Mundo Judío

Negacionismo en tiempo real

Por Alejo  Schapire

Fuente: https://ko-fi.com/post

Existe un viejo debate tras descubrimiento de la magnitud de la destrucción industrial de los judíos de Europa: ¿Podría haberse evitado -o al menos limitado- el exterminio, si el mundo hubiese sabido que se estaba ejecutando la Solución Final? De haber tenido la información de cómo funcionaban los campos de la muerte, ¿las grandes potencias aliadas habrían detenido antes la máquina infernal del genocidio? ¿Podrían haber bombardeado las vías de los ferrocarriles que conducían a la muerte en masa?

Intentos por alertar no faltaron, uno de los casos más recordados es el del resistente polaco Jan Karski, que se infiltró en el gueto de Varsovia y visitó clandestinamente un campo de tránsito para deportaciones a Treblinka. Así, conoció de primera mano el desarrollo de la eliminación de los judíos europeos para luego dar testimonio con pruebas ante Churchill o Roosevelt, entre otras autoridades políticas y religiosas. Tal vez es “el mensajero” más conocido para tratar de torcer el rumbo de la historia, pero no fue el único que se topó con el escepticismo, la incredulidad o el desinterés de un mundo en medio de un conflicto bélico mundial. Desde entonces muchos han estado convencidos, sobre todo por la circulación prácticamente instantánea de la información y su descentralización a través de las redes sociales, que un Auschwitz hoy no sería posible por la movilización de la opinión pública. Y entonces ocurrió el 7 de octubre.

Sordera voluntaria, ceguera ideológica

La idea detrás del Nunca Más es que la historia no debe repetirse. Occidente, y Alemania en particular, parecen haber tomado conciencia, a través de los testimonios de los sobrevivientes y del trabajo de memoria, de su histórica responsabilidad en el Holocausto. La divulgación de los mecanismos que llevaron a los campos de exterminio explicados a través de la escuela, los documentales, las conmemoraciones, las obras de ficción han modelado una parte esencial de la conciencia europea. Entonces, ¿cómo explicar la ola de antisemitismo que hoy azota Europa, el sentimiento de abandono de los judíos de la diáspora, la animosidad como lugar común hacia Israel? En pocas palabras, es porque el trabajo de prevención se hizo contra el antisemitismo de tipo europeo y sólo se crearon anticuerpos para esta cepa del virus. Una parte significativa de las poblaciones de origen musulmán instaladas en Europa no se sienten implicadas ni deudoras del pecado europeo, mientras se movilizan con el único tema consensual entre todos los países islámicos: la solidaridad, al menos de palabra, con los palestinos.

Que el antisemitismo pueda ser reconocido exclusivamente cuando es operado por rubios de ojos azules que actúan en nombre de la raza aria, no sólo ha dejado sin defensas contra otras formas de odio al judío. Peor aún, se instrumentaliza el Holocausto para perseguir a los judíos. Hoy, el racismo antijudío no se despliega bajo el supremacismo blanco purificador, sino a través del movimiento “antirracista”. El judío no es atacado en tanto que elemento foráneo cosmopolita desarraigado e inferior, sino como “blanco colonizador”. Los conceptos de “genocidio” o “apartheid” son utilizados caprichosamente, ignorando deliberadamente su significado en el diccionario con una meta: nazificar al judío. Y si el nazi es el nuevo judío, se lo puede destruir sin miramientos, es el mal absoluto.

Negar las evidencias, creer sin pruebas

En cuanto a lo comunicacional, no es el pasado el que nos está enseñando sobre el presente, sino al revés: a luz de lo que vemos hoy, entendemos cómo pudo pasar el Holocausto. Lo primero que salta a la vista como diferencia es que mientras los nazis hicieron lo imposible por ocultar sus crímenes para poder ejecutarlos y vivir con ellos, Hamás se jacta de cometerlos: los graba, se filma con orgullo matando, violando y secuestrando, alardeando de crímenes de guerra con familiares y desconocidos. Es una diferencia fundamental. Debería ser más fácil denunciar la barbarie expuesta por sus verdugos, impedir que se la niegue debería ser imposible. Y sin embargo. No basta que los ojos tengan la capacidad de ver si las anteojeras ideológicas bloquean la realidad. Todo puede estar a la vista, y sin embargo no alcanza. Desde el primer minuto se eligió no creer las evidencias mostradas en tiempo real por los propios verdugos. El torrente de cuerpos destrozados, de mujeres violadas secuestradas con ancianas que sobrevivieron al Holocausto, de cunas empapadas de sangre… ninguna evidencia basta. Y si se exigía la obscena prueba de los bebés decapitados o cocinados vivos en los hornos no era para aceptar un testimonio, sino para tratar de dar con aquella inexactitud que permitiera rechazar el conjunto de la ingente cantidad de pruebas del resto. 

La ideología no permitió que las feministas del MeToo vieran femicidios ni las violaciones de Hamás. La Cruz Roja Internacional volvió a brillar como 80 años atrás por su ausencia, así como otras instituciones y ONG. Para el secretario General de la ONU, la peor matanza de judíos en un día desde la Segunda Guerra Mundial “no ocurrió en un vacío”. Traducción: “Algo habrán hecho”.

Negacionismo en tiempo real

A este relativismo y negacionismo en tiempo real se ha sumado una credulidad simétrica por parte de la prensa. Desde el inicio, BBC, el New York Times, Le Monde, El País, los principales medios de referencia de Occidente repitieron como loros que Israel bombardeó un hospital en realidad atacado por un proyectil de Hamás, organización terrorista de la que reproducen inverificables listas de víctimas civiles. En pocos días la BBC ha tenido que reconocer en dos oportunidades que había dado falsas informaciones que ensuciaban a Israel y blanqueaban a Hamás.

Nada de lo que diga Israel es creíble ni bueno, todo lo que diga Hamás puede reproducirse sin verificación y tiene como excusa que son la víctimas por definición. Por eso están los que arrancan los afiches de secuestrados por Hamás: ningún israelí puede ser víctima. Todo lo que no entra en la narrativa imperante debe ser descartado porque no encaja.

Si un Holocausto no puede volver a ocurrir no es porque la humanidad haya aprendido la lección, sino porque ahora los judíos tienen un Estado y un ejército que los defiendan. Los antisemitas que dicen hablar en nombre del antisionismo han probado en estos días, por si hiciera falta, la pertinencia del proyecto sionista.

 

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