Entrevistas

Sanguinetti: Nada excusa a los mandos militares que dieron el golpe

El Dr. Julio María Sanguinetti, dos veces Presidente de la República, el primer Presidente electo en democracia después de la dictadura, recalca lo importante de tener presente lo que sucedió en Uruguay antes del golpe de estado, poniendo énfasis en la desestabilización violenta que trajeron los Tupamaros. Pero es categórico en la aclaración que por otra parte, los militares de entonces usaron a la guerrilla como excusa para un golpe que nunca deberían haber dado.

Así nos ilustró sobre aquellos oscuros años en Uruguay, en una entrevista especial por este aniversario redondo, 50 años del golpe de Estado.

El Dr. Sanguinetti (Foto: Agencia oficial de noticias de Argentina Télam)

 

P:  Presidente Sanguinetti ¿Qué significa para usted esta fecha, 27 de junio, 50 años del golpe de Estado en Uruguay? Y se lo planteo no solamente como el primer Presidente institucional después de la dictadura sino simplemente como ciudadano uruguayo.

R: El cierre del Parlamento el 27 de junio fue el acto final  de un golpe de Estado, que empezó el 9 de febrero, cuando el ejército, con los tanques en la calle, impidió que asumiera un honorable Ministro de Defensa Nacional. Aquel fue el comienzo, porque las Fuerzas Armadas se impusieron, exigieron nombrar un Consejo de Seguridad Nacional al lado del Presidente y hasta expusieron una suerte de programa de gobierno. Lo peor es que en febrero toda la izquierda apoyó los comunicados militares soñando con un gobierno civil y militar más o menos nacional y popular, al estilo de del General Velasco Alvarado en Perú. Un sueño absurdo y una enorme falta de convicción democrática. En junio era ya la "crónica de una muerte anunciada".

El Dr. Sanguinetti ha hecho repetidamente hincapié en aquellos eventos determinantes de febrero. Y hace pocos meses, al cumplirse el cincuentenario de los mismos, publicó este libro.

 

P: Al alejarse en el tiempo de aquellos hechos ¿siente que hay cosas que hoy se analizan distinto?

R: En la perspectiva, hoy, podemos ver un lapso de diez años de violencia política, entre 1963 y 1973 y luego otra década de violencia estatal. Se habla de terrorismo de Estado y fue real, pero el terrorismo también fue el guerrillero. No es esto ninguna teoría de los dos  demonios como suele hablarse. Simplemente son hechos. Para el golpe hubo otras circunstancias, pero sin guerrilla no había militares en el escenario.

P: Mirando hacia atrás ¿cómo analiza más en detalle el proceso que llevó al golpe? 

R: Hay una mirada histórica que impone una serenidad de juicio con la perspectiva del tiempo. El golpe de estado no fue un clavel del aire sino la culminación desgraciada de un proceso de violencia política que se había iniciado muchos años antes. Desde la irrupción de la guerrilla en 1963 hasta ese momento, el Uruguay abandonó su vieja tradición cívica para vivir un período de radicalización, de intolerancia, en el cual el intento de derrumbar el sistema democrático fue algo inédito. Más allá de cualquier diferencia, nunca nadie lo cuestionó. Desde el 63, el movimiento Tupamaro significó eso.

Por cierto, no se puede decir que la responsabilidad exclusiva del golpe de estado provenga de la acción guerrillera. Pero si se saca del relato esa acción guerrillera, no se explica el golpe de estado, porque los militares no habían salido de los cuarteles desde hacía un siglo. De modo que fue ese proceso de radicalización el que fue consiguiendo a ese enlace. Desde ya, nada excusa la responsabilidad de los mandos militares de la época. Pero es preciso entender que no fue simplemente un episodio sorpresivo, sino una culminación de un período de intolerancia. Con el golpe, perdimos la libertad. Poco antes, habíamos perdido la tolerancia.

 

P: ¿Recuerda cómo vivió , como ciudadano, esa mañana fría de 27 de junio, cuando oyó el comunicado de las Fuerzas Armadas y poco después, estimo, habrá visto las imágenes de los tanques rodeando el Palacio Legislativo?

R: Era un momento de gran angustia, de gran tristeza, pero no de sorpresa porque desde febrero del 73 estábamos viviendo una situación anormal, en que la irrupción militar ya estaba decretada. El golpe de estado se inicia, realmente, no en junio del 73 sino en febrero, porque en ese momento las FFAA se niegan a aceptar un ministro, asumen una situación de rebeldía y el Presidente Bordaberry termina pactando con ellos y  subordinándose políticamente a esa irrupción militar. Desde febrero entonces, el poder democrático estaba diluido y condicionado.

P: Usted renunció a su cargo como Ministro de Educación y Cultura en el gobierno de Bordaberry, en octubre de 1972. ¿Por qué? ¿Ya se vislumbraban cosas que no le gustaban?

R: Claro. El tema es así. La irrupción de la guerrilla fue en el 63,  y todos esos años, el Estado se defendió con la policía, que no fracasó.Cuando se llegó a 1971 a la elección, toda la dirección Tupamara estaba presa, lo cual quiere decir que la acción guerrillera había sido, por lo menos, dominada.Dos meses antes de la elección se produce la fuga de los Tupamaros..

P: ..de Punta Carretas..

R: Así es.Ahí, el gobierno de la época , a ocho semanas de la elección, en un momento en el que el país queda sobrecogido frente a este episodio, encarga la lucha al ejército .Ahí es ya donde se formaliza esa irrupción militar. Eso es lo que pone en escena formalmente al ejército. El nuevo gobierno se instala a partir de marzo del 73 y comienza la acción muy rápida, efectiva y victoriosa frente a la guerrilla.Eso es lo que produce el embriague de poder, la borrachería del triunfo, y el desborde de los militares, que comienzan a sentirse “salvadores”. Y allí es donde empiezan  episodios como fue en su momento la prisión ordenada de Jorge Batlle, uno de los líderes del Partido Colorado, producida por la justicia militar. En ese momento, varios ministros que estábamos solidarizados con el Dr. Batlle, renunciamos. O sea que ese año 72 muestra un progresivo avance de la fuerza militar en el terreno político, que se concreta luego en febrero del 73 cuando se produce lo que ya hemos narrado.

Allí hay una  resistencia de un sector de las Fuerzas Armadas, la Marina, al mando del Almirante Zorrilla, que pretende preservar la Ciudad  Vieja para que desde allí el Presidente pudiera negociar mejor, pero desgraciadamente éste no tuvo la fuerza política y la entereza personal para enfrentarse a los militares que ya entonces asumieron una fuerza política, y de algún modo  quedó subordinado a ellos.Eso fue en febrero de 1973.En junio culminó lo que era ese golpe de estado que se venía dando en el tiempo.

P: En el momento que estas cosas ocurrían ¿usted sintió que era cuestión de tiempo hasta que haya formal y explícitamente un golpe de estado?

R: Lo sentía el país.Era evidente. En febrero habíamos visto los tanques en la calle por primera vez en nuestra historia.Y eso hacía presumir que estábamos en una situación de una fragilidad extrema.

Por otra parte es preciso señalar que el golpe de estado, desde el lado militar, invocaba el pretexto de la guerrilla, cuando en realidad  la guerrilla, que  explica la irrupción militar, de ningún modo justifica el golpe de estado porque cuando vino el golpe de estado la guerrilla estaba derrotada.

En el proceso del año 72, entre marzo y octubre, la guerrilla fue liquidada por el ejército, de modo que ya en ese momento no había ninguna situación en el país que significara una situación álgida. Los militares han pretendido de ese modo justificar el golpe de estado, pero evidentemente no es así. Históricamente no es así. La guerrilla estaba liquidada cuando ellos dieron el golpe de estado. Y lo dieron porque se habían ensoberbecido en función de la victoria militar y el aplauso que en ese entonces mucha gente les había brindado.

 

P: ¿Usted tuvo algún contacto con el Presidente Bordaberry desde que dimitió , cuando las cosas se iban agravando?

R: Sí, hasta junio lo tuvimos. Lo tuvo todo el medio político de un modo u otro.Desgraciadamente no encontramos en él la capacidad política y la entereza para tratar una situación como la que se estaba viviendo, en la que las instituciones democráticas requerían una defensa más firme,más cerrada y también más inteligente.

P: ¿Trataron de cambiar su rumbo? ¿El no quiso escuchar?

R. No, el sintió que estaba débil, que no tenía suficiente apoyo político y que eso podía caer  en manos precisamente de las fuerzas de izquierda que estaban detrás de la guerrilla, y de ahí que él  se sumó al golpe de estado.

P: Dr. Sanguinetti, unos pocos años después del golpe, a usted le prescribieron sus derechos políticos. ¿Cómo vivía quizás con el temor personal de no saber qué más puede pasar, dónde termina todo…no sólo como figura pública?

R: Cuando vino el golpe de estado  mucha gente se fue , algunos habían sido perseguidos físicamente-fundamentalmente gente vinculada al partido comunista. La gente de la guerrilla estaba presa desde antes del golpe de estado. Eso es importante decirlo  porque a veces ahora se tergiversa la historia y se habla de que los Tupamaros  lucharon contra la dictadura, lo cual no fue así. Cuando vino la dictadura, los Tupamaros estaban todos presos.  Pero el partido comunista fue el que más sufrió la represión personal en ese momento. 

El resto estábamos en la incertidumbre, pero la mayoría de los dirigentes habíamos decidido quedarnos aquí y aquí permanecimos. Con los riesgos, los  temores, de lo que significa la situación. Luego vino la proscripción política. La actividad política estaba prohibida de hecho de modo que igual no podíamos hacer mucha cosa. Los órganos partidarios  no podían funcionar, las casas de los partidos estaban intervenidas…de modo que nuestras posibilidades eran mínimas. Y además se estableció luego una proscripción política por expreso que impedía cualquier tipo de actividad. Yo mismo en el ejercicio del periodismo tenía que buscar miles de malabarismos.El diario “Acción” en el que había trabajado toda mi vida había sido cerrado , pasé entonces a colaborar con el diario “El Día”. Ahí escribía sobre historia y literatura y trataba de algún modo de pasar el mensaje democrático  de un modo indirecto, porque de política no se podía hablar. A uno lo sancionaban de un modo  u otro. Desgraciadamente así nos mantuvieron por varios años.

P. Pero cuando usted tenía los directos proscriptos, llegó un momento en el que “osó” llamar abiertamente al “NO”, de cara al histórico plebiscito…

R: Eso fue en el año 80 , cuando justamente se hace el planteo de parte de la dictadura de una presunta solución constitucional. Ahí sí logramos publicar un artículo, yo diría de contrabando, en el cual exhortamos a votar el NO, lo que también significó sus sanciones y sus molestias..

P: ¿Llegó en algún momento a temer por su vida, por su familia, por su integridad  física?

R: Por nuestra integridad física tuvimos muchos temores, y también antes, porque también los tuvimos en la época de la guerrilla en la que había  mucha intolerancia, mucha violencia física y el enfrentamiento era muy fuerte. Así que el temor por la vida, desgraciadamente ya lo habíamos sentido mucho antes.

 

P: ¿Cómo cree que el país-y sé que es muy grande este término, “el país”, que incluye mucho- recuerda todo esto? Hay diversas formas de recordarlo ¿no? Y no sólo por las diferencias políticas...

R: La dictadura fue un período muy triste en la vida del país. También creo que nos deja a todos la amarga lección de que la intolerancia política y el ejercicio de la violencia, normalmente conducen a situaciones extremas. Y que el sistema político también mostró debilidades, porque si el golpe de estado sobrevino fue, sí porque había violencia e intolerancia, pero también porque los partidos políticos estaban débiles, habían perdido a sus principales líderes , no hubo suficiente entendimiento como  para funcionar, desgraciadamente el Presidente no estuvo a la altura de las circunstancias tampoco..y todo esto  también en el contexto de una situación muy revuelta, de una situación económica compleja. O sea que hubo un cuadro de situación así de telón de fondo.

De todos modos, nada justifica el golpe de estado. Lo que digo es que también nos ofrece a todos nosotros una lección y un mandato de no incurrir en esas situaciones de intolerancia o de enfrentamientos que terminan debilitando el ejercicio cívico. Tenemos que cuidar la institucionalidad, la independencia de los jueces, el que el debate parlamentario sea elevado ..yo diría que en términos generales eso parece hoy recompuesto en el país. 

Pero a veces ocurren episodios que nos preocupan. Por ejemplo: que haya votaciones ciudadanos que no se respeten, como pasó con los plebiscitos y la llamada Ley de Caducidad, es muy preocupante. Como dijo en su momento el propio Ministro de Defensa, un viejo tupamaro, Eleuterio Fernández Huidobro, hasta los militares respetaron un plebiscito porque en el 80, cuando les votamos en contra, lo respetaron y buscaron un diálogo político.

Y  ahora, sobre  una ley, pacificadora-discutible como todas las amnistías, pero pacificadora  que efectivamente pacificó y que fue dos veces ratificada por la ciudadanía- se ha intentado  desgraciadamente desconocer esos pronunciamientos. Esas son las cosas que hoy nos mueven a preocupación en la perspectiva de estos 50 años.

 

P: Hoy, desde la perspectiva de este aniversario , quisiera preguntarle si hay algo respecto a esa ley que hoy piensa habría que haber hecho diferente, como por ejemplo acompañarla con una exigencia de que sean revelados los lugares  en los que están los restos de los desaparecidos..

R: La Ley de Caducidad jamás impidió investigar esa situación y buscar los lugares en los que pudieran estar los desaparecidos. De ningún modo eso lo impide la ley. Lo que la ley impidió fue juzgar . Impidió juzgar también  los 30 crímenes  de los Tupamaros  que no estaban juzgados y por los cuales nadie había sido procesado. Fue una ley de pacificación hacia los dos sectores violentos de la sociedad: los guerrilleros primero , en esa amnistía que todo el mundo aceptó, y luego el sector militar. Estas leyes como todas las leyes  de amnistía después de períodos tan prolongados, son discutibles, pero en este caso no se pueden discutir dos cosas. La primera, es que fueron efectivas, ya que acá no hubo rebrotes guerrilleros ni rebrote militar..Ambos aceptaron la situación. Y en segundo lugar, es que hubo un apoyo popular porque los dos plebiscitos ratificaron la ley de Caducidad y estableciendo algo que iba más allá de la ratificación de las propias leyes : significaba una ratificación de un proceso de transición basado en la búsqueda de la paz.

 

P: El problema de fondo son los militares represores que saben dónde están los desaparecidos y no lo revelan. ¿Qué opinión le merece esta situación?

R: Creo que eso ha sido un trágico error porque ha mantenido un debate que  cada tanto ,naturalmente, reaviva enconos y enfrentamientos , cuando el conocimiento de esas situaciones habría permitido cerrar una herida que sigue abierta porque es un derecho sagrado de  cualquier persona saber el paradero de sus muertos y poder enterrarlos.

 

P: Cuando usted fue electo Presidente  de la República, el primer Presidente institucional de la democracia recuperada, rehusó recibir la banda presidencial de su antecesor el General Gregorio Alvarez…Fue una forma simbólica muy fuerte de expresar su rechazo a lo que habían hecho los militares…

R: Los temas son institucionales, no personales. En aquel momento nosotros no queríamos recibir la banda de un poder espurio, de un poder ilegítimo, un poder de facto. Por eso entonces lo que se hizo fue asumir la situación.Primero se instala el Parlamento, conforme a nuestra Constitución, y es el Presidente del Parlamento, el Dr.Enrique Tarigo en aquel momento, una gran figura de la democracia, quien le pone la banda simbólicamente , al Presidente del Poder Ejecutivo. Esa fue la disposición porque entendíamos que institucionalmente , no recibíamos el poder democrático sino de la elección, sino de las urnas, sino de la Constitución, y no de quien no teniendo derecho a ejercerlo, tampoco tenía derecho para transmitirlo.

 

P: Aunque Uruguay continúa debatiendo aquellos temas del pasado reciente, sigue adelante. ¿Cómo ve hoy al país?

R: El Uruguay está, como suelo decir, lo mejor posible... Libertades plenas, institucionalidad plena, estabilidad económica, crecimiento recuperado a los niveles prepandemia, lo mismo el empleo y ya casi el salario en general. Desde afuera se ve al Uruguay como un Oasis al compararlo con Argentina o la mayoría de Sudamérica. Nosotros, aquí, vemos las carencias, lo  mucho para hacer todavía en educación, en pobreza, en tecnología, pero tenemos las bases de estabilidad política y jjurídica necesarias para recoger las inversiones imprescindibles.

P: Muchísimas gracias Presidente . 

R: A ti Ana.

Ana Jerozolimski
(27 Junio 2023 , 01:00)

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