Rosh Hashana

Con Hori Sherem, Director de LA CASA, el espacio joven en la NCI, de cara a las fiestas

Hori Sherem suena realmente enamorado de su actividad comunitaria.  Es un gusto haber tenido la oportunidad de entrevistarlo de cara a  Rosh Hashaná.

 

P: Hori estás hace tiempo en la NCI  pero esta es la primera entrevista que te hago, así que hay bastante para ponerse al tanto. Contame por favor de vos, tu familia, tu actividad.

R: Soy argentino, nacido en la ciudad de Buenos Aires, dentro de una familia judía ortodoxa mizrahí (oriental) del barrio del Once, de origen sirio-aleppino. Cuando yo era chico nos mudamos a Flores, un barrio donde la mayoría de la comunidad judía siria provenía de Damasco. Y como suele suceder, entre aleppinos y damasquinos no siempre había la mejor relación. Ante esa situación, mi papá decidió que lo mejor era no forzar la pertenencia a un espacio con tensiones, y en cambio nos llevó a una comunidad masortí/liberal. Así fue como llegué a Or Jadash, comunidad masortí de Flores, donde hice la primaria y donde se forjaron muchas de mis primeras experiencias comunitarias.

Una figura clave en mi infancia fue el rabino Dani Dolinsky, que en ese entonces era el rabino de Or Jadash y nos daba clases semanales de masoret, tradición. El marcó mucho mi manera de pensar el judaísmo: cercano, inclusivo y comprometido.

En lo académico soy Licenciado en Pedagogía y actualmente estoy comenzando una Maestría en Educación e Innovación Tecnológica. A la par, realicé mis estudios rabínicos en el Seminario Rabínico Marshall T. Meyer de Buenos Aires, formación que estoy concluyendo.

En lo personal, estoy casado con Mariana, con quien tenemos una hija pequeña, Tali, y también un perro, Rody, que es parte de la familia.

P: Tu actividad comunitaria no comenzó al llegar a Uruguay, sino ya en Argentina ¿verdad?

R: Así es. Durante diez años trabajé como líder espiritual y director comunitario de la comunidad Tfilat Shalom en Buenos Aires. Esa experiencia me marcó mucho, porque fue una década de construcción junto a familias, jóvenes, adultos mayores y proyectos de todo tipo. Y desde hace un tiempo, tengo la alegría y el desafío de continuar ese camino en NCI Montevideo, una comunidad que me abrió las puertas de par en par.

 P: ¿Cómo es tu conexión comunitaria con la NCI?

R: Mi conexión con la NCI es muy fuerte porque siento que hay una identificación ideológica total. Es una comunidad liberal, pluralista, inclusiva y abierta, que se preocupa por abarcar todo el espectro de la vida judía. Lo que me emociona de la NCI es que no se limita a ofrecer rezos o actividades puntuales, sino que busca acompañar a las personas en todo su ciclo de vida: desde el nacimiento hasta la despedida final.

Eso habla de una comunidad que quiere estar presente en cada etapa, en cada emoción, en cada transición vital. Y ese deseo genuino de acompañar me parece maravilloso.

Por supuesto, como en toda comunidad, siempre hay aspectos que se pueden mejorar o adaptar a los cambios sociales. Pero en términos generales, la NCI transmite un espíritu de puertas abiertas y abrazo amplio, algo que me resulta profundamente valioso.

 

 P: Estás a cargo de la juventud en la comunidad. ¿En qué consiste ese desafío?

R: El mayor desafío es comprender a fondo qué mueve a un joven judío hoy a acercarse a un espacio comunitario. No se trata de suponer que “deberían” venir, sino de entender por qué eligen uno y no otro, qué los convoca, qué los conmueve y qué los interpela.

Nuestro trabajo es entonces construir un lugar real de pertenencia. Un espacio donde los jóvenes puedan habitar, sentirse parte, ser escuchados y también crear. No un “departamento juvenil” aislado, sino un hogar dentro de la comunidad.

De ahí nació La Casa by NCI. Es una propuesta que combina estudio, cultura, espiritualidad, vida social y voluntariado. Pero más allá de las actividades, lo esencial es que La Casa funciona como un espacio propio de los jóvenes: donde se cuidan, se acompañan, se ríen, se emocionan y también proyectan un judaísmo que dialogue con el presente.

P: ¿Hay un perfil del joven judío uruguayo que va a la NCI?

R: No, no hay un perfil único. Y justamente ahí está la riqueza.

En La Casa conviven jóvenes de tnua y los que no; hay quienes buscan espiritualidad, quienes buscan diversidad, quienes vienen a estudiar, quienes necesitan un lugar que los abrace, quienes se acercan por lo social y quienes quieren hacer tikún olam, mejorar o corregir el mundo. También hay jóvenes con ideologías políticas muy distintas entre sí, y eso no solo no es un problema, sino que enriquece el espacio.

El error de cualquier proyecto es creer que existe un perfil de joven judío. La juventud, como la sociedad, es diversa, cambiante, múltiple. Y La Casa es justamente un reflejo de esa diversidad.

P: ¿Cuáles son en tu opinión las preocupaciones centrales de la juventud judía uruguaya?

R: Creo que las preocupaciones centrales de los jóvenes judíos en Uruguay no son muy diferentes de las de cualquier joven del país. La primera gran preocupación es la autonomía: independizarse, sostenerse económicamente, proyectarse profesionalmente. Uruguay es un país con costos de vida altos y con un mercado laboral reducido, con poca industria. Eso hace que no siempre sea fácil desarrollarse aquí.

Muchos jóvenes optan por migrar. Algunos lo hacen por sionismo, otros porque sienten que las oportunidades en Uruguay son acotadas. Incluso quienes provienen de familias acomodadas buscan valerse por sí mismos, no vivir de lo que ya está asegurad

Veo también un fenómeno preocupante: muchos eligen sus carreras pensando más en la salida económica que en la vocación. Y aunque es lógico, porque todos quieren estabilidad, me preocupa que se pierda el disfrute de estudiar algo que los haga felices.

En lo judío, creo que también hay preguntas existenciales fuertes: ¿qué significa vivir el judaísmo en Uruguay?, ¿cómo hacerlo propio y relevante?, ¿cómo transmitirlo sin perder autenticidad ni dejar de estar en diálogo con la sociedad uruguaya más amplia?

El 7 de octubre, parte de aguas en el mundo judío

 P: ¿Cómo ves a tu comunidad antes y después del 7 de octubre? ¿Sentiste cambios?

R: Después del 7 de octubre veo una comunidad más comprometida y despierta. Comprometida con la vida judía, con Israel, con el futuro del pueblo judío. Muchas personas que hacía tiempo no se acercaban sintieron un llamado profundo, algo que les recordó que forman parte de algo más grande.

También veo un fuerte compromiso de hacer hasbará , esclarecimiento, y con acompañar a Israel en este momento tan complejo. Y eso me alegra.

Al mismo tiempo, me preocupa el riesgo de que el aumento del antisemitismo nos lleve a refugiarnos únicamente en el espacio comunitario y a abandonar la vida pública. Yo creo que hoy más que nunca tenemos que estar en el espacio público, mostrando que somos parte activa de la sociedad uruguaya, que queremos aportar y construir junto a todos. Retirarnos sería perder una batalla importante.

Entiendo que hay miedo, pero también creo que este es el momento de no aflojar. Porque el judaísmo en la diáspora —o más bien, en la elección de vivir judaísmo fuera de Israel— necesita de comunidades abiertas, presentes y dialogantes.

De cara a las fiestas

P:  ¿Cómo te preparás para Rosh Hashaná?

R: Este año Rosh Hashaná llegó más rápido de lo que esperaba. Fue un año muy particular porque me encontró debutando como padre, y esa experiencia hizo que el tiempo se me pasara de otra manera: entre pañales, madrugadas y descubrimientos, de pronto me encontré en septiembre sin darme cuenta de todo lo que había transcurrido.

P: ¡Mazal tov ante todo! Buenas razones para perder un poco la nación del tiempo.

R: Sin duda. Te diré que al  mismo tiempo, me alegra que llegue este momento de teshuvá y reflexión. Una de las cosas más sabias de la vida judía es que no deja el balance librado al azar, sino que nos marca un calendario que nos obliga a frenar, a detenernos unos días y preguntarnos: ¿cómo está nuestra alma?, ¿cómo está nuestra vida?, ¿qué estamos construyendo?

En lo personal, me agarra con un balance positivo. Estoy en medio de una construcción familiar muy significativa con Mariana y Tali, también en plena construcción profesional con mis estudios y desafíos, y comunitaria con la NCI y La Casa. Y aunque, como a todos, me quedan cuentas pendientes, siento que este Rosh Hashaná me encuentra en camino, con proyectos vivos y con ganas de seguir creciendo.

P: ¿Cuáles son tus deseos para el nuevo año?

R: Mis deseos son simples, pero al mismo tiempo esenciales.

Deseo que podamos vivir con salud, que no nos falte la fuerza para seguir adelante y que cada uno encuentre momentos de alegría en su día a día.

Deseo también que sigamos construyendo comunidades judías abiertas, donde cada persona pueda sentirse parte sin tener que renunciar a su singularidad. Que el judaísmo en Uruguay sea un espacio de encuentro, de transmisión y de futuro.

Y deseo, por supuesto, paz para Israel y para el mundo. Que la violencia y el odio no nos ganen la partida, y que podamos dejarles a nuestros hijos un mundo más justo y más humano.

En lo personal, mi mayor deseo es seguir aprendiendo a ser buen padre, buen esposo, buen rabino y buena persona. Porque al final, más allá de todo, Rosh Hashaná nos recuerda que cada año se nos da una nueva oportunidad para mejorar un poco más.

P: Amén. Me sumo a todos tus deseos con entusiasmo. Shaná Tová Umetuká.

R: Muchas gracias, también a vos.

 

Ana Jerozolimski
(21 Septiembre 2025 , 17:16)

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