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¿Por qué festejo Pésaj?- por el Rabino Eliezer Shemtov

Una de las festividades judías que más se celebra es, sin duda, Pésaj.

 

Hace 3.336 años que los que salieron de Egipto y sus descendientes celebran dicho acontecimiento alrededor de la mesa del Séder (cena festiva de Pésaj). Comemos Matzá y Maror (hierbas amargas), tomamos cuatro copas de vino, leemos y cantamos pasajes de la Hagadá que narran la historia y su significado contemporáneo.

 

La fecha es celebrada con más o menos rigor religioso. Hay quienes ven en la Matzá nada más que algo cultural y simbólico. Representa la comida que comieron los israelitas al escaparse de Egipto con prisa. No hubo suficiente tiempo como para que leude la masa que llevaban sobre sus hombros al salir al desierto. De hecho, así está escrito en la propia Biblia.

 

Hay quienes se reúnen alrededor de la mesa del Séder simplemente como un pretexto para reunir a la familia, ponerse al día con las internas de la familia e intercambiar recetas y anécdotas.

 

Hay quienes ven en el Séder la celebración de la libertad humana, más allá de lo particularmente judío.

 

Me imagino que hay tantas maneras de entender y celebrar el Séder de Pésaj como hay personas que lo celebran…

 

Compartiré aquí mi versión personal.

 

El ciclo del tiempo se divide entre fechas y momentos en las que uno se carga de “combustible” y otras en las que lo gasta. En las vacaciones uno descansa y así se carga de energía para poder trabajar hasta el próximo descanso. Durante el año uno genera dinero para tener lo que gastar en sus vacaciones…

 

Tal como uno pasa por una estación de servicio para abastecerse de distintos insumos —nafta, agua, aceite, aire— así también ocurre a nivel espiritual. Nuestro calendario tiene fechas determinadas para cargar las diversas provisiones necesarias para poder transitar el camino de la vida. En Pésaj nos cargamos de la energía de libertad. Para que uno pueda cumplir con su misión de la vida, debe ser libre y entender qué quiere decir serlo. En Pésaj no solo recordamos el hecho que en algún momento hace miles de años nuestros antepasados se liberaron de la tiranía del faraón, sino en el transcurso de los quince pasos del Séder tratamos de liberarnos a nosotros mismos de un tirano aún más grande y cruel que aquel: nosotros mismos.  

 

El ser humano tiene la capacidad y naturaleza de flagelar y esclavizarse a sí mismo. Son muchas las causas: el orgullo, la pereza y la envidia, para nombrar solo algunas. En la noche del Séder nos concentramos en nuestro propio “Egipto” y “Faraón” internos, los evaluamos y trabajamos para liberarnos de sus tentáculos.

 

¿Cuáles son las herramientas más eficaces para lograr la libertad anhelada? Las principales entre ellas son: la Matzá, el Maror y las cuatro copas de vino.

 

Matzá: la matzá, confeccionada de harina y agua de tal manera que no llegue a leudarse, a diferencia del pan común que sí se expande, representa la humildad. La verdadera libertad personal se logra al liberarnos del ego en vez de expandirlo. El que se aferra a su ego, a menudo basando hechos en sus opiniones, nunca se liberará de sus limitaciones. No reconocerá sus faltas, atribuirá la culpa a terceros y cuando se le demuestra que el sí tiene la culpa de sus errores, dirá “no importa”. ¿Resultado? De Guatemala a Guatapeor.

 

El primer paso necesario para poder liberarse dl egipto personal, entonces, es reconocer los límites personales y estar dispuesto a superarlos. La Matzá, no contiene nada para agregarle gusto a la harina y el agua. Además de representar la humildad, este detalle representa la disciplina. Para que uno pueda superarse —en cualquier área de la vida— debe estar dispuesto a cumplir con los pasos necesarios, por disciplina, aunque no le provoque ningún placer y hasta le resulte muy difícil.

 

Vino: Pero es nada más que el primer paso. No alcanza con hacer las cosas únicamente por disciplina. Hacen falta las “copas de vino”, disfrutar del gusto variado y sofisticado, propiedad característica del vino.

 

Cuando Di-s les ofreció la Torá al pueblo judío dijeron Naasé venishmá, cumpliremos y entenderemos. Hacen falta las dos cosas y en ese orden: Naasé, cumplir por disciplina (matzá) y Nishmá, apreciar y disfrutar (vino).

 

 *  *   *

 

Pésaj es la festividad de las conexiones. Por medio de todos los preceptos y las tradiciones vinculados a Pésaj  logramos conectarnos con Di-s, con la familia. con el prójimo, con nuestro pasado, con nuestro futuro y con la esencia de nosotros mismos. En Pésaj nos conectamos con nuestra Neshamá —Alma Divina—  la activamos y la liberamos, aunque sea por un rato, con la esperanza que siga inspirándonos mucho después de que hemos finalizado el programa oficial del Séder.

 

Este año en especial, celebraremos el Séder de Pésaj con el tema “libertad” muy presente. Espero que hasta la noche del Séder podremos celebrar la liberación de nuestros hermanos y hermanas que se encuentran mientras escribo estas líneas en un cautiverio literal. ¡Qué grande será esa alegría!

 

Mientras seguimos luchando para que esto ocurra, conviene recordar que cada día que pasa y el Mashíaj no ha llegado significa un día menos que falta para que llegue.

 

¡Leshaná hazot bierushalaim!

(Este año en Jerusalem)

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