Mundo Judío

MiSinai

Cielo y Tierra - Cuando Venga el Mesías - El Etrog Roto - Las Cuatro Especies

 

 

 

 

                                      

 

 

 

 

 

 

 

 

No. 327

Horario de velas  en Montevideo 

3 de octubre  18.32

Aazinu

                                                                                        

CIELO Y TIERRA

Por Menajem Feldman

Contiene solo 43 versos; sin embargo, el cántico que Moisés enseñó a los judíos en su último día de vida abarca toda la historia judía, desde el principio, cuando “los encontró en una tierra desierta”, hasta la futura redención, cuando las naciones alabarán a D-os: “Porque Él... apaciguará a Su tierra [y] a Su pueblo”.

En la frase inicial, Moisés llama al cielo y a la tierra a dar testimonio:

“¡Escuchad, cielos, y hablaré! ¡Que la tierra escuche las palabras de mi boca!” (Devarim 32:1)

Dado que la ley judía exige que los asuntos legales se establezcan con base en dos testigos, Moisés invocó tanto al cielo como a la tierra para que dieran testimonio de que efectivamente había transmitido este cántico al pueblo.

El testimonio del cielo y la tierra es más que una mera metáfora poética. Moisés transmitía la profunda lección de que, para que el mensaje perdure, el judío debe evocar tanto el cielo como la tierra.

El propósito del pueblo judío, el objetivo de toda la historia judía, es la unión del cielo y la tierra. Mientras que muchos buscadores espirituales y prácticamente todas las religiones buscan escapar de las ataduras de la carne y ascender al cielo, el judío tiene un llamado mucho más profundo: primero crear la paz, luego construir un puente y, finalmente, unir el cielo y la tierra.

Moisés usa diferentes palabras para dirigirse al cielo y a la tierra. Dice: “Prestad atención, cielos (Haazinu), y que la tierra oiga (va'tishmá)”. La palabra hebrea haazinu, “prestad atención”, se usa específicamente cuando el oyente está muy cerca del orador. La palabra tishmá, “oír”, sin embargo, se aplica a oír algo distante. De hecho, el Midrash explica que Moisés estaba cerca de los cielos; es decir, la espiritualidad era la realidad de su existencia. Por lo tanto, empleó la palabra haazinu al dirigirse a los cielos. Sin embargo, el mundo material era distante e insignificante para Moisés, por lo que usó la palabra tishmá al dirigirse a la tierra.

Moisés estaba cerca de los cielos, pero dado que el propósito del judaísmo es conectar la materia con el espíritu, Moisés tuvo que invocar no sólo el cielo, sino también la tierra.

Cada uno de nosotros tiene un “cielo” y una “tierra” dentro de nosotros. Una parte de nosotros busca lo trascendente y lo espiritual, mientras que otra parte se siente atraída por lo terrenal y lo físico. Quizás más que cualquier otra parte de la canción, las palabras iniciales, “Escuchad, cielos” y “Que la tierra escuche” captan la misión del judío.

El cántico se lee en Shabat, muy cerca de las festividades de Iom Kipur y Sucot, pues Iom Kipur y Sucot son la encarnación del cántico. En Iom Kipur alcanzamos los cielos, nos conectamos con lo más profundo de nuestra alma y nos sentimos unidos con D-os. Pero, justo cuando alcanzamos la santidad de Iom Kipur, pasamos a la preparación para la festividad de Sucot, cuando celebramos la abundancia material con la que hemos sido bendecidos:

“Harás para ti la Fiesta de Sucot durante siete días, cuando recojas [el producto] de tu era y de tu lagar… Siete días celebrarás la Fiesta al Señor, tu D-os, en el lugar que el Señor escoja, porque el Señor, tu D-os, te bendecirá en todos tus productos y en todo. La obra de tus manos, y solo serás feliz.” (Devarim 16:13-15)

La combinación de Iom Kipur y Sucot representa la vida del judío. Estamos "cerca del cielo", nos conectamos con nuestra alma angelical, espiritual y pura en Iom Kipur, y luego conectamos esa conciencia espiritual con el campo, para santificar y elevar las bendiciones de la vida cotidiana.

CUANDO VENGA EL MESÍAS

[Moshé se dirigió a los no judíos:] “¡Naciones! ¡Alabad [a D-os] por Su pueblo, [los judíos]!” (Devarim 32:43)

Cuando ocurra la Redención Mesiánica, la verdad no se confundirá tan fácilmente con la falsedad. Se volverá claro para todo el mundo porqué D-os eligió a los judíos como Su pueblo. Nuestro rol como sacerdotes y maestros de la humanidad finalmente será reconocido de manera universal, y nuestras contribuciones positivas a la civilización humana serán apreciadas en su totalidad. Las naciones del mundo harán todo lo que puedan para ayudar a los judíos en su misión divina de llevar al mundo a su máximo potencial.

Educar al mundo a apreciar no solo a D-os sino al pueblo de D-os es, por lo tanto, parte integral de la preparación del mundo para la Redención y su aceleración.

Hitvaaduiot 5748, vol. 1, pág. 41.

Deuteronomio (Devarim) 32:1-32:52

La décima sección del Deuteronomio se compone casi en su totalidad del Poema Testimonial que D-os enseñara a Moshé y ordenara transmitir al pueblo judío. En él, D-os pide al pueblo que escuche (haazinu, en hebreo) Sus palabras mientras repasa su historia, y les informa acerca de las consecuencias de su conducta futura, ya sea positiva o bien negativa.

EL ETROG ROTO

Por Menajem Posner

Había sido un año difícil. El mal tiempo, las peligrosas condiciones de viaje y los altos aranceles habían hecho casi imposible para los judíos de Ucrania importar etrogim para la festividad de Sucot. Los etrogim, que se mecen junto con el atado de lulav cada Sucot después de recitar bendiciones especiales, solían traerse de la lejana Italia o incluso de Tierra Santa, pero ese año casi no se encontraron.

En la ciudad de Berdichev, hogar de decenas de miles de judíos, solo había un etrog. Por supuesto, fue entregado al rabino de la ciudad, el famoso rabino Levi Itzjak, para su custodia.

Todos conocían el plan. El primer día de la festividad, el rabino se levantaba temprano por la mañana, se sumergía en las aguas purificadoras de la mikve y luego pronunciaba la bendición mientras sostenía el etrog y el lulav. Luego, el etrog pasaba de mano en mano, permitiendo que cada judío cumpliera con la obligación bíblica de tomar las "Cuatro Especies".

Ahora bien, el rabino tenía un asistente, un hombre sencillo, encargado de supervisar el procedimiento. "Sé lo que va a pasar", se dijo el asistente. Primero, el rabino pronunciará la bendición y mecerá el lulav y el etrog. Luego, los hombres eruditos llegarán para su turno de cumplir la mitzvá. Les seguirán los respetables jefes de familia. Después, llegará la gente sencilla, que tendrá su momento glorioso. Entonces, cuando el sol esté a punto de ponerse y el día esté a punto de desvanecerse, seré el último en decir la bendición sobre el lulav y el etrog. ¿Por qué tengo que ser siempre el último?

"Ya sé lo que haré", pensó. "Temprano en la mañana, el primer día de Sucot, cuando el rabino esté sumergiéndose en la mikve, tomaré el lulav y el etrog y recitaré la bendición sobre ellos. Nadie lo sabrá excepto yo". Y así, justo después de que saliera el sol, se coló en el estudio del rabino, tomó el lulav y el etrog en sus manos temblorosas y estaba a punto de recitar las bendiciones requeridas. Pero entonces, el desastre llegó.

Quizás porque le sudaban las palmas. Quizás porque temblaba nerviosamente. Pero por alguna razón, el etrog se le resbaló de las manos al duro suelo de madera. Para horror del asistente, el pitom del etrog se desprendió de su corona, invalidando la fruta.

Oh, habría dado todo por ser tragado por la tierra. ¿Cómo enfrentaría al abatido rabino? ¿Cómo enfrentaría a la ciudad decepcionada? ¿Cómo se enfrentaría a sí mismo?

Cada minuto parecía una eternidad mientras el asistente esperaba el regreso de su rabino. Cuando Levi Itzjak entró en su casa, listo para cumplir la mitzvá, el asistente no tuvo opción. Mirando hacia abajo, en un susurro tembloroso, le dijo al rabino, lo que había hecho.

“Amo del Mundo”, exclamó el rabino con voz resonante, llena de amor y asombro, “¡mira qué preciosos son tus hijos! ¡Incluso este simple e inculto hijo tuyo está tan ansioso por cumplir tu mandamiento que arriesgó su trabajo para cumplir Tu voluntad a la primera oportunidad!”

LAS CUATRO ESPECIES

Cada día de Sucot (excepto el Shabat) tomamos las Arba Minim, alias las “Cuatro Especies”. Sucot es una festividad de siete días que comienza el 15 de Tishrei y culmina el 21 de Tishrei.

¿Cuáles son las cuatro especies? La rama de palmera (lulav), un mínimo de tres mirtos (hadasim) y un citrón (etrog). Las primeras tres especies se atan juntas con cuidado, incluso el vendedor de las Arba Minim te puede hacer el favor.

Los Arba Minim son el precepto del hombre. En el caso de las mujeres, este precepto es opcional pero recomendado. El mejor lugar para llevar a cabo esta mitzvá es la sucá, la cabaña festiva al aire libre.

Sostiene el lulav en tu mano derecha (a menos que seas zurdo) con la espina dándote hacia la cara. Dirígete al este y di lo siguiente:

Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del universo, que nos santificó con Sus preceptos y nos ordenó respecto de tomar el Lulav.

Ahora levanta el etrog en tu mano izquierda.

El primer día de Sucot (o la primera vez en Sucot que hagas esto) a esta altura di lo siguiente:

Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del universo, que nos ha concedido vida, nos ha mantenido y nos has permitido llegar a esta ocasión.

Une el lulav con el etrog y agítalos. ¡Ya hiciste la mitzvá! No obstante, se acostumbra sacudir los Arba Minim en las seis direcciones: sur, norte, este, arriba, abajo y oeste.

Lleva tus Arba Minim a la sinagoga para el servicio de la mañana. Durante la plegaria de Halel, volvemos a agitarlos y luego desfilamos con ellos en la sinagoga durante la ceremonia de Hoshanot.

La unión judía es uno de los temas centrales de Sucot. Las cuatro especies que estás sosteniendo simbolizan las cuatro clases de judíos, con sus distintos niveles de conocimiento y observancia de la Torá. Al unirlos, estamos representando nuestra unidad en tanto nación, a pesar de nuestras diferencias externas. Y en este espíritu de unidad… ¡no te olvides de compartir tus Arba Minim con tus amigos y tus vecinos judíos!

Nota: los primeros dos días de Sucot, la mitzvá solamente puede cumplirse usando las Cuatro Especies que son propiedad del individuo. Por eso, si estás usando el juego de otra persona, este tiene que ser dado como “un regalo, condicional de su devolución”. Entonces puedes usar el juego, tu juego, y luego devolverlo, dándoselo de regalo a su dueño original.

 

VIVIENDO MASHIAJ

Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak

EL OCÉANO

La vasta expansión de las aguas oceánicas se extiende tan lejos como puede ver el ojo. El profeta usó esto para describir cuán extendido estará el conocimiento de Hashem en los tiempos mesiánicos, proclamando “Porque la tierra estará llena del conocimiento de D-os como las aguas cubren el lecho del mar.”

Cuando mires las poderosas olas y las aguas que se extienden más allá de tu campo visual, entusiásmate por la muestra de Divinidad abierta y vívida que nos espera a la vuelta de la esquina.

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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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