Mundo Judío

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Parte Tu Mar - Un Pueblo Bajo Fuego - Los Últimos Días de Pesaj
 

 

 

                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

No. 253

Metzora

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Horario de velas de shabat en Montevideo 

Viernes 26 de abril 17.49

                                                                                        

PARTE TU MAR

Por Lazer Gurkow

Detrás de ellos había un ejército listo para la guerra. Delante de ellos había un océano, profundo e impasable. No podían avanzar ni retroceder. Estaban en una emboscada. ¿Qué podían hacer?

Moshé intentó una antigua táctica: le rezó a D-os. Pero D-os lo reprendió “¿Por qué me rezas a mí? Diles a los hijos de Israel que avancen.” (Shemot 14:15)

Avanzar, ¿pero cómo? ¡Había un océano delante de ellos! D-os nunca consideró esta pregunta y Moshé nunca la hizo. D-os dijo que avancen y ellos avanzaron. Ese era el punto. No hacer preguntas. No plantear dudas. Si D-os da una orden, Él proveerá los medios para poder cumplirla.

Pero los hijos de Israel vacilaron. Estaban prontos para entrar en el océano, pero necesitaban un líder. Y apareció un líder en la persona de Najshon hijo de Aminadav, el príncipe de la tribu de Iehudá. Liderando a su columna tribal, Najshon saltó al mar. Abriéndose camino a través del mar que se elevaba, las aguas primero le llegaron a la cintura, luego al pecho y a los hombros. 

En el último momento, cuando las aguas le llegaron a las narices, el mar se partió y los hijos de Israel lo siguieron en el mar.

El Midrash cita varias razones por las que nuestros ancestros tuvieron el mérito de que se les partiera el mar. De acuerdo a al menos uno de nuestros sabios, las aguas se partieron debido al mérito de nuestros ancestros por la profunda fe y firme confianza de que D-os los protegería. 

Todos los seres creados están sujetos al cambio. Los vientos soplan, las aguas fluyen, las plantas crecen, incluso las rocas están sujetas al desgaste. El hombre, también, está sujeto al cambio. La única constante en nuestro mundo siempre en evolución es D-os.

Sin embargo, el judío emula el carácter incambiable de D-os. Nuestra confianza implícita, nuestra certeza inamovible, nuestra creencia incambiable y fe absoluta en D-os manifiesta una medida del carácter inmutable de D-os. En otras palabras, cuando creemos, personificamos lo divino.

Cuando nuestros ancestros se enfrentaron a las aguas con fe implícita en D-os, las aguas vieron en ellos una medida de lo divino. Debido a que el ser creado no puede contradecir a su creador, las aguas, instintiva y espontáneamente retrocedieron ante la personificación de lo divino.

El Rey David escribió en el Salmo 114: “El océano vio y huyó”. Pregunta el Midrash: ¿Qué es lo que vio y de quién huyó? Vio la divinidad reflejada en el brazo en alto de Moshé, y huyó de su posición como un obstáculo en el camino de D-os.

La pregunta no es por qué las aguas se partieron, sino ¿por qué las aguas esperaron hasta que Najshon hiciera su acción arriesgada?

Las aguas estaban esperando a que el pueblo judío expresara su fe a través de la acción. No era suficiente que los judíos creyeran. El mar exigió una demostración externa de su fe.

La fe es una cualidad del alma. Existe dentro nuestro en todo momento. Incluso cuando negamos nuestra fe, nuestra alma continúa creyendo. Pero D-os no está satisfecho con la fe interna oculta. D-os nos desafía para que avivemos las llamas de nuestra fe ardiente pero silenciosa, y la pongamos de manifiesto.

La fe silenciosa está dormida. No puede impactar el mundo físico a menos que se exprese físicamente. Es debido a esto que las aguas esperaron. Esperaron a que nuestros ancestros dieran expresión física a su fe. Cuando Najshon salió resueltamente y expresó la fe que la nación llevaba dentro de sí misma, las aguas se abrieron enseguida.

Todo judío es capaz de alcanzar el pináculo de la devoción que Najshon alcanzó en ese momento. Cuando un judío resuelve hacer la voluntad de D-os haciendo caso omiso a los obstáculos, D-os provee una forma de superar los obstáculos.

Si estamos absolutamente determinados a cumplir Shabat, D-os encontrará una forma de hacerlo posible. Si estamos absolutamente comprometidos con ponernos tefilín cada mañana, D-os encontrará una forma de hacer que suceda. Si estamos absolutamente comprometidos a caminar en el camino de la Torá, D-os nos dará la fortaleza para hacerlo. Como el Mar Rojo, nuestros obstáculos retrocederán y nos permitirán un paso claro y sin impedimentos.

UN PUEBLO BAJO FUEGO

Por Abraham J. Twerski

De joven, conocí a Zélig Chepovetsky, entonces un hombre de casi ochenta años. Zélig era nativo de Ivankov, un pequeño pueblo en Ucrania, cerca de Kiev. Mi bisabuelo, el Rebe de Hornostipol, también cerca de Kiev, era reconocido como la autoridad absoluta en cuestiones religiosos en los pueblos cercanos.

El padre de Zélig era conocido como "Moshé, el Profesor". Esto se debía a que Moshé, que no sabía cómo ganarse la vida, fue cierta vez a plantearle al Rebe su problema, y éste le respondió: "Ve, y hazte médico".

Para Moshé, la palabra del Rebe era ley. Como el aprendizaje formal de la medicina no le era viable, Moshé se hizo aprendiz del médico local. Llevaba el maletín del médico, observaba los síntomas de cada paciente, y tomaba nota de lo que el médico recetaba en cada caso. Al tiempo, comenzó a tratar pacientes por sí mismo, y ¡oh milagro! los tratamientos de. Moshé parecían infalibles: todos sus pacientes se recuperaban. Su fama cundió, y los médicos más destacados de Kiev se referían orgullosamente a Moshé como "nuestro estimado colega".

La principal industria de Ivankov era la fabricación de levadura, y varias de las fábricas de levadura eran de propiedad judía. Como en Pesaj está prohibido que los judíos posean levadura, los propietarios firmaban un contrato por el que transmitían la propiedad de sus fábricas a no judíos, y luego continuaban explotando las fábricas durante Pesaj.

El Rebe condenaba enérgicamente esta práctica pues consideraba que el contrato era un engaño. Sin embargo, la práctica continuaba año tras a año. Cierta vez, el Shabat anterior a Pesaj, cuando, los residentes de los pueblos circundantes se reunieron en la casa del Rebe, éste amonestó a los ivancovitas por desobedecer sus deseos, y les dijo: "Recuerden, la halajá dice que el jametz que se guarda durante Pesaj deberá ser destruido por el fuego".

Moshé el Profesor, que también era ivancovita y se encontraba entre los presentes, exclamó: "Pero, Rebe, yo no tengo la culpa. No tenga nada que ver con la manufactura de levadura". A lo cual el Rebe respondió: "No estaba pensando en ti, Moshé".

Zélig me contó que en la tarde de la víspera de Pesaj, se desató un terrible incendio en la ciudad que se extendió muy rápidamente. Los habitantes de la ciudad trataron de salvar al unos de sus bienes cruzando el río que dividía la ciudad, pero el incendio cruzó el río, destruyó todas las casas de la ciudad, con excepción de una: la de Moshé.

Abuelo me contó que esa víspera de Pesaj, su padre, el Rebe, parecía muy agitado y demoró la celebración del Seder. En medio del Seder, se abrieron las puertas y una delegación de Ivankov, entre ellos Zélig, informaron al Rebe de que habían perdido todos sus bienes en el incendio.

El Rebe mandó decir a toda su comunidad que guardaran raciones mínimas de comida para ellos y que enviaran toda la comida que pudieran a Ivankov. Se organizó una caravana de carros para llevar provisiones, artículos de vestir y ropa de cama a la ciudad asolada por el fuego.

Unos sesenta años más tarde, Zélig me relató esta historia, con los ojos bañados en lágrimas. "Sí", dijo, "el Rebe destruyó nuestro pueblo. Pero también lo reconstruyó".

LOS ÚLTIMOS DÍAS DE PÉSAJ

Habían pasado seis días desde que dejamos a nuestros capataces egipcios, pero nuestra liberación aún no estaba completa. No lo estuvo hasta la séptima noche, en que el Mar de Juncos se dividió ante nosotros y luego volvió a cerrarse en forma súbita para aniquilar totalmente a nuestros perseguidores egipcios. Recién entonces, nos libramos por siempre de nuestras cadenas.

Ese sabor de libertad total es lo que revivimos la séptima y la octava noche de Pesaj.

Observancias de la Festividad

Se encienden velas festivas ambas noches y hacemos kidush y celebramos con comidas festivas ambas noches y ambos días. No vamos al trabajo, no conducimos, escribimos ni encendemos o apagamos artefactos eléctricos. Está permitido cocinar y transportar objetos afuera (excepto en Shabat).

Primera noche:

La división del mar no fue solamente una escena espectacular, fue una visión clara de un orden cósmico mucho más profundo. Muchos reviven esta experiencia quedándose despiertos toda la noche con amigos, estudiando la Torá y absorbiendo la santidad de esta fecha tan especial.

Primer día:

Leemos la historia del Mar de Juncos en la Torá y la canción de alabanza, que entonamos después. Cuando se lee la canción, todos se ponen de pie.

Segunda noche:

Aquellos que tienen un padre fallecido encienden una vela de iortzait de 24 horas de duración antes de que oscurezca. (Si el primer día es Shabat, entonces se la enciende después de que oscurezca). Se la enciende a partir de una llama ya existente.

Segundo día:

Se recita Izkor en el servicio de la mañana.

El último día de Pesaj, se pone especial hincapié en el tema de la liberación final, la que todavía tiene que llegar (hasta el momento de la publicación de este artículo). La haftará es una clásica profecía de aquella era. Para celebrar, el Baal Shem Tov hacía una comida festiva a la que llamaba El Banquete del Mashíaj. Puedes estar seguro de que el Beit Jabad de tu zona va a organizar este banquete con abundante matzá y cuatro copas de vino. Por lo general, suele comenzar poco antes de la puesta del sol.

Lleva un poco de tiempo volver a adquirir el jametz que se vendió para Pesaj. Espera una hora más después de la salida de las estrellas para consumir jametz.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Guayaquí 3193
2709 0405 , CP1130, Montevideo.

Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
Para recibir MiSinaí por email o por whatsapp, contactar por teléfono al 2628 6770 o por mail: [email protected].

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