todos nosotros, casi todos, somos buena gente”. 

     Lamentablemente no alcanzamos a conocer personalmente a Ilan Ramon.Soñábamos con entrevistarlo al regresar sano y salvo a Israel. Pero esa cita en el párrafo anterior, parecía característica de su personalidad. La que reflejaba la sonrisa que todos recuerdan. ”Ilan era una persona muy optimista y nunca tenía miedo”-contó una vez Rona Ramon. “Nos dejó a todos con la sensación que todo está bien y ni siquiera quiso hacer testamento, porque pensó que no sería necesario. Se fue cuando estaba en la cúspide, en un lugar donde se sentía estupendo y rodeado de gente a la que quería”- comentó, buscando al parecer de qué aferrarse para hallar algo de consuelo. “Seguiremos adelante con su legado, con una sonrisa, porque así él lo habría querido”.

  El duelo personal de la familia Ramon fue compartido por el país todo, por gente que jamás había visto personalmente al astronauta israelí, pero que además de considerarlo un héroe nacional, lo sentía, en algo, también un poco suyo.”Tantas malas noticias tenemos estos años”-comentaba la gente con dolor. ”Tanta alegría nos estaba dando, por un momento, el viaje de Ilan Ramon al espacio.¿Por qué tenía que terminar así?”. 

  Era un duelo nacional sin duda, de la ciudadanía israelí que sentía como suya la terrible pérdida de la familia Ramon. Por la personalidad que Ilan Ramon irradiaba, por el significado de su vuelo espacial, por el intervalo que éste permitía a Israel en medio de tantas dificultades.

  Pero era una alegría que al parecer también encerraba un oscuro presagio. Noa, la hija menor de Ilan y Rona Ramon, de cinco años cuando él murió, pareció captarlo. “Cuando estábamos todos eufóricos con el despegue, porque era un evento maravilloso y perfecto” - contó Rona días después de la tragedia - “mi hija pequeña gritó: ´he perdido a mi papá´. Parece que ella sabía”. 

   En el segundo día en el espacio, Ilan Ramon despertó con una música que previa coordinación con  NASA, le enviaba su compañera, su esposa y madre de sus cuatro hijos, Rona. Era “Hatishma Kolí”, una canción de la poetisa Rajel, amada por ambos. Pero algo nos dice que Rona, el enviar la canción, prestó atención sólo a las primeras frases. “Acaso oirás mi voz lejano mio, acaso oirás mi voz dondequiera que estés......”. Es que después, sabiéndose ya lo irreversible de lo ocurrido, la letra del resto cobra una dimensión espeluznante: “Este universo es grande y son numerosos en él los caminos, encontrándose por poco tiempo y separándose para siempre. El hombre ...no logra hallar lo que ha perdido. El último de mis días quizás ya está cerca, ya se aproxima el día de las lágrimas de separación.Te aguardaré hasta que se apague mi vida....”

   Ilan Ramon y sus seis compañeros de vuelo espacial, no volvieron. Mientras ya había polémicas sobre fallas que podrían haber sido evitadas, desperfectos en el Columbia quizás no evaluados correctamente y las preguntas sobre si acaso la tragedia habría podido ser evitada, el desafío principal era hallar los restos de los astronautas y darles digna sepultura. Un rabino del ejército israelí viajó rápidamente a Estados Unidos a participar en la identificación de los restos humanos hallados. Israel explicó a NASA la importancia de poder hacerlo, en el caso de Ilan Ramon, de acuerdo a la religión judía y la autorización necesaria fue dada de inmediato. 

  En Israel se comenzó enseguida a estudiar cómo honrar la memoria de Ilan Ramon. Ahora ya se sabe que escuelas y calles llevan su nombre y que hay programas especiales de estudio del espacio y aliento a la educación tecnológica, en el marco de proyectos recordatorios del primer astronauta israelí. Y fue muy simbólico el texto elegido para la medalla en honor a Ilan Ramon, que había sido concebida como celebratoria de su duelo y terminó lamentablemente siendo una medalla de recuerdo. Junto a la imagen de Ilan Ramon, se decidió enseguida que aparecería una cita de los Salmos, capítulo 68, versículo 34:  “Sobre Israel es su magnificencia. Y su poder está en los cielos”.

 

 

Ana Jerozolimski
(10 Febrero 2023 , 03:25)

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