Israel

Recuerdos de un día imborrable en el refugio en Ein HaShlosha

(Por Nataly Oryejovsky)

 

7 de octubre

Exactamente un mes después del nacimiento de Itai.

Habíamos planeado festejar junto a sus hermanos Eden y Yotam e ir a la piscina del kibutz con amigos, por última vez en el año. Planeábamos celebrar Simjat Torá.

Pero a las 6.30 comenzó el infierno de las alarmas y los cohetes, mientras Gadi, mi esposo, estaba en el tambo. 

Salté de la cama, levanté a Itai en brazos, entramos al refugio y desperté a los nenes para que se acuesten en el piso, ya que la ventana y la puerta estaban abiertas. No había tiempo de cerrar con un bebé en brazos.

Por un rato, seguimos en el piso, esperando que todo se calme y podamos salir del refugio. No entendía aún la dimensión de la catástrofe. 

Cuando el lanzamiento de cohetes parecía calmarse un poco, cerré la ventana y la puerta del refugio y traté de entender qué estaba pasando, por qué no se terminaban los cohetes.

Media hora después, se podía oír disparos de armas automáticas en el kibutz o muy cerca. Era el escenario más terrible al que teníamos mucho miedo. ..Y no tenía idea que en ese momento, cuando yo oía esos disparos, los terroristas ya estaban adentro de Ein Hashlosha.

Por los grupos de whatsapp del kibutz circulaban muchos mensajes en los que se intentaba entender qué estaba pasando, quién disparaba y si acaso el ejército ya había llegado.

A eso de las 8 de la mañana, comenzó la película de horror.

Entendí que precisaría agua, comida y algo para hacer las necesidades. Traje lo que pude al refugio, cerré ventanas, persianas y la puerta de entrada y agarré un cuchillo de la cocina.

Nos encerramos en el refugio , no prendí el aire acondicionado para que crean que no hay nadie en la casa. El calor era insoportable pero aún no me entraba en la cabeza el pensamiento más terrible.

Estábamos encerrados en el refugio.

No lograrán entrar, me dije. 

Ahora lo único que hay que hacer es entretener a los niños.

Jugaron, rieron, se pelearon, gritaban a carcajadas y yo todo el tiempo trataba de callarlos, les pedía que estén en silencio diciéndoles que Itai debe dormir, también intentando así calmar todo y lograr que el bebé concilie el sueño. Los niños aún no entendían ni sabían nada.

A las 12 ya entendí, por los  mensajes que circulaban, que la situación era mucho más grave de lo que había pensado. No tenía buena cobertura, ni televisión ni internet, y no sabía qué estaba pasando fuera del kibutz. Todos eran rumores.

Y el mayor miedo era que Gadi tratara de llegar a casa. Luego me enteré que en efecto intentó pero vio a los terroristas cerca y volvió al refugio del tambo.

Al final decidí que debo tener conmigo el revólver que hay en casa. Lo evité hasta ahora, pero no había más remedio. Habían entrado a la casa de una amiga y su esposo mató a un terrorista. Quemaron casas y trataron de entrar a refugios de amigos nuestros que estaban allí con sus hijos.

Abrí la puerta del refugio con cuidado para escuchar si había alguien la casa y para traer todo lo que necesitaba: agua comida, pañales, y también para  tirar la orina…y para traer el revólver. Ya está. Ahora tengo todo en el refugio y no salimos. Estamos protegidos.Pero la cobertura no era buena y durante horas no sabía qué pasaba afuera. Y lo peor es que los demás no sabían qué pasaba con nosotros.

Decidí abrir cada tanto el refugio para ver qué pasaba y para informar a la familia que todo estaba bien. Eso, claro, después de confirmar que nadie había entrado a la casa.

Así pasamos horas encerrados en el refugio, entreteniendo a los niños , dos de los cuales no entendían qué estaba pasando, por qué hay que estar tan en silencio y por qué si mamá así lo dice hay que entrar debajo de la cama sin hacer preguntas ….y por qué mamá tiene un revólver y un cuchillo grande, todo esto mientras también tenía que cuidar a un bebé. Los niños no sabían que estaba ocurriendo lo peor. Para ellos había cohetes y dentro de poco podremos salir.

 

Me preparé para todo y empaqué ropa para los niños, para que si podemos escapar del kibutz tenga lo que preciso llevarme.

La tensión era enorme, una profunda angustia a la que yo trataba de no dejar embargarme. Y de fondo, todo el tiempo alarmas, impactos de cohetes y disparos que no cesaban. Pedía a mi mamá que está en el cielo que nos cuide.

 

De noche, cerca de las 19 horas, mi ángel, mi héroe, mi esposo Gadi, llegó a casa con un equipo de combatientes. Fue impresionante el alivio que sentí. Pero evidentemente no se quedó conmigo. Siguió revisando casa por casa y luchando junto con los soldados. Yo volví al refugio con los niños , ahora con otra preocupación en el corazón, pero también con esperanza.

Nataly, Gadi y sus tres hijos, tranquilos nuevamente pero siempre alertas

 

19.30 -Este ángel, Gadi, decidió luchar para sacarnos del kibutz y así lo hizo, lo hicimos. Me mintió diciendo que la situación se había calmado. Empacamos lo esencial y salimos con los niños en el coche a una velocidad enorme . A lo largo de todo el camino se podía ver el horror, la masacre, la dimensión de la catástrofe. Era increíble. Recién cuando llegamos a un lugar seguro, me contó del horror que había ocurrido en el kibutz y quiénes eran los muertos. No me había imaginado algo de esa envergadura. Y entendí que nos podría haber pasado también a nosotros.

No podía captar que todo eso había pasado y seguía pasando.

No lograba digerir todas las historias, la masacre, los secuestrados, los niños.

No es real.

Se me rompió el corazón y se me quebró la Fe.

Se me rompió el corazón por nuestros muertos en el kibutz y alrededor nuestro.

Por la enorme tragedia y la crueldad.

¡Eso no tenía que ocurrir! Fue una falla sin igual. 

Agradezco a mi mamá que cuidó a toda la familia desde el cielo y me mantuvo tranquila y concentrada en lo que debía hacer para cuidar a mis hijos.

 

Agradezco a mi esposo, héroe, que nos salvó, y siguió yendo casa por casa cuando llegó el ejército, se quedó y combatió para proteger el kibutz, y logró sacar a todos los habitantes del kibutz, hasta el último.

Gadi, estoy tan orgullosa de ti. No tengo palabras para describir tu fortaleza.

Eres mi héroe. 

Y todavía no ha terminado.

La guerra recién comenzó.

Mi esperanza es que los secuestrados vuelvan en paz y que la Gaza de los terroristas quede destruida. 

Sin eso no sé cómo podremos seguir viviendo en la zona adyacente a la Franja  y en Israel en general, con total desconfianza en el otro lado.

Y agradezco a Karin, la compañera desde hace tantos años de mi papá, que nos recibió con enorme amor en su casa, también en el sur pero mucho más lejos de la frontera. 

 

 

 

 

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