Mundo Judío

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Tirar Piedras Chicas - Calor y Entusiasmo - Un Casamiento Emocionante - La Kipá

 

 

 

 

 

 

                                     

No. 238                                                                                            

Vaerá                                                                                       

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TIRAR PIEDRAS CHICAS

Por Yossy Goldman

“La gratitud es una actitud”, algún sabio seguramente dijo esto en algún momento. La Biblia, en la parashá de esta semana, demuestra hasta qué punto la tradición judía nos enseña a ser agradecidos y recordar a nuestros benefactores.

Siete de las diez plagas ocurren en la lectura de esta semana. Moshé, el mensajero de D-os, se ocupa de traer estas terribles plagas sobre el Egipto del Faraón. Sin embargo, interesantemente, él llama a su hermano Aharón para ser el agente de las primeras tres plagas, Sangre, Ranas y Piojos. ¿Por qué no fué Moshé mismo el agente como lo fué con las otras?

El Midrash, citado por Rashi, nos enseña que esto es porque fue a través de las aguas del río Nilo que Moshé fue salvado cuando era bebé cuando fue puesto en el cesto. Hubiese sido insensible e inapropiado para él golpear a esas mismas aguas para traer las plagas. Viendo que la Sangre y las Ranas venían directamente del agua, fue Aharón quien golpeó el agua en vez de Moshé. Similarmente con la tercera plaga de los Piojos. Los piojos vinieron de la tierra y la tierra, también, ayudó a Moshé a cubrir el cuerpo del capataz egipcio que él mató defendiendo al esclavo judío. Por lo tanto, hubiese sido incorrecto para Moshé golpear a la tierra, y para esta plaga también, Aharón fue el agente.

Qué gran lección para todos nosotros sobre la importancia de la gratitud. Primero, ¿el agua y la tierra tienen sentimientos? ¿Sabrían diferenciar si fueron golpeadas y quien les pegó? Cuánto más debemos ser considerados por los seres humanos cuando nos han hecho un bien. Cuan escrupulosos debemos ser para no ofender a la gente, especialmente aquellos que nos han ayudado.

Segundo, Moshé tenía 80 años en el momento de las plagas. Esos incidentes con el agua y la tierra ocurrieron cuando era un bebé y un hombre jóven. Sin embargo, después de todos esos años él todavía era sensible para no golpear los objetos que lo ayudaron. No les dijo, como muchos han hecho después de él, “¿Qué has hecho por mí últimamente?”.

Existen varias teorías sobre el por qué los seres humanos parecen tener esta necesidad psicológica de ensuciar la imagen de sus benefactores. Quizás es porque estamos inherentemente incómodos con la noción de tener una deuda de gratitud con alguien. Arruina nuestra imagen y disminuye nuestra independencia. Así que, si encontramos fallas en aquellos que nos han ayudado, nos absolvemos de cualquier deuda moral. Ahora estamos empatados. No te debo más nada.

Se cuenta la historia del “Jatam Sofer” (Rabi Moshé Schreiber, 1732-1839) que una vez le hizo un enorme favor a alguien. Más tarde, la persona le preguntó “Rabí, ¿cómo puedo llegar a pagarle por su bondad?”. El Jatam Sofer respondió: “Un día, cuando estés molesto y enojado conmigo, por favor, recuerda lo que hice hoy por ti y en vez de tirarme piedras grandes, por favor tirame piedras chicas”. Triste pero cierto. De modo similar, recuerdo escuchar a mi propio abuelo decir de alguien, “¿Por qué me odia tanto? ¡Nunca le hice ningún favor!”.

Esta pequeña historia de Moshé, que es solo una parte en el cuerpo principal de la narrativa bíblica, nos enseña a recordar las bondades que se nos han otorgado, cuando suceden y siempre. Si alguien que nos ha hecho un favor en el pasado hace algo malo y debe ser reprendido, deje que otro haga el trabajo. Puede necesitar que lo reprendan, pero usted no es el que va a hacerlo.

Una vez más, la Torá nos está enseñando no solo un ritual religioso sino como ser mejores personas, más sensibles y ser también seres humanos eternamente agradecidos.

                                                      

CALOR Y ENTUSIASMO

[D-os le indicó a Moisés que le diga al Faraón] “Ahora voy a golpear el agua en el río con el bastón que está en mi mano, y se convertirá en sangre.” (Shemot 7:17)

La primera de la diez plagas fue la transformación del agua fría del río en sangre caliente, significando la transformación de la fría indiferencia hacia la Divinidad en un cálido entusiasmo por ella. Esta tenía que ser la primera de las diez plagas, porque la indiferencia hubiera evitado que los egipcios fueran afectados por cualquier otra demostración del poder de D-os y de Su intervención en la vida.

Una lección similar se aplica a cualquiera que esté intentando dejar la esclavitud de su “Egipto” interno, la tiranía de sus instintos materiales y deseos del cuerpo aún no refinados. Nuestro primer paso en este proceso es reemplazar cualquier frialdad e indiferencia a todas las cosas judías y sagradas con un entusiasmo cálido y apasionado por D-os, Su Torá y Sus mandamientos.

Likutei Sijot, vol. 1, pág. 121.

Éxodo (Shemot) 6:2 – 9:35

En la segunda sección del libro de Éxodo D-os comienza el proceso que llevará a la liberación de los judíos de la esclavitud egipcia. Primero le informa a Moisés que es crucial que él y el pueblo judío demuestren la misma fe en D-os que los patriarcas cuando él se apareció (Vaerá en Hebreo) a ellos. Después de algunas preparaciones adicionales, D-os comienza a golpear a los egipcios con plagas.

UN CASAMIENTO EMOCIONANTE

Contado por Moshé Kotlarsky

En uno de mis viajes a América del Sur, me encontré con un judío adinerado que era líder prominente en la comunidad judía local. Me contó preocupadísimo que su hija vivía en Nueva York y se había involucrado en un culto místico. Le prometí hacer todo el esfuerzo para librar a su hija del culto y traerla nuevamente al Judaísmo. Prometí y B"H cumplí mi promesa. Después de varias llamadas telefónicas, ella estuvo de acuerdo en visitarme en mi casa. Una visita trajo otra, hasta que finalmente la muchacha cortó sus lazos con el culto y empezó a mostrar un profundo interés por el Judaísmo.

Un día, la joven me telefoneó para contarme sus buenas noticias: se había comprometido con un joven israelí. Me dijo que decidieron casarse según la ley judía y querían que yo oficiara su boda. Respondí que era un honor celebrar la ceremonia, pero antes de la boda, me gustaría hablar con ella y su novio con respecto a la observancia de las leyes de la Pureza Familiar.

Durante mi charla introductoria con el novio, descubrí interesantes detalles sobre su trasfondo familiar. Su abuelo había sido un prominente rabino en Varsovia, Polonia, pero su padre, que fue uno de los pocos que logró escapar del Ghetto de Varsovia, sobrevivió el Holocausto con un odio totalmente consumado hacia cualquier cosa que tuviera conexión alguna con la religión.

La fecha para la boda era el 14 de Kislev. La pareja desconocía que era que la fecha del aniversario del casamiento del Lubavitcher Rebe. La costumbre es que el novio es llamado a la Torá en el Shabat antes de la boda. El novio no fue a la sinagoga ese Shabat, sino que asistió a una pequeña sinagoga el jueves antes, acompañado de un grupo limitado de amigos íntimos y parientes. La razón de esto era la visión completamente antagónica de su padre, que se negó a pisar una sinagoga durante los Servicios de Shabat, y sólo estuvo de acuerdo bajo estas condiciones.

En la mañana del casamiento, escribí una nota al Rebe y le informé sobre la boda de esa tarde. También escribí brevemente sobre el trasfondo familiar del novio y su novia. Recibí una respuesta vía uno de los secretarios del Rebe ese mismo día. El Rebe escribió que el abuelo del novio había estado presente en su propia boda en Varsovia y había entregado al Rebe un obsequio: un libro de su autoría que había publicado recientemente.

Subsecuentemente, por la Providencia Divina, la boda de la joven pareja era fijada para la misma fecha, 14 de Kislev, así que el Rebe sugirió que yo tomara ese libro conmigo y lo sostuviera bajo la jupá (palio nupcial). El Rebe anotó exactamente dónde podría hallar el libro en su biblioteca. El secretario del Rebe me lo entregó y partí con el libro a Manhattan dónde tendría lugar la boda, en un elegante hotel.

Antes de la recepción, el novio se me acercó y tristemente explicó que no debía esperar ningún tipo de colaboración de su padre durante la ceremonia. Éste se negaba a participar, incluso en lo más ínfimo. Prometí no presionarlo. El novio me pidió que dirigiera la palabra a los invitados durante la recepción previa a la ceremonia. Para muchos de ellos, esta era la primera vez que participaban de un casamiento dónde se observaban todas las leyes y costumbres judías. Cumplí alegremente su pedido y en mi discurso expliqué el significado profundo del matrimonio y la vida de casados según la Torá y las enseñanzas jasídicas. Concluí mi discurso diciéndoles que deseaba contarles sobre el abuelo del novio.

Levantando el libro en mis brazos, hablé del ilustre trasfondo familiar del novio. "¡Y si ustedes se preguntan de dónde conseguí este libro, les diré!" A estas alturas, les conté la historia completa a los invitados, que quedaron atónitos por la respuesta del Rebe y su pedido. Agregué que estaba seguro que el abuelo del novio estaba muy contento desde su lugar de reposo celestial viendo que su nieto llegaba a su matrimonio de acuerdo con las leyes de la Torá, causa por la cual su abuelo había consagrado su vida entera.

Todavía estaba hablando cuando el padre del novio se puso de pie de repente y salió del cuarto. Después de terminar mi discurso, empecé a buscarlo. Lo encontré en el vestíbulo, en una esquina cerca de los teléfonos públicos, llorando amargamente… Lo dejé en su retiro y volví a la recepción. Antes de la jupá, el padre se me acercó y me dijo: "Por favor, dígame lo que tengo que hacer ahora…" Desde ese día en adelante, el hijo del prominente rabino de Varsovia dio vuelta una nueva hoja en su vida.

LA KIPÁ

La kipá (literalmente, “cúpula”) es la palabra hebrea que significa “solideo”; en idish, se llama iarmulke o, con menor frecuencia, kopel.

La ley judía exige que los hombres se cubran la cabeza en señal de respeto y reverencia a D-os cada vez que rezan, estudian la Torá, dicen una bendición o entran a una sinagoga.

Esta práctica se remonta a la época bíblica, cuando los sacerdotes del Templo debían cubrirse la cabeza.

Tradicionalmente, los hombres y jóvenes judíos usan la kipá todo el tiempo, como símbolo de la conciencia de la existencia de un ser “superior” y de su sumisión a dicho ser.

Si bien la ley no exige en forma explícita su uso, en el Talmud ya se menciona esta práctica y, a lo largo de la historia, pasó a ser una costumbre judía aceptada, hasta tal punto que de acuerdo con la mayoría de las autoridades halájicas, llevar kipá es obligatorio. Por lo tanto, uno no debería caminar o siquiera sentarse con la cabeza descubierta. También, hay que enseñarles a los niños pequeños a cubrirse la cabeza.

Además de la usual kipá negra, muchos hombres usan kipot (plural de kipá) de toda clase de diseños y colores. Hay comunidades en las que se elaboraron diseños de kipá que son verdaderas obras de arte, como las que hacen los artesanos judíos de Yemen y Georgia, la mayoría de los cuales ahora residen en Israel.

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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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