En comunidad

Discurso del Presidente de la OSU Javier Galperin en Premio Jerusalem No. 34

El jueves pasado fue una noche emocionante. En la flamante sede de la Kehilá, la Senadora Graciela Biachi fue galardonada con el Premio Jerusalem 2023. En una íntima sala repleta de público, donde se encontraban presentes autoridades gubernamentales y comunitarias, se le entregó el shofar, un regalo reservado para destacados ciudadanos uruguayos en reconocimiento a su apoyo invaluable a la comunidad judía local.

Discurso de Javier Galperin:

Señores ministros y subsecretarios

Señores senadores y señores representantes

Señor cónsul del Estado de Israel en Uruguay

Autoridades comunitarias

Galardonados de las anteriores ediciones del Premio Jerusalem

Y muy especialmente, nuestra invitada de honor, senadora Graciela Bianchi.

El protocolo y la tradición dictan que empiece mi discurso con estos saludos protocolares. Pero la realidad es que, al recorrer la sala con la mirada, llego a la conclusión de que perfectamente podría saludar a todos con un simple “Queridos amigos”. Porque sabemos, y tenemos bien claro, que las autoridades que nos honran con su presencia, no lo hacen para cumplir con una obligación. Nos acompañan hoy porque nos unen lazos de amistad inquebrantables con cada uno de ellos.

Quiero empezar con una confesión: este fue, al mismo tiempo, el premio más fácil y más difícil de otorgar en la época reciente.

El más fácil, porque la homenajeada ha hecho tantos méritos para obtenerlo, que realmente por momentos uno se pregunta cómo no se lo entregamos antes.

Y el más difícil, porque nunca tantos candidatos habían hecho tanto merecimiento para recibirlo. 

Dicen que los verdaderos amigos son los que te acompañan especialmente en los momentos más difíciles. Desde el pasado 7 de octubre, el Estado de Israel y el Pueblo Judío vivimos nuestro momento más difícil desde la Shoá. Han sido 6 meses de tristeza, angustia, dolor y frustración.

Pero también han sido 6 meses repletos de esperanza, que proviene de las innumerables manifestaciones de apoyo y afecto que hemos recibido de muchas personas. Desde autoridades nacionales hasta ciudadanos de a pie, son miles los que han expresado su respaldo, su condena al terrorismo y al antisemitismo, y su solidaridad con las víctimas inocentes del terror.

No estamos en una época que nos llame a ser políticamente correctos. Estamos en una época en la que todos debemos alzar la voz y luchar, no solo contra el odio, sino también contra la indiferencia.

No nos tiembla ni por un segundo el pulso cuando decimos que, como judíos uruguayos, nos sentimos orgullosos de la respuesta de nuestro gobierno ante el ataque del 7 de octubre. Desde la exigencia incondicional por la liberación de los secuestrados, hasta la condena al terrorismo, pasando por la repatriación de los uruguayos varados en Israel, estamos profundamente agradecidos, y más que nunca, orgullosos de ser uruguayos.

Nadie representa esta respuesta mejor que Graciela Bianchi. Su activismo en contra del antisemitismo y en defensa del pueblo judío y del Estado de Israel se ha cimentado a lo largo de décadas.

Este año vamos a conmemorar el trigésimo aniversario del peor atentado terrorista en la historia del Latinoamérica: el atentado a la AMIA. Acá, a 200 kilómetros, un coche bomba destruyó el centro comunitario más importante de Argentina, y terminó con la vida de 85 personas, todos ellos civiles inocentes.

La senadora Bianchi ha tomado el tema como propio y se ha comprometido con la búsqueda de justicia, causa que hasta el propio gobierno argentino abandonó en su momento. Incluso en 2010, cuando el dolor del atentado se recrudeció por el asesinato del fiscal Nisman, nuevamente, nuestra galardonada de hoy, asumió la responsabilidad de investigar y condenar el crimen. No porque alguien se lo exigiera. No porque fuera su responsabilidad. Porque era lo correcto. Porque es lo que corresponde.

El pasado 8 de diciembre, tuve el privilegio personal de acompañar a una delegación de familiares de secuestrados por Hamás durante una recorrida por Uruguay. Ese día se entrevistaron con el presidente de la república, con el ministro de relaciones exteriores, y con una delegación de senadores y diputados encabezados por la vicepresidenta de la república. 

En ese encuentro, Guefen Sigal-Ilan le regaló a la senadora Bianchi un collar que dice “Nuestros corazones están atrapados en Gaza. Tráiganlos a casa ahora”. Dos meses más tarde, Luis Har y Fernando Maman, tío y padrastro de Guefen, fueron liberados por el ejercito israelí. La senadora Bianchi continúa usando ese collar hasta el día de hoy, como lo hacemos todos los que no descansaremos hasta que Hamás devuelva sanos y salvos a todos los rehenes secuestrados.

Sobran los motivos para justificar la entrega de este premio. Pero, en definitiva, lo más importante para nosotros, mucho más que el respaldo permanente y constante, es saber que ese respaldo no responde a una consideración política, sino a una inquebrantable convicción. La convicción de que, en la lucha entre terrorismo y paz, entre dictadura y democracia, entre odio y respeto, y sobre todo entre autoritarismo y libertad, no hay espacio para relativizar ni para justificar. Hay que estar siempre del lado de la libertad, porque es lo que corresponde.

El selecto y distinguido grupo de ganadores del Premio Jerusalem hoy suma una integrante que, no tenemos ninguna duda, ya ha demostrado ampliamente merecer ese lugar. Sabemos que no nos vamos a arrepentir de esta decisión. Porque es lo que corresponde.

Este premio no se entrega a quien cumple una serie de requisitos objetivos, ni a quien ocupa circunstancialmente un cargo, para cumplir con una tradición. No se entrega a quienes expresan su apoyo cuando las circunstancias indican que eso es lo políticamente correcto. 

Se entrega a quienes realmente demuestran que su apoyo y amistad proviene de la convicción personal, y no de cálculos políticos. 

Y nosotros no se lo entregamos a quien sentimos que queda bien entregarlo. Se lo entregamos a quienes nos apoyan incluso cuando hacerlo es políticamente incorrecto. Se lo entregamos a quienes, como Graciela Bianchi, no miran encuestas de opinión para decidir de que lado están. Se lo entregamos a quienes saben que la lucha contra el terrorismo y el antisemitismo no es una lucha del pueblo judío, sino una lucha de todos. Se lo entregamos, no a quien lo busca, sino a quien lo merece. Porque eso, es lo que corresponde.

 

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Imágenes: Dover Tzahal

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